La ciudadanía vasca necesita un Proyecto de País, un modelo de convivencia y de desarrollo para este tiempo de crisis que concentre los esfuerzos ciudadanos y coordine a todas las instituciones en la lucha contra el desempleo y la reactivación de su economía. Y lo que menos necesitamos en este periodo de graves incertidumbres, en el que además está pendiente la reconstrucción moral de Euskadi, son más tensiones derivadas de estrategias de confrontación hacia la secesión deseada por parte de los independentistas.
Precisamente en tiempos de grave crisis, los independentistas se equivocan con su mensaje de "vámonos de España", porque este es el peor momento para extremar los desacuerdos sobre identidad, lenguas o autogobierno. Hoy, en Euskadi, la prioridad ha de centrarse en sumar voluntades democráticas, tratar de mantener sin graves recortes los derechos sociales, curar las heridas del terrorismo y profundizar la vía de la innovación de las empresas vascas. Pero nunca levantar muros contra solidaridad y la reconciliación cívica.
Nadie puede ser ajeno a la coyuntura dominada por la crisis y la recesión económica que atraviesan Europa y esa España de la que formamos parte, así como a las necesidades del ciclo final del terrorismo. Y nadie debería utilizar el momento para radicalizar sus políticas partidistas. Desde los independentistas hasta una derecha prepotente empeñada en desmantelar el estado del bienestar y sin propuestas para impulsar el crecimiento.
Por otra parte, es cierto que la declaración de ETA del 20-O, sin representar su imprescindible disolución, ha supuesto junto a las nuevas posiciones políticas del mundo abertzale, que dice no apoyar el terrorismo pero sin reconocer sus errores, un paso importante hacia un cambio de escenario. Ante este panorama y para hacer aún mas creíbles las propuestas del PSE-EE y la posición del Lehendakari Patxi López, resulta imprescindible recuperar una posición central y autónoma que, también, ayudará a tender puentes entre posiciones divergentes. Además de lograr normalizar relaciones con el PNV para abrir puertas de futuro.
Esta nueva realidad, así como recientes los insultos de Basagoiti al Lehendakari (lo comparó con Homer Simpson) y el conjunto de amenazas que venimos recibiendo del PP, cada vez que abre la boca algún miembro del Gobierno Vasco o algún portavoz del PSE-EE, me lleva a pedir con urgencia el final, formal y sin estridencias, de la circunstancial relación de socio preferente que ha mantenido el PSE-EE con el PP vasco. Porque carece ya de todo sentido.
En mi opinión, ya se han alcanzado los grandes objetivos que recogía el acuerdo para esta legislatura, como la derrota del terrorismo y la deslegitimación de la violencia. Y no podemos despreciar el alcance de las grandes diferencias y discrepancias existentes entre socialistas vascos y populares a la hora de aplicar un modelo de sociedad frente a la crisis.
Este divorcio con el PP no tendría por qué llevarnos, necesariamente, a la disolución anticipada del Parlamento. Ahí están instituciones como las Diputaciones de Gipuzkoa y Álava, o el Ayuntamiento de San Sebastián entre otros, gestionados por gobiernos en minoría. De modo que la gestión del actual Gobierno Vasco podría continuar por sentido de responsabilidad hasta cumplir su mandato, intensificando sin frenos su acción en la lucha contra la crisis, activando el proceso de paz y la construcción de la convivencia, y trabajando para hacer realidad la disolución de ETA. Aunque es evidente que se requiere la acción conjunta con las Diputaciones y un diálogo productivo en la Ponencia sobre la Convivencia, recién creada en el Parlamento.
Ahora bien, por imperativos éticos y credibilidad democrática, se debería atender la petición formal y mayoritaria de la Cámara si ésta fuera partidaria de adelantar las elecciones al otoño. O promover por el Gobierno una valiente moción de confianza. Pero no diré más para no equivocarme más de la cuenta.
En lo que se refiere al papel de los Socialistas Vascos, convendría reescribir las lineas estratégicas y sus prioridades en el marco de una próxima Conferencia Política abierta a la sociedad. Porque será necesario buscar la participación ciudadana para enriquecer y fortalecer el Proyecto de País y tratar de ganar la batalla electoral. Adelanto cual sería mi propuesta:
1. Apuesta por un País más cohesionado, lo que requerirá un compromiso acordado entre las Diputaciones y el Gobierno para luchar con garantía contra la crisis y el paro, manteniendo sin recortes sustanciales los derechos sociales.
2. Defensa del Autogobierno vasco, reforzando el papel del Gobierno en detrimento de las Diputaciones y eliminando duplicidades en el entramado institucional, con revisión de la LTH.
3. Impulso, sin dilaciones, a la cultura de paz y a la gestión del proceso de Paz, frente al inmovilismo del PP. Es una prioridad lograr el final del terrorismo y el reconocimiento al dolor de las víctimas.
4. Rechazo de la confrontación social a la que nos quieren llevar los independentistas y denuncia del perjuicio que su propuesta secesionista supondría para la economía vasca, así como de la carga de insolidaridad que conlleva hacia el resto del Estado.
5. Crear cauces a la construcción participativa de la convivencia ciudadana como un objetivo clave frente a la fractura social que provocan las tesis independentistas.
6. Puesta en valor de la identidad plural de la ciudadanía vasca, para convivir desde la riqueza de su diversidad y construir, en base a nuestra singularidad, un Modelo innovador de País Vasco con proyección en Europa.
Por último, este proyecto cívico debe dar respuesta a los continuos desprecios que el nacionalismo soberanista hace del autogobierno vasco y a sus muestras de permanente insatisfacción. Porque devalúan un Estatuto de Autonomía que representa un alto grado de autogobierno para un País sin Estado en Europa, incluida una especial concepción de la "soberanía fiscal".
Escrito por Odón Elorza: odonelorzag@gmail.com