Aurelio Romero. Vitoria-Gasteiz. @romeronomada
Andábamos estos días intentando valorar dónde empiezan y dónde acaban los límites de la expresión crítica de la sociedad a través de sus manifestaciones publicas y hasta qué punto la presión sobre los políticos conocida como escrache entra en el terreno de lo que consideramos violencia. Y esa valoración se empieza a abrir camino a partir de que el Partido Popular primero directamente y después a través de voceros cómplices acusa a la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) de engordar los manifestantes del entorno de EH Bildu a favor, al menos, del retorno de los presos etarras al País Vasco.
Antes, sin acudir a extranjerismos, al escrache lo llamábamos acoso. Recupere por tanto su nombre castellano porque conocemos bien ese significado, en nuestra historia pasada y en la más reciente, desde las manifestaciones de los obispos contra las leyes sociales a las charangas contra las sedes del PSOE entonces gobernante.
Toda la sociedad se resiente con la violencia, aunque afecte directamente una sola persona, como bien hemos aprendido tras cincuenta años de actividad de ETA en toda España, más de treinta conviviendo con la opresión franquista. La violencia transforma la vida, que no transcurre igual y convierte el futuro en un hilo incierto. También hemos aprendido con toda su gravedad que esto que llamamos crisis financiera de los últimos tres años persigue el beneficio sectario de los más poderosos, en un nuevo/viejo modo de acoso social a los ciudadanos que busca nuestra entrega, hundir la razón de ser ciudadanos que hace tan poco que conseguimos.
LOS DEMONIOS EN LA PUERTA
El Partido Popular y sus comparsas juegan al juego de las intrigas y confunden intencionadamente los objetivos de la movilización social de la PAH contra esa inmoralidad mayor en letra pequeña de la burbuja inmobiliaria y equipara presos e hipotecas situándolos en el mismo rasero y en una supuesta cohabitación de intereses. La protesta social contra las secuelas humanas de la burbuja inmobiliaria las mezcla con esa otra reivindicación de la izquierda abertzale más radical: la deuda de ETA con las víctimas se debe considerar época pasada, sin memoria presente y el futuro individual de los presos forma parte de esa condonación conjunta de la pena. Amnistía y borrón.
Los “hipotecados” por aquellas ansias de mejora social para beneficio de las finanzas ha dejado en el camino muchas víctimas desclasadas, regresadas o extraterradas, como decía Benedetti, y un sentimiento solidario ha llevado a la movilización a su favor, a la espera de que el Parlamento y los partidos mayoritarios encuentren una respuesta clara a una crisis real. Esta rancia derecha gobernante intenta trazar un lazo entre unos y otros y acosa y demoniza ambas reivindicaciones de un solo golpe, cualquiera que sea su ámbito, fortaleza o la opinión que cada cual podamos tener sobre dichas situaciones.
Hasta ese debate nos ha conducido el PP, como forma de escapar de su responsabilidad virginal en la crisis o frente a la crisis y de quitar del foco de atención su falta de respuesta como Gobierno a la crisis de las hipotecas y la resolución final a la violencia etarra que aún llevamos prendida del cuello y la memoria.
EL AVISO DE ETA QUE EL PP ESPERABA
Oportunamente, con puntualidad casi anunciada, como si el PP hubiera extendido previamente la intencionada consigna contra la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), ETA hizo público su nuevo comunicado que daba respuesta a los silencios que EH Bildu ha mantenido ante quienes le han exigido el repudio de la violencia, reconstruir la memoria para dar salida final a la serpiente del odio y recuperar el encuentro y la convivencia social. ETA unió el significado clandestino de su capucha en protagonista junto a un Gobierno que acosa al conjunto y en especial a los más indefensos. Y han protagonizado ese viejo hábito de amedrentar a todos cuando sólo la voluntad del Gobierno y ETA deciden el final. Desde su refugio, los portavoces enmascarados reclamaban en tono mayor una negociación que se ha roto y coincidía con la preocupación prioritaria del PNV por salvar el barco de su primer presupuesto como Gobierno de Euskadi. Cuando declararon unilateralmente el alto el fuego para dar paso a EH Bildu y Sortu, el lehendakari Patxi López andaba por Estados Unidos y ahora el comunicado pilla al lehendakari Urkullu con los pies hundidos en una minoría que le deja a la puerta de un minoritario PP y sus recortes. A veces parece que quien dirige los destinos colectivos está en un lugar menos preciso cuando más se precisa su presencia.
La organización terrorista, viva aunque le duela la herida, ha querido repetir su vieja estrategia de expandir el miedo a toda la sociedad días después de que la portavoz parlamentaria de Bildu, Laura Mintegui, recordara que el origen de la violencia es político, y el asesinato también. Todo ello a las puertas de un repetido debate sobre la Ponencia de Paz en el Parlamento, donde las voces ya rebotan contra los escaños.
Esa amenaza de la violencia mayor, la del asesinato, en unos tiempos que ya creíamos nuevos, es un repentino acoso sobre una sociedad a la que mayoritariamente le preocupa su futuro, si consigue sortear el presente, y en gran parte mira hacia otro lado sobre la historia porque le duele tanto el pasado que prefiere adivinar un futuro cogido con alfileres.
Acabada socialmente o derrotada políticamente, ETA anunció hace 19 meses y sabe que su final es posible, tanto como que la apuesta política de la izquierda radical aún dividida –EH Bildu y Sortu- es su única salida y a la vez su mayor debilidad, porque las coaliciones nacionalistas radicales son el frontón donde la sociedad centra su apoyo o su desprecio a la violencia, incluso la verbal. Aunque con su anuncio el fuego inició un camino cuyo final no controla, es la sociedad la que reclama de los gobernantes la capacidad suficiente para superar ese pasado, y a los inequívocos entornos de ETA y a ETA misma le exige el empuje final. Todo ello, desde la desconfianza que la derecha genera con su acoso social por el Gobierno y desde la desconfianza hacia el terrorismo por el futuro inmediato, como los dos últimos comunicados ponen de relieve.
Un final que no se podrá escribir desde el paso del tiempo sino con la mirada puesta donde más duele, sobre quienes directamente piden nuestro voto, estén donde estén, en medio de este escrache que encubre tanto equívoco intencionado.
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miércoles, 10 de abril de 2013
jueves, 4 de abril de 2013
Lluvia de lágrimas
Julio Herrero Romero. @HerreroJulio jherrero2007@gmail.com
Esto ya es demasiado, aquí muchos se lo han llevado y a los demás nos toman por tontos, y si usted protesta, manifestándose ante la casa, el partido o el banco, de los responsables, por acción u omisión, de su tragedia, ya vendrán los guardias con órdenes de ese ministro del Interior tan católico y practicante, a pedirle la documentación; y si hace al caso, pasarle por el cuartelillo a tomarle la filiación: “por lo que pueda ocurrir”, que hay que tener mano dura con los que insultan a nuestros próceres, no vayan a pasar al acoso y les provoquen una crisis de ansiedad.
Todo el mundo tiene derecho a manifestarse, pero con orden – que diría la delegada del gobierno en Madrid – no le vayan a tomar por filoetarra o cosas peores, si es que las hay. Santa indignación, sin duda, han de tener los políticos del PP – al menos los que hemos visto por la tele – que ven turbada su paz y tranquilidad por los gritos y caceroladas de aquellos que han perdido su vivienda, o sus ahorros de toda la vida. ¡Qué culpa tendrán ellos, y los otros!, se limitaron a asistir a los consejos de administración de las cajas que fueron a la quiebra, a votar en el Congreso las leyes que de injustas pasaron a ilegales tras la sentencia de los tribunales de Europa, a no mover un dedo por atajar una situación que iba al desastre. Siguieron las indicaciones de sus partidos, de sus aparatos de poder, náufragos de la razón obsesionados por salvar sus naves sin ver el acantilado hacia el que se dirigían.
No sacar a los santos cuando llueve parece ser la consigna. Tranquilo Sr. Rajoy tras la pasión viene la resurrección y siempre que ha llovido a escampado, sobre todo para algunos.
(Artículo publicado en Diario Noticias de Álava el 1 de abril de 2013)
domingo, 24 de marzo de 2013
Diálogos imposibles
Julio Herrero Romero. @HerreroJulio jherrero2007@gmail.com
Cuando Laura Mintegi intervino en el Parlamento Vasco, haciendo referencia al “origen político de las víctimas”, poco imaginaba que sus palabras iban a ser analizadas, desmenuzadas e interpretadas con tanta intensidad por parte de analistas, propios y extraños. Hay quien ve en ellas una justificación de los crímenes de ETA, o simplemente la exculpación de toda una terrible historia de asesinatos de “raíz política”, que se producen por “la falta de diálogo” entre los que empuñaban las pistolas y los que morían por sus balas. ¡Difícil relación ésta! Algunos se han apresurado a contestar que “el que mata a un hombre no defiende una doctrina, sólo mata a un hombre”, lo que debería ser fácilmente entendido, pero a veces el empecinamiento hace derivar hacia intentos de justificación imposibles que, no por dichos con fingida ingenuidad, resultan aceptables.
En el fondo subyace la idea de si la violencia política, que llega hasta el aniquilamiento del adversario, puede en algún caso ser aceptable cuando los fines lo “justifican”. Terrible cuestión que ha configurado la historia pero que ha sido analizada y rebatida en los múltiples tratados sobre la formación de los estados democráticos, haciendo mención a la violencia “legítima” patrimonio de ellos.
Se puede coincidir con Mintegi en que la falta de diálogo es una causa de los conflictos políticos, pero no que la consecuencia “inevitable” sea la muerte del adversario, y mucho menos que se quiera encontrar en ella la justificación para quienes practicaron tan execrable doctrina. Dudo que, tras las palabras de la representante de EH Bildu, haya tanta “esencia política” como se ha querido ver, máxime cuando vemos el contexto en que se hicieron, replica parlamentaria, pero a veces las verdades del corazón aparecen cuando el cerebro pierde la calma.
En cualquier caso la fiscalía ya se ha ocupado de entrar en el “jardín” y poner en duda la inviolabilidad del Parlamento, al abrir una investigación sobre si se ha podido cometer un delito de “enaltecimiento del terrorismo”. Al fiscal superior del País Vasco se le llena la boca con “el cuidado que hay que tener en que no se humille a las víctimas” reconociendo que puede “constreñir la libertad en el ejercicio de las opiniones”, incluso en sede Parlamentaria. ¡Cortos argumentos para tan grave decisión!
viernes, 15 de marzo de 2013
Mintegi y el largo camino de EH Bildu
Aurelio Romero. Vitoria-Gasteiz. @romeronomada
Sólida o no, la creación de la ponencia de paz del Parlamento vasco propuesta por el lehendakari Patxi López en la anterior legislatura es la iniciativa más importante que se ha registrado en toda España tras el alto el fuego voluntario anunciado y hasta ahora cumplido por parte de ETA. Si en aquella ocasión fue la duda del PP para participar en dicha ponencia, en el Pleno de este jueves fue el duro debate entre PP y EHBildu lo que llevó a la presidenta jeltzale a posponer su constitución hasta que se recupere un nivel de diálogo razonable. Es muy probable que, de no haberlo pospuesto, se hubiera destruido ese conato de diálogo entre visiones diferentes de la reciente historia del País Vasco que, hasta ahora, al menos había permitido convertir el Parlamento en un foro menos interesado o “de parte” que cualquiera de los otros convocados o abiertos.
La presidenta Bakartxo Tejería erró el término cuando, poniendo freno a la discusión, apeló al “respeto” entre los miembros de la Cámara. En su intervención, Laura Mintegui, candidata a la Lehenkaritza por EHBildu y su portavoz Parlamentaria, se situó por encima o lejos de ese concepto al abandonar el lenguaje de la campaña electoral y recuperar los tradicionales planteamientos de Batasuna, como si ETA mantuviese su nivel de actividad y la presencia en el Parlamento de la izquierda abertzale fuese consecuencia de una laguna legal.
La intervención de Mintegui fue como un nuevo zarpazo de león mortecino donde aún cuesta ver que la carne vaya cicatrizando, cuando todo el país en su conjunto quiere creer, con un pie en la esperanza y otro en la desconfianza, que un nuevo tiempo va tomando tierra en Euskadi. Hace pocos días que Mintegui acudía al homenaje del Parlamento en conmemoración del asesinato de Fernando Buesa y su escolta, Jorge Díez. Ayer, la portavoz de EH Bildu reflexionaba al hablar de Buesa sobre los muertos que lo son por “causa política”, abriendo de nuevo el foso en el durante casi medio siglo se ha hundido tanta vida y tanto futuro.
Durante este año y medio desde el alto el fuego el debate ya no era la violencia y su legitimación por parte de los violentos, sino cómo ir poniendo una base sólida en esa raya negra del pasado. Hemos avanzado contra la equidistancia y a favor de la conveniencia –y la necesidad- de confiar en que el pasado no puede volver a ser futuro y que, mientras alguien va tomando apunte para el relato, vamos construyendo una nueva realidad sobre la que avanzar. Hoy reviven con fuerza las palabras de Koldo Martínez, portavoz de Geroa Bai junto a Uxue Barcos y presidente de la Asociación de España de Bioética, quien, tajante, afirmaba que la condena de la violencia es el principio de todo lo demás, siendo ese “todo lo demás” por lo que aspiramos. O cuando decía que no hay ética en la comparación de dos violencias desiguales, la de los violentos y la violencia del Estado cuando no cae en la ilegalidad.
Sabemos que el camino futuro sería, será, difícil, lento, complejo y por momentos frustrante. Partimos de una mínima sospecha de paz, pero todos nos hemos aferrado a él como el clavo ardiendo que nos revuelve mientras confiamos en que dure. Laura Mintegui y EH Bildu ha llevado el Parlamento vasco a un día cualquiera de hace dos años y ha provocado, como buscándolo, que la ponencia de paz embarranque contra las palabras o navegue con toda dificultad entre el hierro de la memoria.
Un año y medio de paz no es suficiente para reconstruir medio siglo de destrucción de la convivencia. Laura Mintegui salta por ambos lados del foso negro y anuncia que su recorrido es más particular que común, aun sabiendo que ese largo camino le lleva a ninguna parte.
Sólida o no, la creación de la ponencia de paz del Parlamento vasco propuesta por el lehendakari Patxi López en la anterior legislatura es la iniciativa más importante que se ha registrado en toda España tras el alto el fuego voluntario anunciado y hasta ahora cumplido por parte de ETA. Si en aquella ocasión fue la duda del PP para participar en dicha ponencia, en el Pleno de este jueves fue el duro debate entre PP y EHBildu lo que llevó a la presidenta jeltzale a posponer su constitución hasta que se recupere un nivel de diálogo razonable. Es muy probable que, de no haberlo pospuesto, se hubiera destruido ese conato de diálogo entre visiones diferentes de la reciente historia del País Vasco que, hasta ahora, al menos había permitido convertir el Parlamento en un foro menos interesado o “de parte” que cualquiera de los otros convocados o abiertos.
La presidenta Bakartxo Tejería erró el término cuando, poniendo freno a la discusión, apeló al “respeto” entre los miembros de la Cámara. En su intervención, Laura Mintegui, candidata a la Lehenkaritza por EHBildu y su portavoz Parlamentaria, se situó por encima o lejos de ese concepto al abandonar el lenguaje de la campaña electoral y recuperar los tradicionales planteamientos de Batasuna, como si ETA mantuviese su nivel de actividad y la presencia en el Parlamento de la izquierda abertzale fuese consecuencia de una laguna legal.
La intervención de Mintegui fue como un nuevo zarpazo de león mortecino donde aún cuesta ver que la carne vaya cicatrizando, cuando todo el país en su conjunto quiere creer, con un pie en la esperanza y otro en la desconfianza, que un nuevo tiempo va tomando tierra en Euskadi. Hace pocos días que Mintegui acudía al homenaje del Parlamento en conmemoración del asesinato de Fernando Buesa y su escolta, Jorge Díez. Ayer, la portavoz de EH Bildu reflexionaba al hablar de Buesa sobre los muertos que lo son por “causa política”, abriendo de nuevo el foso en el durante casi medio siglo se ha hundido tanta vida y tanto futuro.
Durante este año y medio desde el alto el fuego el debate ya no era la violencia y su legitimación por parte de los violentos, sino cómo ir poniendo una base sólida en esa raya negra del pasado. Hemos avanzado contra la equidistancia y a favor de la conveniencia –y la necesidad- de confiar en que el pasado no puede volver a ser futuro y que, mientras alguien va tomando apunte para el relato, vamos construyendo una nueva realidad sobre la que avanzar. Hoy reviven con fuerza las palabras de Koldo Martínez, portavoz de Geroa Bai junto a Uxue Barcos y presidente de la Asociación de España de Bioética, quien, tajante, afirmaba que la condena de la violencia es el principio de todo lo demás, siendo ese “todo lo demás” por lo que aspiramos. O cuando decía que no hay ética en la comparación de dos violencias desiguales, la de los violentos y la violencia del Estado cuando no cae en la ilegalidad.
Sabemos que el camino futuro sería, será, difícil, lento, complejo y por momentos frustrante. Partimos de una mínima sospecha de paz, pero todos nos hemos aferrado a él como el clavo ardiendo que nos revuelve mientras confiamos en que dure. Laura Mintegui y EH Bildu ha llevado el Parlamento vasco a un día cualquiera de hace dos años y ha provocado, como buscándolo, que la ponencia de paz embarranque contra las palabras o navegue con toda dificultad entre el hierro de la memoria.
Un año y medio de paz no es suficiente para reconstruir medio siglo de destrucción de la convivencia. Laura Mintegui salta por ambos lados del foso negro y anuncia que su recorrido es más particular que común, aun sabiendo que ese largo camino le lleva a ninguna parte.
martes, 12 de marzo de 2013
Más allá de los sentimientos
Vicente Carrión Arregui. Vitoria-Gasteiz
(En respuesta al artículo “VOLVER A EMPEZAR”, publicado el 23 de febrero, de Pili Zabala, con cariño)
He leído con sumo interés tu artículo y comparto buena parte de los sentimientos que en él transmites, especialmente los referidos al esfuerzo necesario para reinstaurar la convivencia social dañada por tantos años de terrorismo.. No tengo la menor duda de que como hermana de Jose Ignacio Zabala, víctima del terrorismo de los GAL en 1983, tu sufrimiento es equiparable al de las víctimas de ETA –con el agravante de las humillaciones añadidas en tu caso- pero ello no significa, en mi opinión, que podamos establecer simetría alguna entre dos bandos. Aunque el dolor sea emocionalmente similar nuestra capacidad racional nos obliga a comprender que desde la Transición hasta hoy mismo ha sido ETA la responsable principalísima del sufrimiento que necesitamos dejar atrás.
Porque ese “volver a empezar” que propones tuvo su oportunidad perdida en 1977 cuando la amnistía vació de etarras las cárceles una vez recuperadas las elecciones democráticas y otras libertades. Claro que había habido una guerra civil, una dictadura, una opresión nacional y múltiples motivos para enfrentarse al franquismo –por cuestionable que sea siempre el recurso la violencia- pero todo ello concluyó con el nuevo escenario democrático que ETA no quiso aceptar. Creo que desde 1977 las alusiones a la dictadura, a la represión y a la mitología etarra son tan innecesarias como aludir al carlismo o a la Contrarreforma para legitimar que ETA no depusiera las armas. Esa denominada “confrontación armada” no fue, creo, sino un inmenso error del nacionalismo radical vasco al creer que el uso de la violencia precipitaría la revolución vasca de sus sueños. Parafraseando al Muñoz Molina de “Todo lo que era sólido” estaríamos ante el extremismo de una élite que se aprovecha de situaciones sociales dolorosas para crear dinámicas que acaban arrastrando a una sociedad entera.
Yo puedo entender a nivel personal, Pili, que las tropelías que diversos funcionarios cometieron contra tu hermano, más las dificultades para investigar tales hechos a las que aludes en tu artículo, te hayan hecho dudar de la imparcialidad y de la honestidad de la lucha antiterrorista. Pero la legitimidad de tu dolor no debería ocultarte que hay 326 atentados etarras sin esclarecer, que el Estado acabó condenando –ciertamente, con tibieza- la “guerra sucia” de Galindo y compañía y que, por injusto que fuera el crimen de tu hermano, él había decidido integrarse en ETA para ejercer una violencia que acabó atrapándole. Una gran diferencia respecto a los centenares de asesinados por ETA en razón de sus convicciones, de sus oficios o de la mera casualidad de estar comprando en tal hipermercado o pasar por tal calle. No, Pili, el sufrimiento no iguala a las víctimas, no banaliza su razón de ser. Unos eligieron un camino, otros lo padecieron.
Arremetes en tu artículo, también, contra las “necedades” proferidas por algún que otro catedrático de Filosofía jubilado. Me imagino en quien piensas y, más allá de sus ocasionales humoradas, me duele la ofensa hacia su maestría profesional y a su coraje cívico. Yo también soy profesor de Filosofía y me desconcierta profundamente con qué facilidad hay tantos adultos en el País Vasco que incurren en errores básicos de mis alumnos adolescentes, como el de invertir la relación causa-efecto. Si los hechos objetivos confirman que a partir de 1977 ETA, con el apoyo de un sector muy minoritario de entre la población vasca, defendió sus fines “políticos” con medios delictivos y criminales, los presos actuales serán el efecto resultante de sus acciones y no la causa que legitime nuevos desafíos. Salvo contadísimas excepciones, la mayoría de las víctimas del lado etarra lo son como consecuencia de los delitos que estaban cometiendo o de excesos policiales que –sin ánimo de justificación alguna- constituyeron reacciones (efectos) desmesurados o no a la cacería (causa) que hubieron de soportar los miembros de las fuerzas armadas y muchas otras personas que se negaron a someterse al totalitarismo abertzale que, sobre todo en los entornos rurales, permitía acosar, arruinar, amenazar y forzar el exilio de quien no comulgara con las ruedas de molino de los matoncetes locales que, con pendiente o sin él, durante muchos años impusieron su ley. Causas y efectos, sí, Pili, que pueden resultar discutibles porque a veces se encadenan como cerezas en una cesta pero a cuya aclaración han contribuido muy positivamente las “necedades” proferidas por Savater, Arteta, Iriondo, Aranzadi, Azurmendi y tantos otros intelectuales cuya libertad de expresión ha coartado terriblemente su libertad de movimientos.
Para decirte todo esto escribo estas líneas, para intentar transmitirte que la empatía ante el dolor de todas las víctimas es un paso valiosísimo –hago un inciso para aplaudir los esfuerzos que promueven al respecto desde la alcaldía de Rentería- pero que resulta insuficiente si no se acompaña de cierto rigor histórico. Más en concreto, del reconocimiento de la legitimidad del Estado democrático para administrar el monopolio de la violencia, por disconformes que puedan estar una parte de sus miembros respecto a la propia legitimidad del Estado. El paso que parecen estar dando hoy deberían haberlo dado hace 36 años y sabio sería reconocerlo. Pero parece que no.
(((PD. Ligado con este asunto, desde Ezkerretik Ekintza - Con mano izquierda os recomendamos la atenta lectura de la entrevista a Urrusolo Sistiaga de la que varios medios se hicieron eco este fin de semana)))
(En respuesta al artículo “VOLVER A EMPEZAR”, publicado el 23 de febrero, de Pili Zabala, con cariño)
He leído con sumo interés tu artículo y comparto buena parte de los sentimientos que en él transmites, especialmente los referidos al esfuerzo necesario para reinstaurar la convivencia social dañada por tantos años de terrorismo.. No tengo la menor duda de que como hermana de Jose Ignacio Zabala, víctima del terrorismo de los GAL en 1983, tu sufrimiento es equiparable al de las víctimas de ETA –con el agravante de las humillaciones añadidas en tu caso- pero ello no significa, en mi opinión, que podamos establecer simetría alguna entre dos bandos. Aunque el dolor sea emocionalmente similar nuestra capacidad racional nos obliga a comprender que desde la Transición hasta hoy mismo ha sido ETA la responsable principalísima del sufrimiento que necesitamos dejar atrás.
Porque ese “volver a empezar” que propones tuvo su oportunidad perdida en 1977 cuando la amnistía vació de etarras las cárceles una vez recuperadas las elecciones democráticas y otras libertades. Claro que había habido una guerra civil, una dictadura, una opresión nacional y múltiples motivos para enfrentarse al franquismo –por cuestionable que sea siempre el recurso la violencia- pero todo ello concluyó con el nuevo escenario democrático que ETA no quiso aceptar. Creo que desde 1977 las alusiones a la dictadura, a la represión y a la mitología etarra son tan innecesarias como aludir al carlismo o a la Contrarreforma para legitimar que ETA no depusiera las armas. Esa denominada “confrontación armada” no fue, creo, sino un inmenso error del nacionalismo radical vasco al creer que el uso de la violencia precipitaría la revolución vasca de sus sueños. Parafraseando al Muñoz Molina de “Todo lo que era sólido” estaríamos ante el extremismo de una élite que se aprovecha de situaciones sociales dolorosas para crear dinámicas que acaban arrastrando a una sociedad entera.
Yo puedo entender a nivel personal, Pili, que las tropelías que diversos funcionarios cometieron contra tu hermano, más las dificultades para investigar tales hechos a las que aludes en tu artículo, te hayan hecho dudar de la imparcialidad y de la honestidad de la lucha antiterrorista. Pero la legitimidad de tu dolor no debería ocultarte que hay 326 atentados etarras sin esclarecer, que el Estado acabó condenando –ciertamente, con tibieza- la “guerra sucia” de Galindo y compañía y que, por injusto que fuera el crimen de tu hermano, él había decidido integrarse en ETA para ejercer una violencia que acabó atrapándole. Una gran diferencia respecto a los centenares de asesinados por ETA en razón de sus convicciones, de sus oficios o de la mera casualidad de estar comprando en tal hipermercado o pasar por tal calle. No, Pili, el sufrimiento no iguala a las víctimas, no banaliza su razón de ser. Unos eligieron un camino, otros lo padecieron.
Arremetes en tu artículo, también, contra las “necedades” proferidas por algún que otro catedrático de Filosofía jubilado. Me imagino en quien piensas y, más allá de sus ocasionales humoradas, me duele la ofensa hacia su maestría profesional y a su coraje cívico. Yo también soy profesor de Filosofía y me desconcierta profundamente con qué facilidad hay tantos adultos en el País Vasco que incurren en errores básicos de mis alumnos adolescentes, como el de invertir la relación causa-efecto. Si los hechos objetivos confirman que a partir de 1977 ETA, con el apoyo de un sector muy minoritario de entre la población vasca, defendió sus fines “políticos” con medios delictivos y criminales, los presos actuales serán el efecto resultante de sus acciones y no la causa que legitime nuevos desafíos. Salvo contadísimas excepciones, la mayoría de las víctimas del lado etarra lo son como consecuencia de los delitos que estaban cometiendo o de excesos policiales que –sin ánimo de justificación alguna- constituyeron reacciones (efectos) desmesurados o no a la cacería (causa) que hubieron de soportar los miembros de las fuerzas armadas y muchas otras personas que se negaron a someterse al totalitarismo abertzale que, sobre todo en los entornos rurales, permitía acosar, arruinar, amenazar y forzar el exilio de quien no comulgara con las ruedas de molino de los matoncetes locales que, con pendiente o sin él, durante muchos años impusieron su ley. Causas y efectos, sí, Pili, que pueden resultar discutibles porque a veces se encadenan como cerezas en una cesta pero a cuya aclaración han contribuido muy positivamente las “necedades” proferidas por Savater, Arteta, Iriondo, Aranzadi, Azurmendi y tantos otros intelectuales cuya libertad de expresión ha coartado terriblemente su libertad de movimientos.
Para decirte todo esto escribo estas líneas, para intentar transmitirte que la empatía ante el dolor de todas las víctimas es un paso valiosísimo –hago un inciso para aplaudir los esfuerzos que promueven al respecto desde la alcaldía de Rentería- pero que resulta insuficiente si no se acompaña de cierto rigor histórico. Más en concreto, del reconocimiento de la legitimidad del Estado democrático para administrar el monopolio de la violencia, por disconformes que puedan estar una parte de sus miembros respecto a la propia legitimidad del Estado. El paso que parecen estar dando hoy deberían haberlo dado hace 36 años y sabio sería reconocerlo. Pero parece que no.
(((PD. Ligado con este asunto, desde Ezkerretik Ekintza - Con mano izquierda os recomendamos la atenta lectura de la entrevista a Urrusolo Sistiaga de la que varios medios se hicieron eco este fin de semana)))
miércoles, 24 de octubre de 2012
Ezkerretik ekintza orain
Domingo Escandela. Vitoria-Gasteiz.
Se acabó el tiempo; ya no se trata de mejorar, ahora es una mera cuestión de supervivencia. Ya no se trata de cambiar cosas, ese tiempo pasó. Es momento de refundarse, así de seria es la situación. En esta batalla los socialistas hemos puesto casi todos los cadáveres, pero, inopinadamente, nuestros muertos parlotean, andan, y –como en el “Apocalipsis Z” de Loureiro-, devoran a todo ser vivo y pensante de nuestras propias filas. Ahora, desde la Secretaría Seneral, hablan de “cambiar y reflexionar” aunque descartan extender el cambio a las personas. Pero sabemos que esto no es posible; un equipo desacreditado, que ha perdido la confianza de la sociedad, no puede remontar el vuelo sino que cae en barrena con el suelo como único tope. Pero hay otro camino: el de renovar el grueso del grupo. Cambiar de nombre, de logo, de caras y de estrategia. Cambiar de rumbo, refundarse, vaya.
El Partido Socialista Obrero Español está desfasado. No ha sabido adaptarse a los tiempos: Es un mamut en un desierto. Ha soslayado todos los fenómenos recientes, como si la vieja mentalidad de la Transición fuera una panacea de bondades eternas. Pero no es así. En parte, este es el problema: la sacralización de una generación que se cree imprescindible; que piensa que los éxitos pasados –que nadie niega- la facultan para ocupar la poltrona del poder a perpetuidad.
El plan frente a la crisis fue rescatar las viejas fórmulas, y a los veteranos de pasadas guerras, que, en su tiempo, fueron gente solvente y bregada; Lo grave es que este aparatik gerontocrático no conecta con el electorado más joven e indignado, que es, además, el más afectado por el tsunami económico. Ni comprende la deriva emprendida por ciertas regiones entre las que se encuentra el País Vasco. Ni ha sabido abrirse a las nuevas culturas propias de las sociedades modernas.
No pretendo que esta breve catilinaria se convierta en un raca raca desprovisto de propuestas. Tampoco arreglar el PSOE o, menos aún, el conjunto de la socialdemocracia. Pero sí emitiré un breve juicio en torno al PSE, a tenor de los resultados de las últimas elecciones. Los resultados, en este caso, no son malos, SON DEVASTADORES. Tanto es así que se puede afirmar que el PSE podría desaparecer en un par de legislaturas en favor de otras propuestas de izquierdas. Las razones de este descalabro, según mi juicio, son las siguientes:
1. La alianza con un PP anquilosado y obsesionado por agitar el fantasma de ETA hizo sentirse traicionado a gran parte del electorado. En Euskadi son las alianzas transversales las que son premiadas por el electorado (al PNV de Ibarretxe le pasó lo mismo).
2. Incapacidad para obtener réditos del magnífico papel desplegado en la pacificación de Euskadi. Ha sido BILDU quien ha aparecido frente a la opinión pública como el gran hacedor de la paz.
Incapacidad y falta de voluntad para comprender o conectar con el movimiento indignado, mayoritariamente de izquierdas. BILDU ha sido la única formación vasca en hacer suyos algunos de los postulados de este movimiento.
3. Pérdida de identidad, por dos motivos: práctica de una política económica de derechas, aunada con un abandono de la calle por motivos del conflicto vasco. Un partido obrero poco activista a pie de calle y sin un aparto de juventudes fuerte, es un difunto que camina por mero impulso.
4. Ineficacia a la hora de liderar (o hacer valer el liderazgo) las expresiones populares de potenciación y apoyo al euskera y la cultura vasca.
5. Dependencia del Gobierno central. Este es un punto fundamental, porque en muchas ocasiones, las acciones del PSE se han contradicho con lo ordenado por el Gobierno de Madrid o por la Secretaría General del Partido; esto crea una cierta sensación de falta de independencia, de vasallaje y, por ende, de incapacidad de “defender lo de aquí” con el tesón suficiente. Esto en el País Vasco, sobre todo en tiempos de crisis, es un torpedo en la línea de flotación. Es necesaria una cierta distancia, una mayor independencia, como UPN respecto al PP en el caso navarro. Algo que se vería como una evolución natural si se optara, en vista de la nueva evolución soberanista, por un desarrollo autonómico o la instauración de un estado federal.
6. El PSOE es un partido político antiguo y. como tal, tiene un historial largo, no exento de escándalos, corrupción, GAL, etc. Va con “mochila”, cosa que no ocurre, por ejemplo con UPD o con BILDU. Se trata de partidos con personas que sí tienen trayectorias políticas (en el caso de la izquierda abertzale, muy controvertidas, con apoyo a asesinatos, etc.) pero que han sabido mostrarse como partidos noveles y por lo tanto, limpios. Como solución, volvemos al punto anterior: cambio de nombre, distancia y mayor independencia respecto al PSOE, cambio de las caras actuales por rostros más jóvenes, con más cantidad de euskaldunes, etc.
7. Falta de juventud. Basta con ver las listas actuales para constatar que la edad media de los parlamentarios socialistas es muy alta. Es cierto que la edad no es un valor definitivo, pero la imagen envejecida no es la óptima para un partido de izquierdas. Una vez más, BILDU nos gana por goleada en esta imagen de juventud en movimiento.
8. Mentalidad de búnker o de trincheras. Como partido constitucionalista en el País Vasco, el PSE se ha visto obligado, por motivos bélicos, a retroceder, a encerrarse. Al mismo tiempo ha ejercido políticas no siempre acorde con lo que, sin duda, hubiera hecho en caso de paz o normalización social. Los nuevos tiempos obligan a emprender políticas aperturistas y de acercamiento a todos los sectores poblacionales.
9. Falta de implicación y liderazgo en las políticas verdes.
10. Falta de inclusión de inmigrantes en el aparato del partido; en Francia la mayoría de inmigrantes vota a los socialistas y su presencia se nota en las filas de la organización. El PSE no ha sabido incluir a los nuevos vascos en su aparato.
11. Incapacidad para luchar contra la crisis desde la calle; esto entronca con el problema de abandono por motivos bélicos de numerosas plataformas de participación social. Una crisis es un mar propicio para la Armada socialista; los socialistas deberían estar con los desahuciados, y con los parados, y deberían dejarse ver en los comedores sociales, en las empresas y en los barrios de inmigrantes…Los socialistas deben acompañar, asesorar, dar esperanza y participar más cuanto más crítica y depauperada es la situación; sin embargo, la dirección del partido ha renunciado a todo lo que no sean medidas de Gobierno, desde los sofás. Pero estas, aunque fundamentales, no son ni deben ser los únicos cauces de participación social.
12. El PSE debe organizar, dinamizar y fortalecer un aparato juvenil fuerte y activista, que organice saraos culturales, marchas montañeras, expresiones artísticas, presentaciones, etc.
13. Estructura personalista e incluso caciquil. La estructura y el funcionamiento interno del partido impiden toda renovación y/o reflexión; se trata de una organización personalista que promueve los estómagos agradecidos y el inmovilismo e impide el ejercicio de la democracia interna. Es fundamental una apertura y una democratización de la estructura del partido, ya con listas abiertas, ya con la búsqueda de un modelo moderno, transparente y de rotación del liderazgo, sobre todo después de que, como ha ocurrido, se produzca un revés (descalabro sería una palabra más acertada) electoral. Esto es algo evidente. La gente se da cuenta de esto. Hay muchos simpatizantes y militantes hartos y que, conscientes de esta situación, han decidido optar por otras opciones o por abstenerse y no ejercer su derecho a voto.
Por todo esto, creo que es el momento de refundar el PSE; lo mejor sería, por supuesto, mediante un consenso entre todos. Las fracturas pueden redundar en un suicidio colectivo porque proyectan una imagen de desunión e inseguridad en el electorado (y porque se dividen los simpatizantes y por ende los votos). Lo sucedido entre Ezker Anitza y Ezker Batua es un ejemplo claro de lo que expongo; primero apoyaron la política democristiana del PNV lo que desorientó al electorado de izquierdas, y después, tras el inevitable descalabro, se dividieron, lo que supuso la puntilla final. El PSE debe transformarse profundamente y debe hacerlo, contra viento y marea, unido. Pero es imprescindible que los líderes actuales cambien radicalmente de actitud; que escuchen, y tomen nota de lo que todos/as tenemos que decir. Que se comporten con la valentía que requieren unos tiempos en los que nos jugamos la supervivencia del Partido. Las generaciones salientes, derrotadas en las elecciones, sin embrago merecen todo nuestro respeto. Han mantenido a flote el partido en épocas de gran dureza y sufrimiento. Pero los tiempos han cambiado y ellos no. Si el cambio no se produce, y continúa la misma política arcaizante e inmovilista de la dirección, la fractura será inevitable y todos los vascos perderemos en el proceso.
Así que animo a los vascos y vascas socialistas a cambiar de rumbo y hacerlo desde la juventud. ¡Aupa Mutilak! ¡Ezkerretik ekintza orain!
Se acabó el tiempo; ya no se trata de mejorar, ahora es una mera cuestión de supervivencia. Ya no se trata de cambiar cosas, ese tiempo pasó. Es momento de refundarse, así de seria es la situación. En esta batalla los socialistas hemos puesto casi todos los cadáveres, pero, inopinadamente, nuestros muertos parlotean, andan, y –como en el “Apocalipsis Z” de Loureiro-, devoran a todo ser vivo y pensante de nuestras propias filas. Ahora, desde la Secretaría Seneral, hablan de “cambiar y reflexionar” aunque descartan extender el cambio a las personas. Pero sabemos que esto no es posible; un equipo desacreditado, que ha perdido la confianza de la sociedad, no puede remontar el vuelo sino que cae en barrena con el suelo como único tope. Pero hay otro camino: el de renovar el grueso del grupo. Cambiar de nombre, de logo, de caras y de estrategia. Cambiar de rumbo, refundarse, vaya.
El Partido Socialista Obrero Español está desfasado. No ha sabido adaptarse a los tiempos: Es un mamut en un desierto. Ha soslayado todos los fenómenos recientes, como si la vieja mentalidad de la Transición fuera una panacea de bondades eternas. Pero no es así. En parte, este es el problema: la sacralización de una generación que se cree imprescindible; que piensa que los éxitos pasados –que nadie niega- la facultan para ocupar la poltrona del poder a perpetuidad.
El plan frente a la crisis fue rescatar las viejas fórmulas, y a los veteranos de pasadas guerras, que, en su tiempo, fueron gente solvente y bregada; Lo grave es que este aparatik gerontocrático no conecta con el electorado más joven e indignado, que es, además, el más afectado por el tsunami económico. Ni comprende la deriva emprendida por ciertas regiones entre las que se encuentra el País Vasco. Ni ha sabido abrirse a las nuevas culturas propias de las sociedades modernas.
No pretendo que esta breve catilinaria se convierta en un raca raca desprovisto de propuestas. Tampoco arreglar el PSOE o, menos aún, el conjunto de la socialdemocracia. Pero sí emitiré un breve juicio en torno al PSE, a tenor de los resultados de las últimas elecciones. Los resultados, en este caso, no son malos, SON DEVASTADORES. Tanto es así que se puede afirmar que el PSE podría desaparecer en un par de legislaturas en favor de otras propuestas de izquierdas. Las razones de este descalabro, según mi juicio, son las siguientes:
1. La alianza con un PP anquilosado y obsesionado por agitar el fantasma de ETA hizo sentirse traicionado a gran parte del electorado. En Euskadi son las alianzas transversales las que son premiadas por el electorado (al PNV de Ibarretxe le pasó lo mismo).
2. Incapacidad para obtener réditos del magnífico papel desplegado en la pacificación de Euskadi. Ha sido BILDU quien ha aparecido frente a la opinión pública como el gran hacedor de la paz.
Incapacidad y falta de voluntad para comprender o conectar con el movimiento indignado, mayoritariamente de izquierdas. BILDU ha sido la única formación vasca en hacer suyos algunos de los postulados de este movimiento.
3. Pérdida de identidad, por dos motivos: práctica de una política económica de derechas, aunada con un abandono de la calle por motivos del conflicto vasco. Un partido obrero poco activista a pie de calle y sin un aparto de juventudes fuerte, es un difunto que camina por mero impulso.
4. Ineficacia a la hora de liderar (o hacer valer el liderazgo) las expresiones populares de potenciación y apoyo al euskera y la cultura vasca.
5. Dependencia del Gobierno central. Este es un punto fundamental, porque en muchas ocasiones, las acciones del PSE se han contradicho con lo ordenado por el Gobierno de Madrid o por la Secretaría General del Partido; esto crea una cierta sensación de falta de independencia, de vasallaje y, por ende, de incapacidad de “defender lo de aquí” con el tesón suficiente. Esto en el País Vasco, sobre todo en tiempos de crisis, es un torpedo en la línea de flotación. Es necesaria una cierta distancia, una mayor independencia, como UPN respecto al PP en el caso navarro. Algo que se vería como una evolución natural si se optara, en vista de la nueva evolución soberanista, por un desarrollo autonómico o la instauración de un estado federal.
6. El PSOE es un partido político antiguo y. como tal, tiene un historial largo, no exento de escándalos, corrupción, GAL, etc. Va con “mochila”, cosa que no ocurre, por ejemplo con UPD o con BILDU. Se trata de partidos con personas que sí tienen trayectorias políticas (en el caso de la izquierda abertzale, muy controvertidas, con apoyo a asesinatos, etc.) pero que han sabido mostrarse como partidos noveles y por lo tanto, limpios. Como solución, volvemos al punto anterior: cambio de nombre, distancia y mayor independencia respecto al PSOE, cambio de las caras actuales por rostros más jóvenes, con más cantidad de euskaldunes, etc.
7. Falta de juventud. Basta con ver las listas actuales para constatar que la edad media de los parlamentarios socialistas es muy alta. Es cierto que la edad no es un valor definitivo, pero la imagen envejecida no es la óptima para un partido de izquierdas. Una vez más, BILDU nos gana por goleada en esta imagen de juventud en movimiento.
8. Mentalidad de búnker o de trincheras. Como partido constitucionalista en el País Vasco, el PSE se ha visto obligado, por motivos bélicos, a retroceder, a encerrarse. Al mismo tiempo ha ejercido políticas no siempre acorde con lo que, sin duda, hubiera hecho en caso de paz o normalización social. Los nuevos tiempos obligan a emprender políticas aperturistas y de acercamiento a todos los sectores poblacionales.
9. Falta de implicación y liderazgo en las políticas verdes.
10. Falta de inclusión de inmigrantes en el aparato del partido; en Francia la mayoría de inmigrantes vota a los socialistas y su presencia se nota en las filas de la organización. El PSE no ha sabido incluir a los nuevos vascos en su aparato.
11. Incapacidad para luchar contra la crisis desde la calle; esto entronca con el problema de abandono por motivos bélicos de numerosas plataformas de participación social. Una crisis es un mar propicio para la Armada socialista; los socialistas deberían estar con los desahuciados, y con los parados, y deberían dejarse ver en los comedores sociales, en las empresas y en los barrios de inmigrantes…Los socialistas deben acompañar, asesorar, dar esperanza y participar más cuanto más crítica y depauperada es la situación; sin embargo, la dirección del partido ha renunciado a todo lo que no sean medidas de Gobierno, desde los sofás. Pero estas, aunque fundamentales, no son ni deben ser los únicos cauces de participación social.
12. El PSE debe organizar, dinamizar y fortalecer un aparato juvenil fuerte y activista, que organice saraos culturales, marchas montañeras, expresiones artísticas, presentaciones, etc.
13. Estructura personalista e incluso caciquil. La estructura y el funcionamiento interno del partido impiden toda renovación y/o reflexión; se trata de una organización personalista que promueve los estómagos agradecidos y el inmovilismo e impide el ejercicio de la democracia interna. Es fundamental una apertura y una democratización de la estructura del partido, ya con listas abiertas, ya con la búsqueda de un modelo moderno, transparente y de rotación del liderazgo, sobre todo después de que, como ha ocurrido, se produzca un revés (descalabro sería una palabra más acertada) electoral. Esto es algo evidente. La gente se da cuenta de esto. Hay muchos simpatizantes y militantes hartos y que, conscientes de esta situación, han decidido optar por otras opciones o por abstenerse y no ejercer su derecho a voto.
Por todo esto, creo que es el momento de refundar el PSE; lo mejor sería, por supuesto, mediante un consenso entre todos. Las fracturas pueden redundar en un suicidio colectivo porque proyectan una imagen de desunión e inseguridad en el electorado (y porque se dividen los simpatizantes y por ende los votos). Lo sucedido entre Ezker Anitza y Ezker Batua es un ejemplo claro de lo que expongo; primero apoyaron la política democristiana del PNV lo que desorientó al electorado de izquierdas, y después, tras el inevitable descalabro, se dividieron, lo que supuso la puntilla final. El PSE debe transformarse profundamente y debe hacerlo, contra viento y marea, unido. Pero es imprescindible que los líderes actuales cambien radicalmente de actitud; que escuchen, y tomen nota de lo que todos/as tenemos que decir. Que se comporten con la valentía que requieren unos tiempos en los que nos jugamos la supervivencia del Partido. Las generaciones salientes, derrotadas en las elecciones, sin embrago merecen todo nuestro respeto. Han mantenido a flote el partido en épocas de gran dureza y sufrimiento. Pero los tiempos han cambiado y ellos no. Si el cambio no se produce, y continúa la misma política arcaizante e inmovilista de la dirección, la fractura será inevitable y todos los vascos perderemos en el proceso.
Así que animo a los vascos y vascas socialistas a cambiar de rumbo y hacerlo desde la juventud. ¡Aupa Mutilak! ¡Ezkerretik ekintza orain!
domingo, 7 de octubre de 2012
Ellos, nosotros
Denis Itxaso. Donostia. (denisitxaso@gmail.com)
A la hora de hacer el balance de lo bueno y malo que ha acontecido en esta Legislatura vasca que ya va tocando a su fin, parece haber absoluto consenso en distinguir dos aspectos fundamentales de la vida pública: por una parte está la gestión de la crisis, con todas las ramificaciones que se quieran incluir, pero básicamente resumidas todas ellas en el análisis de cómo se han gestionado los gastos y cómo los ingresos. Por otra parte, -la que en este post quiero desarrollar-, parece ineludible reparar en todo lo que tiene que ver con la convivencia, en un país enormemente plural en lo identitario y cultural, y que ha arrastrado hasta anteayer un lacerante problema de violencia ideológica.
El trasfondo sobre el que se han dibujado estas singularidades políticas, nos habla de una comunidad próspera y moderna, con altos índices de desarrollo humano y tecnológico, y capaz de generar excedentes económicos para reequilibrar desde valores de equidad y solidaridad, las persistentes diferencias sociales con las que convivimos.
Creo sinceramente que, si uno echa la vista atrás, tanto la otrora militarización de las conciencias como el nivel de crispación política, han disminuido notablemente durante los últimos tres años. A ello ha contribuido definitivamente el fin de ETA, aunque pueden remarcarse algunos otros ingredientes que también han jugado un papel importante.
El Gobierno socialista de Patxi López ha ejercido de fronterizo en todo lo que tiene que ver con las identidades. Ha rebajado la carga emocional, que a veces tanto pesaba, de muchas de las políticas culturales, lingüísticas, educativas o simbólicas que antes estaban presididas por una eterna polémica. Disquisiciones metafísicas sobre lo que somos, lo que deseamos, lo que fuimos o lo que soñamos, han quedado reservadas al ámbito legítimo de lo privado. Los sentimientos de pertenencia, en toda su amplia y variada graduación, sólo habían provocado en el pasado enfrentamientos que nos impedían avanzar en el mutuo reconocimiento de lo que somos unos y otros. De la intrínseca pluralidad de la sociedad vasca, al fin y a la postre.
Por eso me da pena y rabia leer eslóganes de campaña que dicen 'somos más del 51% los que nos sentimos vascos y españoles' u otros que dicen 'si tú no vas, ellos ganan', en referencia al ejercicio del voto. Ese ellos, ese nosotros, ese más del 51%, contiene unas implicaciones nefastas en Euskadi. ¿De qué estamos hablando? ¿De Hutus y Tutsis? ¿De católicos y protestantes? ¿De judíos y musulmanes? ¿Es ese el modelo de convivencia que deseamos para Euskadi? Sinceramente creo que tras la denominación de 'Constitucionalistas' no se pueden ni se deben mezclar opciones políticas que amparen ese tipo de visiones, que sólo aportan material inflamable a los frágiles equilibrios que de forma cotidiana la gente acostumbra a hacer en este País.
Por eso creo que el papel de lo fronterizo, de lo empático con el diferente, del respeto a la diferencia, de la convivencia en definitiva, debe seguir cultivándose, por mucho que aún haya partidos que interpreten las campañas como una barra libre para cualquier recurso que permita arañar votos o pescar en caladeros cautivos. Yo pensaba que el PP vasco había comenzado hace tiempo a representar posiciones más templadas y responsables que las enarboladas en el pasado por Mayor Oreja o Iturgaiz. Por favor, recuérdense los resultados políticos de aquella estrategia.
A la hora de hacer el balance de lo bueno y malo que ha acontecido en esta Legislatura vasca que ya va tocando a su fin, parece haber absoluto consenso en distinguir dos aspectos fundamentales de la vida pública: por una parte está la gestión de la crisis, con todas las ramificaciones que se quieran incluir, pero básicamente resumidas todas ellas en el análisis de cómo se han gestionado los gastos y cómo los ingresos. Por otra parte, -la que en este post quiero desarrollar-, parece ineludible reparar en todo lo que tiene que ver con la convivencia, en un país enormemente plural en lo identitario y cultural, y que ha arrastrado hasta anteayer un lacerante problema de violencia ideológica.
El trasfondo sobre el que se han dibujado estas singularidades políticas, nos habla de una comunidad próspera y moderna, con altos índices de desarrollo humano y tecnológico, y capaz de generar excedentes económicos para reequilibrar desde valores de equidad y solidaridad, las persistentes diferencias sociales con las que convivimos.
Creo sinceramente que, si uno echa la vista atrás, tanto la otrora militarización de las conciencias como el nivel de crispación política, han disminuido notablemente durante los últimos tres años. A ello ha contribuido definitivamente el fin de ETA, aunque pueden remarcarse algunos otros ingredientes que también han jugado un papel importante.
El Gobierno socialista de Patxi López ha ejercido de fronterizo en todo lo que tiene que ver con las identidades. Ha rebajado la carga emocional, que a veces tanto pesaba, de muchas de las políticas culturales, lingüísticas, educativas o simbólicas que antes estaban presididas por una eterna polémica. Disquisiciones metafísicas sobre lo que somos, lo que deseamos, lo que fuimos o lo que soñamos, han quedado reservadas al ámbito legítimo de lo privado. Los sentimientos de pertenencia, en toda su amplia y variada graduación, sólo habían provocado en el pasado enfrentamientos que nos impedían avanzar en el mutuo reconocimiento de lo que somos unos y otros. De la intrínseca pluralidad de la sociedad vasca, al fin y a la postre.
Por eso me da pena y rabia leer eslóganes de campaña que dicen 'somos más del 51% los que nos sentimos vascos y españoles' u otros que dicen 'si tú no vas, ellos ganan', en referencia al ejercicio del voto. Ese ellos, ese nosotros, ese más del 51%, contiene unas implicaciones nefastas en Euskadi. ¿De qué estamos hablando? ¿De Hutus y Tutsis? ¿De católicos y protestantes? ¿De judíos y musulmanes? ¿Es ese el modelo de convivencia que deseamos para Euskadi? Sinceramente creo que tras la denominación de 'Constitucionalistas' no se pueden ni se deben mezclar opciones políticas que amparen ese tipo de visiones, que sólo aportan material inflamable a los frágiles equilibrios que de forma cotidiana la gente acostumbra a hacer en este País.
Por eso creo que el papel de lo fronterizo, de lo empático con el diferente, del respeto a la diferencia, de la convivencia en definitiva, debe seguir cultivándose, por mucho que aún haya partidos que interpreten las campañas como una barra libre para cualquier recurso que permita arañar votos o pescar en caladeros cautivos. Yo pensaba que el PP vasco había comenzado hace tiempo a representar posiciones más templadas y responsables que las enarboladas en el pasado por Mayor Oreja o Iturgaiz. Por favor, recuérdense los resultados políticos de aquella estrategia.
viernes, 3 de agosto de 2012
La brújula de medianoche
Óscar Rodríguez Vaz. Vitoria-Gasteiz
El pasado 20 de octubre empezó a aclararse el oscuro cielo vasco. Tras décadas de esfuerzo democrático y tres procesos de paz dinamitados con otros tantos atentados, ETA anunció el cese definitivo de su actividad terrorista. Lo conseguimos.
Hace un año sólo parecía posible un final así. Pero hace tres, cuando ETA asesinaba a dos agentes de la Guardia Civil en Mallorca, el actual nos parecía un escenario casi imposible. Nos costaba pensar que serían los últimos asesinados por ETA en España.
Si vemos con urgencias temporales y mediáticas lo ocurrido, nos parecerá que la decisión terrorista de no volver a matar ha sido casi un apunte más de su historia sangrienta, consustancial al mismo hecho de su nacimiento. Si lo vemos con perspectiva, esta legislatura vasca, que nació bajo la amenaza directa de ETA, pasará a la historia por poner fin a una trayectoria que no era sólo violenta, sino que iba acompañada de un componente de justificación, comprensión o consentimiento por parte de sectores sociales, que le habían permitido sobrevivir cincuenta años. Las llamas de los apoyos explícitos e implícitos fueron menguando, pero los rescoldos quedaron.
Lograda la paz, que ha sido lo más duro, tenemos que poner en el objetivo la convivencia, que probablemente será lo más difícil. Porque no va a ser fácil que quienes encontraron en el terror el sentido a sus vidas, reconozcan el daño causado. No va a ser fácil que quienes han crecido en el odio hacia nuestras instituciones, reconozcan ahora la legitimidad de las mismas. Tampoco va a ser fácil que admitamos indubitadamente que no hay atajos en la lucha contra el terrorismo y que hay que aclarar las situaciones en las que estos fueron empleados. No va a ser nada fácil que todos los que han sufrido amenazas en su propia casa, en su barrio, en el bar, junto a sus hijos, vayan ahora a excusarlas, cuando al otro lado todavía hay quienes piensan (e incluso verbalizan) que "algo habrán hecho". Será difícil.
Sin embargo, las cosas no han podido empezar mejor en el terreno de la construcción de la convivencia futura. En las primeras semanas del nuevo tiempo abierto en Euskadi, de la mano del lehendakari, y a raíz de una propuesta de los entonces parlamentarios de Aralar, se constituyó una ponencia parlamentaria para la paz y la convivencia.
Entre dudas, críticas y mucho ruido, la ponencia ha trabajado discretamente, pidiendo aportaciones, escuchando opiniones propias y ajenas, leyendo y escribiendo a varias manos. Y en apenas dos meses de trabajo, 72 de los 75 parlamentarios nos hemos comprometido en un documento en cuyo frontispicio se colocan dos principios:
1. Para una paz con memoria. La paz y la convivencia futura requieren el reconocimiento de la injusticia de la violencia, el reconocimiento del daño causado y de la dignidad de las víctimas, todas ellas merecedoras del derecho a la verdad, la justicia y la reparación.
2. Garantía de no repetición. Ni una sola causa política puede situarse por encima de los principios básicos de la ética y el respeto a los derechos humanos. Los derechos humanos constituyen un absoluto ético por encima de cualquier causa.
PNV, PSE-EE, PP, Ezker Anitza y los tres parlamentarios expulsados de Aralar (precisamente por impulsar esta ponencia parlamentaria), acordamos esos principios que constituyen un suelo ético para el futuro. Un suelo por el que todos, los que están y los que estarán en las instituciones, tendremos que pasar en el camino hacia el futuro.
Ese acuerdo se formalizó y publicitó a los pies de una escultura que preside la entrada al Parlamento Vasco, la "brújula de medianoche" de Cristina Iglesias, que se erigió en memoria de todas las víctimas del terrorismo. Un lugar simbólico para dar luz a un acuerdo, en mi opinión, histórico. Un acuerdo, el primero, en el largo camino hacia un futuro diferente, hacia un futuro mejor.
Porque yo imagino un futuro mejor. Imagino un futuro en el que el debate público en Euskadi esté centrado en la lucha contra la pobreza (aquí y fuera de aquí), en la ampliación de los derechos de ciudadanía y en la multiplicación de la inversión en creatividad e I+D como fórmula para lograr un desarrollo sostenible en su sentido más amplio.
Imagino gobiernos diferentes en el futuro en nuestros ayuntamientos. Gobiernos "normales" (hoy impensables) entre PP y PNV o entre el PSE-EE y la izquierda abertzale al frente de las instituciones comunes.
Imagino el futuro de Euskadi como el amanecer de cualquiera de los días que viviemos en este periodo estival, luminoso. Pero para superar nuestro oscuro pasado y atravesar el nublado presente, necesitamos dejarnos guiar por la “brújula de medianoche”. Para no olvidar. Para que nunca más se vuelva a repetir.
lunes, 16 de julio de 2012
El futuro vasco y el exceso de principios del PP
Juan Carlos Alonso. Vitoria-Gasteiz.
En realidad no me molesta que el Partido Popular mienta. Lo hace tan habitualmente que ya se ha convertido en parte del paisaje. Lo que realmente me irrita es que nos tomen por gilipollas. Es una tentación en la que incurren de forma reiterativa y contumaz.
Lo hicieron cuando convencieron por unas horas a todos los medios de comunicación españoles de que era ETA la responsable del atentado de Atocha. “-¿A quién creeremos?, preguntaba Aznar indignado ante las cámaras de televisión, ¿a Otegui o al Ministerio del Interior del Gobierno de España?” -Pues a Otegui, cantamañanas, le respondía la gente después de haber acudido a Le Monde y al The Guardian buscando respuestas ante la mentira orquestada desde el Ejecutivo español.
Aquellos días me sentí como cuando en las casas se escuchaba Radio Pirenáica ante la cerrazón informativa del régimen franquista. Y volví a sentir idéntica sensación cuando escuché a Mariano Rajoy, una vez más mintiendo a sabiendas, celebrar el rescate bancario como si nos hubiera tocado el bingo universal, antes de largarse a ver a la Roja a Polonia.
En esta ocasión el pitorreo fue de dimensión mundial. El “You say tomato, I say boil-out” del Financial Times fue como para pedir la baja. Como para borrarnos y nacionalizarnos en las Islas Salomon. Bueno, tampoco. Mejor en la Isla de Nunca Jamás, donde nadie crece y todos permanecen con la edad de la inconsciencia forever and ever.
Tendríamos que exigir daños y perjuicios a nuestros representantes públicos cuando dicen estas falacias en público, para sonrojo del respetable, pensando que la audiencia es subnormal. Y cuando apuestan a que sus votantes ni leen prensa internacional, ni la salmón, ni el listín telefónico. Y que como son tontos de baba –piensan sus avezados asesores de comunicación- no se van a coscar de la farfolla dialéctica que les soltamos.
¿A quién le importa hacer el ridículo mundial si la prensa adicta te salva la cara y te convierte en referente mundial contra la crisis? ¿A quién diantres le importa la imagen de España ante Europa o ante Estados Unidos, si total sólo les entienden cuatro listos? Se dirá Rajoy.
Desde luego hemos de concluir que al Gobierno de la piel de toro no le importa nuestro patético ridículo mundial. Porque todo lo arreglan entre la Roja, Nadal y Fernando Alonso. No es de extrañar que nos degrade Fitch, Moodys, y hasta el presidente del Foro de Brasil del Medio Ambiente, convirtiendo a nuestro Presidente Rajoy en Prime Minister of The Solomon Islands.
Del mismo modo, Basagoiti en Euskadi se apunta a las poses y patalea ahora insistiendo en que Sortu es ETA; y se cisca en el criterio del Tribunal Constitucional. Y Alonso vaticina que es el primer día de la cuenta atrás para su ilegalización. Mientras tanto, su verso suelto Maroto se monta orgías de pactos para desayunar un día si y otro también con Bildu navegando en la coyuntura con una naturalidad pasmosa más propia del siglo XXII.
Y es que lo realmente asombroso del PP vasco es que andan sobrados de principios. Tan sobrados que utilizan unos para reunirse con COVITE, otros para pactar con BILDU en la Vitoria promiscua de Maroto –políticamente hablando, entiéndase-, y otros para negociarse la cartera con el PNV en la Ley de Cajas. Que una cosa es defender el solar patrio y otra ser tonto.
Y es que esto de modular el mensaje –falsear la realidad, sin eufemismos- se ha convertido en el modus operandi de la derecha. Donde dijeron digo, dicen diego. Pero lo hacen con tal desenvoltura que pareciera que no son ellos, sino el mundo y las hemerotecas los equivocados. Como si los principios no existieran sino en función del contexto. Y como si todo lo que fuera imprescindible hoy, pudiera resultar prescindible mañana.
En España, la mayoría absoluta y la prensa adocenada y cortés -salvo honrosas y escasas excepciones- hace posible maquillar los efectos colaterales de las decisiones semanales del Consejo de Ministros. Pero en Euskadi asistimos a un momento trascendental para nuestro futuro y no estamos para francotiradores.
El PP, y especialmente el vasco, debiera preguntarse qué quiere ser de mayor. Si el agitador del fantasma de España, con acento en la primera ‘a’; o si se apunta y arrima el hombro en la reconstrucción de la democracia vasca tras la derrota de ETA. Pasó el tiempo de la política de brochazo. Es el tiempo del pincel, y de trenzar la paz con hilo fino, como si de una alfombra afgana se tratase.
Es cierto que las trincheras imprimen carácter. Pero ha estallado la paz, señoras y señores, y toca recomponer, construir convivencia, preservar y redactar con lealtad y veracidad el relato del sufrimiento. Y para eso sobran las mentiras de manejo de coyunturas; están de más los opositores a don Pelayo; y faltan hombres con sentido de estado. ¿Quién se apunta?
En realidad no me molesta que el Partido Popular mienta. Lo hace tan habitualmente que ya se ha convertido en parte del paisaje. Lo que realmente me irrita es que nos tomen por gilipollas. Es una tentación en la que incurren de forma reiterativa y contumaz.
Lo hicieron cuando convencieron por unas horas a todos los medios de comunicación españoles de que era ETA la responsable del atentado de Atocha. “-¿A quién creeremos?, preguntaba Aznar indignado ante las cámaras de televisión, ¿a Otegui o al Ministerio del Interior del Gobierno de España?” -Pues a Otegui, cantamañanas, le respondía la gente después de haber acudido a Le Monde y al The Guardian buscando respuestas ante la mentira orquestada desde el Ejecutivo español.
Aquellos días me sentí como cuando en las casas se escuchaba Radio Pirenáica ante la cerrazón informativa del régimen franquista. Y volví a sentir idéntica sensación cuando escuché a Mariano Rajoy, una vez más mintiendo a sabiendas, celebrar el rescate bancario como si nos hubiera tocado el bingo universal, antes de largarse a ver a la Roja a Polonia.
En esta ocasión el pitorreo fue de dimensión mundial. El “You say tomato, I say boil-out” del Financial Times fue como para pedir la baja. Como para borrarnos y nacionalizarnos en las Islas Salomon. Bueno, tampoco. Mejor en la Isla de Nunca Jamás, donde nadie crece y todos permanecen con la edad de la inconsciencia forever and ever.
Tendríamos que exigir daños y perjuicios a nuestros representantes públicos cuando dicen estas falacias en público, para sonrojo del respetable, pensando que la audiencia es subnormal. Y cuando apuestan a que sus votantes ni leen prensa internacional, ni la salmón, ni el listín telefónico. Y que como son tontos de baba –piensan sus avezados asesores de comunicación- no se van a coscar de la farfolla dialéctica que les soltamos.
¿A quién le importa hacer el ridículo mundial si la prensa adicta te salva la cara y te convierte en referente mundial contra la crisis? ¿A quién diantres le importa la imagen de España ante Europa o ante Estados Unidos, si total sólo les entienden cuatro listos? Se dirá Rajoy.
Desde luego hemos de concluir que al Gobierno de la piel de toro no le importa nuestro patético ridículo mundial. Porque todo lo arreglan entre la Roja, Nadal y Fernando Alonso. No es de extrañar que nos degrade Fitch, Moodys, y hasta el presidente del Foro de Brasil del Medio Ambiente, convirtiendo a nuestro Presidente Rajoy en Prime Minister of The Solomon Islands.
Del mismo modo, Basagoiti en Euskadi se apunta a las poses y patalea ahora insistiendo en que Sortu es ETA; y se cisca en el criterio del Tribunal Constitucional. Y Alonso vaticina que es el primer día de la cuenta atrás para su ilegalización. Mientras tanto, su verso suelto Maroto se monta orgías de pactos para desayunar un día si y otro también con Bildu navegando en la coyuntura con una naturalidad pasmosa más propia del siglo XXII.
Y es que lo realmente asombroso del PP vasco es que andan sobrados de principios. Tan sobrados que utilizan unos para reunirse con COVITE, otros para pactar con BILDU en la Vitoria promiscua de Maroto –políticamente hablando, entiéndase-, y otros para negociarse la cartera con el PNV en la Ley de Cajas. Que una cosa es defender el solar patrio y otra ser tonto.
Y es que esto de modular el mensaje –falsear la realidad, sin eufemismos- se ha convertido en el modus operandi de la derecha. Donde dijeron digo, dicen diego. Pero lo hacen con tal desenvoltura que pareciera que no son ellos, sino el mundo y las hemerotecas los equivocados. Como si los principios no existieran sino en función del contexto. Y como si todo lo que fuera imprescindible hoy, pudiera resultar prescindible mañana.
En España, la mayoría absoluta y la prensa adocenada y cortés -salvo honrosas y escasas excepciones- hace posible maquillar los efectos colaterales de las decisiones semanales del Consejo de Ministros. Pero en Euskadi asistimos a un momento trascendental para nuestro futuro y no estamos para francotiradores.
El PP, y especialmente el vasco, debiera preguntarse qué quiere ser de mayor. Si el agitador del fantasma de España, con acento en la primera ‘a’; o si se apunta y arrima el hombro en la reconstrucción de la democracia vasca tras la derrota de ETA. Pasó el tiempo de la política de brochazo. Es el tiempo del pincel, y de trenzar la paz con hilo fino, como si de una alfombra afgana se tratase.
Es cierto que las trincheras imprimen carácter. Pero ha estallado la paz, señoras y señores, y toca recomponer, construir convivencia, preservar y redactar con lealtad y veracidad el relato del sufrimiento. Y para eso sobran las mentiras de manejo de coyunturas; están de más los opositores a don Pelayo; y faltan hombres con sentido de estado. ¿Quién se apunta?
domingo, 10 de junio de 2012
La otra batalla ideológica en Euskadi
De cara a los próximos meses necesitamos reforzar nuestro discurso ideológico de país y adaptar el proyecto del PSE-EE al nuevo escenario de la política vasca que ha surgido tras los resultados de las elecciones municipales y forales, así como tras las consecuencias del comunicado de ETA el 20-O y la victoria del PP el 20-N.
Es cierto que se está haciendo una buena gestión por el Lehendakari y su Gobierno, pero la ciudadanía, me temo, no irá a votar motivada por la gestión realizada. Ni siquiera en reconocimiento a un Lehendakari socialista que no ha jugado a confrontar, ni al frentismo. Ojalá me equivoque pero así veo la situación.
Después de largos años, el centro de nuestro proyecto ya no se sitúa en acabar con ETA, ni en lograr la paz. Aun siendo cierto que resta un largo camino para asentar la paz y aunque esté pendiente la disolución de ETA, para la gran mayoría de la ciudadanía "eso ya está conseguido". Se acabó, tenemos que provocar la movilización ciudadana para frenar el secesionismo y las incertidumbres que conlleva.
Tampoco somos ya la referencia atractiva de un PSOE que gobierne en España frente a la derecha. Y por distintas razones, como los errores en la gestión de la crisis por el gobierno de Zapatero y las denuncias surgidas de movimientos del tipo 15-M que han calado en sectores de la sociedad española como se refleja en las encuestas. Me refiero a las críticas a los comportamientos de los Partidos por la falta de transparencia, por sus actitudes partidistas y por los casos de corrupción). Sin olvidar el rechazo que suscitaba entre nuestros votantes el acuerdo suscrito con el PP por la gobernabilidad de Euskadi. Por todo ello, la identidad de izquierda del PSE-EE se ha visto resentida.
Es evidente que las cosas han cambiado mucho en estos 3 años. Entonces, ¿cual podría ser el discurso novedoso que refuerce el proyecto del Socialismo Vasco en las próximas elecciones?
En mi opinión, es muy necesario preparar bien el combate ideológico y emocional al secesionismo, al independentismo soberanista que busca la fractura social entre vascos . Y lo tendríamos que hacer desde la defensa de la convivencia entre diferentes, la defensa del autogobierno plasmado en un Estatuto de Autonomía objeto de desprecio por el nacionalismo y la búsqueda de la integración y la cohesión ciudadana. Por ahí debería el PSE-EE profundizar en su discurso.
A modo de ejemplo, recuerdo que hicimos una muy buena gestión en el Ayto de San Sebastián, con un gobierno transversal de izquierdas. Y sin embargo, los electores nos dieron la patada. Nos faltó enfatizar un discurso propio, más ideológico que no partidista, y explicar lo que se jugaba la ciudad. Me equivoqué al pensar que los donostiarras valorarían por si mismos la buena gobernanza y el modelo de ciudad que habíamos creado. Y no tuvimos en cuenta la gran incidencia de fenómenos políticos del momento que se volvieron en nuestra contra.
Olvidemos las encuesta sobre intención de voto en las elecciones vascas. Queda mucho partido por jugar, lo sé. Ahora que tenemos el necesario divorcio liberador del PP, busquemos factores emocionales con los que llegar a la ciudadanía, planteamientos y argumentos novedosos para responder a las amenazas soberanistas que pueden impedir la construcción del clima de convivencia que necesita Euskadi. Es el complemento imprescindible al proyecto de modelo de país que plantea Patxi Lopez desde la izquierda para luchar contra la crisis.
Una consideración final pero importante para sumar apoyos y recuperar un papel sustancial en el futuro de Euskadi. Necesitaremos que el PSOE acierte con su estrategia ante el PP en la lucha contra la crisis. Una estrategia que ha de incluir propuestas para la regeneración de la política y de los Partidos, para la mejora real de la calidad de la democracia y la investigación a fondo y valiente de casos como Bankia. Y siempre antes de que los indignados, que son legión, nos lleven por delante con sus iniciativas.
Lo cierto es que el documento que he elaborado para alimentar este debate ya está disponible para la dirección del PSE-EE. Faltaría el estudio que ha puesto en marcha la Fundacion Mario Onaindía sobre los costes, contradicciones y perjuicios del proceso secesionista y de la independencia. ¿A qué esperamos para trasladar nuestras reflexiones a la sociedad vasca?
Escrito por Odón Elorza: odonelorzag@gmail.com
Es cierto que se está haciendo una buena gestión por el Lehendakari y su Gobierno, pero la ciudadanía, me temo, no irá a votar motivada por la gestión realizada. Ni siquiera en reconocimiento a un Lehendakari socialista que no ha jugado a confrontar, ni al frentismo. Ojalá me equivoque pero así veo la situación.
Después de largos años, el centro de nuestro proyecto ya no se sitúa en acabar con ETA, ni en lograr la paz. Aun siendo cierto que resta un largo camino para asentar la paz y aunque esté pendiente la disolución de ETA, para la gran mayoría de la ciudadanía "eso ya está conseguido". Se acabó, tenemos que provocar la movilización ciudadana para frenar el secesionismo y las incertidumbres que conlleva.
Tampoco somos ya la referencia atractiva de un PSOE que gobierne en España frente a la derecha. Y por distintas razones, como los errores en la gestión de la crisis por el gobierno de Zapatero y las denuncias surgidas de movimientos del tipo 15-M que han calado en sectores de la sociedad española como se refleja en las encuestas. Me refiero a las críticas a los comportamientos de los Partidos por la falta de transparencia, por sus actitudes partidistas y por los casos de corrupción). Sin olvidar el rechazo que suscitaba entre nuestros votantes el acuerdo suscrito con el PP por la gobernabilidad de Euskadi. Por todo ello, la identidad de izquierda del PSE-EE se ha visto resentida.
Es evidente que las cosas han cambiado mucho en estos 3 años. Entonces, ¿cual podría ser el discurso novedoso que refuerce el proyecto del Socialismo Vasco en las próximas elecciones?
En mi opinión, es muy necesario preparar bien el combate ideológico y emocional al secesionismo, al independentismo soberanista que busca la fractura social entre vascos . Y lo tendríamos que hacer desde la defensa de la convivencia entre diferentes, la defensa del autogobierno plasmado en un Estatuto de Autonomía objeto de desprecio por el nacionalismo y la búsqueda de la integración y la cohesión ciudadana. Por ahí debería el PSE-EE profundizar en su discurso.
A modo de ejemplo, recuerdo que hicimos una muy buena gestión en el Ayto de San Sebastián, con un gobierno transversal de izquierdas. Y sin embargo, los electores nos dieron la patada. Nos faltó enfatizar un discurso propio, más ideológico que no partidista, y explicar lo que se jugaba la ciudad. Me equivoqué al pensar que los donostiarras valorarían por si mismos la buena gobernanza y el modelo de ciudad que habíamos creado. Y no tuvimos en cuenta la gran incidencia de fenómenos políticos del momento que se volvieron en nuestra contra.
Olvidemos las encuesta sobre intención de voto en las elecciones vascas. Queda mucho partido por jugar, lo sé. Ahora que tenemos el necesario divorcio liberador del PP, busquemos factores emocionales con los que llegar a la ciudadanía, planteamientos y argumentos novedosos para responder a las amenazas soberanistas que pueden impedir la construcción del clima de convivencia que necesita Euskadi. Es el complemento imprescindible al proyecto de modelo de país que plantea Patxi Lopez desde la izquierda para luchar contra la crisis.
Una consideración final pero importante para sumar apoyos y recuperar un papel sustancial en el futuro de Euskadi. Necesitaremos que el PSOE acierte con su estrategia ante el PP en la lucha contra la crisis. Una estrategia que ha de incluir propuestas para la regeneración de la política y de los Partidos, para la mejora real de la calidad de la democracia y la investigación a fondo y valiente de casos como Bankia. Y siempre antes de que los indignados, que son legión, nos lleven por delante con sus iniciativas.
Lo cierto es que el documento que he elaborado para alimentar este debate ya está disponible para la dirección del PSE-EE. Faltaría el estudio que ha puesto en marcha la Fundacion Mario Onaindía sobre los costes, contradicciones y perjuicios del proceso secesionista y de la independencia. ¿A qué esperamos para trasladar nuestras reflexiones a la sociedad vasca?
Escrito por Odón Elorza: odonelorzag@gmail.com
martes, 22 de mayo de 2012
Arrepentimiento, perdón,... convivencia
Me encuentro estos días reflexionando: ¿es posible construir la convivencia entre los vascos después de la situación de violencia vivida a lo largo de tantos años en nuestra sociedad? Y, la verdad, el tema es mucho más complejo de lo que algunos quisiéramos.
Podemos hablar y discutir de muchos temas, pero en definitiva, únicamente podremos impedir los formatos totalitarios asegurando las formulas democráticas mediante un trabajo de convencimiento a largo plazo, elaborando un relato que integre en la memoria las vivencias de todos los sectores, aceptando todas las singularidades y respetando todas las diferencias.
Difícil. Difícil porque el convencimiento tiene que ser sincero y debe venir por todas las parte. Para ello, de cara al futuro, es imprescindible que los hechos se presenten de forma completa siendo conscientes que no existe una única verdad y todos los puntos de vista tienen su propia realidad… y también la nuestra.
El relato que debemos procesar de nuestro pasado, de nuestro presente, debe ser objetivo. Los hechos, los datos, deben ser analizados con profesionalidad sin ocultar ningún aspecto de manera intencionada y alejándolos de la pasión propia de los sentimientos para ser justos en el resultado final.
Y la conclusión a la que llego echando una mirada a mi alrededor, es que para alcanzar el objetivo de la convivencia va a ser necesario un proceso largo en el tiempo, muy largo. Y a buen seguro, algunos no lo vamos a ver finalizado.
Por ejemplo, a pesar de los 151 años pasados desde que el norte y el sur de los Estados Unidos se enfrentaran en la sangrienta Guerra de Secesión, aún hoy en lo más profundo del país se sigue habla de las “dos almas”. Y eso por no entrar en el típico pero más cercano ejemplo de “las 2 españas”.
Y es que desde mi rincón sigo viendo una división tan clara entre los que han utilizado la violencia para condicionar la vida de los que no pensamos igual, que cualquier aproximación nos va a obligar a grandes dosis de respeto por todas las partes. Un respeto que, querámoslo o no, inconscientemente, no nos merecen los de enfrente. Un respeto que deberán y deberemos conquistar.
Los que creemos que se ha diseñado un falso conflicto para argumentar disculpas mientras desde los pulpitos se bendecía a los verdugos, los que hemos resistido mientras otros recogían nueces, los que no hemos aceptado la situación como algo normal mientras otros miraban hacia otro lado, los que hemos puesto una y mil veces la otra mejilla… ahora tenemos un desafío de extraordinarias dimensiones. Nunca debiéramos haber vivido una experiencia como la que nos ha tocado vivir. Pero si bien no podemos cambiar lo que ha ocurrido, ¿podremos aprender de ello? Seguro que sí. Tenemos que hacerlo.
En estos momentos, en nuestras manos tenemos la oportunidad de cimentar el futuro reforzando los valores del modelo democrático y construir las bases de la convivencia que impidan que cualquier tipo de violencia totalitaria pueda volver a implantarse entre nosotros. Está en nuestras manos, porque no solamente somos fundamentales, somos imprescindibles. Sin nosotros no hay futuro.
No es fácil. No nos lo están poniendo fácil. Y mucho menos aún cuando nosotros tenemos que tragar saliva, mientras que del lado del nacionalismo nos provocan con proposiciones secesionistas negando la condición de vascos a quienes nos rebelamos a sus tesis y viendo que su único fin es el de forzar una postura siniestra: “o conmigo o contra mí”.
Para construir la convivencia, además de nosotros, muchos son los que deberán reflexionar. Porque, evidentemente, únicamente no se puede construir la convivencia en el contexto de una sociedad democrática donde exclusivamente se respete la pluralidad de las ideas, y donde no se argumenten “diferencias” para injuriar, o se utilice “la cultura” para excluir. Sino que, además será necesario alcanzar un formato legal ampliamente aceptado, que equivalga a un largo periodo de distensión y donde se fijen unas reglas de juego ciertas e inamovibles que nos permitan vivir juntos entre diferentes por muchos, muchos años. Unas reglas que, tras ser fijadas no se pretendan de manera sistemática rebasar. Cualquier otra cosa no es solución. Si "su" paz es cualquier otra cosa, no la queremos.
Por otra parte, personalmente estoy seguro de que, con el tiempo, muy poca gente hablará de reconciliación, porque todos debemos ser conscientes que si no hay arrepentimiento, el perdón se hace imposible… y están dejando muy claro que no están arrepentidos. Ni están arrepentidos, ni están pidiendo perdón, ni siquiera han dejado claro que no vayan a volver a las andadas… más bien todo lo contrario.
Y sin ambas cosas, sin arrepentimiento y sin perdón, de la misma forma que pasa en otros puntos del mundo, la reconciliación parece improbable. Claro que tanto el arrepentimiento como el perdón, son algo que suponen procesos internos personales muy complejos que ni se han dado, ni se dan en ninguna parte del universo.
Debemos entender que la mención de la reconciliación es algo que queda muy bien en negro sobre blanco (el papel lo soporta todo), pero en tanto que el mero hecho de su exigencia puede ser una piedra insalvable en nuestro camino de convivencia, el arrepentimiento, el perdón y, en definitiva, la reconciliación no deben ser temas prioritarios. En nuestra tarea para la convivencia no pueden ser objetivo principales. No pueden ser, ni lo van a ser. Simplemente respeto.Por lo tanto, contentémonos con defender la consolidación del régimen democrático, apuntalemos unas normas que asienten los preceptos mínimos para no hacernos daño los unos y los otros, impidamos la construcción de murallas y miremos al futuro para que las próximas generaciones puedan tener la oportunidad que a nosotros nos fue negada. Hagámoslo por ellas.
Escrito por Tony Alonso Intriago: landaigo@gmail.com
Podemos hablar y discutir de muchos temas, pero en definitiva, únicamente podremos impedir los formatos totalitarios asegurando las formulas democráticas mediante un trabajo de convencimiento a largo plazo, elaborando un relato que integre en la memoria las vivencias de todos los sectores, aceptando todas las singularidades y respetando todas las diferencias.
Difícil. Difícil porque el convencimiento tiene que ser sincero y debe venir por todas las parte. Para ello, de cara al futuro, es imprescindible que los hechos se presenten de forma completa siendo conscientes que no existe una única verdad y todos los puntos de vista tienen su propia realidad… y también la nuestra.
El relato que debemos procesar de nuestro pasado, de nuestro presente, debe ser objetivo. Los hechos, los datos, deben ser analizados con profesionalidad sin ocultar ningún aspecto de manera intencionada y alejándolos de la pasión propia de los sentimientos para ser justos en el resultado final.
Y la conclusión a la que llego echando una mirada a mi alrededor, es que para alcanzar el objetivo de la convivencia va a ser necesario un proceso largo en el tiempo, muy largo. Y a buen seguro, algunos no lo vamos a ver finalizado.
Por ejemplo, a pesar de los 151 años pasados desde que el norte y el sur de los Estados Unidos se enfrentaran en la sangrienta Guerra de Secesión, aún hoy en lo más profundo del país se sigue habla de las “dos almas”. Y eso por no entrar en el típico pero más cercano ejemplo de “las 2 españas”.
Y es que desde mi rincón sigo viendo una división tan clara entre los que han utilizado la violencia para condicionar la vida de los que no pensamos igual, que cualquier aproximación nos va a obligar a grandes dosis de respeto por todas las partes. Un respeto que, querámoslo o no, inconscientemente, no nos merecen los de enfrente. Un respeto que deberán y deberemos conquistar.
Los que creemos que se ha diseñado un falso conflicto para argumentar disculpas mientras desde los pulpitos se bendecía a los verdugos, los que hemos resistido mientras otros recogían nueces, los que no hemos aceptado la situación como algo normal mientras otros miraban hacia otro lado, los que hemos puesto una y mil veces la otra mejilla… ahora tenemos un desafío de extraordinarias dimensiones. Nunca debiéramos haber vivido una experiencia como la que nos ha tocado vivir. Pero si bien no podemos cambiar lo que ha ocurrido, ¿podremos aprender de ello? Seguro que sí. Tenemos que hacerlo.
En estos momentos, en nuestras manos tenemos la oportunidad de cimentar el futuro reforzando los valores del modelo democrático y construir las bases de la convivencia que impidan que cualquier tipo de violencia totalitaria pueda volver a implantarse entre nosotros. Está en nuestras manos, porque no solamente somos fundamentales, somos imprescindibles. Sin nosotros no hay futuro.
No es fácil. No nos lo están poniendo fácil. Y mucho menos aún cuando nosotros tenemos que tragar saliva, mientras que del lado del nacionalismo nos provocan con proposiciones secesionistas negando la condición de vascos a quienes nos rebelamos a sus tesis y viendo que su único fin es el de forzar una postura siniestra: “o conmigo o contra mí”.
Para construir la convivencia, además de nosotros, muchos son los que deberán reflexionar. Porque, evidentemente, únicamente no se puede construir la convivencia en el contexto de una sociedad democrática donde exclusivamente se respete la pluralidad de las ideas, y donde no se argumenten “diferencias” para injuriar, o se utilice “la cultura” para excluir. Sino que, además será necesario alcanzar un formato legal ampliamente aceptado, que equivalga a un largo periodo de distensión y donde se fijen unas reglas de juego ciertas e inamovibles que nos permitan vivir juntos entre diferentes por muchos, muchos años. Unas reglas que, tras ser fijadas no se pretendan de manera sistemática rebasar. Cualquier otra cosa no es solución. Si "su" paz es cualquier otra cosa, no la queremos.
Por otra parte, personalmente estoy seguro de que, con el tiempo, muy poca gente hablará de reconciliación, porque todos debemos ser conscientes que si no hay arrepentimiento, el perdón se hace imposible… y están dejando muy claro que no están arrepentidos. Ni están arrepentidos, ni están pidiendo perdón, ni siquiera han dejado claro que no vayan a volver a las andadas… más bien todo lo contrario.
Y sin ambas cosas, sin arrepentimiento y sin perdón, de la misma forma que pasa en otros puntos del mundo, la reconciliación parece improbable. Claro que tanto el arrepentimiento como el perdón, son algo que suponen procesos internos personales muy complejos que ni se han dado, ni se dan en ninguna parte del universo.
Debemos entender que la mención de la reconciliación es algo que queda muy bien en negro sobre blanco (el papel lo soporta todo), pero en tanto que el mero hecho de su exigencia puede ser una piedra insalvable en nuestro camino de convivencia, el arrepentimiento, el perdón y, en definitiva, la reconciliación no deben ser temas prioritarios. En nuestra tarea para la convivencia no pueden ser objetivo principales. No pueden ser, ni lo van a ser. Simplemente respeto.Por lo tanto, contentémonos con defender la consolidación del régimen democrático, apuntalemos unas normas que asienten los preceptos mínimos para no hacernos daño los unos y los otros, impidamos la construcción de murallas y miremos al futuro para que las próximas generaciones puedan tener la oportunidad que a nosotros nos fue negada. Hagámoslo por ellas.
Escrito por Tony Alonso Intriago: landaigo@gmail.com
martes, 15 de mayo de 2012
La socialdemocracia vasca del siglo XXI
Sostengo que en Euskadi se dan las condiciones idóneas para proceder a la regeneración y modernización de la izquierda vasca, reclamando para ello el liderazgo de los socialistas vascos. Para trabajar devolviéndole el protagonismo a la política y a la palabra, lastradas por el peso dialéctico que sin duda ha tenido el plomo. Para debatir sobre unas bases diferentes, en las que los progresistas planteamos alternativas, frente a la regresión y a las políticas conservadoras de los nacionalismos vasco y español. Porque el fin de ETA ha cambiado radicalmente el escenario. Y o cambiamos o, a buen seguro, nos cambian.
Nos la pasamos respondiendo a Basagoiti. Interpretando el oráculo del nacionalismo, versión Urkullu hoy, o Egibar mañana. Y este presente imperfecto nos lleva a conducirnos en el corto plazo, enzarzados en discursos domésticos cuando debemos reclamar altura de miras y ser capaces de ver más allá.
Sostengo que el futuro vasco está lleno de oportunidades para la política y, más aún, para la formulación de una socialdemocracia vasca, genuina, que replantee y sume los diferentes colores políticos en clave de izquierda, de vasquismo y de ciudadanía.
El manto de la violencia nos llevó a parapetarnos en trincheras. Y ese atrincheramiento se refleja paralelamente en el debate político. Hemos vivido demasiado tiempo como resistentes y acabamos pensando como resistentes. Por eso creo firmemente que la socialdemocracia nos ofrece la oportunidad del mestizaje, del compromiso ideológico con los valores de ciudadanía, y la permeabilización del socialismo obrero clásico con la ilustración del pensamiento liberal e ilustrado que reclamaba don Indalecio Prieto. Así, seremos realmente el proyecto que más se parece a una sociedad plural, mestiza y alejada de ortodoxias y paisajes políticos monocromáticos.
La socialdemocracia es un concepto plenamente contemporáneo. En primer lugar porque responde mejor a una ideología o a una ética incluyente que cualquier –ismo. Pese a todo, quienes se reclaman la esencia de la izquierda lo utilizan con desdén y con cierto énfasis despectivo. Como si el socialismo fuera una suerte de jamón ‘pata negra’ y la socialdemocracia no fuera sino ‘jamón yor’.
Nada más lejos de la realidad. La socialdemocracia constituye una fe laica que encierra valores de socialismo y de ciudadanía. Que plantea de modo previo una ética de la austeridad, como formulan algunos teóricos, que desprecia el arribismo y las tentaciones de desclasarse, y que viene a profesar el ‘vive como piensas, si no quieres acabar pensando como vives’.
La socialdemocracia, por tanto, no es una formulación tanto como un way of living, o un way of thinking si se prefiere. Supone compartir los valores de la austeridad, de la solidaridad, de una vida espartana en clave machadiana-ligeros de equipaje-, de la conexión permanente de acción y pensamiento.
La socialdemocracia requiere debate y huye del silencio. Es contraste de ideas, es tensión ideológica, es equilibrio inestable y compromiso con el pensamiento. Es reformulación. Y supone, de una parte, vivir en la duda de quien respeta el conocimiento y huir, de otra, de las certidumbres de quien anida en la ortodoxia.
La socialdemocracia vasca exige agitar los sectores más emergentes de la Universidad; pasa por reclamar el compromiso con el Tercer Sector; nos llama a recuperar de la demolición Popular las cenizas de la Cooperación al Desarrollo; requiere enunciar el euskera para la creación y la comunicación y no para la confrontación; y reivindica la revisión en profundidad de un modelo de fiscalidad desfasado e inadecuado.
Pero hoy, sobre todo, socialdemocracia es abrir el partido socialista de Euskadi a la sociedad. Es hacerlo transversal y abierto a la sociedad. Es invitar a los viejos roqueros de Aralar que huyen del uniforme intelectual. Es sumar a los escaldados del oportunismo madracista refugiados en Anitza. Y es recuperar las prendas de los Euskadikos, en lo que de debate de izquierda vasca ilustrada representaron.
Tenemos ante nosotros un modelo de gestión alternativo al que nos ofrecen las derechas, lo que ha venido en definirse el ‘modelo Euskadi’, frente a la voladura del estado del bienestar. Debemos de abrir con celeridad esa casa y esa causa comunes que, en mi modesta opinión, sólo será si se define desde un reformulación de la izquierda vasca en torno a la socialdemocracia.
Escrito por Juan Carlos Alonso: jcalonso@vitoria-gasteiz.org
Nos la pasamos respondiendo a Basagoiti. Interpretando el oráculo del nacionalismo, versión Urkullu hoy, o Egibar mañana. Y este presente imperfecto nos lleva a conducirnos en el corto plazo, enzarzados en discursos domésticos cuando debemos reclamar altura de miras y ser capaces de ver más allá.
Sostengo que el futuro vasco está lleno de oportunidades para la política y, más aún, para la formulación de una socialdemocracia vasca, genuina, que replantee y sume los diferentes colores políticos en clave de izquierda, de vasquismo y de ciudadanía.
El manto de la violencia nos llevó a parapetarnos en trincheras. Y ese atrincheramiento se refleja paralelamente en el debate político. Hemos vivido demasiado tiempo como resistentes y acabamos pensando como resistentes. Por eso creo firmemente que la socialdemocracia nos ofrece la oportunidad del mestizaje, del compromiso ideológico con los valores de ciudadanía, y la permeabilización del socialismo obrero clásico con la ilustración del pensamiento liberal e ilustrado que reclamaba don Indalecio Prieto. Así, seremos realmente el proyecto que más se parece a una sociedad plural, mestiza y alejada de ortodoxias y paisajes políticos monocromáticos.
La socialdemocracia es un concepto plenamente contemporáneo. En primer lugar porque responde mejor a una ideología o a una ética incluyente que cualquier –ismo. Pese a todo, quienes se reclaman la esencia de la izquierda lo utilizan con desdén y con cierto énfasis despectivo. Como si el socialismo fuera una suerte de jamón ‘pata negra’ y la socialdemocracia no fuera sino ‘jamón yor’.
Nada más lejos de la realidad. La socialdemocracia constituye una fe laica que encierra valores de socialismo y de ciudadanía. Que plantea de modo previo una ética de la austeridad, como formulan algunos teóricos, que desprecia el arribismo y las tentaciones de desclasarse, y que viene a profesar el ‘vive como piensas, si no quieres acabar pensando como vives’.
La socialdemocracia, por tanto, no es una formulación tanto como un way of living, o un way of thinking si se prefiere. Supone compartir los valores de la austeridad, de la solidaridad, de una vida espartana en clave machadiana-ligeros de equipaje-, de la conexión permanente de acción y pensamiento.
La socialdemocracia requiere debate y huye del silencio. Es contraste de ideas, es tensión ideológica, es equilibrio inestable y compromiso con el pensamiento. Es reformulación. Y supone, de una parte, vivir en la duda de quien respeta el conocimiento y huir, de otra, de las certidumbres de quien anida en la ortodoxia.
La socialdemocracia vasca exige agitar los sectores más emergentes de la Universidad; pasa por reclamar el compromiso con el Tercer Sector; nos llama a recuperar de la demolición Popular las cenizas de la Cooperación al Desarrollo; requiere enunciar el euskera para la creación y la comunicación y no para la confrontación; y reivindica la revisión en profundidad de un modelo de fiscalidad desfasado e inadecuado.
Pero hoy, sobre todo, socialdemocracia es abrir el partido socialista de Euskadi a la sociedad. Es hacerlo transversal y abierto a la sociedad. Es invitar a los viejos roqueros de Aralar que huyen del uniforme intelectual. Es sumar a los escaldados del oportunismo madracista refugiados en Anitza. Y es recuperar las prendas de los Euskadikos, en lo que de debate de izquierda vasca ilustrada representaron.
Tenemos ante nosotros un modelo de gestión alternativo al que nos ofrecen las derechas, lo que ha venido en definirse el ‘modelo Euskadi’, frente a la voladura del estado del bienestar. Debemos de abrir con celeridad esa casa y esa causa comunes que, en mi modesta opinión, sólo será si se define desde un reformulación de la izquierda vasca en torno a la socialdemocracia.
Escrito por Juan Carlos Alonso: jcalonso@vitoria-gasteiz.org
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