Denis Itxaso. Donostia. (denisitxaso@gmail.com)
A la hora de hacer el balance de lo bueno y malo que ha acontecido en esta Legislatura vasca que ya va tocando a su fin, parece haber absoluto consenso en distinguir dos aspectos fundamentales de la vida pública: por una parte está la gestión de la crisis, con todas las ramificaciones que se quieran incluir, pero básicamente resumidas todas ellas en el análisis de cómo se han gestionado los gastos y cómo los ingresos. Por otra parte, -la que en este post quiero desarrollar-, parece ineludible reparar en todo lo que tiene que ver con la convivencia, en un país enormemente plural en lo identitario y cultural, y que ha arrastrado hasta anteayer un lacerante problema de violencia ideológica.
El trasfondo sobre el que se han dibujado estas singularidades políticas, nos habla de una comunidad próspera y moderna, con altos índices de desarrollo humano y tecnológico, y capaz de generar excedentes económicos para reequilibrar desde valores de equidad y solidaridad, las persistentes diferencias sociales con las que convivimos.
Creo sinceramente que, si uno echa la vista atrás, tanto la otrora militarización de las conciencias como el nivel de crispación política, han disminuido notablemente durante los últimos tres años. A ello ha contribuido definitivamente el fin de ETA, aunque pueden remarcarse algunos otros ingredientes que también han jugado un papel importante.
El Gobierno socialista de Patxi López ha ejercido de fronterizo en todo lo que tiene que ver con las identidades. Ha rebajado la carga emocional, que a veces tanto pesaba, de muchas de las políticas culturales, lingüísticas, educativas o simbólicas que antes estaban presididas por una eterna polémica. Disquisiciones metafísicas sobre lo que somos, lo que deseamos, lo que fuimos o lo que soñamos, han quedado reservadas al ámbito legítimo de lo privado. Los sentimientos de pertenencia, en toda su amplia y variada graduación, sólo habían provocado en el pasado enfrentamientos que nos impedían avanzar en el mutuo reconocimiento de lo que somos unos y otros. De la intrínseca pluralidad de la sociedad vasca, al fin y a la postre.
Por eso me da pena y rabia leer eslóganes de campaña que dicen 'somos más del 51% los que nos sentimos vascos y españoles' u otros que dicen 'si tú no vas, ellos ganan', en referencia al ejercicio del voto. Ese ellos, ese nosotros, ese más del 51%, contiene unas implicaciones nefastas en Euskadi. ¿De qué estamos hablando? ¿De Hutus y Tutsis? ¿De católicos y protestantes? ¿De judíos y musulmanes? ¿Es ese el modelo de convivencia que deseamos para Euskadi? Sinceramente creo que tras la denominación de 'Constitucionalistas' no se pueden ni se deben mezclar opciones políticas que amparen ese tipo de visiones, que sólo aportan material inflamable a los frágiles equilibrios que de forma cotidiana la gente acostumbra a hacer en este País.
Por eso creo que el papel de lo fronterizo, de lo empático con el diferente, del respeto a la diferencia, de la convivencia en definitiva, debe seguir cultivándose, por mucho que aún haya partidos que interpreten las campañas como una barra libre para cualquier recurso que permita arañar votos o pescar en caladeros cautivos. Yo pensaba que el PP vasco había comenzado hace tiempo a representar posiciones más templadas y responsables que las enarboladas en el pasado por Mayor Oreja o Iturgaiz. Por favor, recuérdense los resultados políticos de aquella estrategia.
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domingo, 7 de octubre de 2012
viernes, 21 de septiembre de 2012
Euskadi, con valor
Es una auténtica crisis, no derivada de la económica, sino política. No es preciso magnificar las imágenes ni los números que vimos el 11 de septiembre, en la conocida Diada de Catalunya, para saber que en Catalunya ha cogido brío, un nuevo brío, diferente de aquel tarradellismo, el movimiento de una parte de la sociedad catalana a favor de la mayor expresión de su sentimiento de independencia o, si se pudiera decir, de la identidad explícita en cuanto a derechos y competencias; eso que suelen llamar encaje constitucional. No parece que estemos en el mismo escenario de hace unos años con los recortes (maldita palabra), estatutarios entonces, aunque los de ahora son igualmente ideológicos, pese a que las partes, todas, argumenten razones económicas. La dificultad nos hace más viejos que nuestra propia edad, pero nos deja ver el fondo a través de la hojarasca.
Es una nueva forma que se suma a otras ya conocidas de apelar al valor de lo propio y al valor de dirigirlo. Se ha situado en el centro de la plaza esa reivindicación, no desde la esquina temerosa apoyada en altavoces ruidosos. Y la desaparición de la violencia en Euskadi, contada aún en días, ha descorrido el velo de una de las grandes falacias que esa misma violencia ocultaba: todo es posible, hasta pedir la independencia con la palabra. Por eso, manipulaciones aparte, el eco de la Diada ha resonado en Euskadi también con mayor magnitud que en ocasiones anteriores, más en un solo día que en años de gobierno tripartido en la Generalitat o que las proclamas de ……… .
Hace unos meses, en aquel histórico Pleno del Parlamento vasco en que se aprobaba la creación de la Comisión para la Convivencia, el lehendakari López afirmaba que el “el fin de la violencia modula el futuro de país”. Tan así es, aunque sus palabras entrañaban un fin de legislatura indeseado, que hoy, convocadas nuevas elecciones en Euskadi y Galicia, y a punto de serlo en Catalunya, por primera vez las tres nacionalidades históricas usan la misma herramienta: la política. No podía esperar Rajoy peor escenario ni los españoles y ciudadanos vascos más ilusionante reto.
A partir de aquí, ni Galicia ni Catalunya necesitan una mano mayor de españolismo. Cada una tiene la que los ciudadanos quisieron incluir en la urna. Euskadi se planta ante un lienzo en el que la palabra “valor” también determinará su futuro y necesitará una mano de gobierno social y firme como el de los últimos meses de gobierno socialista. Esa soledad envenenada que se aventuró ha permitido trazar la línea por donde caminar y, por fin, trazar una marca en el suelo por donde discurren las preocupaciones reales de los ciudadanos, que luego cada cual sueña con el dios que quiere.
En este periodo nuevo, casi constituyente para Euskadi en lo político aunque no en lo institucional, “Valor” es constituir un gobierno capaz de poner la política en el espacio que le corresponde en defensa de los intereses ciudadanos y generales, y que sean los graves intereses ciudadanos los que atraviesen de un lado la actualidad y no las doctrinas de campanario. Valor para ser capaces de ajustar la cintura al cinturón y no dejarse partir por la mitad por el látigo de la ideología que la derecha esconde.
Tal vez fuese una ingenuidad pensar que, tras los resultados electorales de mayo pasado, el PNV fuese a buscar el arrinconamiento del socialismo vasco. Pero la legislatura se cierra con el valor de haber puesto en el centro del hemiciclo la necesidad de un entendimiento fiscal entre los territorios, lo que nos habla más de competencias y menos de ideologías.
Lo que los ciudadanos reclaman hoy tiene nombres diferentes, pero, más que nunca, exigen un líder para un programa, un programa para un país, un país con viejos y nuevos valores desde la convivencia. Un solo país, Euskadi, con los máximos derechos en cualquier rincón de sus territorios. Esto si sería una nueva Euskadi, con valor para afianzar este nuevo tiempo, crear un espacio de acogida democrática, impulsar el desarrollo económico y el bienestar herido, potenciar y cohesionar una nueva malla social solidaria, financiada y eficaz, entrelazar la sociedad en un nuevo parámetro, el de la paz, fortalecer las instituciones y organismos representativos sociales que definen e identifican a Euskadi en el conjunto del Estado, continuar siendo un país de referencia de desarrollo, bienestar e historia.
Cabría añadir, con diferentes lecturas para hoy y con mayor energía para mañana, que “la libertad es un valor supremo que cobija todos los demás y los relanza; la diferencia aceptada conduce a una mejor convivencia que nos enriquece”. También fueron palabras suyas, del lehendakari López, aquel jueves “Día 0”.
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jueves, 10 de mayo de 2012
Mi réplica a Basagoiti
La ruptura del acuerdo existente en Euskadi entre el PSE-EE y el PP me parece una buena noticia, especialmente para el Lehendakari, que en el desempeño de su función gana en centralidad y autonomía. No obstante, las justificaciones aportadas por el presidente del PP vasco, Basagoiti, me llevan a plantear algunas consideraciones aclaratorias de la realidad vasca :
1a. En un momento particularmente delicado de la crisis, que provoca en Euskadi un 12 % de paro, resulta imprescindible la gestión continuada por el Lehendakari y su Gobierno del Presupuesto aprobado para 2012. Aplicar las medidas previstas en materia de empleo, conceder ayudas a las empresas para dar un impulso a la economía vasca y preservar los derechos sociales de la ciudadanía ante los recortes pretendidos por el PP, son tareas prioritarias. La convocatoria repentina de elecciones para julio (?) como exigen el PNV y Amaiur, supondría un evidente perjuicio en las dinámicas de aplicación de las medidas presupuestarias durante meses. Algo muy lesivo para este país.
2a. El Lehendakari Patxi Lopez argumenta, con razón, que esta legislatura está legitimada para aprobar con acuerdos muy amplios y transversales la Ley de Cajas y la Ley Municipal, los criterios para la reforma fiscal, avanzar en los trabajos y objetivos de la Ponencia Parlamentaria sobre la Convivencia y lograr que el Gobierno de Rajoy dė continuidad al proceso de paz. Me parece una aspiración que no tiene por qué verse trastocada por el final de la entente con el PP; aunque, eso si, con el complemento de la iniciativa ética que apunto al final.
3a. El análisis del PP de entender agotado el acuerdo de legislatura, valorando los logros alcanzados en materia de deslegitimación del terrorismo, normalización social y final del terrorismo, así como el freno a las dinámicas soberanistas de Ibarretxe que tanto tensionaban a la sociedad vasca, obedece a una realidad que ya formulé tras los acontecimientos del 20-O. Pero es que, además, las consecuencias derivadas de las elecciones generales del 20-N han venido provocando desavenencias insoportables. Por tanto, me reafirmo en que era absurdo pretender mantener artificialmente un acuerdo convertido en papel mojado a la vista del nivel de discrepancias que se elevaba cada día en respuesta a las políticas de Rajoy. Ahora bien, discrepo rotundamente de las razones esgrimidas por Basagoiti y que acoto a continuación.
4a. El PP alega "falta de firmeza del Lehendakari frente al mundo abertzale" para justificar la ruptura del acuerdo. Acusación falsa y gratuita. Otra cosa es que desde el 20-O, y tras el comunicado de ETA, no haya habido sintonía entre las posiciones de Patxi López y las de Rajoy-Basagoiti al apostar el PP por la paralización del proceso de paz para tomarse un tiempo y distanciarse de su anterior discurso. Es evidente que esta justificación obedece a necesidades internas del PP, regalando una descalificación sobre el Lehendakari a los sectores más inmovilistas del PP -y entornos- en materia de pacificación, contrarios a la búsqueda de vías para hacer efectiva, con garantías, la disolución de ETA.
5a. Es cierto que, desde el principio, el acuerdo nos ha resultado a muchos socialistas vascos difícil de sobrellevar. Y lo que para mi suponía una cuestión de coherencia política, me refiero a la necesidad de poner punto final a un "acuerdo excepcional" y para una situación que ha cambiado, en el caso de Basagoiti lo interpreto como un gesto de simple subordinación a la estrategia de recortes del PP y de Rajoy. Hay políticos que entienden que lo prioritario es la defensa del discurso único y las conveniencias del Partido de turno por encima de los intereses generales de la ciudadanía a la que representamos. Basagoiti ha caído, además, en el desprecio y la deslealtad al comparar al Lehendakari con Homer Simpson o al acusarle de "tomar una deriva nacionalista y hacer oposición a Rajoy en lugar de gobernar Euskadi". Acusaciones falsas y mal intencionadas.
6a. Por último, pero no menos importante, en este debate las cuestiones de ética política y de legitimidad democrática han de ser tenidas muy en cuenta. Por ello, considero que el Lehendakari Patxi López acertaría si en el marco del debate anual de septiembre sobre política general en Euskadi, siempre a la vista de los resultados del mismo y de las opiniones mayoritarias expuestas, presentara al Parlamento una cuestión de confianza para continuar hasta agotar la legislatura. Y en caso de perder la votación para proceder a la convocatoria anticipada de elecciones en noviembre.
Escrito por Odón Elorza: odonelorzag@gmail.com
Escrito por Odón Elorza: odonelorzag@gmail.com
martes, 1 de mayo de 2012
El papel del PSE-EE: reinventarse o morir
La ciudadanía vasca necesita un Proyecto de País, un modelo de convivencia y de desarrollo para este tiempo de crisis que concentre los esfuerzos ciudadanos y coordine a todas las instituciones en la lucha contra el desempleo y la reactivación de su economía. Y lo que menos necesitamos en este periodo de graves incertidumbres, en el que además está pendiente la reconstrucción moral de Euskadi, son más tensiones derivadas de estrategias de confrontación hacia la secesión deseada por parte de los independentistas.
Precisamente en tiempos de grave crisis, los independentistas se equivocan con su mensaje de "vámonos de España", porque este es el peor momento para extremar los desacuerdos sobre identidad, lenguas o autogobierno. Hoy, en Euskadi, la prioridad ha de centrarse en sumar voluntades democráticas, tratar de mantener sin graves recortes los derechos sociales, curar las heridas del terrorismo y profundizar la vía de la innovación de las empresas vascas. Pero nunca levantar muros contra solidaridad y la reconciliación cívica.
Nadie puede ser ajeno a la coyuntura dominada por la crisis y la recesión económica que atraviesan Europa y esa España de la que formamos parte, así como a las necesidades del ciclo final del terrorismo. Y nadie debería utilizar el momento para radicalizar sus políticas partidistas. Desde los independentistas hasta una derecha prepotente empeñada en desmantelar el estado del bienestar y sin propuestas para impulsar el crecimiento.
Por otra parte, es cierto que la declaración de ETA del 20-O, sin representar su imprescindible disolución, ha supuesto junto a las nuevas posiciones políticas del mundo abertzale, que dice no apoyar el terrorismo pero sin reconocer sus errores, un paso importante hacia un cambio de escenario. Ante este panorama y para hacer aún mas creíbles las propuestas del PSE-EE y la posición del Lehendakari Patxi López, resulta imprescindible recuperar una posición central y autónoma que, también, ayudará a tender puentes entre posiciones divergentes. Además de lograr normalizar relaciones con el PNV para abrir puertas de futuro.
Esta nueva realidad, así como recientes los insultos de Basagoiti al Lehendakari (lo comparó con Homer Simpson) y el conjunto de amenazas que venimos recibiendo del PP, cada vez que abre la boca algún miembro del Gobierno Vasco o algún portavoz del PSE-EE, me lleva a pedir con urgencia el final, formal y sin estridencias, de la circunstancial relación de socio preferente que ha mantenido el PSE-EE con el PP vasco. Porque carece ya de todo sentido.
En mi opinión, ya se han alcanzado los grandes objetivos que recogía el acuerdo para esta legislatura, como la derrota del terrorismo y la deslegitimación de la violencia. Y no podemos despreciar el alcance de las grandes diferencias y discrepancias existentes entre socialistas vascos y populares a la hora de aplicar un modelo de sociedad frente a la crisis.
Este divorcio con el PP no tendría por qué llevarnos, necesariamente, a la disolución anticipada del Parlamento. Ahí están instituciones como las Diputaciones de Gipuzkoa y Álava, o el Ayuntamiento de San Sebastián entre otros, gestionados por gobiernos en minoría. De modo que la gestión del actual Gobierno Vasco podría continuar por sentido de responsabilidad hasta cumplir su mandato, intensificando sin frenos su acción en la lucha contra la crisis, activando el proceso de paz y la construcción de la convivencia, y trabajando para hacer realidad la disolución de ETA. Aunque es evidente que se requiere la acción conjunta con las Diputaciones y un diálogo productivo en la Ponencia sobre la Convivencia, recién creada en el Parlamento.
Ahora bien, por imperativos éticos y credibilidad democrática, se debería atender la petición formal y mayoritaria de la Cámara si ésta fuera partidaria de adelantar las elecciones al otoño. O promover por el Gobierno una valiente moción de confianza. Pero no diré más para no equivocarme más de la cuenta.
En lo que se refiere al papel de los Socialistas Vascos, convendría reescribir las lineas estratégicas y sus prioridades en el marco de una próxima Conferencia Política abierta a la sociedad. Porque será necesario buscar la participación ciudadana para enriquecer y fortalecer el Proyecto de País y tratar de ganar la batalla electoral. Adelanto cual sería mi propuesta:
1. Apuesta por un País más cohesionado, lo que requerirá un compromiso acordado entre las Diputaciones y el Gobierno para luchar con garantía contra la crisis y el paro, manteniendo sin recortes sustanciales los derechos sociales.
2. Defensa del Autogobierno vasco, reforzando el papel del Gobierno en detrimento de las Diputaciones y eliminando duplicidades en el entramado institucional, con revisión de la LTH.
3. Impulso, sin dilaciones, a la cultura de paz y a la gestión del proceso de Paz, frente al inmovilismo del PP. Es una prioridad lograr el final del terrorismo y el reconocimiento al dolor de las víctimas.
4. Rechazo de la confrontación social a la que nos quieren llevar los independentistas y denuncia del perjuicio que su propuesta secesionista supondría para la economía vasca, así como de la carga de insolidaridad que conlleva hacia el resto del Estado.
5. Crear cauces a la construcción participativa de la convivencia ciudadana como un objetivo clave frente a la fractura social que provocan las tesis independentistas.
6. Puesta en valor de la identidad plural de la ciudadanía vasca, para convivir desde la riqueza de su diversidad y construir, en base a nuestra singularidad, un Modelo innovador de País Vasco con proyección en Europa.
Por último, este proyecto cívico debe dar respuesta a los continuos desprecios que el nacionalismo soberanista hace del autogobierno vasco y a sus muestras de permanente insatisfacción. Porque devalúan un Estatuto de Autonomía que representa un alto grado de autogobierno para un País sin Estado en Europa, incluida una especial concepción de la "soberanía fiscal".
Escrito por Odón Elorza: odonelorzag@gmail.com
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