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lunes, 15 de abril de 2013

El espacio común de PSE-EE y PSN

Óscar Rodríguez Vaz. Vitoria-Gasteiz. @rvoscar


La “corrupción” y “la política y los políticos” están entre los principales problemas de la ciudadanía española, por detrás del “paro” y la “situación económica”, según el último estudio del Centro de Investigaciones Sociológicas. A la luz de los últimos acontecimientos, y con unos datos de desempleo no tan desastrosos en la Comunidad Foral, estoy convencido de que “la corrupción” y “la política y los políticos” son ya los dos problemas principales para la población navarra.

Somos muchos los que creemos en la política y en la democracia. Y quizás por ello suframos tanto al observar cómo el sistema se derrumba ante nuestros ojos, al tiempo que sus actores fundamentales mantienen una aparente mirada impasible. ¿Cómo entender que todo el mundo siga “en sus puestos” con la que está cayendo, por ejemplo, en Navarra? Será la Justicia quien determine si el ex Presidente o el actual alcalde de Pamplona cometieron delito, pero ambos dos, junto a Yolanda Barcina, son culpables de haber cometido una inmoralidad indigna de cualquier cargo público.

Mi reflexión no tenía por objeto abordar este cáncer para la democracia que se extiende de forma acelerada a lo largo y ancho de la piel de toro. No terminaría el artículo, porque si bien la crisis está contribuyendo a desigualar a las regiones de España en materia de renta, en cambio parece estar igualándolas en cuanto a escándalos vinculados a presuntos delitos de corrupción.

Más bien, empiezo hablando de esta materia para defender la necesidad de una regeneración política aquí. Una regeneración, que a mi juicio, debería ser liderada por la izquierda no nacionalista desde la oposición pura y dura, si no quiere quedarse sin espacio de juego para algunos años. Y esta máxima sería aplicable tanto en Navarra como en Euskadi, aunque empezaré por la primera.

El PSN fue la segunda fuerza política en las elecciones de 2011, ganado por la mínima a NaBai. Pero en la práctica, es la tercera, tras la incorporación de Aralar a la coalición EHBildu. También es la tercera formación en el Ayuntamiento de Pamplona, con sólo 3 concejales. Con estos mimbres, ¿tiene el PSN la responsabilidad de echar sobre sus espaldas la responsabilidad de sostener las instituciones que lidera una formación política protagonista en los escándalos de la CAN? Más aún, con los recortes económico-ideológicos que se perpetran con la excusa de la crisis económica, y que UPN comparte con el Gobierno Central, ¿tiene algún sentido que un partido de izquierdas dé estabilidad a gobiernos de derechas, sean estas nacionales, nacionalistas o regionalistas?

Creo que la situación requiere que el PSN baje a la calle con nuevos referentes sociales y construya con la sociedad progresista una alternativa en clave de regeneración democrática y, por supuesto, una alternativa en materia socio-económica. Y pienso que si no lo hace de forma urgente, dejará el camino expedito para que EHBildu sea la principal fuerza política en las próximas elecciones forales.

Salvando todas las distancias que existen entre Euskadi y Navarra, y entre el PSE-EE y el PSN, a mi juicio, el camino que debe transitar el socialismo vasco se asemeja bastante al que debería recorrer el navarro. Me explico.

A un extremo tenemos al PP, con una posición clara en Euskadi y un nicho electoral no muy alto, pero relativamente estable en los últimos 25 años. Hoy día, además, gobierna las principales instituciones alavesas. En el otro extremo estaría EHBildu, formación nueva en apariencia (injusta apariencia), también con una posición muy definida y gobernando decenas de ayuntamientos importantes y la Diputación en Gipuzkoa. Entre ambas esquinas, el PNV, gobernando Euskadi, Bizkaia y ayuntamientos en los tres territorios. Una formación que, bajo el envoltorio de la gestión rigurosa y culpabilizando a la herencia recibida, lo primero que ha hecho es presentar unos Presupuestos recortados un 10% sobre la fatalista base del “no hay alternativa”.

¿Y el PSE-EE? Habiendo sido tercera fuerza política en las últimas elecciones autonómicas – y tras haber sufrido sendos varapalos en las locales y en las generales un año antes –, no gobernando ni diputaciones, ni más de 6 ayuntamientos vascos, ¿debe empezar a acordar con el PNV por “el bien del país” o por la “delicada” situación? ¿Acaso “el bien del país” no importaba de 2010 a 2012, cuando el gobierno del PSE-EE era torpedeado por las diputaciones? ¿No era también entonces “delicada” la situación? Además, el PSE-EE entregaría de forma gratuita (e injusta, otra vez) la bandera de la alternativa de izquierdas y de la crítica social a EHBildu, siempre que ETA no vuelva.

Esto en cuanto al modelo de oposición en lo socio-económico, pero también hay un importante hueco que rellenar en materia de regeneración política en Euskadi. Aunque los escándalos navarros no tengan sus equivalentes vascos (no al menos en este momento), la desafección hacia la política y las instituciones no tiene a la corrupción como única causa; son muchas, muy variadas, y también se dan en Euskadi. Y este es un importante flanco que si el PSE-EE no cubre de inmediato, serán otros quienes lo hagan.

Pienso, en definitiva, que el espacio del PSE-EE pasa por abrirse a la calle con nuevos referentes sociales y presentar sendas alternativas progresistas en materia socio-económica y en el campo de la regeneración política. Este sí, un espacio común con el PSN.


(Artículo publicado en Diario Vasco, 13.04.13)

jueves, 4 de abril de 2013

Lluvia de lágrimas

Julio Herrero Romero. @HerreroJulio jherrero2007@gmail.com



Media España llora de dolor porque no ha podido “procesionar” a los pasos de su devoción a causa de la lluvia, mientras la otra media sigue llorando con el dolor de la crisis que la ha llevado al paro y a la desesperación. ¡Tremendo país éste siempre con lágrimas!, pero mientras los primeros lloran por causas claras, con responsables concretos como son las nubes, los segundos siguen sin entender la razón por la que tienen que ser ellos los que paguen los platos rotos sin que los culpables asuman su responsabilidad. La asuman y la paguen.

Esto ya es demasiado, aquí muchos se lo han llevado y a los demás nos toman por tontos, y si usted protesta, manifestándose ante la casa, el partido o el banco, de los responsables, por acción u omisión, de su tragedia, ya vendrán los guardias con órdenes de ese ministro del Interior tan católico y practicante, a pedirle la documentación; y si hace al caso, pasarle por el cuartelillo a tomarle la filiación: “por lo que pueda ocurrir”, que hay que tener mano dura con los que insultan a nuestros próceres, no vayan a pasar al acoso y les provoquen una crisis de ansiedad.

Todo el mundo tiene derecho a manifestarse, pero con orden – que diría la delegada del gobierno en Madrid – no le vayan a tomar por filoetarra o cosas peores, si es que las hay. Santa indignación, sin duda, han de tener los políticos del PP – al menos los que hemos visto por la tele – que ven turbada su paz y tranquilidad por los gritos y caceroladas de aquellos que han perdido su vivienda, o sus ahorros de toda la vida. ¡Qué culpa tendrán ellos, y los otros!, se limitaron a asistir a los consejos de administración de las cajas que fueron a la quiebra, a votar en el Congreso las leyes que de injustas pasaron a ilegales tras la sentencia de los tribunales de Europa, a no mover un dedo por atajar una situación que iba al desastre. Siguieron las indicaciones de sus partidos, de sus aparatos de poder, náufragos de la razón obsesionados por salvar sus naves sin ver el acantilado hacia el que se dirigían.

No sacar a los santos cuando llueve parece ser la consigna. Tranquilo Sr. Rajoy tras la pasión viene la resurrección y siempre que ha llovido a escampado, sobre todo para algunos.


(Artículo publicado en Diario Noticias de Álava el 1 de abril de 2013)

jueves, 21 de marzo de 2013

¿Por dónde puede empezar a cambiar la política?

Denis Itxaso. Donostia. @DenisItxaso

A hilo de un certero artículo de opinión que publicaba Moisés Naím el pasado domingo sobre las mutaciones que experimenta el poder, salí pensando el martes del Ayuntamiento acerca de cómo acertar con la actitud política, desde la oposición a un Gobierno local con quienes tenemos abismales diferencias. Somos oposición, pero en ningún caso ajenos a las dificultades por las que atraviesan las personas y las organizaciones, empezando por el propio Consistorio.

Los grupos municipales, que solemos ser a veces criticados por el alto volumen de nuestros reproches al Alcalde Izagirre, el pasado martes optamos en bloque por dar vía libre a los presupuestos municipales para el año 2013. Puede resultar sorprendente, pero así fue. Ni el PP, ni el PNV ni el PSE-EE llevaron al Pleno ninguna enmienda a la totalidad que persiguiese la devolución de los presupuestos, que es una manera de permitir su aprobación. Es obvio que unos se sentirán más identificados que otros con ese documento, ya que es el que mejor refleja el rumbo político que el gobierno que lo ha presentado pretende imprimirle a la ciudad. Pero nadie quiso ser responsable de que San Sebastián se quedara sin presupuesto. Ciertamente los socialistas optamos en esas circunstancias por negociar duro con el Gobierno para que ese plácet a los presupuestos no resultase gratuito, si no que reflejase una buena cantidad de iniciativas que nosotros consideramos prioritarias para Donostia.

Sin embargo, el debate no estuvo exento de dobles y triples juegos y de acusaciones calculadas , hasta parecer que quien se erige como alternativa de gobierno, está abocado a desarrollar una política de duro desgaste, cueste lo que cueste, y caiga quien caiga. ¿Olvidamos acaso que en medio están los ciudadanos y sus barrios y muchos intereses en juego como para que todo se reduzca al viejo desafío del "conmigo o contra mí"?

Y pensando en estas cosas, me acordé de algo que explicó muy gráficamente Rubalcaba hace dos semanas en una entrevista televisiva. "Resulta que cuando trato de acordar y proponer cosas de forma constructiva al Gobierno, el camarero de la cafetería que está al lado del Congreso, me reprocha que no doy caña al PP y que hay que ser mucho más exigentes. Pero cuando la semana siguiente he tratado de denunciar con toda la vehemencia de la que soy capaz los desmanes del Gobierno, cuando he optado por ser incisivo y duro en los reproches políticos, entonces el camarero me dice, disgustado, que a ver cuándo demonios nos vamos a poner de acuerdo los políticos para sacar este País adelante".

Esta sencilla pero clarificadora anécdota, que resume las contradicciones en la que se encuentra sumergida la política democrática, viene a cuento porque hay actitudes básicas que la gente practicamos a diario en nuestras vidas y trabajos, y que no debieran resultar ajenas ni incompatibles entre sí cuando ejercemos de políticos. Negociar, acordar, discutir, reprochar, discrepar, colaborar, ayudar, denunciar, comunicar, escuchar... Todo forma parte del mismo juego, que ni es blanco nuclear, ni negro azabache. Y cuanto más naturalmente nos desenvolvamos, evitando imposturas y exageraciones, más fácil nos resultará recuperar la conexión con esta sociedad aburrida de tanto teatro.

En parte somos presos de nosotros mismos. Hemos empleado demasiado tiempo confinando la política en compartimentos estancos, y, cuando la realidad imperante y la madurez ciudadana nos obliga a actuar con flexibilidad y transparencia, nos encontramos esclerosados para dar respuestas ágiles en defensa del interés general. Esa atrofia de los reflejos, sumada a la renuncia de los políticos por explicar, por hacer pedagogía y confiar en la capacidad de comprensión y espíritu crítico de la ciudadanía, ha estrechado el campo de juego político hasta convertirlo en mero tacticismo diario. Una colección más o menos imaginativa de frases hechas y titulares reduccionistas.

Quizás un cambio de actitud en este sentido podría devolvernos parte de la credibilidad perdida. Se ha hablado mucho de la honestidad e integridad como consecuencia de los escándalos de corrupción que sacuden la política y otros ámbitos de la vida pública. Y sigue siendo necesario mantener ese nivel de exigencia básico para evitar la degradación del sistema democrático. Pero no estaría de más que también trabajásemos la esfera de las actitudes, y contribuir así a humanizar más el ejercicio de la política. No podemos seguir dando esta imagen de seres extraterrestres e imperturbables; de lo contrario, no deberá extrañarnos que asistamos al epílogo de la democracia representativa.

jueves, 7 de marzo de 2013

Un nuevo contrato social: la transparencia

Óscar Rodríguez Vaz. Vitoria-Gasteiz. @rvoscar http://oscarrodriguezvaz.blogspot.com


Las principales instituciones del Estado están siendo percibidas como un problema para la ciudadanía. Se percibe en la calle y lo corroboran, serie a serie, los estudios del Centro de Investigaciones Sociológicas. Los partidos políticos, las Autonomías, la Monarquía, símbolos de la estabilidad y perdurabilidad del sistema ideado y acordado en la Transición, inspiran más desconfianza que nunca.

Y es que, ciertamente, llevamos unas semanas “gloriosas”. En medio de la mayor crisis económica desde el “crack” del 29, no hay forma de encender la televisión y no encontrarse con novedades sobre el caso Bárcenas y las cuentas del partido político que gobierna España; o declaraciones desafortunadas de la presidenta Barcina en torno a “su” caja de ahorros, uno de los símbolos de la extensión de la influencia partidaria en ámbitos que les deberían ser ajenos; o nuevas pruebas que van cercando a miembros de la institución que fue elegida como árbitro y moderador de nuestro sistema, la Monarquía.

Todo este caldo de cultivo, añadido a la obsolescencia de nuestro sistema institucional – lógico, después de 35 años de funcionamiento prácticamente inmutable –, nos sitúa ante una grave crisis de confianza. Esta desconfianza ha alimentado, y lo seguirá haciendo, los diferentes estallidos sociales vividos en los últimos años.

En su último libro, el profesor Manuel Castells sitúa precisamente en esa desconfianza, el origen de las movilizaciones que se han vivido en todo el mundo: “La confianza se desvaneció. Y la confianza es lo que cohesiona a una sociedad, al mercado y a las instituciones. Sin confianza, nada funciona. Sin confianza, el contrato social se disuelve y la sociedad desaparece, transformándose en individuos a la defensiva que luchan por sobrevivir”.

Pues bien, en la medida en que las relaciones sociales en democracia se establecen de acuerdo a mecanismos contractuales, urge la firma de un nuevo contrato basado en la confianza. Y, en mi opinión, la mejor forma de transmitir confianza pasa por dos elementos estrechamente relacionados entre sí: transparencia y la dación de cuentas.

Las medidas de transparencia y dación de cuentas están llamadas a ser uno de los pilares de la tan cacareada – y no por ello menos necesaria – regeneración política que debe experimentar nuestro país. La opacidad que preside la toma de muchas decisiones y la falta de explicación posterior de las mismas, ha provocado que este tipo de medidas se conviertan en una exigencia recurrente de la parte más concienciada y dinámica de nuestra sociedad, que será, al fin y al cabo, quien nos saque de la situación en la que estamos sumidos.

Hacen falta medidas de transparencia radical en la política, en la sociedad, en la empresa. Por ejemplo, en tanto en cuanto su principal fuente de ingresos es la Administración Pública, todos los partidos políticos sin excepción, deberían dar cuenta tanto de sus balances, como de su patrimonio. Por ejemplo, durante el tiempo que ejerzan, los diferentes cargos públicos de todos los niveles institucionales deberían estar obligados a publicitar la evolución de sus declaraciones de actividades y bienes. O, por ejemplo, cualquier ciudadano debería poder conocer el destino de los dineros públicos que reciba cualquier empresa (pública, parapública o participada), así como las declaraciones de bienes y actividades de los responsables de tales empresas.

Y también son necesarias medidas de rendición de cuentas en las instituciones y en los propios partidos políticos. Un ejemplo que ya se practica en otros países: se pueden introducir, tanto en los partidos como en las instituciones de representación, mecanismos que permitan la revocación de un cargo público u orgánico de cualquier nivel por incumplimiento de su plan de acción, del programa electoral o de los compromisos personales que hubiere adquirido. No puede ser que tengamos que aguantar durante cuatro años a una persona que, durante el primer semestre de su mandato, ya haya incumplido sus principales promesas electorales.

En definitiva, no sé si alguna vez en el tiempo la hubo, pero desde luego hoy no hay excusa alguna para no poner a disposición de la gente lo que es suyo. No hay razón para ocultar a la sociedad el destino último y las explicaciones sobre la utilización del dinero que se obtiene de sus impuestos. Además, con los avances tecnológicos que se han experimentado y la extensión de los mismos al conjunto de la sociedad, no hay impedimentos para que se puedan conocer ese destino y las explicaciones “just in time”.Muchísimas personas creen aún en la política, en el sistema democrático-institucional. Yo soy uno de ellas. Y por eso precisamente apuesto por su reforma urgente. Porque si no lo hacemos quienes nos lo creemos, corremos el riesgo de que un movimiento populista de discurso fácil - y aún más fácil financiación - sea quien lidere no ya su reforma, sino su demolición.


Artículo publicado en DIARIO VASCO (07.03.13).


jueves, 14 de febrero de 2013

Es la estructura, estúpido!

Imanol Zubero. Bilbao. www.imanol-zubero.blogspot.com


El pasado lunes 28 de enero comenzó el segundo cuatrimestre y mi regreso a la docencia de grado, después de cuatro años. He vuelto con tres asignaturas nuevas, que nunca antes había impartido: "Instituciones y procesos sociales" en 1º de Sociología y de Ciencia Política; "Estructuras y procesos sociales en el País Vasco", en 2º de Sociología; y "Bienestar y políticas sociales", en 3º. La preparación de estas asignaturas, con sus correspondientes prácticas según el modelo Bolonia, me ha mantenido desde entonces retirado de este blog (y del mío). 

Instituciones y procesos, estructuras y procesos... Como hemos trabajado estos días en las clases, se trata del núcleo mismo de la ciencia social: ¿los agentes sociales son totalmente libres a la hora de actuar o están constreñidos por condicionantes estructurales? Cuando de explicar los fenómenos sociales se trata, ¿hay que buscar las claves en los comportamientos individuales o en las instituciones en cuyo seno actuamos las personas? Evidentemente, la respuesta no puede ser sólo estructural ni sólo individual. Somos y actuamos en el marco de estructuras e instituciones. Como señalara Pierre Bourdieu, "hay una fuerte correlación entre las posiciones sociales y las disposiciones de los agentes que las ocupan". Sin embargo, en condiciones normales somos más estructura que acción individual, y nuestros comportamientos se explican más adecuadamente por nuestras circunstancias que por nuestro yo más personal.

¡Es la estructura, estúpido! Dicho sea sin intención de ofender. Pero el socorrido eslogan acuñado por James Carville, asesor de Bill Clinton en la exitosa campaña presidencial de 1992 -It´s the politics, stupid!resulta más que oportuno en estos momentos.

El PP se ha desecho de Jesús Sepulveda, ese peculiar "funcionario de esta casa" según la peregrina declaración de ese bobo solemne que actúa como vicesecretario de organización y mamporrero vocacional del PP. También caerá Ana Mato, no me cabe ninguna duda. Caerá, porque esa es la estrategia sacrificial a la que recurren los partidos con el fin de obviar sus responsabilidades institucionales y orgánicas en los casos de corrupción. Es la estrategia del "había un golfo que [nos] estaba engañado y los golfos salen inmediatamente del partido", en memorable expresión de otro secretario de organización.
Pero el problema no es individual, sino estructural. Lo señala correctamente José Antonio Gómez Llano en un artículo en EL PAÍS:

No son casos individuales de alcaldes o concejales que se forran con un plan urbanístico o una licencia; presidentes de diputación o alcaldes que colocan decenas de clientes para garantizarse su apoyo; desaprensivos (Gürtel) o financiación ilegal del partido (Filesa o Naseiro). Son metástasis en las sedes centrales abonadas por el descontrol del dinero, utilizado para “engrasar la maquinaria” o llevárselo. Es la estación término de la política de la Transición que, para estabilizar los partidos, concentró en sus cúpulas los resortes sobre el acceso, ascenso y exclusión de la política. O sea, para incluir y ordenar candidatos en listas electorales, excluir a los disidentes de los órganos del partido —controlando las elecciones internas con listas cerradas para todo—, repartir cargos en las Administraciones y satélites, dilatar el periodo entre sus congresos (cada cuatro años: solo Berlusconi y el Partido Comunista Chino lo superan), escapar al control de sus parlamentos internos (anulándolos en la práctica) y sobre sus cuentas. 

jueves, 7 de junio de 2012

Un país sin vergüenza

El Presidente del Tribunal Supremo gasta dinero público (más el gasto que ocasionan siete escoltas) en cenorrios en la muy nobre y honrada Marbella para intentar engatusar a un jovencito. Ultracatólico, le nombró un gobierno del PSOE. Un tal José Luis Olivas -que fue presidente de la Generalitat de Valencia- ha arruinado tres bancos: Bancaja, Banco de Valencia y de paso Bankia-La Caja del PP. El famoso Paco Camps sigue en la calle, podrá ver la Fórmula 1 mientras se recorta en I+D+i, Sanidad y Educación. Fabra, el cacique de Castellón, construyó un aeropuerto sin aviones. Gestores políticos del PSOE arruinaron Caja Castilla-La Mancha y ayudaron a promover el aeropuerto privado de Ciudad Real, también sin aviones. La Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia está infrautilizada: 1.100 millones. 94 de estos 1.100 millones han servido para pagar al arquitecto Calatrava. Dos ex-presidentes dos autonómicos del PP de Baleares (Cañellas y Matas) siguen en la calle a pesar de haber sido condenados por corrupción. El Bigotes y el Correa (los brazos ejecutores Gürtel-Financiación ilegal del PP) también están en la calle. Bankia-La Caja del PP era un modelo de gestión, hace un mes sus balances reflejaban un beneficio de 300 millones en 2011. Ahora, en junio, parece ser que ha perdido 23.000 millones. El responsable es Rodrigo Rato, va a cobrar una indemnización de 1.2 millones de euros por los servicios prestados. Otros altos directivos de Bankia-La Caja del PP cobrarán 14 millones de euros (sí, 14 millones de euros). Todos estos están en la calle. Calle que si conocen las miles de familias desahuciadas que cometieron el error de pensar que eran ricos y que podían tener una casa en propiedad. Rico era el anterior presidente de la CEOE, Díaz Ferrán que a pesar de tener una nutrida colección de coches de lujo se declaró insolvente para no pagar a sus trabajadores. También sigue en la calle.

El valedor político del PP de Valencia de los que usaban los fondos de la Cooperación al desarrollo para comprarse lofts y Cayennes sigue siendo portavoz en Las Cortes de Valencia (aunque parezca lo contrario, Las Cortes de Valencia no tienen nada que ver con Las Cortes de Bilbao). Los gestores de la empresa de aguas de Valencia esquilmaron 40 millones de euros para gastárselo en traductoras rumanas con las que compartían habitación de hotel (sic). Rita Barberá será reelegida por el pueblo valenciano aunque los gestores de Emarsa (todos del PP) los puso ella. Joseba Egibar se abraza en el Parlamento con aquellos ex-afiliados del PNV que junto a ertzainas se dedicaban a espiar a políticos. El miembro de la familia real Iñaki Urdangarin -alavés e hijo de un afiliado del PNV y pésimo gestor de la Caja Vital, q.e.p.d.- era contratado por equipos de futbol para que les asesorara. 800.000 euros a cambio de un powepoint de 12 páginas realizado por un becario al que pagaban en negro. Los equipos de futbol deben más de 700 millones de euros a una seguridad social deficitaria. Para tapar otros agujeros el PP ha decidido que el dinero del narcotráfico, la prostitución y la especulación inmobiliaria puede ser blanqueado al módico precio del 10 %.

Podría seguir, pero no es necesario. No por mencionar más escándalos va a pasar algo. Al contrario, en España nunca pasa nada, nunca se pagan responsabilidades. Este país ha perdido la vergüenza. Gran parte de la clase política ha perdido el respeto a las instituciones y a los votantes. Acumulamos escándalos una tras otro sin ningún problema. Situaciones que en la Europa a la que queremos emular supondrían dimisiones en cadena, aquí solo suponen editoriales interesadas de uno u otro signo –según el caso-. Solo hay que aguantar el temporal un par de semanas y a seguir Livin’ La Vida Loca.

La respuesta de la mal llamada oposición del PSOE es contundente, mucho: en el caso de Bankia-La Caja del PP, el escándalo del agujero de cuatro billones de pesetas se puede solventar con unas comparecencias en el Parlamento. Lo de Dívar, hombre, “se puede pedir la dimisión si no comparece”. ¿Los desahuciados? “Dejemos que se encarguen los del 15-M, que eso de protestar no es de políticos de Estado”. ¿Manifestarse delante de las casas de los arruinadores de cajas que se llevan 14 millones de indemnización? “Vaya, otro de la ETA”.

Se está analizando con detenimiento cuáles son los problemas y los retos a los que debe enfrentarse la socialdemocracia en Euskadi, España y Europa: adoptar un modelo económico propio, abrir a la participación de militantes y ciudadanos en los partidos y en el conjunto de la sociedad, rearme ideológico… Pero creo que la socialdemocracia, el PSOE, tiene que presentar una batalla atroz a todo el cúmulo de desvaríos y escándalos que salpican todas las instituciones del Estado. Tiene que ser el pepito grillo de la desclasada, desnortada y desentendida sociedad española. Tiene que ser la palanca de la recuperación de esa terrible sensación de ponerte rojo de indignación y vergüenza ante un escándalo.

Pero esto no se consigue de la noche a la mañana. Es un proceso largo. Pero es la responsabilidad histórica de la Izquierda aportar la dignidad y la honradez que le falta a la derecha. Una responsabilidad acentuada con el hecho de que el PSOE ha gobernado 22 de los 37 años de democracia. Si nunca pasa nada, si parece que hay una estrecha vinculación entre bastardos intereses políticos y financieros, si dimitir es un verbo que no se conjuga y que desaparecerá en la próxima edición de la RAE, algo de esto será por culpa del PSOE. Todos somos conscientes de que Pablo Iglesias se revolvería en su tumba si viera el comportamiento de parte de las élites políticas de la Izquierda: su condescendencia con el derroche de dinero público en proyectos inservibles o no estudiados, la hipocresía entre lo que se predica y cómo se vive, la creación de una nueva generación de señoritos bajo el paraguas del progresismo, la manera de entender el sindicalismo… Solo un dato: en el consejo de Bankia se sentaban un sindicalista de UGT, un miembro de IU y otro del PSOE.

Sí, el socialismo tiene que liderar otra ética de lo público en la que la austeridad, la honradez sean los principios motores. El socialismo debe ser ejemplarizante en sus cargos públicos y orgánicos, ser coherente con lo que se defiende. Nadie dice que un socialista no tenga derecho a una buena casa, unas buenas vacaciones y un buen coche pero de ahí a la impudicia del lujo o a la altivez con el que menos tiene hay un trecho.

Una nueva ética política en la que las decisiones sobre determinadas políticas e inversiones públicas se hagan de acuerdo a estudios y evaluaciones rigurosas y reales con claros parámetros de coste-beneficio. Es necesario establecer nítidamente la relación entre mala gestión y responsabilidades penales. Hay que armar y empoderar al Estado para que tenga herramientas para enjuiciar y encarcelar al prevaricador, al corrupto y al ladrón de guante blanco; impulsar un estricto Código del Buen Gobierno y del Buen Gobernante. Ha llegado el momento en el que es preferible pasarse de puritano e integrista que permitir tanta manga ancha, tanto mirar para otro lado, tantos delitos demostrados pero prescritos.
Si la Izquierda no lidera este cambio, no lo hará la derecha, no lo harán los empresarios, no lo harán los medios de comunicación (ya sean los de Pedro J. o Cebrián). Para la nueva ética de la responsabilidad política es necesario convencimiento, pedagogía y paciencia porque habrá que superar muchos obstáculos. Quiero pensar que en el seno de la Izquierda y de los dirigentes del PSOE existe este convencimiento. Si no fuera así habría que hacer tabla rasa de dos generaciones de políticos que han dirigido España durante 22 años. Dos generaciones: una que miró para otro lado cuando Juan Guerra ocupaba un despacho en la sede de la Junta de Andalucía, y otra que consintió el nombramiento de un consejero en Bankia. A grandes males, grandes remedios.



Escrito por R.Martín: rucarezkerretik@gmail.com