Denis Itxaso. Donostia. @DenisItxaso
A hilo de un certero artículo de opinión que publicaba Moisés Naím el pasado domingo sobre las mutaciones que experimenta el poder, salí pensando el martes del Ayuntamiento acerca de cómo acertar con la actitud política, desde la oposición a un Gobierno local con quienes tenemos abismales diferencias. Somos oposición, pero en ningún caso ajenos a las dificultades por las que atraviesan las personas y las organizaciones, empezando por el propio Consistorio.
Los grupos municipales, que solemos ser a veces criticados por el alto volumen de nuestros reproches al Alcalde Izagirre, el pasado martes optamos en bloque por dar vía libre a los presupuestos municipales para el año 2013. Puede resultar sorprendente, pero así fue. Ni el PP, ni el PNV ni el PSE-EE llevaron al Pleno ninguna enmienda a la totalidad que persiguiese la devolución de los presupuestos, que es una manera de permitir su aprobación. Es obvio que unos se sentirán más identificados que otros con ese documento, ya que es el que mejor refleja el rumbo político que el gobierno que lo ha presentado pretende imprimirle a la ciudad. Pero nadie quiso ser responsable de que San Sebastián se quedara sin presupuesto. Ciertamente los socialistas optamos en esas circunstancias por negociar duro con el Gobierno para que ese plácet a los presupuestos no resultase gratuito, si no que reflejase una buena cantidad de iniciativas que nosotros consideramos prioritarias para Donostia.
Sin embargo, el debate no estuvo exento de dobles y triples juegos y de acusaciones calculadas , hasta parecer que quien se erige como alternativa de gobierno, está abocado a desarrollar una política de duro desgaste, cueste lo que cueste, y caiga quien caiga. ¿Olvidamos acaso que en medio están los ciudadanos y sus barrios y muchos intereses en juego como para que todo se reduzca al viejo desafío del "conmigo o contra mí"?
Y pensando en estas cosas, me acordé de algo que explicó muy gráficamente Rubalcaba hace dos semanas en una entrevista televisiva. "Resulta que cuando trato de acordar y proponer cosas de forma constructiva al Gobierno, el camarero de la cafetería que está al lado del Congreso, me reprocha que no doy caña al PP y que hay que ser mucho más exigentes. Pero cuando la semana siguiente he tratado de denunciar con toda la vehemencia de la que soy capaz los desmanes del Gobierno, cuando he optado por ser incisivo y duro en los reproches políticos, entonces el camarero me dice, disgustado, que a ver cuándo demonios nos vamos a poner de acuerdo los políticos para sacar este País adelante".
Esta sencilla pero clarificadora anécdota, que resume las contradicciones en la que se encuentra sumergida la política democrática, viene a cuento porque hay actitudes básicas que la gente practicamos a diario en nuestras vidas y trabajos, y que no debieran resultar ajenas ni incompatibles entre sí cuando ejercemos de políticos. Negociar, acordar, discutir, reprochar, discrepar, colaborar, ayudar, denunciar, comunicar, escuchar... Todo forma parte del mismo juego, que ni es blanco nuclear, ni negro azabache. Y cuanto más naturalmente nos desenvolvamos, evitando imposturas y exageraciones, más fácil nos resultará recuperar la conexión con esta sociedad aburrida de tanto teatro.
En parte somos presos de nosotros mismos. Hemos empleado demasiado tiempo confinando la política en compartimentos estancos, y, cuando la realidad imperante y la madurez ciudadana nos obliga a actuar con flexibilidad y transparencia, nos encontramos esclerosados para dar respuestas ágiles en defensa del interés general. Esa atrofia de los reflejos, sumada a la renuncia de los políticos por explicar, por hacer pedagogía y confiar en la capacidad de comprensión y espíritu crítico de la ciudadanía, ha estrechado el campo de juego político hasta convertirlo en mero tacticismo diario. Una colección más o menos imaginativa de frases hechas y titulares reduccionistas.
Quizás un cambio de actitud en este sentido podría devolvernos parte de la credibilidad perdida. Se ha hablado mucho de la honestidad e integridad como consecuencia de los escándalos de corrupción que sacuden la política y otros ámbitos de la vida pública. Y sigue siendo necesario mantener ese nivel de exigencia básico para evitar la degradación del sistema democrático. Pero no estaría de más que también trabajásemos la esfera de las actitudes, y contribuir así a humanizar más el ejercicio de la política. No podemos seguir dando esta imagen de seres extraterrestres e imperturbables; de lo contrario, no deberá extrañarnos que asistamos al epílogo de la democracia representativa.
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jueves, 21 de marzo de 2013
¿Por dónde puede empezar a cambiar la política?
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viernes, 21 de septiembre de 2012
Euskadi, con valor
Es una auténtica crisis, no derivada de la económica, sino política. No es preciso magnificar las imágenes ni los números que vimos el 11 de septiembre, en la conocida Diada de Catalunya, para saber que en Catalunya ha cogido brío, un nuevo brío, diferente de aquel tarradellismo, el movimiento de una parte de la sociedad catalana a favor de la mayor expresión de su sentimiento de independencia o, si se pudiera decir, de la identidad explícita en cuanto a derechos y competencias; eso que suelen llamar encaje constitucional. No parece que estemos en el mismo escenario de hace unos años con los recortes (maldita palabra), estatutarios entonces, aunque los de ahora son igualmente ideológicos, pese a que las partes, todas, argumenten razones económicas. La dificultad nos hace más viejos que nuestra propia edad, pero nos deja ver el fondo a través de la hojarasca.
Es una nueva forma que se suma a otras ya conocidas de apelar al valor de lo propio y al valor de dirigirlo. Se ha situado en el centro de la plaza esa reivindicación, no desde la esquina temerosa apoyada en altavoces ruidosos. Y la desaparición de la violencia en Euskadi, contada aún en días, ha descorrido el velo de una de las grandes falacias que esa misma violencia ocultaba: todo es posible, hasta pedir la independencia con la palabra. Por eso, manipulaciones aparte, el eco de la Diada ha resonado en Euskadi también con mayor magnitud que en ocasiones anteriores, más en un solo día que en años de gobierno tripartido en la Generalitat o que las proclamas de ……… .
Hace unos meses, en aquel histórico Pleno del Parlamento vasco en que se aprobaba la creación de la Comisión para la Convivencia, el lehendakari López afirmaba que el “el fin de la violencia modula el futuro de país”. Tan así es, aunque sus palabras entrañaban un fin de legislatura indeseado, que hoy, convocadas nuevas elecciones en Euskadi y Galicia, y a punto de serlo en Catalunya, por primera vez las tres nacionalidades históricas usan la misma herramienta: la política. No podía esperar Rajoy peor escenario ni los españoles y ciudadanos vascos más ilusionante reto.
A partir de aquí, ni Galicia ni Catalunya necesitan una mano mayor de españolismo. Cada una tiene la que los ciudadanos quisieron incluir en la urna. Euskadi se planta ante un lienzo en el que la palabra “valor” también determinará su futuro y necesitará una mano de gobierno social y firme como el de los últimos meses de gobierno socialista. Esa soledad envenenada que se aventuró ha permitido trazar la línea por donde caminar y, por fin, trazar una marca en el suelo por donde discurren las preocupaciones reales de los ciudadanos, que luego cada cual sueña con el dios que quiere.
En este periodo nuevo, casi constituyente para Euskadi en lo político aunque no en lo institucional, “Valor” es constituir un gobierno capaz de poner la política en el espacio que le corresponde en defensa de los intereses ciudadanos y generales, y que sean los graves intereses ciudadanos los que atraviesen de un lado la actualidad y no las doctrinas de campanario. Valor para ser capaces de ajustar la cintura al cinturón y no dejarse partir por la mitad por el látigo de la ideología que la derecha esconde.
Tal vez fuese una ingenuidad pensar que, tras los resultados electorales de mayo pasado, el PNV fuese a buscar el arrinconamiento del socialismo vasco. Pero la legislatura se cierra con el valor de haber puesto en el centro del hemiciclo la necesidad de un entendimiento fiscal entre los territorios, lo que nos habla más de competencias y menos de ideologías.
Lo que los ciudadanos reclaman hoy tiene nombres diferentes, pero, más que nunca, exigen un líder para un programa, un programa para un país, un país con viejos y nuevos valores desde la convivencia. Un solo país, Euskadi, con los máximos derechos en cualquier rincón de sus territorios. Esto si sería una nueva Euskadi, con valor para afianzar este nuevo tiempo, crear un espacio de acogida democrática, impulsar el desarrollo económico y el bienestar herido, potenciar y cohesionar una nueva malla social solidaria, financiada y eficaz, entrelazar la sociedad en un nuevo parámetro, el de la paz, fortalecer las instituciones y organismos representativos sociales que definen e identifican a Euskadi en el conjunto del Estado, continuar siendo un país de referencia de desarrollo, bienestar e historia.
Cabría añadir, con diferentes lecturas para hoy y con mayor energía para mañana, que “la libertad es un valor supremo que cobija todos los demás y los relanza; la diferencia aceptada conduce a una mejor convivencia que nos enriquece”. También fueron palabras suyas, del lehendakari López, aquel jueves “Día 0”.
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lunes, 14 de mayo de 2012
¡Al toro! De encierros y cencerros
Y ahora, Bankia. Diagnóstico a vuela pluma: una de las entidades financieras sistémicas del sufriente paisito, a puntito de hacer catacrock y armarla parda, es nacionalizada. Se nos dice que por el bien de todas las españolitas y españolitos. Off the record, para tranquilizar a nuestros otrora “dadivosos” prestamistas que financiaron nuestro “nuevoriquismo”, que hicieron negocio, que ahora temen no recuperar lo prestado, y que, con eso de la desconfianza, nos prestan mucho más caro porque, a día de hoy, seguimos necesitando financiarnos fuera.
Acto y seguido, en menos que canta un gallo, se pone en marcha, nada menos que la cuarta reforma financiera desde 2008, para incrementar la confianza del otrora cuasi mejor sistema financiero del mundo. Y, de nuevo, barra libre, nuevo chorretón público de eurotones a montones a las entidades privadas. Tened en cuenta, sufrientes conciudadanos — nos dicen—, que Bankia es una entidad sistémica y que si una entidad sistémica cae, la financiación de la economía española se vería cortocircuitada. (La ciudadanía se queja. Pero,… ¡Haya Paz! Rauda y veloz, emerge la voz de la sabiduría desde el Sancta Sanctorum capitalista: No seas impertinente y demagoga ciudadanía. Da igual que el dinero público que han recibido no lo usen para la función social que se le presupone, financiar. Es por el bien de España, de Europa y del Mundo, porque España también es sistémica para el sacrosanto chiringuito capitalista global).
El resultado de este nuevo sainete del tocomocho financiero: a verlas venir, porque no sabemos si no hará falta una nueva reforma con su consiguiente manguerazo —y ya vamos unos cuantos— de dinero público, de nuevo, al sector privado.
Acto y seguido, en menos que canta un gallo, se pone en marcha, nada menos que la cuarta reforma financiera desde 2008, para incrementar la confianza del otrora cuasi mejor sistema financiero del mundo. Y, de nuevo, barra libre, nuevo chorretón público de eurotones a montones a las entidades privadas. Tened en cuenta, sufrientes conciudadanos — nos dicen—, que Bankia es una entidad sistémica y que si una entidad sistémica cae, la financiación de la economía española se vería cortocircuitada. (La ciudadanía se queja. Pero,… ¡Haya Paz! Rauda y veloz, emerge la voz de la sabiduría desde el Sancta Sanctorum capitalista: No seas impertinente y demagoga ciudadanía. Da igual que el dinero público que han recibido no lo usen para la función social que se le presupone, financiar. Es por el bien de España, de Europa y del Mundo, porque España también es sistémica para el sacrosanto chiringuito capitalista global).
El resultado de este nuevo sainete del tocomocho financiero: a verlas venir, porque no sabemos si no hará falta una nueva reforma con su consiguiente manguerazo —y ya vamos unos cuantos— de dinero público, de nuevo, al sector privado.
Mientras…
Lagarde y Vam Rompuy aplauden con las orejas. Pero no; no somos de fiar aún. Nos queda el nubarrón del déficit. Europa aún no ha decidido si han de darnos permiso - estos vagos del sur - para permitirnos encorsetar el déficit un año más tarde y han de decidir si nos instan o no a apretarnos más el cinto alrededor de la cinturita de avispa que se nos está quedando. (¡Ay españolitos!, ¡A que os pedimos nuevas reformas! ¡Nos nos hacéis los deberes capitalistas con suficiente devoción!!Umm!!). Es decir, pasta a espuertas a los Bancos, recortes por doquier y pende la espadota de Damócles en forma de posibles nuevos recortes en políticas sociales…
Y nuestro ilustre y muy requetenacional gobierno, presenta la batería de medidas de economía de guerra capitalista como si se tratara de un equipo de asépticos técnicos que no hacen política, que se limitan a aplicar un conocimiento responsable, serio, no demagógico, no politizado, no ideologizado aunque abstruso para el ciudadano profano. Sí, ese mismo supuesto conocimiento técnico que generó la burbuja, ése que incrementa la desigualdad en el reparto de la riqueza entre capital y trabajo, ése que nos endeudó per secula seculorum, ése que nos arrasó y afeó el territorio, ese al que cedimos nuestra responsabilidad ciudadana y nuestro poder de crítica, ese al que la Izquierda —sí, admitámoslo, la Izquierda. Curémonos para salir con fuerza— dio demasiado pábulo y legitimidad durante muchos años…
Y para asegurarse el consenso y el patriotismo en el sufrimiento compartido –esto va por barrios, pero aceptemos pulpo como animal de compañía-, la caverna brama al unísono: los culpables, los sociatas y perroflautas facinerosos.
Hasta aquí.
Como dirían nuestros queridos vecinos del norte, Ras le bol! En castizo, ¡Hasta el excroto! ¿Dónde está la cámara oculta?
Bankia, pese a lo obsceno de la escena, no es más que otra vuelta de tuerca, la más reciente, en el marco de una acción global regresiva y antisocial, que fomenta una distribución de la riqueza más desigual entre el centro y periferia a escala global, nacional y local, que fomenta un rol de ciudadanía pasivo y en el que la acción pública prioriza —porque así lo decide conscientemente— la seguridad del factor productivo capital. Y a la ciudadanía, que se la den con queso. Sin medias tintas.
A las pruebas me remito; Bankia: no hay ni dinero ni decisión para aligerar el coste social de la mal llamada crisis, pero sí lo hay para salvar a Bancos Privados, todo por el bien de España. (Grita la caverna: ¡Qué demagogo! ¡Qué ignorante! ¡Qué poco patriota! ¡Ya me gustaría veros a los perroflautas trasnochados si quebraran los bancos! ¡Qué antisistema!) Y encima, habrá que darles las gracias.
Los poderosos prebostes que fomentan esta realidad económica —y política— angustiosa, rezuman un corpus teórico potentísimo que disfrazan de pulcra y aséptica técnica, y dan puntadas con hilo filo al construir un relato bien coherente en el que contraponen su “evidente sapiencia” con la supuesta chapuza, infantilismo, demagogia, prejuicios, trasnochadas ideologías —¡O cielos!, ha dicho ideología, ¡qué mal gusto!— de La Izquierda. Una Izquierda a la que retratan —menos mal que no tienen ideología— machacona y reiteradamente como caviar, burgesa-bohemia, desconectada de las necesidades del país, … en contraste con ellos —asépticos, técnicos, pulcros y guiados por la razón— que actúan por el bien de España.
Este discurso, este relato cansino pero efectivo cala en sociedad, sea en España, Francia, Grecia, Italia… y desarma la capacidad movilizadora de quien puede hacer frente a esta asepsia de naftalina, ésta que mata el Progreso social. Toca a las Izquierdas dar forma a un cuerpo teórico discursivo ideologizado que haga frente a las dentelladas de esta fiera de modales pulcros. Porque a día de hoy se echa de menos un afilado escalpelo ideológico con el que diseccionar e interpretar la realidad y dotar de sentido y dirección a la acción colectiva de una ciudadanía perdida, atomizada y temerosa.
Las izquierdas, fragmentadas en etiquetas variopintas —más marketinianas que de enjundia programática—, divididas por fronteras nacionales y ciegamente adscritas a un testarudo productivismo —un sacrosanto Citius, Altius Fortius económico— que obvia los límites de la base física de la que dependemos, asisten como convidadas de piedra a los toros desde la barrera. A día de hoy, ideológicamente famélicas para liderar una contestación social a tanta cornamenta. Nos enfrentamos atomizadamente a unos toros bravos globales que reparten estopa al unísono a ciudadanos nacionales-locales. Ciudadanos obligados a correr —en un encierro constante— despavoridos, atomizados, empequeñecidos y temerosos.
Se echa de menos una izquierda poderosa que señale y explique los afilados cuernos con los que estos toros globales ensartan cualquier obstáculo que les impida ampliar su poder y ascendente; una izquierda que coloque sonoros cencerros con los que veamos venir los afilados cuernos; una izquierda que genere sinergias allende las fronteras nacionales, porque el embate es sistémico, trasnacional y bien estructurado.
Gora a una Izquierda que nos describa bien el ruedo: estos toros bravos están programática e ideológicamente muy bien pertrechados, han logrado ocupar la centralidad de la plaza la cosa pública amén de la agenda mediática glocal; embisten y desgarran cualquier progreso social democrático conquistado; y son bravos defensores de la democracia orgánica, ésta de la “de por mis cojo…”.
Pero las Izquierdas, a escala global, están inconexas y acoquinadas, sentadas en los tendidos de sol de la plaza de su pueblo-terruño, quemándose y cegadas por tanta acción regresiva contra la ciudadanía, insistiendo en herramientas y análisis del pasado, relatando un cuento sin profundidad. Las izquierdas se queman la piel sin torero programático global presto a torear a estos morlacos sistémicos globales. Y las ciudadanías de cada país-ciudad, estructuradas en terruños, les toca asistir a una carrera de fondo, el que prima el sálvese quien pueda, sin poder apreciar por dónde ni a quién embestirá la turbocapitalista cornamenta, sin poder parar y aunarse para torear.
En plata, Bankia se nacionaliza porque hay que dar confianza y nuestro bienestar se precariza porque no es prioridad sistémica. Discurso político donde los haya. Elección de economía política de libro. Asistimos a una decisión política que decide velar por el Capital Global (Ceteris Paribus, con las normas de juego actuales, si cae Bankia, tiemblan España y Europa). El paisito, exhausto, tembloroso y sin fuerza. Las ciudadanías seguimos adscritas a un entorno nacional, fragmentadas por tontas identidades nacionales, competimos entre sí por unas migas —de un pastel cada vez peor repartido— en la división internacional del trabajo (atacamos cada vez con más furia a un ciudadano trabajador extranjero al que etiquetamos como inmigrante) y seguimos creyendo que hay que producir más (Si el trabajo es progresivamente factor productivo redundante y la creación de riqueza es una función social, por qué demonios no priorizamos producir menos repartir y repartir más… ! Seré perroflauta demagogo!).
Toca reducir los encierros ciudadanos, poner sonoros cencerros a las fieras, amansarlas y estabularlas. Es de ley.
Salud raudales.
Lagarde y Vam Rompuy aplauden con las orejas. Pero no; no somos de fiar aún. Nos queda el nubarrón del déficit. Europa aún no ha decidido si han de darnos permiso - estos vagos del sur - para permitirnos encorsetar el déficit un año más tarde y han de decidir si nos instan o no a apretarnos más el cinto alrededor de la cinturita de avispa que se nos está quedando. (¡Ay españolitos!, ¡A que os pedimos nuevas reformas! ¡Nos nos hacéis los deberes capitalistas con suficiente devoción!!Umm!!). Es decir, pasta a espuertas a los Bancos, recortes por doquier y pende la espadota de Damócles en forma de posibles nuevos recortes en políticas sociales…
Y nuestro ilustre y muy requetenacional gobierno, presenta la batería de medidas de economía de guerra capitalista como si se tratara de un equipo de asépticos técnicos que no hacen política, que se limitan a aplicar un conocimiento responsable, serio, no demagógico, no politizado, no ideologizado aunque abstruso para el ciudadano profano. Sí, ese mismo supuesto conocimiento técnico que generó la burbuja, ése que incrementa la desigualdad en el reparto de la riqueza entre capital y trabajo, ése que nos endeudó per secula seculorum, ése que nos arrasó y afeó el territorio, ese al que cedimos nuestra responsabilidad ciudadana y nuestro poder de crítica, ese al que la Izquierda —sí, admitámoslo, la Izquierda. Curémonos para salir con fuerza— dio demasiado pábulo y legitimidad durante muchos años…
Y para asegurarse el consenso y el patriotismo en el sufrimiento compartido –esto va por barrios, pero aceptemos pulpo como animal de compañía-, la caverna brama al unísono: los culpables, los sociatas y perroflautas facinerosos.
Hasta aquí.
Como dirían nuestros queridos vecinos del norte, Ras le bol! En castizo, ¡Hasta el excroto! ¿Dónde está la cámara oculta?
Bankia, pese a lo obsceno de la escena, no es más que otra vuelta de tuerca, la más reciente, en el marco de una acción global regresiva y antisocial, que fomenta una distribución de la riqueza más desigual entre el centro y periferia a escala global, nacional y local, que fomenta un rol de ciudadanía pasivo y en el que la acción pública prioriza —porque así lo decide conscientemente— la seguridad del factor productivo capital. Y a la ciudadanía, que se la den con queso. Sin medias tintas.
A las pruebas me remito; Bankia: no hay ni dinero ni decisión para aligerar el coste social de la mal llamada crisis, pero sí lo hay para salvar a Bancos Privados, todo por el bien de España. (Grita la caverna: ¡Qué demagogo! ¡Qué ignorante! ¡Qué poco patriota! ¡Ya me gustaría veros a los perroflautas trasnochados si quebraran los bancos! ¡Qué antisistema!) Y encima, habrá que darles las gracias.
Los poderosos prebostes que fomentan esta realidad económica —y política— angustiosa, rezuman un corpus teórico potentísimo que disfrazan de pulcra y aséptica técnica, y dan puntadas con hilo filo al construir un relato bien coherente en el que contraponen su “evidente sapiencia” con la supuesta chapuza, infantilismo, demagogia, prejuicios, trasnochadas ideologías —¡O cielos!, ha dicho ideología, ¡qué mal gusto!— de La Izquierda. Una Izquierda a la que retratan —menos mal que no tienen ideología— machacona y reiteradamente como caviar, burgesa-bohemia, desconectada de las necesidades del país, … en contraste con ellos —asépticos, técnicos, pulcros y guiados por la razón— que actúan por el bien de España.
Este discurso, este relato cansino pero efectivo cala en sociedad, sea en España, Francia, Grecia, Italia… y desarma la capacidad movilizadora de quien puede hacer frente a esta asepsia de naftalina, ésta que mata el Progreso social. Toca a las Izquierdas dar forma a un cuerpo teórico discursivo ideologizado que haga frente a las dentelladas de esta fiera de modales pulcros. Porque a día de hoy se echa de menos un afilado escalpelo ideológico con el que diseccionar e interpretar la realidad y dotar de sentido y dirección a la acción colectiva de una ciudadanía perdida, atomizada y temerosa.
Las izquierdas, fragmentadas en etiquetas variopintas —más marketinianas que de enjundia programática—, divididas por fronteras nacionales y ciegamente adscritas a un testarudo productivismo —un sacrosanto Citius, Altius Fortius económico— que obvia los límites de la base física de la que dependemos, asisten como convidadas de piedra a los toros desde la barrera. A día de hoy, ideológicamente famélicas para liderar una contestación social a tanta cornamenta. Nos enfrentamos atomizadamente a unos toros bravos globales que reparten estopa al unísono a ciudadanos nacionales-locales. Ciudadanos obligados a correr —en un encierro constante— despavoridos, atomizados, empequeñecidos y temerosos.
Se echa de menos una izquierda poderosa que señale y explique los afilados cuernos con los que estos toros globales ensartan cualquier obstáculo que les impida ampliar su poder y ascendente; una izquierda que coloque sonoros cencerros con los que veamos venir los afilados cuernos; una izquierda que genere sinergias allende las fronteras nacionales, porque el embate es sistémico, trasnacional y bien estructurado.
Gora a una Izquierda que nos describa bien el ruedo: estos toros bravos están programática e ideológicamente muy bien pertrechados, han logrado ocupar la centralidad de la plaza la cosa pública amén de la agenda mediática glocal; embisten y desgarran cualquier progreso social democrático conquistado; y son bravos defensores de la democracia orgánica, ésta de la “de por mis cojo…”.
Pero las Izquierdas, a escala global, están inconexas y acoquinadas, sentadas en los tendidos de sol de la plaza de su pueblo-terruño, quemándose y cegadas por tanta acción regresiva contra la ciudadanía, insistiendo en herramientas y análisis del pasado, relatando un cuento sin profundidad. Las izquierdas se queman la piel sin torero programático global presto a torear a estos morlacos sistémicos globales. Y las ciudadanías de cada país-ciudad, estructuradas en terruños, les toca asistir a una carrera de fondo, el que prima el sálvese quien pueda, sin poder apreciar por dónde ni a quién embestirá la turbocapitalista cornamenta, sin poder parar y aunarse para torear.
En plata, Bankia se nacionaliza porque hay que dar confianza y nuestro bienestar se precariza porque no es prioridad sistémica. Discurso político donde los haya. Elección de economía política de libro. Asistimos a una decisión política que decide velar por el Capital Global (Ceteris Paribus, con las normas de juego actuales, si cae Bankia, tiemblan España y Europa). El paisito, exhausto, tembloroso y sin fuerza. Las ciudadanías seguimos adscritas a un entorno nacional, fragmentadas por tontas identidades nacionales, competimos entre sí por unas migas —de un pastel cada vez peor repartido— en la división internacional del trabajo (atacamos cada vez con más furia a un ciudadano trabajador extranjero al que etiquetamos como inmigrante) y seguimos creyendo que hay que producir más (Si el trabajo es progresivamente factor productivo redundante y la creación de riqueza es una función social, por qué demonios no priorizamos producir menos repartir y repartir más… ! Seré perroflauta demagogo!).
Toca reducir los encierros ciudadanos, poner sonoros cencerros a las fieras, amansarlas y estabularlas. Es de ley.
Salud raudales.
Escrito por Rosa de Luxemburgo: rosaluxemburgo.1871.1976@gmail.com
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