Denis Itxaso. Donostia. @DenisItxaso
A hilo de un certero artículo de opinión que publicaba Moisés Naím el pasado domingo sobre las mutaciones que experimenta el poder, salí pensando el martes del Ayuntamiento acerca de cómo acertar con la actitud política, desde la oposición a un Gobierno local con quienes tenemos abismales diferencias. Somos oposición, pero en ningún caso ajenos a las dificultades por las que atraviesan las personas y las organizaciones, empezando por el propio Consistorio.
Los grupos municipales, que solemos ser a veces criticados por el alto volumen de nuestros reproches al Alcalde Izagirre, el pasado martes optamos en bloque por dar vía libre a los presupuestos municipales para el año 2013. Puede resultar sorprendente, pero así fue. Ni el PP, ni el PNV ni el PSE-EE llevaron al Pleno ninguna enmienda a la totalidad que persiguiese la devolución de los presupuestos, que es una manera de permitir su aprobación. Es obvio que unos se sentirán más identificados que otros con ese documento, ya que es el que mejor refleja el rumbo político que el gobierno que lo ha presentado pretende imprimirle a la ciudad. Pero nadie quiso ser responsable de que San Sebastián se quedara sin presupuesto. Ciertamente los socialistas optamos en esas circunstancias por negociar duro con el Gobierno para que ese plácet a los presupuestos no resultase gratuito, si no que reflejase una buena cantidad de iniciativas que nosotros consideramos prioritarias para Donostia.
Sin embargo, el debate no estuvo exento de dobles y triples juegos y de acusaciones calculadas , hasta parecer que quien se erige como alternativa de gobierno, está abocado a desarrollar una política de duro desgaste, cueste lo que cueste, y caiga quien caiga. ¿Olvidamos acaso que en medio están los ciudadanos y sus barrios y muchos intereses en juego como para que todo se reduzca al viejo desafío del "conmigo o contra mí"?
Y pensando en estas cosas, me acordé de algo que explicó muy gráficamente Rubalcaba hace dos semanas en una entrevista televisiva. "Resulta que cuando trato de acordar y proponer cosas de forma constructiva al Gobierno, el camarero de la cafetería que está al lado del Congreso, me reprocha que no doy caña al PP y que hay que ser mucho más exigentes. Pero cuando la semana siguiente he tratado de denunciar con toda la vehemencia de la que soy capaz los desmanes del Gobierno, cuando he optado por ser incisivo y duro en los reproches políticos, entonces el camarero me dice, disgustado, que a ver cuándo demonios nos vamos a poner de acuerdo los políticos para sacar este País adelante".
Esta sencilla pero clarificadora anécdota, que resume las contradicciones en la que se encuentra sumergida la política democrática, viene a cuento porque hay actitudes básicas que la gente practicamos a diario en nuestras vidas y trabajos, y que no debieran resultar ajenas ni incompatibles entre sí cuando ejercemos de políticos. Negociar, acordar, discutir, reprochar, discrepar, colaborar, ayudar, denunciar, comunicar, escuchar... Todo forma parte del mismo juego, que ni es blanco nuclear, ni negro azabache. Y cuanto más naturalmente nos desenvolvamos, evitando imposturas y exageraciones, más fácil nos resultará recuperar la conexión con esta sociedad aburrida de tanto teatro.
En parte somos presos de nosotros mismos. Hemos empleado demasiado tiempo confinando la política en compartimentos estancos, y, cuando la realidad imperante y la madurez ciudadana nos obliga a actuar con flexibilidad y transparencia, nos encontramos esclerosados para dar respuestas ágiles en defensa del interés general. Esa atrofia de los reflejos, sumada a la renuncia de los políticos por explicar, por hacer pedagogía y confiar en la capacidad de comprensión y espíritu crítico de la ciudadanía, ha estrechado el campo de juego político hasta convertirlo en mero tacticismo diario. Una colección más o menos imaginativa de frases hechas y titulares reduccionistas.
Quizás un cambio de actitud en este sentido podría devolvernos parte de la credibilidad perdida. Se ha hablado mucho de la honestidad e integridad como consecuencia de los escándalos de corrupción que sacuden la política y otros ámbitos de la vida pública. Y sigue siendo necesario mantener ese nivel de exigencia básico para evitar la degradación del sistema democrático. Pero no estaría de más que también trabajásemos la esfera de las actitudes, y contribuir así a humanizar más el ejercicio de la política. No podemos seguir dando esta imagen de seres extraterrestres e imperturbables; de lo contrario, no deberá extrañarnos que asistamos al epílogo de la democracia representativa.
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jueves, 21 de marzo de 2013
¿Por dónde puede empezar a cambiar la política?
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lunes, 21 de enero de 2013
El futuro de la política
Óscar Rodríguez Vaz. Vitoria-Gasteiz
“Algo huele a rancio en la política. Y no
me refiero a la corrupción. No es un olor hediondo; se trata más bien de ese
olor a cuero o tejidos pasados que recuerda vagamente a su fragancia original,
pero que ha perdido ya la fuerza evocadora originaria”. Con
esta cita comienzael profesor Vallespín una obra titulada como este
artículo que, con apenas unadécada, es ya un clásico en el campo
politológico.
A pesar de todas las crisis, pienso que aún
somos mayoría quienes creemos en una democracia representativa dotada de legitimidad
social, pero también reformada, tocando dos de sus pilares clave: los partidos
– cuyo papel es “fundamental para la participación política”, según el art. 2.6
de la Constitución, y que hoy son
percibidos como un problema - y las instituciones de representación.
Debemos innovar para obtener la fórmula
que cierre la brecha entre la política – partidos e instituciones - y la
voluntad popular en la que se fundamenta su legitimidad. Una fórmula reformista
que responda tres cuestiones clave: qué nuevos mecanismos contractuales ponemos
en marcha para con la sociedad; cómo se forma la voluntad colectiva; y qué
nuevos mecanismos de participación implementamos.
Respecto de la primera cuestión, las
relaciones sociales en democracia se establecen de acuerdo a mecanismos
contractuales. Debemos firmar un nuevo contrato basado en la confianza. Y no
hay mejor forma de transmitir confianza que la transparencia, en los partidos y
en las instituciones. No hay excusa alguna para no poner a disposición de la
gente lo que es suyo.
Medidas de transparencia que pasarían,
por ejemplo, porque los partidos dieran cuenta de su patrimonio y de los
ingresos procedentes de la Administración periódica y públicamente. Por
ejemplo, porque los cargos públicos estuvieran obligados a publicitar sus
declaraciones de actividades y bienes. O, por ejemplo, porque cualquier
ciudadano pudiera conocer el destino de los dineros públicos que reciba
cualquier empresa (pública, parapública o participada) o pudiera acceder a las
declaraciones de bienes y actividades de los responsables de tales empresas.
En cuanto a la segunda cuestión, dice el
fallecido profesor Judt en su magistral epílogo literario-vital que “la
disposición al desacuerdo, al rechazo o la disconformidad constituyen la savia
de una sociedad abierta”. Así pues, en la formación de la voluntad colectiva,
resulta imprescindible que haya debates serios, escucha activa y autocrítica.
Las estructuras internas y modos de
funcionamiento de los partidos distan bastante de ser todo lo democráticas que debieran.
También en las instituciones de representación asistimos a debates
prefabricados y rígidos, ajenos al propio sentido del parlamentarismo. O vemos
debates esperpénticos para aparentar que ciertas decisiones se toman en el
Parlamento, cuando mucha gente ya sabe que se han tomado en salas más pequeñas,
con poca luz y con menos gente.
¿Cómo cambiar esta realidad? O lo que es
lo mismo, ¿cómo fomentar la libertad de pensamiento y de opinión en un sistema
que ha degenerado? La teoría parecería sencilla: quitando poder a las cúpulas
de los partidos y dándoselas a los militantes y votantes, a la ciudadanía. La
práctica quizás no lo sea tanto.
Y esto me lleva a la tercera cuestión. En
poco tiempo hemos pasado de las palomas mensajeras a los smartphones. Se ha
transformado todo. Y las innovaciones que han ido dando forma a la sociedad
actual han hecho aún más flagrante la falta de adaptación de la política a la
nueva realidad. Es más, en ocasiones se han operado cambios en la dirección
inadecuada, pues “lapolítica en directo” – como la llama Daniel Innerarity –dificulta “las vías de
acceso y permeabilización” de esta con la sociedad.
Ha cambiado todo, menos los partidos y
sus estructuras; todo, menos las instituciones y los sistemas de
representación. Apenas hay diferencias entre el sistema político que yo vivo y
el que pudieron conocer mis abuelos en los años 40.
En este sentido, considero que, además de
reducir drásticamente el número de instituciones con criterios de eficacia y
eficiencia (sobran las Diputaciones Provinciales y hay que agrupar los 8.100 Ayuntamientos),
podríamos incorporar mecanismos ciudadanos de revocación de cargos públicos por
incumplimiento de programa o por mala gestión. También hace falta un sistema electoral
más dinámico, buscando una mejor representatividad del voto y desbloqueando las
listas en las elecciones al Congreso. Se podrían convertir en autonómicas las
circunscripciones, para hacer del Senado una Cámara de representación
territorial; en todo caso, si no se reforma, carece de sentido. O lejos de los
debates populistas sobre su número, se podría mejorar la legitimidad de los
parlamentos autonómicos con un sistema mixto de elección: eligiendo una parte como
hasta ahora (desbloqueando las listas cerradas, eso sí), y que otra fuera
elegida directamente por la ciudadanía en listas abiertas.
Y también habría que impulsar reformas
internas en los propios partidos. Por ejemplo, estableciendo primarias y listas
abiertas para la elección de sus representantes. O por ejemplo, impulsando
consultas a la militancia y a la sociedad de referencia. O, por ejemplo, con
mejores mecanismos de rendición de cuentas, para que sus militantes y votantes sepan
a quién pedir responsabilidades por una mala decisión o por una no-decisión.
En resumen, la fórmula para corregir la
erosionada legitimidad de la política, pasa por la construcción de una mejor
democracia sobre la transparencia, el debate crítico y la participación. Me
permito la licencia de instar a la izquierda a que patente la fórmula, sea esta
o cualquier otra.
(Artículo publicado hoy en El Diario Vasco y en El Correo)
(Artículo publicado hoy en El Diario Vasco y en El Correo)
martes, 18 de septiembre de 2012
Por un PSOE útil
Hoy hacemos aquí un hueco para un documento impulsado por un grupo de militantes del PSOE (en Twitter @ReiniciandoSOE):
Por un PSOE útil (al servicio de una nueva mayoría de progreso). Contribución abierta al debate del modelo de oposición del PSOE
El problema del liderazgo.
El pasado mes de febrero, renovamos la dirección de nuestro partido, eligiendo así un nuevo liderazgo que fuese la voz de toda la militancia y la sociedad progresista en estos duros momentos que nos ha tocado vivir. Entendemos el liderazgo como una participación abierta y directa entre el Secretario General y la militancia, entre el socialismo y la ciudadanía. Pensamos que nuestro Secretario General debe ser la figura que defienda los intereses de la izquierda social, de los obreros. En una sociedad tan segmentada como esta, convendría tratar de representar la defensa de una mayoría de progreso.
Entendemos el liderazgo como una figura horizontal y participativa. Creemos firmemente que un líder debe ser respaldado por una gran parte de la militancia de base, por ello propondremos en la próxima Conferencia de Organización que el próximo/a Secretario/a General salga elegido/a mediante el mecanismo de un militante, un voto. Así aseguraremos un liderazgo fuerte, cohesionado y respaldado por los propios afiliados y afiliadas. No olvidemos que el liderazgo ha de ser social y a un político el liderazgo se lo reconoce y otorga la ciudadanía, la sociedad, por su carisma, coherencia personal, su capacidad de reconocer errores y por el proyecto político que encarna.
El PSOE está sumido en una profunda depresión política, de la que debemos y podemos salir. Consideramos que hay que abrir el partido a la participación activa de la sociedad, construir una comunicación directa con la ciudadanía, en la calle y en las redes sociales; hacer del PSOE un instrumento útil para España.
El 20N y sus consecuencias.
En las pasadas elecciones generales del 20 de noviembre, los ciudadanos nos dieron definitivamente la espalda, como ya nos anunciaran en mayo de ese mismo año. Más de cuatro millones de personas no renovaron su confianza en el PSOE y nos dijeron alto y claro, Así no, con vosotros, no. La mayor parte de estos electores emigraron a fuerzas políticas de izquierdas o lo que es peor, a la abstención. Desde la Segunda Guerra Mundial, en Europa, los partidos políticos que han logrado ganar unas elecciones generales, son los que cuentan con el apoyo de un electorado de centro, como le pasó, a modo de ejemplo, a Felipe González con el voto de UCD. No obstante, la captación del voto de centro tiene mucho más que ver con la percepción por parte de los votantes de un proyecto solvente e ilusionante en la izquierda que con el abandono de nuestras posiciones ideológicas, que provoca una fuerte pérdida de votantes por la izquierda sin llegar a atraer tampoco a los votantes moderados, como bien hemos podido constatar estos meses.
Se ha producido a lo largo de los años, una acomodación de los Partidos Socialistas europeos al sistema, con pérdida de su identidad y de su capacidad de transformación de la sociedad.
Como consecuencia de la crisis económica provocada por un sistema financiero especulativo y desregulado por los Estados, la ciudadanía se encuentra sumida en el desconcierto, atenazada por el miedo. Cada mañana al levantarnos no sabemos qué nos habrá recortado o quitado este gobierno conservador de Mariano Rajoy. Pensamos que el PSOE tiene que ser el referente para esa gente, que es la nuestra, los trabajadores y las trabajadoras, los más desfavorecidos, los que más nos necesitan. Tenemos que ser la voz firme que diga no al Partido Popular en su empeño de seguir humillando al conjunto de la ciudadanía española.
El 20N conocimos la mayor derrota del PSOE en su historia reciente, en gran medida por culpa de la crisis que ha arrasado con todos los gobiernos europeos que estaban plantándole cara. Pero no sólo por la crisis. El PSOE cometió errores, perdió su esencia y con ella su credibilidad, se alejó de la ciudadanía e hizo una política económica lejana a sus principios. Debemos dar respuesta a la crisis desde la oposición con ideas propias, debemos responder con una alternativa propia, concreta y creíble, que contemple un reparto equitativo de los sacrificios, construida con la participación de la ciudadanía, los agentes y movientes sociales y con recetas socialdemócratas a esta crisis voraz, no sólo ofreciendo colaboración al gobierno que nos arrodilla, debemos volver a ser alternativa.
Los recortes del Partido Popular
En febrero, el PP perpetró el mayor atentado de nuestra historia democrática, contra la sociedad española en general y los trabajadores y trabajadoras en particular, aprobando una Reforma Laboral que no solo abarataba el despido, sino que lo hacía gratuito durante el primer año y solo era el principio de un año negro para los derechos sociales en España
El pasado julio España sufrió nuevos recortes en aras a controlar el gasto público. Unos recortes que dejan al proyecto de nación que nos dimos todos en su mínima expresión; si entendemos nación como bienestar social, sanidad y educación pública y gratuita e igualdad de oportunidades. El Partido Popular ha dirigido a la nación española a la debacle. Suben el IVA, reducen el número de empleados públicos, eliminan la paga extra de Navidad, aplican el copago farmaceútico…
La derecha ha acabado con el principio de universalidad de la Sanidad Pública española que era la envidia de Europa generando en nuestro país ciudadanos de primera y ciudadanos de segunda a los que se les niega el pan y la sal.
Pensamos que el PSOE debe dar voz a toda la gente que sufre, y debe dar voz siendo contundente con el Partido Popular, intransigente con la humillación y solidario con los trabajadores y trabajadoras. Debemos tener una voz fuerte en el Congreso de los Diputados, con un modelo de combate a la crisis diferente a la derecha, una voz que diga al Partido Popular basta.
El modelo de oposición.
La última encuesta de intención de voto del pasado julio, arroja que el PSOE apenas ha mejorado respecto al resultado electoral del 20N quedándose en un 29.9%, lo que supone que recibe solo 1,3 puntos de los 8 perdidos por el PP. En cambio otras fuerzas políticas minoritarias sufren subidas espectaculares: Izquierda Unida casi ha triplicado su intención de voto en un año y supera el 8,6%. Se puede colegir que la ciudadanía no al PSOE como una alternativa a la crisis, y que contemplan otras fuerzas de izquierda como refugio.
Debemos abrir un profundo debate en el seno del partido del que salga un nuevo proyecto político que cuente la verdad y busque la complicidad de la ciudadanía y a partir de él desarrollar un modelo participativo de hacer oposición y vinculado a la defensa de un proyecto concreto. Creemos que el PSOE no podrá aguantar mucho más con la actual estrategia y por ello reclamamos un cambio de rumbo.
Proponemos una oposición frontal a la política de recortes del Partido Popular, leal a España y a los españoles. Una oposición dialogante pero firme y de izquierdas, una oposición activa que proponga fórmulas para salir de la crisis pero dura ante los recortes de la derecha.
No creemos en los pactos con una derecha que humilla a los españoles sin contar con el Parlamento, símbolo de la soberanía nacional. Consideramos que pactar con el actual Partido Popular en materia de recortes, sólo beneficia a la derecha y perjudica a España.
Creemos que lo útil es hacer oposición, útil para España y no para los intereses del Partido Popular. El PP no va a parar en su intento de reducir los derechos sociales, de los trabajadores y trabajadoras, y las conquistas democráticas; y ante eso consideramos que la oposición útil es la oposición firme, decidida, enérgica y exigente para con España
Un nuevo modelo de partido, un nuevo modelo de oposición.
Confiamos en que la Conferencia de Organización prevista para este otoño se lleve a cabo, y esperamos también que en ella la militancia, parte fundamental de la misma, decida abrir los procedimientos del partido a su conjunto y hacernos funcionar de un modo más democrático y transparente, con primarias abiertas, sistema de incompatibilidades, limitación de mandatos y lucha contra la corrupción, para así hacer surgir un liderazgo compartido con la propia militancia.
El horizonte político para el PSOE no se presenta muy halagüeño, con una ciudadanía que nos da cada vez más la espalda y una estrategia de oposición, a nuestro juicio, equivocada, consideramos que el PSOE debe acometer profundos cambios.
Proponemos una Conferencia Política para marcar la estrategia de oposición entre todos los y las militantes, para disponer de un proyecto alternativo a la derecha que conecte con los intereses de la mayoría social de progreso, una hoja de ruta más nítida, segura y sobretodo consensuada.
La militancia es la base de nuestro partido. Los y las militantes debemos ser los que marquemos las líneas rojas por las que nuestro partido no se debe extralimitar en su forma de hacer oposición.
Confiamos en que la actual dirección del PSOE varíe su estrategia en la oposición. Y esperamos ese cambio para devolver la esperanza a una sociedad que siente miedo por su futuro. Porque se lo merecen los españoles en general y muy especialmente los trabajadores y trabajadoras de este país. Y, sobre todo, nos los merecemos los y las militantes. La situación actual y venidera es inaguantable para la izquierda, y particularmente para el PSOE.
Un debate abierto, una nueva forma de liderazgo.
Esta carta abierta es sólo el punto de partida para un debate también abierto. Un debate rico y diverso entre la militancia del PSOE. Un debate del que esperamos que surja un nuevo modelo de hacer oposición y un nuevo modelo de organizarse que actualice los procesos internos del partido, profundizando en participación, transparencia y apertura hacia la ciudadanía. La izquierda no debe tener miedo a la discrepancia, ni a ser exigente y dura con una derecha que nos humilla.
Este debate abierto en lo interno debe tener el objetivo de abrirnos a lo externo, buscar un liderazgo compartido. Un liderazgo que no solo sea orgánico, sino social.
Por un PSOE útil (al servicio de una nueva mayoría de progreso). Contribución abierta al debate del modelo de oposición del PSOE
El problema del liderazgo.
El pasado mes de febrero, renovamos la dirección de nuestro partido, eligiendo así un nuevo liderazgo que fuese la voz de toda la militancia y la sociedad progresista en estos duros momentos que nos ha tocado vivir. Entendemos el liderazgo como una participación abierta y directa entre el Secretario General y la militancia, entre el socialismo y la ciudadanía. Pensamos que nuestro Secretario General debe ser la figura que defienda los intereses de la izquierda social, de los obreros. En una sociedad tan segmentada como esta, convendría tratar de representar la defensa de una mayoría de progreso.
Entendemos el liderazgo como una figura horizontal y participativa. Creemos firmemente que un líder debe ser respaldado por una gran parte de la militancia de base, por ello propondremos en la próxima Conferencia de Organización que el próximo/a Secretario/a General salga elegido/a mediante el mecanismo de un militante, un voto. Así aseguraremos un liderazgo fuerte, cohesionado y respaldado por los propios afiliados y afiliadas. No olvidemos que el liderazgo ha de ser social y a un político el liderazgo se lo reconoce y otorga la ciudadanía, la sociedad, por su carisma, coherencia personal, su capacidad de reconocer errores y por el proyecto político que encarna.
El PSOE está sumido en una profunda depresión política, de la que debemos y podemos salir. Consideramos que hay que abrir el partido a la participación activa de la sociedad, construir una comunicación directa con la ciudadanía, en la calle y en las redes sociales; hacer del PSOE un instrumento útil para España.
El 20N y sus consecuencias.
En las pasadas elecciones generales del 20 de noviembre, los ciudadanos nos dieron definitivamente la espalda, como ya nos anunciaran en mayo de ese mismo año. Más de cuatro millones de personas no renovaron su confianza en el PSOE y nos dijeron alto y claro, Así no, con vosotros, no. La mayor parte de estos electores emigraron a fuerzas políticas de izquierdas o lo que es peor, a la abstención. Desde la Segunda Guerra Mundial, en Europa, los partidos políticos que han logrado ganar unas elecciones generales, son los que cuentan con el apoyo de un electorado de centro, como le pasó, a modo de ejemplo, a Felipe González con el voto de UCD. No obstante, la captación del voto de centro tiene mucho más que ver con la percepción por parte de los votantes de un proyecto solvente e ilusionante en la izquierda que con el abandono de nuestras posiciones ideológicas, que provoca una fuerte pérdida de votantes por la izquierda sin llegar a atraer tampoco a los votantes moderados, como bien hemos podido constatar estos meses.
Se ha producido a lo largo de los años, una acomodación de los Partidos Socialistas europeos al sistema, con pérdida de su identidad y de su capacidad de transformación de la sociedad.
Como consecuencia de la crisis económica provocada por un sistema financiero especulativo y desregulado por los Estados, la ciudadanía se encuentra sumida en el desconcierto, atenazada por el miedo. Cada mañana al levantarnos no sabemos qué nos habrá recortado o quitado este gobierno conservador de Mariano Rajoy. Pensamos que el PSOE tiene que ser el referente para esa gente, que es la nuestra, los trabajadores y las trabajadoras, los más desfavorecidos, los que más nos necesitan. Tenemos que ser la voz firme que diga no al Partido Popular en su empeño de seguir humillando al conjunto de la ciudadanía española.
El 20N conocimos la mayor derrota del PSOE en su historia reciente, en gran medida por culpa de la crisis que ha arrasado con todos los gobiernos europeos que estaban plantándole cara. Pero no sólo por la crisis. El PSOE cometió errores, perdió su esencia y con ella su credibilidad, se alejó de la ciudadanía e hizo una política económica lejana a sus principios. Debemos dar respuesta a la crisis desde la oposición con ideas propias, debemos responder con una alternativa propia, concreta y creíble, que contemple un reparto equitativo de los sacrificios, construida con la participación de la ciudadanía, los agentes y movientes sociales y con recetas socialdemócratas a esta crisis voraz, no sólo ofreciendo colaboración al gobierno que nos arrodilla, debemos volver a ser alternativa.
Los recortes del Partido Popular
En febrero, el PP perpetró el mayor atentado de nuestra historia democrática, contra la sociedad española en general y los trabajadores y trabajadoras en particular, aprobando una Reforma Laboral que no solo abarataba el despido, sino que lo hacía gratuito durante el primer año y solo era el principio de un año negro para los derechos sociales en España
El pasado julio España sufrió nuevos recortes en aras a controlar el gasto público. Unos recortes que dejan al proyecto de nación que nos dimos todos en su mínima expresión; si entendemos nación como bienestar social, sanidad y educación pública y gratuita e igualdad de oportunidades. El Partido Popular ha dirigido a la nación española a la debacle. Suben el IVA, reducen el número de empleados públicos, eliminan la paga extra de Navidad, aplican el copago farmaceútico…
La derecha ha acabado con el principio de universalidad de la Sanidad Pública española que era la envidia de Europa generando en nuestro país ciudadanos de primera y ciudadanos de segunda a los que se les niega el pan y la sal.
Pensamos que el PSOE debe dar voz a toda la gente que sufre, y debe dar voz siendo contundente con el Partido Popular, intransigente con la humillación y solidario con los trabajadores y trabajadoras. Debemos tener una voz fuerte en el Congreso de los Diputados, con un modelo de combate a la crisis diferente a la derecha, una voz que diga al Partido Popular basta.
El modelo de oposición.
La última encuesta de intención de voto del pasado julio, arroja que el PSOE apenas ha mejorado respecto al resultado electoral del 20N quedándose en un 29.9%, lo que supone que recibe solo 1,3 puntos de los 8 perdidos por el PP. En cambio otras fuerzas políticas minoritarias sufren subidas espectaculares: Izquierda Unida casi ha triplicado su intención de voto en un año y supera el 8,6%. Se puede colegir que la ciudadanía no al PSOE como una alternativa a la crisis, y que contemplan otras fuerzas de izquierda como refugio.
Debemos abrir un profundo debate en el seno del partido del que salga un nuevo proyecto político que cuente la verdad y busque la complicidad de la ciudadanía y a partir de él desarrollar un modelo participativo de hacer oposición y vinculado a la defensa de un proyecto concreto. Creemos que el PSOE no podrá aguantar mucho más con la actual estrategia y por ello reclamamos un cambio de rumbo.
Proponemos una oposición frontal a la política de recortes del Partido Popular, leal a España y a los españoles. Una oposición dialogante pero firme y de izquierdas, una oposición activa que proponga fórmulas para salir de la crisis pero dura ante los recortes de la derecha.
No creemos en los pactos con una derecha que humilla a los españoles sin contar con el Parlamento, símbolo de la soberanía nacional. Consideramos que pactar con el actual Partido Popular en materia de recortes, sólo beneficia a la derecha y perjudica a España.
Creemos que lo útil es hacer oposición, útil para España y no para los intereses del Partido Popular. El PP no va a parar en su intento de reducir los derechos sociales, de los trabajadores y trabajadoras, y las conquistas democráticas; y ante eso consideramos que la oposición útil es la oposición firme, decidida, enérgica y exigente para con España
Un nuevo modelo de partido, un nuevo modelo de oposición.
Confiamos en que la Conferencia de Organización prevista para este otoño se lleve a cabo, y esperamos también que en ella la militancia, parte fundamental de la misma, decida abrir los procedimientos del partido a su conjunto y hacernos funcionar de un modo más democrático y transparente, con primarias abiertas, sistema de incompatibilidades, limitación de mandatos y lucha contra la corrupción, para así hacer surgir un liderazgo compartido con la propia militancia.
El horizonte político para el PSOE no se presenta muy halagüeño, con una ciudadanía que nos da cada vez más la espalda y una estrategia de oposición, a nuestro juicio, equivocada, consideramos que el PSOE debe acometer profundos cambios.
Proponemos una Conferencia Política para marcar la estrategia de oposición entre todos los y las militantes, para disponer de un proyecto alternativo a la derecha que conecte con los intereses de la mayoría social de progreso, una hoja de ruta más nítida, segura y sobretodo consensuada.
La militancia es la base de nuestro partido. Los y las militantes debemos ser los que marquemos las líneas rojas por las que nuestro partido no se debe extralimitar en su forma de hacer oposición.
Confiamos en que la actual dirección del PSOE varíe su estrategia en la oposición. Y esperamos ese cambio para devolver la esperanza a una sociedad que siente miedo por su futuro. Porque se lo merecen los españoles en general y muy especialmente los trabajadores y trabajadoras de este país. Y, sobre todo, nos los merecemos los y las militantes. La situación actual y venidera es inaguantable para la izquierda, y particularmente para el PSOE.
Un debate abierto, una nueva forma de liderazgo.
Esta carta abierta es sólo el punto de partida para un debate también abierto. Un debate rico y diverso entre la militancia del PSOE. Un debate del que esperamos que surja un nuevo modelo de hacer oposición y un nuevo modelo de organizarse que actualice los procesos internos del partido, profundizando en participación, transparencia y apertura hacia la ciudadanía. La izquierda no debe tener miedo a la discrepancia, ni a ser exigente y dura con una derecha que nos humilla.
Este debate abierto en lo interno debe tener el objetivo de abrirnos a lo externo, buscar un liderazgo compartido. Un liderazgo que no solo sea orgánico, sino social.
jueves, 13 de septiembre de 2012
La regeneración y el reencuentro con la política
Odón Elorza. Donostia (odon.elorza@congreso.es )
La politica camina a la deriva y sin crédito democrático, cuando tendría que imponer sus leyes a una economía injusta y especulativa. Porque necesitamos con urgencia y más que nunca el instrumento de la política para afrontar la salida de la crisis, tanto como la ayuda de la troikacomunitaria. Pero no cualquier política sino aquella que ayude a la regeneración de la democracia y a recuperar los valores de la honestidad, el sentido de la justicia y la transparencia.
Una política que, a un paso de la intervención, cuente la verdad y busque acuerdos imprescindibles entre diferentes en momentos críticos, así como la corresponsabilidad de todas las partes para afrontar la crisis y sentar las bases de la reforma de nuestro agotado modelo productivo con el objetivo de lograr un crecimiento sostenible que permita crear empleo de calidad y defender la cohesión social. Es la vieja lucha por la igualdad, ahora en el marco de una crisis incontrolada que está siendo pagada por la ciudadanía de a pie, mientras los patriotas de siempre sacan fuera su dinero o defraudan a Hacienda. Algún día conoceremos la lista.
Pero el desprecio y la desconfianza en los políticos han llegado al límite y el reencuentro de la ciudadanía con la política lo tiene que provocar el PSOE, especialmente. No por pura supervivencia sino desde las convicciones que aún sentimos muchos socialistas. El último Congreso en Sevilla hubiera sido el momento idóneo para marcar un antes y un después del 20-N, tratando de “pasar la página” con una lectura autocrítica del último Gobierno socialista. No se hizo la catarsis y la ciudadanía indignada así como sectores de votantes del PSOE, entre confusos y defraudados, nos siguen viendo como sucesores del Gobierno anterior. “Unos y otros hacen casi lo mismo, luego son lo mismo”, dicen en las redes y en la calle.
No es fácil cortar con el reciente pasado. Porque no se ha producido un cambio de caras y porque resulta difícil que la ciudadanía se identifique con un discurso que intenta combinar la responsabilidad que la situación exige y el ejercicio de oposición ante los recortes salvajes del PP. Arrastramos la herencia de haber gobernado en el momento de la explosión de la crisis sin haber acometido las reformas estructurales necesarias, ni previsto las consecuencias de una burbuja inmobiliaria que a tantos venía bien o saneado un sistema bancario lleno de trampas. No fuimos capaces de adaptarlos a los retos de un mundo globalizado y competitivo, con naciones emergentes que nos inundan de sus productos.
La socialdemocracia europea pensó ingenuamente que podía seguir gobernando instalada en un sistema neoliberal que garantizaba para siempre el bienestar de una sociedad cada día más compleja, conflictiva y contradictoria en intereses. Falso. No se dio cuenta de su desgaste por la acomodación al sistema y por tolerar unos mercados desregulados, sin cara, domicilio o bandera, que solo buscan especular y beneficios inmediatos.
Es evidente que el Partido Socialista necesita una reforma profunda para refundar las instituciones y combatir mejor un sistema neoliberal que ha contaminado la política con la corrupción. Unos poderes económicos que aprovechando la crisis está secuestrando la democracia ante la impotencia de los gobiernos y sembrando la incertidumbre y el miedo entre millones de hombres y mujeres. De todo ello hay quienes tratan de sacar provecho jugando a una peligrosa deslegitimación de la política, con el mensaje de que todos los políticos somos corruptos
¿Pero cómo hacer que esta pavorosa crisis se convierta en una oportunidad para el reencuentro con la política? Esa es la pregunta obligada. Y en una situación de emergencia el PSOE ha de reaccionar, como parte de la izquierda, haciendo su catarsis interna para despertar la esperanza de la gente, respondiendo a su legítima indignación con otra forma de hacer política.
No me refiero a trasladar la lucha a las barricadas ni apoyar un discurso populista. Hablo de la necesidad de buscar soluciones incorporando a la politica grandes dosis de regeneración moral y transparencia democrática. Así como innovación y generosidad intelectual para empoderar a la ciudadanía tras el objetivo de salir de la crisis con un rumbo compartido y desde el reparto equitativo de los sacrificios.
El futuro no pasa por exaltados nacionalismos sino por la apuesta, junto a otras fuerzas socialistas y de progreso, en favor de la construcción de un nuevo proyecto social, económico y financiero dentro de una gobernanza europea. Pero España necesita, además, un pacto cívico de las fuerzas políticas con muy diferentes agentes sociales, un nuevo "contrato social" de corresponsabilidad en plena crisis en defensa de una democracia de calidad y un crecimiento sostenible y solidario. ¿Si no es ahora, cuando?
Esta podría ser la columna vertebral de un relato del PSOE en su intento por recuperar la credibilidad de una ciudadanía cabreada que pide cauces democráticos de participación. Hacerlo y hacerlo bien es imprescindible para remediar la prepotencia de la derecha, favorecer el compromiso y la negociación para sumar voluntades que eviten el hundimiento del país y encauzar la agresividad de sectores que parecen dispuestos a tomar la Bastilla con la única arma de las redes sociales.
Para hacer creíble ese relato resulta imprescindible favorecer los procesos para depurar responsabilidades en los casos de gestiones fraudulentas en Bankia y Cajas, y en todo tipo de operaciones de corrupción. Superar viejos esquemas de funcionamiento y comportamientos del Partido que lo aíslan de la ciudadanía, dificultan la democracia interna e impiden la creatividad. Motivar a la militancia, sin exclusión de quienes piensen diferente dentro del PSOE. Y abandonar el partidismo a la hora de designar a los responsables de las instituciones del Estado y de los organismos públicos que han de velar por la democracia y actuar en su gestión con independencia y respeto al pluralismo social.
El Partido Socialista no puede dejar pasar la oportunidad. Por eso urge una conferencia abierta para levantar la bandera regeneracionista y transformadora y remediar los vacíos del pasado congreso. Liderar una gran causa sabiendo que se trata de un empeño difícil y que la apuesta provocará desconfianzas, dentro y fuera, es una exigencia del tiempo que nos toca vivir. Y sin embargo, el PSOE tiene la responsabilidad histórica de hacerlo. Se acabó pensar en alternancias, se ha parado el péndulo de poder.
(Artículo publicado en El País el pasado 4 de agosto)
La politica camina a la deriva y sin crédito democrático, cuando tendría que imponer sus leyes a una economía injusta y especulativa. Porque necesitamos con urgencia y más que nunca el instrumento de la política para afrontar la salida de la crisis, tanto como la ayuda de la troikacomunitaria. Pero no cualquier política sino aquella que ayude a la regeneración de la democracia y a recuperar los valores de la honestidad, el sentido de la justicia y la transparencia.
Una política que, a un paso de la intervención, cuente la verdad y busque acuerdos imprescindibles entre diferentes en momentos críticos, así como la corresponsabilidad de todas las partes para afrontar la crisis y sentar las bases de la reforma de nuestro agotado modelo productivo con el objetivo de lograr un crecimiento sostenible que permita crear empleo de calidad y defender la cohesión social. Es la vieja lucha por la igualdad, ahora en el marco de una crisis incontrolada que está siendo pagada por la ciudadanía de a pie, mientras los patriotas de siempre sacan fuera su dinero o defraudan a Hacienda. Algún día conoceremos la lista.
Pero el desprecio y la desconfianza en los políticos han llegado al límite y el reencuentro de la ciudadanía con la política lo tiene que provocar el PSOE, especialmente. No por pura supervivencia sino desde las convicciones que aún sentimos muchos socialistas. El último Congreso en Sevilla hubiera sido el momento idóneo para marcar un antes y un después del 20-N, tratando de “pasar la página” con una lectura autocrítica del último Gobierno socialista. No se hizo la catarsis y la ciudadanía indignada así como sectores de votantes del PSOE, entre confusos y defraudados, nos siguen viendo como sucesores del Gobierno anterior. “Unos y otros hacen casi lo mismo, luego son lo mismo”, dicen en las redes y en la calle.
No es fácil cortar con el reciente pasado. Porque no se ha producido un cambio de caras y porque resulta difícil que la ciudadanía se identifique con un discurso que intenta combinar la responsabilidad que la situación exige y el ejercicio de oposición ante los recortes salvajes del PP. Arrastramos la herencia de haber gobernado en el momento de la explosión de la crisis sin haber acometido las reformas estructurales necesarias, ni previsto las consecuencias de una burbuja inmobiliaria que a tantos venía bien o saneado un sistema bancario lleno de trampas. No fuimos capaces de adaptarlos a los retos de un mundo globalizado y competitivo, con naciones emergentes que nos inundan de sus productos.
La socialdemocracia europea pensó ingenuamente que podía seguir gobernando instalada en un sistema neoliberal que garantizaba para siempre el bienestar de una sociedad cada día más compleja, conflictiva y contradictoria en intereses. Falso. No se dio cuenta de su desgaste por la acomodación al sistema y por tolerar unos mercados desregulados, sin cara, domicilio o bandera, que solo buscan especular y beneficios inmediatos.
Es evidente que el Partido Socialista necesita una reforma profunda para refundar las instituciones y combatir mejor un sistema neoliberal que ha contaminado la política con la corrupción. Unos poderes económicos que aprovechando la crisis está secuestrando la democracia ante la impotencia de los gobiernos y sembrando la incertidumbre y el miedo entre millones de hombres y mujeres. De todo ello hay quienes tratan de sacar provecho jugando a una peligrosa deslegitimación de la política, con el mensaje de que todos los políticos somos corruptos
¿Pero cómo hacer que esta pavorosa crisis se convierta en una oportunidad para el reencuentro con la política? Esa es la pregunta obligada. Y en una situación de emergencia el PSOE ha de reaccionar, como parte de la izquierda, haciendo su catarsis interna para despertar la esperanza de la gente, respondiendo a su legítima indignación con otra forma de hacer política.
No me refiero a trasladar la lucha a las barricadas ni apoyar un discurso populista. Hablo de la necesidad de buscar soluciones incorporando a la politica grandes dosis de regeneración moral y transparencia democrática. Así como innovación y generosidad intelectual para empoderar a la ciudadanía tras el objetivo de salir de la crisis con un rumbo compartido y desde el reparto equitativo de los sacrificios.
El futuro no pasa por exaltados nacionalismos sino por la apuesta, junto a otras fuerzas socialistas y de progreso, en favor de la construcción de un nuevo proyecto social, económico y financiero dentro de una gobernanza europea. Pero España necesita, además, un pacto cívico de las fuerzas políticas con muy diferentes agentes sociales, un nuevo "contrato social" de corresponsabilidad en plena crisis en defensa de una democracia de calidad y un crecimiento sostenible y solidario. ¿Si no es ahora, cuando?
Esta podría ser la columna vertebral de un relato del PSOE en su intento por recuperar la credibilidad de una ciudadanía cabreada que pide cauces democráticos de participación. Hacerlo y hacerlo bien es imprescindible para remediar la prepotencia de la derecha, favorecer el compromiso y la negociación para sumar voluntades que eviten el hundimiento del país y encauzar la agresividad de sectores que parecen dispuestos a tomar la Bastilla con la única arma de las redes sociales.
Para hacer creíble ese relato resulta imprescindible favorecer los procesos para depurar responsabilidades en los casos de gestiones fraudulentas en Bankia y Cajas, y en todo tipo de operaciones de corrupción. Superar viejos esquemas de funcionamiento y comportamientos del Partido que lo aíslan de la ciudadanía, dificultan la democracia interna e impiden la creatividad. Motivar a la militancia, sin exclusión de quienes piensen diferente dentro del PSOE. Y abandonar el partidismo a la hora de designar a los responsables de las instituciones del Estado y de los organismos públicos que han de velar por la democracia y actuar en su gestión con independencia y respeto al pluralismo social.
El Partido Socialista no puede dejar pasar la oportunidad. Por eso urge una conferencia abierta para levantar la bandera regeneracionista y transformadora y remediar los vacíos del pasado congreso. Liderar una gran causa sabiendo que se trata de un empeño difícil y que la apuesta provocará desconfianzas, dentro y fuera, es una exigencia del tiempo que nos toca vivir. Y sin embargo, el PSOE tiene la responsabilidad histórica de hacerlo. Se acabó pensar en alternancias, se ha parado el péndulo de poder.
(Artículo publicado en El País el pasado 4 de agosto)
martes, 11 de septiembre de 2012
El futuro de la política
Óscar Rodríguez Vaz. Vitoria-Gasteiz (http://oscarrodriguezvaz.blogspot.com)
El título de este nuevo post no es nada original, se lo debemos al profesor Vallespín, pues así se llama una de sus obras que podríamos considerar ya un clásico de este siglo.
Y la primera reflexión que he querido compartir con vosotros, en forma de Power Point, es sobre el futuro de la política y del Parlamento (paradojas de la vida!!!!). Es una exposición que tuve ocasión de hacer hace una semana en los curso de verano de la UPV.
La fórmula es sencilla: Autocrítica y Debate + Transparencia + Participación = Mejor Democracia. Espero que os motive!
El Parlamento del futuro
El título de este nuevo post no es nada original, se lo debemos al profesor Vallespín, pues así se llama una de sus obras que podríamos considerar ya un clásico de este siglo.
Y la primera reflexión que he querido compartir con vosotros, en forma de Power Point, es sobre el futuro de la política y del Parlamento (paradojas de la vida!!!!). Es una exposición que tuve ocasión de hacer hace una semana en los curso de verano de la UPV.
La fórmula es sencilla: Autocrítica y Debate + Transparencia + Participación = Mejor Democracia. Espero que os motive!
El Parlamento del futuro
lunes, 6 de agosto de 2012
Un verano para la reflexión
Juan Carlos Alonso. Vitoria-Gasteiz.
No sé si caminamos hacia el año de la bestia. Pero que la prima de riesgo llegue al número cabalístico 666 –ya lo apuntó @pixelillo en el twitter- probablemente sea el anuncio del fin del mundo en España. Sí. Han leído bien. Un fin del mundo español es posible.
Porque a uno siempre le han hablado de que el Apocalipsis sería global, mundial, universal, interestelar, según relató San Juan apóstol con tanto detalle. Pero no. Pueden darse fines del mundo a la carta, particulares. Y creo que el nuestro está al llegar. No sé si llegaremos al otoño, y caerá como las hojas de nuestros árboles. Pero con los rigores del otoño llegarán las noticias gélidas de nuestra intervención.
También hay que tener en cuenta que el Ramadán coincide con el mes de agosto. Y esto no parece sino una alineación perfecta que señala que el fin de los días está al llegar. No el de la peli de Chuarzeneger, sino un final más bien cuartelero y cañí. Los niños recuperarán las velas que les colgaban de las narices. La estrella michelín se la quitarán al Zaldiaran y se la darán al comedor de Desamparadas. Y cosas de este tenor irán sucediéndose como si tal cosa.
Qué hacer, pues, ante este estado de cosas. ¿Meter la cabeza bajo tierra, como haría el avestruz? ¿Rebozarnos en ceniza y caminar en procesión, como la Santa Compaña, para expiar nuestros pecados? ¿Darnos a la holganza del ‘champán y mujeres’? Ni lo uno ni lo otro, amiga lectora. Mi humilde opinión es que no podemos perder en ningún caso la pasión por la vida; la electrizante esperanza que nos proporciona el ‘carpe diem’; la mirada que aguarda con emoción que los hechos desencadenen nuevas y vibrantes experiencias.
Hoy puede ser un gran día, y mañana también. Si sabemos que aprender es recordar, deberíamos echar una mano de los álbumes de fotos familiares y ver cómo nuestros viejos sacaron adelante a una prole de churumbeles con esa pasión por la vida de que hoy carecemos. Nos hemos estupidizado y miramos a ver quién nos puede solucionar el lío éste de la crisis, cuando gran parte de las respuestas están en nosotros mismos.
Vivir es la hostia. Es una sucesión de hechos irrepetible. Cada momento resulta inaprehensible y bastaría para llenar las páginas de una novela, si alguien tuviera el coraje de redactar cada matiz. El otro día leía que los pliegues del cortex cerebral de cada ser humano son diferentes. Que no hay dos iguales. Y en cambio nos la pasamos intentando imitar al icono de turno, bien sea Justin Bieber, o Jesucristo bendito. Y somos personas, no lo olviden, y no un cardumen.
Si algo aprendimos de nuestros padres es a no vivir por encima de nuestras posibilidades. A saber disfrutar de los momentos de bonanza –procurando ahorrar un poquito-, y a vivir al día con lo que hay cuando vienen cruzadas y las hostias caen hasta de canto. Pero sin perderle la cara a la vida.
Los americanos imprimen camisetas con el ‘no fear, no pain’ y las venden como churros. A mí me parece que hay que recuperar nuestro propio ‘no hay dolor, no hay miedo’, que se parece más al ‘con dos cojones y la bandera de Tafalla’. Y significa que no esperes que nadie te lo arregle, que tomes tus determinaciones y libres tu propio destino. Que es mejor caer en el intento que apoltronarte en el sofá viendo melonadas narcotizantes en la tele.
Cuando me he instalado en la depresión, que alguna he pasado, no vayan a creer, a menudo me venció el desánimo. Y me la pasé lamentándome y lamiéndome las heridas. Y diciéndome que no merecía lo que me pasaba. Y que la vida era una puta injusticia.
En aquellos momentos de caída tuve siempre una mano amiga. No una mano que me meciera y me diera mimos y aliviara mi dolor –que también-. Sino sobre todo –y por eso la quiero- una mano que me aplicara un pescozón en la conciencia y en el cogote y me dijera que basta de chorradas. Y que levanta el culo ahora mismo y deja de compadecerte o ahí tienes la puerta. Que ya te vale de perder el tiempo tirado en el sofá viendo el plus.
Aprendí con aquellos empellones de mi mujer que hay cosas buenas, y musas, que cuando pasan por tu puerta no pueden pillarte ni dormido, ni durmiendo. Que hay que tener siempre la mente abierta y las antenas desplegadas. Y que, pese a pensar que has nacido para Flavio Briatore, debes exigirte aprender a vivir a tope y derrochar imaginación y pasión por la existencia. Te va en ello la propia vida, majo.
La imaginación siempre ha sido un arma revolucionaria. A finales de mil setecientos alguien soñó con la igualdad y la libertad. Más tarde, fue posible soñar en estados sociales de derecho. Y en educación universal. Y en que no se permitiera que nadie muriese en la puerta de un hospital por no disponer de un pasaporte.
Hoy, si de algo adolecemos, y esto si que es exigible a los políticos, es de imaginación para diseñar el futuro. Un futuro sobre claves que no pasen por la desolación ni el desamparo. Un porvenir que no esté edificado sobre el manido binomio de crecer y consumir. Un mañana en el que la rebeldía intelectual y apasionada sustituya a la miseria moral que lleva campando por sus fueros antes, durante y probablemente después de esta puta crisis de codicia. Y o te pringas, te remangas y dejas de estar callado, o va a perpetrarse la de dios es cristo con tu silencio cómplice. Así que basta de excusas. Y a disfrutar del verano. Que gozar y pensar no son verbos incompatibles.
(Consideramos que este es un buen cierre a 15 semanas de sesudas - y a veces, incluso hastas acertadas - reflexiones. Volvemos la última semana de agosto!).
viernes, 3 de agosto de 2012
La brújula de medianoche
Óscar Rodríguez Vaz. Vitoria-Gasteiz
El pasado 20 de octubre empezó a aclararse el oscuro cielo vasco. Tras décadas de esfuerzo democrático y tres procesos de paz dinamitados con otros tantos atentados, ETA anunció el cese definitivo de su actividad terrorista. Lo conseguimos.
Hace un año sólo parecía posible un final así. Pero hace tres, cuando ETA asesinaba a dos agentes de la Guardia Civil en Mallorca, el actual nos parecía un escenario casi imposible. Nos costaba pensar que serían los últimos asesinados por ETA en España.
Si vemos con urgencias temporales y mediáticas lo ocurrido, nos parecerá que la decisión terrorista de no volver a matar ha sido casi un apunte más de su historia sangrienta, consustancial al mismo hecho de su nacimiento. Si lo vemos con perspectiva, esta legislatura vasca, que nació bajo la amenaza directa de ETA, pasará a la historia por poner fin a una trayectoria que no era sólo violenta, sino que iba acompañada de un componente de justificación, comprensión o consentimiento por parte de sectores sociales, que le habían permitido sobrevivir cincuenta años. Las llamas de los apoyos explícitos e implícitos fueron menguando, pero los rescoldos quedaron.
Lograda la paz, que ha sido lo más duro, tenemos que poner en el objetivo la convivencia, que probablemente será lo más difícil. Porque no va a ser fácil que quienes encontraron en el terror el sentido a sus vidas, reconozcan el daño causado. No va a ser fácil que quienes han crecido en el odio hacia nuestras instituciones, reconozcan ahora la legitimidad de las mismas. Tampoco va a ser fácil que admitamos indubitadamente que no hay atajos en la lucha contra el terrorismo y que hay que aclarar las situaciones en las que estos fueron empleados. No va a ser nada fácil que todos los que han sufrido amenazas en su propia casa, en su barrio, en el bar, junto a sus hijos, vayan ahora a excusarlas, cuando al otro lado todavía hay quienes piensan (e incluso verbalizan) que "algo habrán hecho". Será difícil.
Sin embargo, las cosas no han podido empezar mejor en el terreno de la construcción de la convivencia futura. En las primeras semanas del nuevo tiempo abierto en Euskadi, de la mano del lehendakari, y a raíz de una propuesta de los entonces parlamentarios de Aralar, se constituyó una ponencia parlamentaria para la paz y la convivencia.
Entre dudas, críticas y mucho ruido, la ponencia ha trabajado discretamente, pidiendo aportaciones, escuchando opiniones propias y ajenas, leyendo y escribiendo a varias manos. Y en apenas dos meses de trabajo, 72 de los 75 parlamentarios nos hemos comprometido en un documento en cuyo frontispicio se colocan dos principios:
1. Para una paz con memoria. La paz y la convivencia futura requieren el reconocimiento de la injusticia de la violencia, el reconocimiento del daño causado y de la dignidad de las víctimas, todas ellas merecedoras del derecho a la verdad, la justicia y la reparación.
2. Garantía de no repetición. Ni una sola causa política puede situarse por encima de los principios básicos de la ética y el respeto a los derechos humanos. Los derechos humanos constituyen un absoluto ético por encima de cualquier causa.
PNV, PSE-EE, PP, Ezker Anitza y los tres parlamentarios expulsados de Aralar (precisamente por impulsar esta ponencia parlamentaria), acordamos esos principios que constituyen un suelo ético para el futuro. Un suelo por el que todos, los que están y los que estarán en las instituciones, tendremos que pasar en el camino hacia el futuro.
Ese acuerdo se formalizó y publicitó a los pies de una escultura que preside la entrada al Parlamento Vasco, la "brújula de medianoche" de Cristina Iglesias, que se erigió en memoria de todas las víctimas del terrorismo. Un lugar simbólico para dar luz a un acuerdo, en mi opinión, histórico. Un acuerdo, el primero, en el largo camino hacia un futuro diferente, hacia un futuro mejor.
Porque yo imagino un futuro mejor. Imagino un futuro en el que el debate público en Euskadi esté centrado en la lucha contra la pobreza (aquí y fuera de aquí), en la ampliación de los derechos de ciudadanía y en la multiplicación de la inversión en creatividad e I+D como fórmula para lograr un desarrollo sostenible en su sentido más amplio.
Imagino gobiernos diferentes en el futuro en nuestros ayuntamientos. Gobiernos "normales" (hoy impensables) entre PP y PNV o entre el PSE-EE y la izquierda abertzale al frente de las instituciones comunes.
Imagino el futuro de Euskadi como el amanecer de cualquiera de los días que viviemos en este periodo estival, luminoso. Pero para superar nuestro oscuro pasado y atravesar el nublado presente, necesitamos dejarnos guiar por la “brújula de medianoche”. Para no olvidar. Para que nunca más se vuelva a repetir.
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