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domingo, 19 de mayo de 2013

La estrategia caníbal de la austeridad

Txarlie García. Las Arenas. @txarliegarcia


 Extremadura, Galicia, Aragón y Madrid , gobernadas por el PP y Euskadi, gobernada por el PNV, dicen que no están por la labor de "premiar" a las comunidades que no han cumplido con el objetivo de déficit. 

Aunque el concepto parezca de sentido común (premiar al que lo hace bien), en realidad lo que quieren remarcar es que las otras comunidades que no han podido o que no han sabido frenar el déficit  tienen que joderse y apechugar. Es la ley del más fuerte, la del rico que se hace más rico, el principio fundamental del capitalismo. Pero en el fondo, lo que se deduce de estas declaraciones es que cada comunidad autónoma va por su lado al grito de ¡tonto el último!

Lo peor es que además de entablar una competición destructiva entre ciudadanos (que somos los que realmente sufrimos los recortes como consecuencia del déficit), damos por admisible este austericidio merkeliano. 

Sin embargo, lo curioso que estas comunidades que intentan rapiñar unas décimas de déficit más que su vecino, lo hacen para poder gastar más, para poder endeudarse un poquito más y pagar los servicios públicos que han estado recortando. Esta relajación del déficit, que es buena para los ciudadanos, es en realidad un contrasentido para esta derechona que abomina del endeudamiento y nos dice que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, la que nos dice que nos tenemos que duchar con agua fría, comer yogures caducados y que es una demagogia que pague más impuestos quien más gana. 

La posición antiausteridad sería digna de aplaudir, si no fuera por la competición caníbal en las que nos quieren meter con muy poco acierto. 

lunes, 15 de abril de 2013

El espacio común de PSE-EE y PSN

Óscar Rodríguez Vaz. Vitoria-Gasteiz. @rvoscar


La “corrupción” y “la política y los políticos” están entre los principales problemas de la ciudadanía española, por detrás del “paro” y la “situación económica”, según el último estudio del Centro de Investigaciones Sociológicas. A la luz de los últimos acontecimientos, y con unos datos de desempleo no tan desastrosos en la Comunidad Foral, estoy convencido de que “la corrupción” y “la política y los políticos” son ya los dos problemas principales para la población navarra.

Somos muchos los que creemos en la política y en la democracia. Y quizás por ello suframos tanto al observar cómo el sistema se derrumba ante nuestros ojos, al tiempo que sus actores fundamentales mantienen una aparente mirada impasible. ¿Cómo entender que todo el mundo siga “en sus puestos” con la que está cayendo, por ejemplo, en Navarra? Será la Justicia quien determine si el ex Presidente o el actual alcalde de Pamplona cometieron delito, pero ambos dos, junto a Yolanda Barcina, son culpables de haber cometido una inmoralidad indigna de cualquier cargo público.

Mi reflexión no tenía por objeto abordar este cáncer para la democracia que se extiende de forma acelerada a lo largo y ancho de la piel de toro. No terminaría el artículo, porque si bien la crisis está contribuyendo a desigualar a las regiones de España en materia de renta, en cambio parece estar igualándolas en cuanto a escándalos vinculados a presuntos delitos de corrupción.

Más bien, empiezo hablando de esta materia para defender la necesidad de una regeneración política aquí. Una regeneración, que a mi juicio, debería ser liderada por la izquierda no nacionalista desde la oposición pura y dura, si no quiere quedarse sin espacio de juego para algunos años. Y esta máxima sería aplicable tanto en Navarra como en Euskadi, aunque empezaré por la primera.

El PSN fue la segunda fuerza política en las elecciones de 2011, ganado por la mínima a NaBai. Pero en la práctica, es la tercera, tras la incorporación de Aralar a la coalición EHBildu. También es la tercera formación en el Ayuntamiento de Pamplona, con sólo 3 concejales. Con estos mimbres, ¿tiene el PSN la responsabilidad de echar sobre sus espaldas la responsabilidad de sostener las instituciones que lidera una formación política protagonista en los escándalos de la CAN? Más aún, con los recortes económico-ideológicos que se perpetran con la excusa de la crisis económica, y que UPN comparte con el Gobierno Central, ¿tiene algún sentido que un partido de izquierdas dé estabilidad a gobiernos de derechas, sean estas nacionales, nacionalistas o regionalistas?

Creo que la situación requiere que el PSN baje a la calle con nuevos referentes sociales y construya con la sociedad progresista una alternativa en clave de regeneración democrática y, por supuesto, una alternativa en materia socio-económica. Y pienso que si no lo hace de forma urgente, dejará el camino expedito para que EHBildu sea la principal fuerza política en las próximas elecciones forales.

Salvando todas las distancias que existen entre Euskadi y Navarra, y entre el PSE-EE y el PSN, a mi juicio, el camino que debe transitar el socialismo vasco se asemeja bastante al que debería recorrer el navarro. Me explico.

A un extremo tenemos al PP, con una posición clara en Euskadi y un nicho electoral no muy alto, pero relativamente estable en los últimos 25 años. Hoy día, además, gobierna las principales instituciones alavesas. En el otro extremo estaría EHBildu, formación nueva en apariencia (injusta apariencia), también con una posición muy definida y gobernando decenas de ayuntamientos importantes y la Diputación en Gipuzkoa. Entre ambas esquinas, el PNV, gobernando Euskadi, Bizkaia y ayuntamientos en los tres territorios. Una formación que, bajo el envoltorio de la gestión rigurosa y culpabilizando a la herencia recibida, lo primero que ha hecho es presentar unos Presupuestos recortados un 10% sobre la fatalista base del “no hay alternativa”.

¿Y el PSE-EE? Habiendo sido tercera fuerza política en las últimas elecciones autonómicas – y tras haber sufrido sendos varapalos en las locales y en las generales un año antes –, no gobernando ni diputaciones, ni más de 6 ayuntamientos vascos, ¿debe empezar a acordar con el PNV por “el bien del país” o por la “delicada” situación? ¿Acaso “el bien del país” no importaba de 2010 a 2012, cuando el gobierno del PSE-EE era torpedeado por las diputaciones? ¿No era también entonces “delicada” la situación? Además, el PSE-EE entregaría de forma gratuita (e injusta, otra vez) la bandera de la alternativa de izquierdas y de la crítica social a EHBildu, siempre que ETA no vuelva.

Esto en cuanto al modelo de oposición en lo socio-económico, pero también hay un importante hueco que rellenar en materia de regeneración política en Euskadi. Aunque los escándalos navarros no tengan sus equivalentes vascos (no al menos en este momento), la desafección hacia la política y las instituciones no tiene a la corrupción como única causa; son muchas, muy variadas, y también se dan en Euskadi. Y este es un importante flanco que si el PSE-EE no cubre de inmediato, serán otros quienes lo hagan.

Pienso, en definitiva, que el espacio del PSE-EE pasa por abrirse a la calle con nuevos referentes sociales y presentar sendas alternativas progresistas en materia socio-económica y en el campo de la regeneración política. Este sí, un espacio común con el PSN.


(Artículo publicado en Diario Vasco, 13.04.13)

miércoles, 27 de marzo de 2013

Urkullu: Presupuesto cargado de recorte e ideología

Aurelio Romero. Vitoria-Gasteiz. @romeronomada


El lehendakari Urkullu ha pasado la frontera de los primeros 100 días de Gobierno casi sin pisar tierra, y ha conseguido mantener a todos en la sala de espera de sus decisiones, las pocas que ha tomado. La suela de sus zapatos han tenido alas ideológicas desde el primer día, aparentando que eran circunstancias locales o territoriales las que, por ejemplo, le llevaban a respaldar los presupuestos del PP en Álava o ceder sin que lo parezca a la prometida financiación de la capitalidad de Vitoria. Consciente de que necesitaba aparentar convivencia con todos, porque su minoría parlamentaria no le permite grandes alardes, ha sobrevolado de reunión en reunión, dejando acá un principio de acuerdo sobre partidas concretas y allá el rumor de un posible pacto, a corto plazo, con el PSE-EE.

En la certeza de que sólo EH Bildu pretendería pasarle con el afán nacionalista, atenazó pactos que dejan intocable la política que esta coalición desarrolla en la Diputación de Gipuzkoa y el Ayuntamiento de Donostia, porque, con igual certeza, continuarán siendo coprotagonistas del debate nacionalista, cuando ese debate vuelva a estar entre las preferencias del PNV gobernante. Ahora el objetivo es conseguir el apoyo militante del PP y al menos la abstención o enmiendas parciales por parte de los socialistas vascos.

Le queda poco tiempo, apenas tres semanas, para demostrar si tanto silencio durante 100 días han servido para algo más que anunciar un proyecto de Presupuestos para 2013, que dice más en sus folios que cuanto el lehendakari ha manifestado desde antes de tomar posesión.

El PSE-EE ya había aventurado que, en caso de mantener su gobierno, tendría que haber adoptado medidas económicas para reducir el gasto y la inversión en Euskadi, porque la caja tenía un agujero por el que el disponible salía rápido, pero la oposición de todos impidió buscar una mejora del sistema fiscal que permitiese más ingresos. El PSE-EE se limité a convocar elecciones anticipadas y pasar el bastón de mando sobre la crisis presupuestaria al PNV. Y sirvió de poco la auditoría encargada por el PNV sobre las cuentas vascas en el último ejercicio del Gobierno de Patxi López. Una auditoría que el portavoz parlamentario del PSE-EE Josean Pastor calificase “de corta pega”.

Sin nada de interés bajo la alfombra, Urkullu ha perdido la oportunidad de “la herencia recibida” ran propia del PP y su gobierno ha tenido que encarar la elaboración de un presupuesto propio, -que el jueves de la pasada semana entró en el Parlamento- con ideología propia y con una realidad enfrente que es heredada porque la crisis pasa de un año a otro y de uno a otro gobierno irremisiblemente. Estos meses de aparente inactividad del ejecutivo vasco, tantas veces denunciada por los diferentes grupos políticos, no son tanto producto de la sorpresa por la situación real de la economía de Euskadi como del final de esa indeterminación de los jeltzales sobre los remedios a su minoría parlamentaria.

Urkullo pretende huir de un “gobierno a lo Barcina”, sin mayoría suficiente y ruptura con cuanto le rodea. La llama de la movilización que el PNV y EH Bildu principalmente han encendido en sus gobiernos locales o provinciales se extiende ya a otros colectivos sociales y trabajadores de empresas en crisis y, sobre todo, las Administraciones Públicas. Pese a su tejer silencioso, Urkullu y el PNV en todo Euskadi se iba a oner enfrente de su primer espejo, el más importante: el de los Presupuestos para este año, su primer ejercicio de planificación y administración, donde los gobiernos se confiesan la primera vez y todos los años consecutivos, incluso cuando los prorrogan. Era inevitable que esa primera mirada en el espejo real de Urkullu le devolviera a su esencia ideológica más allá de los escarceos con el PSE-EE o quienes mandan en EH Bildu.

Ni el Parlamento le ha servido para distraer la atención, como los debates interruptus sobre la ponencia de paz, y el PSE-EE ha vuelto a demostrar que la maquinaria de gobernar sigue en su mente, gripada como los coches abandonados a su suerte, incapaces de generar iniciativas públicas que nos hagan ver que del gobierno se pasa a la oposición con otro traje y otros niveles de responsabilidad, incluso pública, pero sobre todo social. El tiempo de los congresos para intentar rehacer las costuras de ese “partido viejo que se hace viejo” ha servido de tiempo de espera a Urkullu, sabiendo que los socialistas atendían urgencias que no le afectarían a él. Ni antes ni después de los congresos.

Su dificultad, la de Urkullu, es encontrar los puntos de coincidencia con el PSE-EE, que tuvo un primer amago con el acuerdo sobre algunos cargos institucionales y que, impropio de la habilidad del PNV y la falta de olfato socialista, hizo aguas en el primer paso, el nombramiento del nuevo director de EiTB. Se buscan otros puntos de encuentro, más allá de ese rumor que, como Guadiana, surge y cae cada día, sobre una alianza “de responsabilidad” para fortalecer el gobierno peneuvista y resolver situaciones personales de anteriores cargos socialistas. Pero esos puntos de acuerdo chocan ya en el plano teórico entre los nuevos posicionamientos del PSE-EE en la oposición y los nuevos compromisos del PNV que, como Gobierno, estrena.

Los presupuestos de 2013 se han convertido así en el verdadero campo de escaramuzas entre todos, sobre todo ahora que el PNV ha afianzado su alianza con el PP que, con seguridad, le permitirá sacar adelante las cuentas de la Comunidad. Pero el lehendakari no se resigna a no ser “Urkullu el apaciguador”, con la disolución de ETA si llega, el acercamiento de los presos, el que por primera vez encuentra vías fiscales sin sangrar la historia y competencia de las Diputaciones, quien lleva adelante la Ponencia de Paz del Parlamento vasco, quien presenta el presupuesto más “social”, como lo ha calificado, y quien consiga situarse por encima de su minoría parlamentaria en base al apoyo de todos …… menos EHBildu, que será el adversario común de todos, todos los que Urkullu va a utilizar para recuperar espacio electoral frente a la crisis y frente a la radicalidad, pese a la debilidad mayor de quienes puedan respaldarle.

¿Alianzas? Durante estos meses, el lehendakari Urkullu ha intentado evitar aparecer como el aliado vasco del Gobierno de Madrid, pese al recorrido histórico de estos últimos años en la oposición, buscando la aproximación lírica equidistante con el segundo grupo en votos, EHBildu, los socialistas del PSE-EE y el PP. Ha sido la política de alianzas en los territorios diferentes del País Vasco, esa otra realidad de poderes tan diversos, la que ha ido encadenando los escalones hasta subir al punto final: El pacto con el PP, inevitable desde el comienzo, pero, sobre todo, buscado como remedio a unas cuentas vascas que dan de sí lo que dan aunque la política reclame más.


CON EL PP, ANTES Y DESPUES

No se quiso entrar a tiempo en el debate fiscal, que llevaría según el PSE-EE a una mayor corresponsabilidad de las Diputaciones forales con las cuentas de la Comunidad Autónoma, y la razón más profunda era la de mantener los contrapoderes en un momento en el que quien gobernaba no tenía ya poder en ninguna Diputación. Y Euskadi se ve abocado en los presupuestos de 2013 a atender una crisis mayor de la sabida, retrasada respecto de la general del Estado, pero inaudita para lo acostumbrado. Así, la política impide un mayor frente común contra la crisis y ahora una crisis mayor se reparte por igual.

El lehendakari Urkullu tiene tres semanas para comprobar si, más allá del respaldo inicial del PP, sus presupuestos pueden encontrar un mayor consenso. El calificativo de “presupuestos sociales” para llamar a la conciencia de la izquierda nacionalista o no, y la petición de que el capítulo de inversiones fundamental, el de las infraestructuras, se aborde desde el propio Cupo Económico que mantiene el País Vasco con el Estado.

Un presupuesto con truco evidente que esconde recortes sociales bajo su calificativo y que traslada al Gobierno central y al conjunto de los ciudadanos lo que el PNV no fue capaz de arrancar a los órganos políticos y económicos provinciales, las Diputaciones que este partido gobierna (Vizcaya) o en las que ha hecho posible que otros (HBBildu en Guipuzcoa y PP en Álava) gobiernen.

El gobierno de Urkullu plantea por vía indirecta el mismo mensaje que Artur Mas lanzase en Catalunya antes de su proclama soberanista y posteriores elecciones y, más recientemente, en cuanto a la nueva deuda de las Administraciones catalanas: El Estado nos ahoga. La reivindicación de la autonomía económica como desagravio o, a la inversa, menor aportación a la financiación estatal para contar con mayor capacidad económica para afrontar la crisis. Pero si en Catalunya Mas ha encontrado la oposición de los populares, en Euskadi el pacto PNV-PP viene rodado desde Vitoria.

¿Presupuestos sociales?. Nominalmente solo. Los presupuestos para 2013 del Gobierno vasco introducen una reducción histórica de 1.132 millones de euros, un 10,8 por ciento menos que los del año 2012 y un total disponible de 9.316 millones de euros. Es fácil adivinar, que bajo el título y las cifras iniciales, habrá una realidad que todos adivinan: el ajuste hasta “lo esencial” de los servicios públicos, como el propio lehendakari adelantaba: "Queremos garantizar los servicios esenciales, garantizar el modelo público y universal de Sanidad y el de Educación, y el acceso a los servicios sociales básicos". La senda de la política desarrollada por el Gobierno de Rajoy encuentra su mejor eco en los presupuestos vascos, a los que el PP, antes de tocar papel, ya había dicho “si”.

Se comprobó con claridad que Euskadi entra en la “etapa de sacrificio” como señalaba Urkullu cuando su consejero de Hacienda y Finanzas, Gatzagaetxebarria, entró a detallar las cuentas de 2013: Como ejemplo, el Departamento de Educación, Política Lingüística y Cultura tendrá un descenso del 10,1 por ciento; Empleo y Políticas Sociales un 25,9 por ciento menos que en 2012.

La segunda fuerza política, EHBildu y su lider Laura Mintiegui ya han denunciado “el reparto de la miseria” que supondrán estos presupuestos y ha reclamado mayor valentía en la recaudación fiscal, los impuestos, para construir unos presupuestos “dignos”.

El primer presupuesto del nuevo gobierno vasco es para el PSE-EE una “sangría” de los ciudadanos, acusa al PNV de maquillar los presupuestos, de caer “en el dogma de la austeridad a ultranza" y amenaza con una enmiendas a la totalidad cuando se presenten en el Parlamento de Euskadi.

Si los presupuestos del PNV no dan la talla en opinión de todos, menos del PP, los nacionalistas tendrán en el próximo debate parlamentario la ocasión de demostrar si los acuerdos parciales en las Diputaciones y Vitoria son un preámbulo de su habilidad política o si la talla negociadora del lehendakari es, como la de Rajoy, una sombra que se alarga

viernes, 15 de marzo de 2013

Mintegi y el largo camino de EH Bildu

Aurelio Romero. Vitoria-Gasteiz. @romeronomada

Sólida o no, la creación de la ponencia de paz del Parlamento vasco propuesta por el lehendakari Patxi López en la anterior legislatura es la iniciativa más importante que se ha registrado en toda España tras el alto el fuego voluntario anunciado y hasta ahora cumplido por parte de ETA. Si en aquella ocasión fue la duda del PP para participar en dicha ponencia, en el Pleno de este jueves fue el duro debate entre PP y EHBildu lo que llevó a la presidenta jeltzale a posponer su constitución hasta que se recupere un nivel de diálogo razonable. Es muy probable que, de no haberlo pospuesto, se hubiera destruido ese conato de diálogo entre visiones diferentes de la reciente historia del País Vasco que, hasta ahora, al menos había permitido convertir el Parlamento en un foro menos interesado o “de parte” que cualquiera de los otros convocados o abiertos.

La presidenta Bakartxo Tejería erró el término cuando, poniendo freno a la discusión, apeló al “respeto” entre los miembros de la Cámara. En su intervención, Laura Mintegui, candidata a la Lehenkaritza por EHBildu y su portavoz Parlamentaria, se situó por encima o lejos de ese concepto al abandonar el lenguaje de la campaña electoral y recuperar los tradicionales planteamientos de Batasuna, como si ETA mantuviese su nivel de actividad y la presencia en el Parlamento de la izquierda abertzale fuese consecuencia de una laguna legal.

La intervención de Mintegui fue como un nuevo zarpazo de león mortecino donde aún cuesta ver que la carne vaya cicatrizando, cuando todo el país en su conjunto quiere creer, con un pie en la esperanza y otro en la desconfianza, que un nuevo tiempo va tomando tierra en Euskadi. Hace pocos días que Mintegui acudía al homenaje del Parlamento en conmemoración del asesinato de Fernando Buesa y su escolta, Jorge Díez. Ayer, la portavoz de EH Bildu reflexionaba al hablar de Buesa sobre los muertos que lo son por “causa política”, abriendo de nuevo el foso en el durante casi medio siglo se ha hundido tanta vida y tanto futuro.

Durante este año y medio desde el alto el fuego el debate ya no era la violencia y su legitimación por parte de los violentos, sino cómo ir poniendo una base sólida en esa raya negra del pasado. Hemos avanzado contra la equidistancia y a favor de la conveniencia –y la necesidad- de confiar en que el pasado no puede volver a ser futuro y que, mientras alguien va tomando apunte para el relato, vamos construyendo una nueva realidad sobre la que avanzar. Hoy reviven con fuerza las palabras de Koldo Martínez, portavoz de Geroa Bai junto a Uxue Barcos y presidente de la Asociación de España de Bioética, quien, tajante, afirmaba que la condena de la violencia es el principio de todo lo demás, siendo ese “todo lo demás” por lo que aspiramos. O cuando decía que no hay ética en la comparación de dos violencias desiguales, la de los violentos y la violencia del Estado cuando no cae en la ilegalidad.

Sabemos que el camino futuro sería, será, difícil, lento, complejo y por momentos frustrante. Partimos de una mínima sospecha de paz, pero todos nos hemos aferrado a él como el clavo ardiendo que nos revuelve mientras confiamos en que dure. Laura Mintegui y EH Bildu ha llevado el Parlamento vasco a un día cualquiera de hace dos años y ha provocado, como buscándolo, que la ponencia de paz embarranque contra las palabras o navegue con toda dificultad entre el hierro de la memoria.

Un año y medio de paz no es suficiente para reconstruir medio siglo de destrucción de la convivencia. Laura Mintegui salta por ambos lados del foso negro y anuncia que su recorrido es más particular que común, aun sabiendo que ese largo camino le lleva a ninguna parte.

jueves, 7 de marzo de 2013

Un nuevo contrato social: la transparencia

Óscar Rodríguez Vaz. Vitoria-Gasteiz. @rvoscar http://oscarrodriguezvaz.blogspot.com


Las principales instituciones del Estado están siendo percibidas como un problema para la ciudadanía. Se percibe en la calle y lo corroboran, serie a serie, los estudios del Centro de Investigaciones Sociológicas. Los partidos políticos, las Autonomías, la Monarquía, símbolos de la estabilidad y perdurabilidad del sistema ideado y acordado en la Transición, inspiran más desconfianza que nunca.

Y es que, ciertamente, llevamos unas semanas “gloriosas”. En medio de la mayor crisis económica desde el “crack” del 29, no hay forma de encender la televisión y no encontrarse con novedades sobre el caso Bárcenas y las cuentas del partido político que gobierna España; o declaraciones desafortunadas de la presidenta Barcina en torno a “su” caja de ahorros, uno de los símbolos de la extensión de la influencia partidaria en ámbitos que les deberían ser ajenos; o nuevas pruebas que van cercando a miembros de la institución que fue elegida como árbitro y moderador de nuestro sistema, la Monarquía.

Todo este caldo de cultivo, añadido a la obsolescencia de nuestro sistema institucional – lógico, después de 35 años de funcionamiento prácticamente inmutable –, nos sitúa ante una grave crisis de confianza. Esta desconfianza ha alimentado, y lo seguirá haciendo, los diferentes estallidos sociales vividos en los últimos años.

En su último libro, el profesor Manuel Castells sitúa precisamente en esa desconfianza, el origen de las movilizaciones que se han vivido en todo el mundo: “La confianza se desvaneció. Y la confianza es lo que cohesiona a una sociedad, al mercado y a las instituciones. Sin confianza, nada funciona. Sin confianza, el contrato social se disuelve y la sociedad desaparece, transformándose en individuos a la defensiva que luchan por sobrevivir”.

Pues bien, en la medida en que las relaciones sociales en democracia se establecen de acuerdo a mecanismos contractuales, urge la firma de un nuevo contrato basado en la confianza. Y, en mi opinión, la mejor forma de transmitir confianza pasa por dos elementos estrechamente relacionados entre sí: transparencia y la dación de cuentas.

Las medidas de transparencia y dación de cuentas están llamadas a ser uno de los pilares de la tan cacareada – y no por ello menos necesaria – regeneración política que debe experimentar nuestro país. La opacidad que preside la toma de muchas decisiones y la falta de explicación posterior de las mismas, ha provocado que este tipo de medidas se conviertan en una exigencia recurrente de la parte más concienciada y dinámica de nuestra sociedad, que será, al fin y al cabo, quien nos saque de la situación en la que estamos sumidos.

Hacen falta medidas de transparencia radical en la política, en la sociedad, en la empresa. Por ejemplo, en tanto en cuanto su principal fuente de ingresos es la Administración Pública, todos los partidos políticos sin excepción, deberían dar cuenta tanto de sus balances, como de su patrimonio. Por ejemplo, durante el tiempo que ejerzan, los diferentes cargos públicos de todos los niveles institucionales deberían estar obligados a publicitar la evolución de sus declaraciones de actividades y bienes. O, por ejemplo, cualquier ciudadano debería poder conocer el destino de los dineros públicos que reciba cualquier empresa (pública, parapública o participada), así como las declaraciones de bienes y actividades de los responsables de tales empresas.

Y también son necesarias medidas de rendición de cuentas en las instituciones y en los propios partidos políticos. Un ejemplo que ya se practica en otros países: se pueden introducir, tanto en los partidos como en las instituciones de representación, mecanismos que permitan la revocación de un cargo público u orgánico de cualquier nivel por incumplimiento de su plan de acción, del programa electoral o de los compromisos personales que hubiere adquirido. No puede ser que tengamos que aguantar durante cuatro años a una persona que, durante el primer semestre de su mandato, ya haya incumplido sus principales promesas electorales.

En definitiva, no sé si alguna vez en el tiempo la hubo, pero desde luego hoy no hay excusa alguna para no poner a disposición de la gente lo que es suyo. No hay razón para ocultar a la sociedad el destino último y las explicaciones sobre la utilización del dinero que se obtiene de sus impuestos. Además, con los avances tecnológicos que se han experimentado y la extensión de los mismos al conjunto de la sociedad, no hay impedimentos para que se puedan conocer ese destino y las explicaciones “just in time”.Muchísimas personas creen aún en la política, en el sistema democrático-institucional. Yo soy uno de ellas. Y por eso precisamente apuesto por su reforma urgente. Porque si no lo hacemos quienes nos lo creemos, corremos el riesgo de que un movimiento populista de discurso fácil - y aún más fácil financiación - sea quien lidere no ya su reforma, sino su demolición.


Artículo publicado en DIARIO VASCO (07.03.13).


martes, 20 de noviembre de 2012

Mamporrero

Juan Zubillaga. Bilbao
Toda organización jerárquica genera inevitablemente tipos que se encargan de decir lo que sus jefes piensan pero no dicen para no mancharse. Es lo que popularmente se conoce como mamporreros. Los partidos políticos no suelen escapar de esta fauna.

Jose Ramón Blazquez tiene una dilatada trayectoria en estos menesteres, por otro lado es consultor de comunicación y hay que creer que dada su profesión sabe el valor de las palabras y por tanto el significado que tienen las cosas que dice. Pues la verdad es que no se corta. Esto es lo que decía en un artículo de opinión publicado en el diario Deia el pasado 25 de octubre.
“Supongo que, después de tres años y medio de ignominias y sectarismo antinacionalista, el cuerpo nos pide responder con dureza a los agravios recibidos y poner en marcha la demolición de la herencia del Gobierno López. Sería un error y añadiríamos un daño más al desastre que el trienio españolista ha proporcionado al país. Nos conviene, por responsabilidad, una actitud de serenidad y asumir que el nuevo e ilusionante escenario exige ciertas renuncias y contención, no replicando a aquella revancha con otra revancha opuesta, lo cual no excluye la higiénica clausura de los comederos abiertos por la trama PSE+PP en la administración vasca y también en EITB, sistemáticamente comisariada, ni dejar impunes los quebrantos que se detecten en las arcas públicas tras la pertinente auditoría. Es preciso comprender la naturaleza innovadora y positiva del mensaje electoral de Urkullu, los grandes acuerdos, tan difíciles pero necesarios, que requerirán cierto olvido y generosidad, más de lo que emocionalmente estamos dispuestos a ofrecer.”
Fíjense conmigo en eso de “la higiénica clausura de los comederos abiertos por la trama PSE+PP en la administración vasca y también en EITB”. ¿A qué les suena la frasecita de marras? ¿A Goebbels? ¿Al doctor Mengele? Elijan porque esto es lo que opina alguien que quiere “grandes acuerdos, tan difíciles pero necesarios, que requerirán cierto olvido y generosidad, más de lo que emocionalmente estamos dispuestos a ofrecer.

martes, 30 de octubre de 2012

Euskadi: sin suelo

Por Aurelio Romero. Vitoria-Gasteiz

Cuando la radio anunció que los seguidores de EH-Bildu habían comenzado a entrar en el polideportivo de La Casilla, en Bilbao, a los más o menos viejos del lugar el estómago se les dio la vuelta, como si aquel taxi que los llevaba hasta el hotel hubiese frenado en seco. Comprendieron de sopetón que muchas cosas habían cambiado en un período de tiempo que parecía corto, el que va desde las manifestaciones de los 1 de mayo beligerantes y de clase con UGT y CC.OO a la cabeza, a esta tarde de cierre de mesas electorales de 2012, poniendo fin a una campaña que el Partido Socialista de Euskadi–Euskadiko Eskerra abría gobernando en Euskadi y con un escenario minimalista en blanco dentro de un hotel, en plena zona residencial de Vitoria–Gasteiz.

La “ocupación” de La Casilla por los candidatos de EB-Bildu, segunda fuerza electoral en resultados y a un paso por primera vez del mayoritario PNV, arrojaba al interior del taxi múltiples preguntas sobre la evolución de la sociedad vasca, el día de las primeras elecciones sin armas a la vista y a un año de lo que nadie llama aún rendición de ETA. Preguntas sobre por qué había calado el mensaje del cambio sobre los modos y contenidos de la política, sobre cómo evitar que ahora la calle se inunde de nuevo del grito euskaldun de “independentzia” a la vez que Mas esconde su fracaso en Catalunya tras un grito similar y el Bloque se divide en Galicia para ascender al viejo y hasta ahora denostado Beiras. Y preguntas, en fin, de por qué los socialistas han olvidado que sufrieron la peor de las persecuciones del terrorismo para luego sólo tímidamente recordar que “yo estaba allí”.

El concepto político de descalabro es como la purga de fierabrás, duele pero se olvida. El descalabro del PSOE del que se habla hoy en Euskadi, donde se quiso gobernar en minoría sobre un escenario político virtual, o en Galicia, donde todo parece condenado a que sólo Paco Vázquez ejerciese real poder en el partido y en las urnas simultáneamente, ese descalabro es probablemente el dato menos relevante, aunque tenga múltiples lecturas sobre la resistencia del PP, la validez de sus política regresivas, las alternativas imposibles….. Lo más significativo de los resultados del 21-N en Euskadi especialmente –el PSdG-PSOE aún anda rematando y esquivando cadáveres políticos desde el mutis por el foro de Emilio P. Touriño- es que se ha demostrado que, después de un tsunami como el vivido con Zapatero, no se construye una casa sobre el agua con los restos del desastre.

Los resultados para el PSE-EE hablan de un “suelo” imposible de adivinar, porque siempre se pensó que Bildu y sus componentes aún no han recibido la absolución de sus pecados como para merecer el triunfo. Hasta que llegó el 15-M, el de las elecciones autonómicas y municipales, y los herederos de Batasuna llegaron a cotas del 25,6% mientras en Moncloa las cabezas más cercanas a Zapatero suponían que obtendrían solo un 10,5% de votos. Aquel presagio y este resultado de hace pocos días les une el mismo desconocimiento.

Metidos en el diagnóstico, ya hay quien dice desde la cabeza del PSE-EE donde Patxi López refugió su candidatura, en Álava, que “se han salvo los muebles”, que “el escenario es diferente al de anteriores elecciones porque la izquierda abertzale cambia los resultados de los demás con su presencia”…. Hubo una izquierda a la izquierda del PSE presente en el Parlamento que ahora se renueva, la participación permanece prácticamente estable respecto de la anterior convocatoria para presidir el Gobierno vasco, y según los datos conocidos, la llamada al voto nulo o la abstención en aquella ocasión por parte del ahora EH-Bildu no tuvo especial eco.

No hay dudas sobre cómo consigue EH-Bildu su resultado electoral, llamativo resultado, en 21-N. Con su propia cantera de votos, los que resta al PNV, que fue el “mal menor“ de muchos y su capacidad de convocatoria, cuasi militar. La pregunta que más duele es cómo consigue el PNV su resultado, que le permite gobernar aun siendo minoría en un país de minorías políticas. Duele porque hay un desvío evidente de votos al PNV desde el PSE-EE y, está por ver, del PP. Y, en todo caso, son esos votantes de entonces los que cubren el magro de la abstención, que, siendo prácticamente igual numéricamente, es muy diferente en cuanto a la tipología de quienes la componen.

Es ahí donde comienza la respuesta a la pregunta sobre cuándo se abandonó La Casilla, sobre si el eco del balance Zapatero es la causa nuevamente o si, como algunos creen, la realidad es inevitable aunque se la retuerza para formar gobiernos de conveniencia histórica. Respuestas sobre la necesidad de hacer coexistir la presencia en las instituciones con la presencia en la calle, junto a los ciudadanos, todos en general y, especialmente, en los lugares de intención de voto más probable. Respuestas, en fin, sobre si tanto análisis sociológico sobre Euskadi no ha advertido que los pueblos olvidan con prontitud y, más aún, a los que gobiernan, solo gobiernan.

Galicia y Euskadi han sido los pioneros en cristalizar una nueva izquierda que gritaba desde el 15-M, con el 15-M, mientras la izquierda tradicional hacía guiños de pana o cuello Mao para acercarse a ella. Una nueva izquierda que ha rentabilizado el impulso identitario, de nuevo, para situarse en o cerca del poder real, y un mensaje social para lo político, lo económico y lo institucional. Un mensaje al que el PSOE no ha podido llegar, achicando agua aún o preparando nuevos salvavidas.

Aquel anochecer en que Rodolfo Ares, como coordinador de la campaña electoral del PSE-EE, advertía de que el adversario no era el Partido Popular sino el Partido Nacionalista Vasco, pocos pensaban que se estaba refiriendo a un crecimiento posible y resultado favorable a costa de la izquierda abertzale, que antes le había prestados votos y escaños en un ejemplo de buena relación familiar. Nadie entendió que hablaba de votos socialistas o que votaron PSE-EE anteriormente. Desde el escalón más alto de la coordinación electoral, ha tenido una visión fácil sobre el movimiento del suelo, el político en general de Euskadi, y especialmente el ahora más que nunca inimaginable nivel donde el voto socialista deja de perderse.

La última pregunta y su respuesta es si Euskadi ha cambiado tanto como para que La Casilla la alquilen otros ahora o si son los conceptos que definieron siempre al socialismo –es tiempo de identidad- los que han perdido fuerza, si no sentido, en tiempos de crisis; si esa lejanía practicada respecto de la sociedad provoca sordera en tornos a conceptos anclados en su historia y que la sociedad repite a gritos: honestidad, cercanía y contundencia.

El arranque de campaña en el barrio gasteitzarra de Armentia fue el toque contra la abstención, cuando aún se era gobierno. Patxi López ha anunciado su deseo de renovar en y desde la secretaría general y ha desmentido a quienes, desde el propio PSE-EE, deslumbrados por la derrota, llegaban a enaltecer la relativa bondad del resultado, el de la mera presencia. Más vale así. Con ese entusiasmo de algunos y en la oposición, el riesgo es el anonimato.

miércoles, 24 de octubre de 2012

Ezkerretik ekintza orain

Domingo Escandela. Vitoria-Gasteiz.


Se acabó el tiempo; ya no se trata de mejorar, ahora es una mera cuestión de supervivencia. Ya no se trata de cambiar cosas, ese tiempo pasó. Es momento de refundarse, así de seria es la situación. En esta batalla los socialistas hemos puesto casi todos los cadáveres, pero, inopinadamente, nuestros muertos parlotean, andan, y –como en el “Apocalipsis Z” de Loureiro-, devoran a todo ser vivo y pensante de nuestras propias filas. Ahora, desde la Secretaría Seneral, hablan de “cambiar y reflexionar” aunque descartan extender el cambio a las personas. Pero sabemos que esto no es posible; un equipo desacreditado, que ha perdido la confianza de la sociedad, no puede remontar el vuelo sino que cae en barrena con el suelo como único tope. Pero hay otro camino: el de renovar el grueso del grupo. Cambiar de nombre, de logo, de caras y de estrategia. Cambiar de rumbo, refundarse, vaya.

El Partido Socialista Obrero Español está desfasado. No ha sabido adaptarse a los tiempos: Es un mamut en un desierto. Ha soslayado todos los fenómenos recientes, como si la vieja mentalidad de la Transición fuera una panacea de bondades eternas. Pero no es así. En parte, este es el problema: la sacralización de una generación que se cree imprescindible; que piensa que los éxitos pasados –que nadie niega- la facultan para ocupar la poltrona del poder a perpetuidad.

El plan frente a la crisis fue rescatar las viejas fórmulas, y a los veteranos de pasadas guerras, que, en su tiempo, fueron gente solvente y bregada; Lo grave es que este aparatik gerontocrático no conecta con el electorado más joven e indignado, que es, además, el más afectado por el tsunami económico. Ni comprende la deriva emprendida por ciertas regiones entre las que se encuentra el País Vasco. Ni ha sabido abrirse a las nuevas culturas propias de las sociedades modernas.

No pretendo que esta breve catilinaria se convierta en un raca raca desprovisto de propuestas. Tampoco arreglar el PSOE o, menos aún, el conjunto de la socialdemocracia. Pero sí emitiré un breve juicio en torno al PSE, a tenor de los resultados de las últimas elecciones. Los resultados, en este caso, no son malos, SON DEVASTADORES. Tanto es así que se puede afirmar que el PSE podría desaparecer en un par de legislaturas en favor de otras propuestas de izquierdas. Las razones de este descalabro, según mi juicio, son las siguientes:
1. La alianza con un PP anquilosado y obsesionado por agitar el fantasma de ETA hizo sentirse traicionado a gran parte del electorado. En Euskadi son las alianzas transversales las que son premiadas por el electorado (al PNV de Ibarretxe le pasó lo mismo).
2. Incapacidad para obtener réditos del magnífico papel desplegado en la pacificación de Euskadi. Ha sido BILDU quien ha aparecido frente a la opinión pública como el gran hacedor de la paz.
Incapacidad y falta de voluntad para comprender o conectar con el movimiento indignado, mayoritariamente de izquierdas. BILDU ha sido la única formación vasca en hacer suyos algunos de los postulados de este movimiento.
3. Pérdida de identidad, por dos motivos: práctica de una política económica de derechas, aunada con un abandono de la calle por motivos del conflicto vasco. Un partido obrero poco activista a pie de calle y sin un aparto de juventudes fuerte, es un difunto que camina por mero impulso.
4. Ineficacia a la hora de liderar (o hacer valer el liderazgo) las expresiones populares de potenciación y apoyo al euskera y la cultura vasca.
5. Dependencia del Gobierno central. Este es un punto fundamental, porque en muchas ocasiones, las acciones del PSE se han contradicho con lo ordenado por el Gobierno de Madrid o por la Secretaría General del Partido; esto crea una cierta sensación de falta de independencia, de vasallaje y, por ende, de incapacidad de “defender lo de aquí” con el tesón suficiente. Esto en el País Vasco, sobre todo en tiempos de crisis, es un torpedo en la línea de flotación. Es necesaria una cierta distancia, una mayor independencia, como UPN respecto al PP en el caso navarro. Algo que se vería como una evolución natural si se optara, en vista de la nueva evolución soberanista, por un desarrollo autonómico o la instauración de un estado federal.
6. El PSOE es un partido político antiguo y. como tal, tiene un historial largo, no exento de escándalos, corrupción, GAL, etc. Va con “mochila”, cosa que no ocurre, por ejemplo con UPD o con BILDU. Se trata de partidos con personas que sí tienen trayectorias políticas (en el caso de la izquierda abertzale, muy controvertidas, con apoyo a asesinatos, etc.) pero que han sabido mostrarse como partidos noveles y por lo tanto, limpios. Como solución, volvemos al punto anterior: cambio de nombre, distancia y mayor independencia respecto al PSOE, cambio de las caras actuales por rostros más jóvenes, con más cantidad de euskaldunes, etc.
7. Falta de juventud. Basta con ver las listas actuales para constatar que la edad media de los parlamentarios socialistas es muy alta. Es cierto que la edad no es un valor definitivo, pero la imagen envejecida no es la óptima para un partido de izquierdas. Una vez más, BILDU nos gana por goleada en esta imagen de juventud en movimiento.
8. Mentalidad de búnker o de trincheras. Como partido constitucionalista en el País Vasco, el PSE se ha visto obligado, por motivos bélicos, a retroceder, a encerrarse. Al mismo tiempo ha ejercido políticas no siempre acorde con lo que, sin duda, hubiera hecho en caso de paz o normalización social. Los nuevos tiempos obligan a emprender políticas aperturistas y de acercamiento a todos los sectores poblacionales.
9. Falta de implicación y liderazgo en las políticas verdes.
10. Falta de inclusión de inmigrantes en el aparato del partido; en Francia la mayoría de inmigrantes vota a los socialistas y su presencia se nota en las filas de la organización. El PSE no ha sabido incluir a los nuevos vascos en su aparato.
11. Incapacidad para luchar contra la crisis desde la calle; esto entronca con el problema de abandono por motivos bélicos de numerosas plataformas de participación social. Una crisis es un mar propicio para la Armada socialista; los socialistas deberían estar con los desahuciados, y con los parados, y deberían dejarse ver en los comedores sociales, en las empresas y en los barrios de inmigrantes…Los socialistas deben acompañar, asesorar, dar esperanza y participar más cuanto más crítica y depauperada es la situación; sin embargo, la dirección del partido ha renunciado a todo lo que no sean medidas de Gobierno, desde los sofás. Pero estas, aunque fundamentales, no son ni deben ser los únicos cauces de participación social.
12. El PSE debe organizar, dinamizar y fortalecer un aparato juvenil fuerte y activista, que organice saraos culturales, marchas montañeras, expresiones artísticas, presentaciones, etc.
13. Estructura personalista e incluso caciquil. La estructura y el funcionamiento interno del partido impiden toda renovación y/o reflexión; se trata de una organización personalista que promueve los estómagos agradecidos y el inmovilismo e impide el ejercicio de la democracia interna. Es fundamental una apertura y una democratización de la estructura del partido, ya con listas abiertas, ya con la búsqueda de un modelo moderno, transparente y de rotación del liderazgo, sobre todo después de que, como ha ocurrido, se produzca un revés (descalabro sería una palabra más acertada) electoral. Esto es algo evidente. La gente se da cuenta de esto. Hay muchos simpatizantes y militantes hartos y que, conscientes de esta situación, han decidido optar por otras opciones o por abstenerse y no ejercer su derecho a voto.

Por todo esto, creo que es el momento de refundar el PSE; lo mejor sería, por supuesto, mediante un consenso entre todos. Las fracturas pueden redundar en un suicidio colectivo porque proyectan una imagen de desunión e inseguridad en el electorado (y porque se dividen los simpatizantes y por ende los votos). Lo sucedido entre Ezker Anitza y Ezker Batua es un ejemplo claro de lo que expongo; primero apoyaron la política democristiana del PNV lo que desorientó al electorado de izquierdas, y después, tras el inevitable descalabro, se dividieron, lo que supuso la puntilla final. El PSE debe transformarse profundamente y debe hacerlo, contra viento y marea, unido. Pero es imprescindible que los líderes actuales cambien radicalmente de actitud; que escuchen, y tomen nota de lo que todos/as tenemos que decir. Que se comporten con la valentía que requieren unos tiempos en los que nos jugamos la supervivencia del Partido. Las generaciones salientes, derrotadas en las elecciones, sin embrago merecen todo nuestro respeto. Han mantenido a flote el partido en épocas de gran dureza y sufrimiento. Pero los tiempos han cambiado y ellos no. Si el cambio no se produce, y continúa la misma política arcaizante e inmovilista de la dirección, la fractura será inevitable y todos los vascos perderemos en el proceso.

Así que animo a los vascos y vascas socialistas a cambiar de rumbo y hacerlo desde la juventud. ¡Aupa Mutilak! ¡Ezkerretik ekintza orain!

lunes, 16 de julio de 2012

El futuro vasco y el exceso de principios del PP

Juan Carlos Alonso. Vitoria-Gasteiz.


En realidad no me molesta que el Partido Popular mienta. Lo hace tan habitualmente que ya se ha convertido en parte del paisaje. Lo que realmente me irrita es que nos tomen por gilipollas. Es una tentación en la que incurren de forma reiterativa y contumaz.

Lo hicieron cuando convencieron por unas horas a todos los medios de comunicación españoles de que era ETA la responsable del atentado de Atocha. “-¿A quién creeremos?, preguntaba Aznar indignado ante las cámaras de televisión, ¿a Otegui o al Ministerio del Interior del Gobierno de España?” -Pues a Otegui, cantamañanas, le respondía la gente después de haber acudido a Le Monde y al The Guardian buscando respuestas ante la mentira orquestada desde el Ejecutivo español.

Aquellos días me sentí como cuando en las casas se escuchaba Radio Pirenáica ante la cerrazón informativa del régimen franquista. Y volví a sentir idéntica sensación cuando escuché a Mariano Rajoy, una vez más mintiendo a sabiendas, celebrar el rescate bancario como si nos hubiera tocado el bingo universal, antes de largarse a ver a la Roja a Polonia.

En esta ocasión el pitorreo fue de dimensión mundial. El “You say tomato, I say boil-out” del Financial Times fue como para pedir la baja. Como para borrarnos y nacionalizarnos en las Islas Salomon. Bueno, tampoco. Mejor en la Isla de Nunca Jamás, donde nadie crece y todos permanecen con la edad de la inconsciencia forever and ever.

Tendríamos que exigir daños y perjuicios a nuestros representantes públicos cuando dicen estas falacias en público, para sonrojo del respetable, pensando que la audiencia es subnormal. Y cuando apuestan a que sus votantes ni leen prensa internacional, ni la salmón, ni el listín telefónico. Y que como son tontos de baba –piensan sus avezados asesores de comunicación- no se van a coscar de la farfolla dialéctica que les soltamos.

¿A quién le importa hacer el ridículo mundial si la prensa adicta te salva la cara y te convierte en referente mundial contra la crisis? ¿A quién diantres le importa la imagen de España ante Europa o ante Estados Unidos, si total sólo les entienden cuatro listos? Se dirá Rajoy.

Desde luego hemos de concluir que al Gobierno de la piel de toro no le importa nuestro patético ridículo mundial. Porque todo lo arreglan entre la Roja, Nadal y Fernando Alonso. No es de extrañar que nos degrade Fitch, Moodys, y hasta el presidente del Foro de Brasil del Medio Ambiente, convirtiendo a nuestro Presidente Rajoy en Prime Minister of The Solomon Islands.

Del mismo modo, Basagoiti en Euskadi se apunta a las poses y patalea ahora insistiendo en que Sortu es ETA; y se cisca en el criterio del Tribunal Constitucional. Y Alonso vaticina que es el primer día de la cuenta atrás para su ilegalización. Mientras tanto, su verso suelto Maroto se monta orgías de pactos para desayunar un día si y otro también con Bildu navegando en la coyuntura con una naturalidad pasmosa más propia del siglo XXII.

Y es que lo realmente asombroso del PP vasco es que andan sobrados de principios. Tan sobrados que utilizan unos para reunirse con COVITE, otros para pactar con BILDU en la Vitoria promiscua de Maroto –políticamente hablando, entiéndase-, y otros para negociarse la cartera con el PNV en la Ley de Cajas. Que una cosa es defender el solar patrio y otra ser tonto.

Y es que esto de modular el mensaje –falsear la realidad, sin eufemismos- se ha convertido en el modus operandi de la derecha. Donde dijeron digo, dicen diego. Pero lo hacen con tal desenvoltura que pareciera que no son ellos, sino el mundo y las hemerotecas los equivocados. Como si los principios no existieran sino en función del contexto. Y como si todo lo que fuera imprescindible hoy, pudiera resultar prescindible mañana.

En España, la mayoría absoluta y la prensa adocenada y cortés -salvo honrosas y escasas excepciones- hace posible maquillar los efectos colaterales de las decisiones semanales del Consejo de Ministros. Pero en Euskadi asistimos a un momento trascendental para nuestro futuro y no estamos para francotiradores.

El PP, y especialmente el vasco, debiera preguntarse qué quiere ser de mayor. Si el agitador del fantasma de España, con acento en la primera ‘a’; o si se apunta y arrima el hombro en la reconstrucción de la democracia vasca tras la derrota de ETA. Pasó el tiempo de la política de brochazo. Es el tiempo del pincel, y de trenzar la paz con hilo fino, como si de una alfombra afgana se tratase.

Es cierto que las trincheras imprimen carácter. Pero ha estallado la paz, señoras y señores, y toca recomponer, construir convivencia, preservar y redactar con lealtad y veracidad el relato del sufrimiento. Y para eso sobran las mentiras de manejo de coyunturas; están de más los opositores a don Pelayo; y faltan hombres con sentido de estado. ¿Quién se apunta?

jueves, 17 de mayo de 2012

Algo tiene que cambiar para que todo siga igual

“Algo tiene que cambiar para que todo siga igual”. La frase es de “El Gatopardo”, la astronómica novela de Giuseppe Tomasi di Lampedusa que el director Luchino Visconti tuvo la osadía y el acierto de convertir en película en 1963. La obra se construye a base de los magistrales soliloquios (mediante epigramas como el que abre este texto) de Fabrizio Corbera, Príncipe de Salina, encarnado en el filme por Burt Lancaster; reflexiones estructuradas, conducidas y aunadas gracias al engrudo de una lucidez tan diabólica como aleccionadora. El personaje, jaque de la rancia nobleza italiana, asiste al cambio social prendido a los vientos de la revolución garibaldina y reflexiona sobre el encaje en ellos de la vieja aristocracia a la que él representa; eran los momentos en que la burguesía se abría camino, marcando los estertores del Antiguo Régimen. La conclusión a la que llega el patricio es que, a la sazón, la lucha de los azulones debía centrarse en lograr que, aunque de forma subrepticia, el sistema siguiera bajo su control. Un control no ejercido de forma directa, sino mediante marionetas de las nuevas clases mercantiles, con las que los jóvenes nobles (encarnados en el filme por el sobrino del tiufado) se apresuraron a unirse mediante ventajosos matrimonios.

Estrategia de mimetismo
¿Y a qué demonios –se preguntará el lector- viene todo esto? Pues viene, porque la reflexión del noble de ficción sirve también como resumen y diagnóstico de la crisis socialdemócrata. Los que nos encuadramos en la familia izquierdista, característica de la democracia occidental, a mi entender, hemos tenido las mismas opciones que una familia de esquimales en Almería, a saber: o tornar el abrigo por unas bermudas, o volvernos cagando leches al Ártico. Lo que no es viable es ir de esquimal en las tórridas colinas sureñas. O bien nuestra ideología o bien el sistema tenían que cambiar. Al final se ha optado por travestirse y aceptar el sistema de derechas como si este formara parte del ADN occidental. Lo que no se ha previsto es lo obvio: que era el sistema el que no funcionaba. El Partido Socialista Obrero Español se ha dotado de las bermudas del liberalismo sólo para ver cómo, con la crisis, ha acabado nevando en el desierto. El chaparrón nos ha pillado disfrazados de neocons y ahí radica nuestra mayor tragedia: no se trata de perder escaños, sino de perder la fe, la vergüenza, la razón de ser. ¿Posibilismo? No, lo que ha tenido la familia socialdemócrata es ceguera. En muchos países europeos, España entre ellos, en vez de frenar el sistema de empacho en masa orquestado por el liberalismo económico, los gobiernos de izquierdas han preferido tirar de las mismas ubres demostrando una visión cobarde y cortoplacista, que, a la postre, lo que ha hecho es abocar a todo Occidente al desastre. De la derecha democristiana no podemos esperar más reacción que la de aceite de ricino, admoniciones maniqueas, populismo xenófobo y rezos periódicos a los santos de la economía. En ellos no habrá reflexión y se aferrarán al sistema como lo hicieron los soviéticos al suyo: y como ellos se hundirán, recalcitrantes como el capitán del Titanic. Porque, si, como se demostró en los 80, el comunismo era inviable, hoy nos damos cuenta de que el liberalismo también lo es. Inviable económica y moralmente y, lo que es peor, insostenible desde un punto de vista ecológico.

Ahora bien, ¿cómo no lo vemos claro desde la izquierda? En algún momento dado, el Orbe entero se derechizó; los estados retrocedieron frente a las multinacionales y los demiurgos de las finanzas jaquearon el sistema operativo. La estrategia socialdemócrata se basó en el mimetismo. Competir con la derecha derechizándose y con los nacionalismos étnicos, remozando el discurso con el invento del vasquismo. ¿Puede un vasco ser vasquista? ¿Puede ser un escocés escocesista? Así solo se logra que hedamos a complejos, a derrota, a descreimiento en nuestra propia forma de ser y sentir. Somos los indios con gorro tejano, los negros que se alisan el pelo y se clarean la piel y los gatitos que aúllan a la luna. No podemos competir con la derecha, sea española o vasca, con su propio discurso y en su propio terreno. Estamos viendo el resultado de semejante estrategia. El público no es idiota. La gente ha procesado que para hacer políticas de derechas será mejor un neocon que un socialista. Lo mismo que para pescar una trucha es mejor una caña que un revólver. Si de ser “más vasco” se trata, mejor los apóstoles de los ocho apellidos y el RH negativo que un vasco vasquista, que se queda en tierra de nadie, bajo las botas de los chicos de la super-raza, sea esta española de Guzmanes o vasca de Ibarretxes. Para visiones miopes del mundo ya está la carcunda de PeNuVeros y PePitos, que agitan los mismos avisperos con distintos colores. Y las cosas no mejoran si, como se ha venido haciendo, se hacen políticas de derechas intentando enmascararlas con gestos vacuos de populismo buenista, que además de ser caros e inútiles, son percibidos por muchos como un insulto a la inteligencia.

Falta de relevo generacional
Explicada la crisis de valores, creo el momento de abordar una circunstancia que, al parecer, ha sido pasada por alto: la falta de relevo generacional, que -según quien esto escribe- es debida al conflicto y la falta de entendimiento entre el poder socialista y las juventudes del electorado. Los antropólogos suelen decir que las revoluciones y los grandes cambios funcionan si se consigue convencer a los jóvenes de entre 20 y 35 años de que tal evolución es necesaria.


Así pasó en la Transición, cuando un movimiento liderado y sustentado por jóvenes se comprometió con un cambio necesario. Lo malo es que esa misma generación sigue en el poder. No han sabido o no han querido dejar el espacio a las nuevas generaciones. Y esto tiene su efecto, como se ha visto en los movimientos del 15-M. No cabe duda de que muchos jóvenes –la mayoría de izquierdas- dejaron de percibir a la cúpula de la socialdemocracia como representantes de sus valores. En aquel momento se fraguó un cambio que, no nos engañemos, afectó a las izquierdas y no a las derechas. Las acampadas de Sol, con un Zapatero todavía en el poder, evidenciaron la falta de conexión entre una troika envejecida y acomodada (sin importar su papel, su trabajo o el merecimiento de este acomodo) y la juventud española de izquierdas; y esto es una mala noticia si de cambiar algo se trata.

Todos sabemos –excepciones gloriosas a parte-, por lógica puñetera, que un joven sin trabajo ni propiedades, tiene más energía y menos miedo al cambio que un madurón con dos casas y dos coches, además de un trabajo que le roba casi todas las horas del día. No se trata de juzgar a las generaciones, cada una tiene su papel. Mucho menos a los individuos. Pero es un hecho evidente que, a día de hoy, la socialdemocracia en general y el PSOE en concreto, no han sabido sustentar un movimiento joven sino todo lo contrario: se enrocan en un liderazgo, ejercido masivamente (no en un caso concreto, lo que sería normal) por generaciones que ya no contactan con los nuevos tiempos representados por la juventud. Y el problema no es fácil de solucionar. Porque, si los venerables se creen imprescindibles, los alevines se han acomplejado y no se ven capaces (ni les interesa) de participar en política. La pescadilla, una vez más, se muerde la cola. Y así nos luce el pelo.

La crisis vista como oportunidad
Decía Jordi Pigem, doctor en Filosofía y autor del libro Buena crisis. Hacia un mundo posmaterialista: "Parto del término médico de crisis, que no es otra cosa que el momento crítico en el que una enfermedad empeora o mejora. La crisis puede ser una oportunidad de sanación". "Ahora toca cambio –añade-, y eso atañe a nuestra forma de relacionarnos con el mundo. Ni el egoísmo ni la codicia funcionan. La tendencia que está creciendo con más rapidez en estos momentos es la de la generosidad, se manifiesta en la banca ética, en la cantidad de ONG que funcionan en el mundo, en el comercio justo, en redes sociales preocupadas por compartir... Y todo se articula dentro de una visión del mundo en el que las personas no estamos por encima de la naturaleza. No se puede volver a donde estábamos porque no es sostenible".

Lo que viene a decir que vamos a cambiar nos guste o no, gracias al sistema más viejo y efectivo: a base de palos. La derecha también va a cambiar, pero, dada su proverbial incapacidad de mutación, lo hará cuando hayamos cruzado la línea de no retorno. Por eso, la izquierda es más necesaria que nunca. ¿Está en crisis la izquierda porque ya no tiene cabida? Nunca ha sido más necesaria. Sólo la izquierda puede frenar el suicidio obsceno y colectivo al que está abocada la humanidad. Sólo la izquierda puede liderar el movimiento verde, la integración intercultural, la ruta hacia una recuperación del papel de los Estados frente a los bancos.

En el caso concreto del partido socialista, creo que la pérdida del poder no sólo no es una mala noticia, sino que es la única posibilidad que nos queda de encontrar nuestro papel. Me comentó una vez un cubano que trabajaba en una granja de cocodrilos, que, para que estos no atacaran durante una exhibición ante turistas, había que tenerlos bien cebados. Empachados perdían toda voluntad de acción. Lo mismo se puede achacar al PSOE. Por eso creo que es una buena noticia que estemos otra vez en la calle, en el asfalto, con el populacho. Que es donde el socialismo siempre se ha sentido cómodo. Estamos en el bosque y somos lobos, aunque, eso sí, necesitaremos un tiempo para perder los michelines que la domesticación nos ha generado. Porque tenemos dos opciones. O nos tumbamos y morimos de inanición, o nos ponemos las pilas y nos vamos de caza.

Recuperar la juventud, recuperar la calle
Las crisis, decíamos, pueden ser oportunidades. Son termómetros que miden el nivel de fiebre del paciente. Con la crisis empezarán las reacciones de una ciudadanía poco proclive a al movimiento mientras la vaca da leche. Pero como ya no es el caso, la indignación, el sufrimiento y la desesperación van a menudear en nuestras calles. Y allí tendrá que estar el Partido Socialista. Porque hemos perdido las calles, que es de donde nunca debimos salir. Incluso los nazis (y la izquierda abertzale) lo entendieron. Los primeros repartían pan y daban esperanza a los alemanes en el durísimo periodo de entreguerras; el pueblo los vio como salvadores y subieron como la espuma. Los bildutarras siempre han trabajado sobre la juventud y ahora amenazan a un aburguesado y fofo PNV al que le está pasando lo mismo que a la familia socialista.

Por eso digo: estemos ahí, en la calle. Asesorando, escuchando y apoyando; a las personas que se queden sin casa, a los obreros en paro, a los ancianos, a los inmigrantes en estado de indefensión. Engrosemos (esto no puede esperar) el aparato y el activismo de las juventudes. Preparemos actos continuos y visibles y que la ciudadanía sepa que estamos ahí. Lideremos (no se trata de ya de gestos de cara a la galería) el moviendo verde y las políticas de sostenibilidad. Montemos saraos culturales, habilitemos espacios para los artistas, llevemos gente a todos los ámbitos de preocupación ciudadana. Ayudemos a la sociedad, no con dinero, sino con trabajo, ilusión y presencia. Acompañemos a la gente, sostengámosla. Ahora podemos, porque, perdido el poder, estamos otra vez en la calle. Ahora debemos porque se nos necesita; porque es nuestra obligación y porque, si no actuamos, lo harán otros y las alternativas -Bildu, el Frente Nacional de Marine Le Pen, etc.-, ya sabemos qué quieren y a dónde nos llevan. Ahora es el momento de que algo cambie para que todo siga igual, para que el socialismo recupere su papel. Ahora o nunca.



Escrito por Domingo Escandela


viernes, 27 de abril de 2012

Los malabarismos del PNV en Madrid

Los malabarismos del PNV en Madrid son dignos de estudio. Hagan lo que hagan, están totalmente obsesionados con parecer los defensores de los vascos en Madrid y no demostrar que son un partido de derechas. Aunque luego no sea así...
El PNV en Madrid

Una de las anécdotas más curiosas es la del esperpento vivido el jueves (12 de abril de 2012), en la votación de la ley del "déficit cero" (en realidad se llama Ley de Estabilidad Presupuestaria).
Resulta que el PNV había pactado con el PP que se iba a abstener en la votación de la ley de "déficit cero". Hasta ahí, nadie se sorprende que el PNV favorezca a la derecha tanto por activa como por pasiva. Bueno, pues el PP quería aprobar una ley draconiana de déficit cero. Para eso contó con el apoyo de CiU, UPyD, UPN: lo mejorcito de la derecha de todo el Estado, vamos.
Pero claro, parece que los complejos del PNV hacen que le dé vergüenza que le asocien con esos partidos y esas políticas neoliberales. Así que estando a favor de la ley de déficit cero, (es lo que pide Urkullu para Euskadi), decidieron abstenerse, en un espectáculo funanbulista digno del Circo del Sol.
El esperpento en sí, viene del pacto entre estos partidos de derechas, que decía que para que el PNV se abstuviera, el PP tenía que votar a favor de una enmienda que reconocía que Euskadi y Navarra tienen el Concierto y el Convenio Económico respectivamente.
La cosa es que a la hora de votar la enmienda del PNV, el PP "se equivocó" y votó en contra. Eso hizo que el PNV estuviera apuntito de votar en contra del PP en vez de abstenerse.
Pero, resulta que había una enmienda del PSOE idéntica a la del PNV (fue presentada antes por los socialistas vascos), que se votó después. Y esta enmienda sí fue aprobada, así que esto hizo que el PNV al final sí se abstubiera de votar en contra del PP.
En este punto uno se pregunta, ¿a que juega el PNV? ¿Por que no apoyó el rechazo del PSOE a esa ley en contraprestación por haber presentado la enmienda que ellos querían? ¿Por que aun así favorecieron al PP? Y lo mejor de todo: ¿por que se abstiene?
La respuesta es obvia: por una parte, la abstención le permite habilitar al PP y las políticas de recortes y ajustes con las que están de acuerdo (sólo hay que ver la oposición que hacen en Euskadi al Gobierno de Patxi López que está intentando por todos los medios mantener el gasto social y no dejar a nadie tirado). Y por otra parte, aunque el PNV apoye pasivamente al PP, les ayuda a vender a su electorado que él no camina junto al PP.
Y es mentira, claro. El PNV lleva el último año esforzándose por denunciar lo que el considera un derroche del Gobierno Vasco y el riesgo de quiebra inminente que acarrea... Cosa que, ¡oh casualidad! es lo mismito, mismito que lleva el partido de Rajoy diciendo desde que estaba en la oposición.
Por eso se empeñan en estos malabarismos tan forzados, vendiendo que su gestión permite salvar a Euskadi, sus fueros y sus leyes viejunas. ¡Ja!

La situación del PNV no es fácil, no. En Madrid pinta menos que un perro un misa, pero tiene que justificarse y encima sin decir abiertamente que es de derechas. Benditos complejos... Gracias a ellos nos entretenemos con el espectáculo del circo jeltzale. Lo malo es que haya crédulos en la parroquia que no se crean que es pura ficción.