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martes, 23 de abril de 2013

Demócratas y republicanos

Denis Itxaso. Donostia. @DenisItxaso

El aniversario de la proclamación de la II República Española ha venido a coincidir con uno de los momentos, desde la transición a la democracia, de mayor efervescencia en el debate sobre la forma de Estado que más conviene a España.
En este contexto, mi compañero Ramón Jáuregui reclamaba en el Diario Vasco del pasado 10 de abril "prudencia real" (ver más abajo), ponía en valor las virtudes integradoras de la Corona y alertaba del riesgo de pretender cambiarlo todo ingenuamente en un momento de tanto descreimiento social y sin los consensos necesarios. Participo de las tres premisas y, sin embargo, creo que vale la pena replantearnos la virtualidad de la Monarquía.
Como militante socialista siempre he aceptado que la lealtad del PSOE a la Corona formaba parte de una renuncia política -que no ideológica- de compromiso y reconciliación, a la muerte de Franco y ante un futuro entonces incierto. Pero pertenezco a una generación que jamás ha considerado que fuera un tabú hablar sobre la forma de Estado, y que ha visto en el velo informativo que ha protegido a la Familia Real, un ejercicio innecesario de paternalismo institucional.
Por eso no entiendo que, 35 años después, ahora que el debate puede retomarse en un país cuya conciencia democrática ha madurado -aunque sea a golpe de decepción-, aún haya un <em>stablishment</em> pegado a ese sentido extraño de la responsabilidad que invoca no se qué estabilidad, precisamente cuando la Corona comienza a percibirse más como un problema que como una solución, lo que implica que su utilidad histórica comienza a desvanecerse. Es demasiado evidente que la clase política que protagonizó aquellos convulsos años, guarda una mal entendida lealtad a esa institución que se torna incompatible con el sentido crítico que exigen los tiempos hacia muchas de las cosas que se han deteriorado en España. Y creo que es compatible y perfectamente natural, reconocer el papel desempeñado en el pasado por el Rey, incluidas sus presuntas virtudes integradoras, con aceptar la decadencia sistémica que simboliza en la actualidad ese modelo de Jefatura de Estado.
Afirmar, como lo hacía mi admirado Ramón, que el Monarca es garantía de neutralidad en la Jefatura del Estado en un país tan polarizado, es tanto como socavar las bases mismas del pensamiento republicano. La búsqueda de perfiles sin excesivas aristas, que conciten amplios consensos, no es algo que este vedado a la fórmula republicana, como lo demuestran diferentes ejemplos dentro de la misma UE. Y, en todo caso, se trata de un cargo remozable cada 4 o 5 años, dependiendo de la adhesión ciudadana que reúna. Y en último término, ¿Qué hay de nuestros ideales? ¿Acaso hemos renunciado a ellos para siempre? En ese caso, recordemos dos cosas: que si así fuera, la honestidad debería llevarnos a una refundación de nuestras bases ideológicas y desideratum políticos; y en segundo lugar, que nuestra actual crisis de apoyos ciudadanos tiene mucho que ver con la renuncia práctica a algunos de nuestros ideales más genuinos.
Es verdad que el descrédito de los partidos políticos no ayuda precisamente para la defensa de un sistema de elección popular del Presidente de la República, frente a la inercia de un cargo de carácter hereditario que juegue un papel moderador en el mejor de los casos, o de títere en el peor de ellos. Pero eso, en última instancia, a quien interpela es a las propias formaciones para que se transformen y abran cauces de participación, y adopten una cultura de pacto y compromiso, tratando de desterrar el cainismo y la confrontación permanente como instrumentos de hacer política.
Por eso, ante la recurrente pregunta que muchos socialistas nos hacemos sobre cómo salir de este atolladero en el que nos encontramos, cada día estoy más convencido de que es la cultura republicana la que puede ayudarnos a encontrar la respuesta. No es que otra forma de Estado tenga virtudes curativas <em>per se</em>, ni mucho menos, si no que el inmenso calibre y profundidad de las reformas a abordar requieren de un impuso que identifique la Educación, la conciencia cívica, la sostenibilidad ambiental, la reorganización del trabajo, la participación ciudadana, la reinvención de la función pública y tantas tareas pendientes, en el epicentro de su agenda pública.
Incluso la reforma federalizante que parece estar incubando el PSOE, como respuesta a las tensiones territoriales agudizadas por la crisis y la extendida sensación de agravios comparativos, tendría mejor encaje bajo un modelo republicano. No en vano, un reino es sinónimo intrínseco de unidad y no tanto de diversidad, que es el camino que debe recorrer España y por el que no avanza con la audacia e inteligencia que debiera, aunque nuestro actual marco constitucional ofrezca más de una previsión normativa que poder emplear al efecto. ¿Se puede seguir pensando que un Rey, éste u otro, obrará de pegamento territorial y social entre las generaciones que no han vivido ninguna de las miserias ni amenazas que se invocan para seguir reivindicando la virtualidad del pacto constitucional?
En fin, rara vez el continuismo ha alumbrado cambio alguno en ningún orden, y confiar en un príncipe azul no es revulsivo suficiente para recuperar la moral colectiva, hoy derrumbada también por la falta de liderazgos estimulantes. Por el contrario, los estilos de liderazgo que se imponen aquí y ahora son compartidos, audaces y, a ser posible, capaces de representar a una sociedad que asume el riesgo y se ha acostumbrado -qué remedio- a vivir en la incertidumbre. La Monarquía obedece a la necesidad de dar respuesta a cuestiones decimonónicas, superadas, o simple y llanamente imposibles de satisfacer plenamente hoy día, como la seguridad, la indivisibilidad, la certidumbre o la invulnerabilidad. Y la fortaleza que debemos exhibir es la del músculo democrático que permite hacer profundas autocríticas, corregir y combatir las nuevas amenazas, que tienen mucho menos que ver con el orden constitucional que con el 27% de desempleo.


(Artículo publicado en Diario Vasco 21.04.13)


domingo, 14 de abril de 2013

Miopía

Julio Herrero Romero. @HerreroJulio jherrero2007@gmail.com

Está claro que Euskadi es un país de disensos. Es difícil encontrar asuntos en los que haya un acuerdo general, aunque sea de mínimos. Bien sea la enseñanza de idiomas en la educación pública, bien la propia ponencia de paz y convivencia en el seno del Parlamento Vasco, no hay manera de que todos se pongan a trabajar sobre bases comunes.

Lo de la educación tiene miga: ni siquiera consensuan si debe llamarse “trilingüe” o “plurilingüe” que posiblemente debe de ser una diferencia de mucha enjundia pero que los no entendidos creemos integrada. Intuyo que la cosa debe de ir si hay que ser vascoparlante antes de emprender otras inmersiones o simplemente aprender las tres lenguas simultáneamente. La política es lo que tiene: magnifica lo accesorio y olvida lo sustancial, que en este caso es que lo jóvenes puedan expresarse adecuadamente en las lenguas que necesiten. Me temo que tal como están las cosas habrá que añadir alguna otra: alemán, chino, brasileño o catarí.

Lo de la ponencia es todavía peor ya que se había llegado a un acuerdo previo al aprobar las conclusiones de la etapa anterior. El “suelo ético”. Y ahora es el PP el que no asiste por…ni ellos mismos se aclaran. Miedo a que el “relato” modifique aquellos puntos básicos alcanzados: no puede haber olvido de las víctimas, ni justificación de una violencia pasada. Y es impensable que esto ocurra por mucho que algunos quieran justificar en la falta de “diálogo político” las atrocidades cometidas, u otros, los crímenes de estado en la “situación vivida”.

No hay tampoco acuerdo en la política fiscal, ni en los presupuestos del gobierno y de otras instituciones, ni en qué hacer con las “preferentes” ni con los “desahucios”. No hay acuerdo en si somos una nación, o un pueblo, o un Estado, o nada. Lo único que parece suscitar unanimidad es que la situación es crítica, que a este paso el tejido social se descompone y que los recortes, ¡por fin!, son un desastre que nos lleva a la ruina. Miles de personas se lanzan a la calle pidiendo soluciones, cientos de empresas cierran por falta de crédito, y los sindicatos evitan estar juntos por el color de sus banderas y no unidos en la defensa de los trabajadores. ¿Cuánto tiempo tardaran en darse cuenta de que si las instituciones no resuelven los problemas, la sociedad prescindirá de ellas?


(Publicado en Diario Noticias de Álava, domingo 14 de abril)

jueves, 14 de febrero de 2013

Es la estructura, estúpido!

Imanol Zubero. Bilbao. www.imanol-zubero.blogspot.com


El pasado lunes 28 de enero comenzó el segundo cuatrimestre y mi regreso a la docencia de grado, después de cuatro años. He vuelto con tres asignaturas nuevas, que nunca antes había impartido: "Instituciones y procesos sociales" en 1º de Sociología y de Ciencia Política; "Estructuras y procesos sociales en el País Vasco", en 2º de Sociología; y "Bienestar y políticas sociales", en 3º. La preparación de estas asignaturas, con sus correspondientes prácticas según el modelo Bolonia, me ha mantenido desde entonces retirado de este blog (y del mío). 

Instituciones y procesos, estructuras y procesos... Como hemos trabajado estos días en las clases, se trata del núcleo mismo de la ciencia social: ¿los agentes sociales son totalmente libres a la hora de actuar o están constreñidos por condicionantes estructurales? Cuando de explicar los fenómenos sociales se trata, ¿hay que buscar las claves en los comportamientos individuales o en las instituciones en cuyo seno actuamos las personas? Evidentemente, la respuesta no puede ser sólo estructural ni sólo individual. Somos y actuamos en el marco de estructuras e instituciones. Como señalara Pierre Bourdieu, "hay una fuerte correlación entre las posiciones sociales y las disposiciones de los agentes que las ocupan". Sin embargo, en condiciones normales somos más estructura que acción individual, y nuestros comportamientos se explican más adecuadamente por nuestras circunstancias que por nuestro yo más personal.

¡Es la estructura, estúpido! Dicho sea sin intención de ofender. Pero el socorrido eslogan acuñado por James Carville, asesor de Bill Clinton en la exitosa campaña presidencial de 1992 -It´s the politics, stupid!- resulta más que oportuno en estos momentos.

El PP se ha desecho de Jesús Sepulveda, ese peculiar "funcionario de esta casa" según la peregrina declaración de ese bobo solemne que actúa como vicesecretario de organización y mamporrero vocacional del PP. También caerá Ana Mato, no me cabe ninguna duda. Caerá, porque esa es la estrategia sacrificial a la que recurren los partidos con el fin de obviar sus responsabilidades institucionales y orgánicas en los casos de corrupción. Es la estrategia del "había un golfo que [nos] estaba engañado y los golfos salen inmediatamente del partido", en memorable expresión de otro secretario de organización.
Pero el problema no es individual, sino estructural. Lo señala correctamente José Antonio Gómez Llano en un artículo en EL PAÍS:

No son casos individuales de alcaldes o concejales que se forran con un plan urbanístico o una licencia; presidentes de diputación o alcaldes que colocan decenas de clientes para garantizarse su apoyo; desaprensivos (Gürtel) o financiación ilegal del partido (Filesa o Naseiro). Son metástasis en las sedes centrales abonadas por el descontrol del dinero, utilizado para “engrasar la maquinaria” o llevárselo. Es la estación término de la política de la Transición que, para estabilizar los partidos, concentró en sus cúpulas los resortes sobre el acceso, ascenso y exclusión de la política. O sea, para incluir y ordenar candidatos en listas electorales, excluir a los disidentes de los órganos del partido —controlando las elecciones internas con listas cerradas para todo—, repartir cargos en las Administraciones y satélites, dilatar el periodo entre sus congresos (cada cuatro años: solo Berlusconi y el Partido Comunista Chino lo superan), escapar al control de sus parlamentos internos (anulándolos en la práctica) y sobre sus cuentas. 

jueves, 13 de diciembre de 2012

Contra la dimisión de los ciudadanos

Óscar Rodríguez Vaz. Vitoria-Gasteiz

¿A qué se debe el creciente divorcio entre ciudadanos y partidos? ¿Sobran políticos y faltan expertos? ¿Representan los políticos a quienes dicen representar? ¿Viviríamos mejor sin política? ¿Padecemos un exceso de burocracia? ¿Podrá internet resolver los males de la política democrática?

Son apenas seis de las decenas de preguntas se se tratan de responder en un ensayo (o en una serie de mini-ensayos) titulado "Política para apolíticos. Contra la dimisión de los ciudadanos", en el que la justificación inicial que hace Josep M. Vallés es especialmente sugestiva.

Algunas de las respuestas pueden causar una sensación decepcionante – “vaya, eso también se me había ocurrido a mí”, pensará el lector en más de una ocasión –, pero es que muchas veces se trata sencillamente de aplicar el sentido común en clave de progreso al conocimiento de la realidad socio-política que nos está tocando vivir. Eso hacen, a mi juicio, los diez profesores universitarios que escriben esta obra. Y eso sencillamente hace recomendable su lectura.

Pinchando aquí puedes encontrar el índice y el prólogo de Vallés que he mencionado.

viernes, 16 de noviembre de 2012

A favor de Cataluña en España

(Para adherirse al "llamamiento" enviar un correo a: jfabrau@terra.es)


Varios centenares de intelectuales y profesionales han firmado en Cataluña un llamamiento a favor de la izquierda y del federalismo para responder al creciente secesionismo estimulado por Convergència i Unió, desde el Gobierno de la Generalitat, así como por otras fuerzas políticas de afinidad nacionalista.
Queremos atender esa llamada porque los promotores de una independencia inmediata de Cataluña aducen beneficios obviando penosas consecuencias para todos. Además se eximen de responder a los ingentes problemas que, como europeos, como españoles, como ciudadanos de una comunidad autónoma y como vecinos de un municipio, nos plantea la crisis económica y la incapacidad que aquí y en Europa se advierte para adoptar decisiones válidas. Añadir una propuesta de secesión augura el desbordamiento a corto plazo del malestar social al que nos viene arrastrando el súbito empobrecimiento y el vértigo de la desesperanza de un número creciente de ciudadanos.
Los independentistas convierten su particular idea de España en el chivo expiatorio sobre el que cargar todos los malestares. Abonan así el terreno a la exigua minoría que, desde el resto de España, se propone hacer otro tanto con su particular idea de Cataluña. La afirmación de que España perpetró agresiones contra Cataluña es una desgraciada manipulación del pasado, que olvida deliberadamente cómo en los conflictos y guerras civiles en los que todo el país se vio envuelto, los catalanes, al igual que el resto de los españoles, se dividieron entre los diferentes bandos.
Ni Cataluña está sometida a un expolio por parte de España, ni el común de los españoles alberga sentimiento alguno de menosprecio hacia ella. Bien al contrario: Cataluña suscita afecto, admiración y reconocimiento, entre otras razones porque sin ella, sin su lengua, sin su cultura y sin su aportación solidaria, no puede entenderse la España democrática. Las fuerzas políticas que han abrazado el independentismo calculan que, dada la drástica reducción de los recursos del Estado y los padecimientos de la crisis, sería llegada la hora de pugnar por sus aspiraciones maximalistas, sin atender al orden constitucional pactado por todos.
En Cataluña existe un profundo sentimiento nacional, del que el resto de los españoles es plenamente consciente. De ahí que sostengan con firmeza que haya de ser reconocido e integrado de nuevo en el seno de instituciones compartidas. No obstante, si ese sentimiento de forma mayoritaria se manifestara contrario de modo irreductible y permanente al mantenimiento de las instituciones que entre todos nos dimos, la convicción democrática nos obligaría al resto de los españoles a tomarlo en consideración para encontrar
una solución apropiada y respetuosa: los ciudadanos de Cataluña tienen que saber que éste es nuestro compromiso irrenunciable. Pero tienen que saber también que en el resto de España y en la misma Cataluña hay muchas voces que apuestan por seguir avanzando juntos.

El programa de construcción nacional incentiva a los independentistas a sentirse víctimas de una opresión por parte de España, a rechazar la toma en consideración de las propuestas de entendimiento y a silenciar o relegar a todos aquellos ciudadanos catalanes que no suscriban ese programa de secesión. La transición de la dictadura a la democracia se hizo de la ley a la ley pasando por la ley. Ahora, paradójicamente, los independentistas para llevar adelante su denominada transición nacional se proponen violentar la ley democrática, hecha por todos y para todos, con el propósito de alumbrar una ley nueva, hecha sólo por los que se sienten llamados a una misión sin contar con los demás. En la aritmética política sucede que el orden de los factores altera el producto.

Ni España, ni la Constitución de 1978 ni el Estatut de 2006 niegan a los ciudadanos de Cataluña ejercer su derecho a decidir; son los partidos que apoyan la fulminante independencia de Cataluña quienes confunden las opciones al concurrir, una tras otra, a las citas electorales con programas edulcorados, indoloros y sin coste político, social o económico alguno, pensando ampliar así sus apoyos en las urnas.

Es preciso que CiU y otras fuerzas de afinidad independentista asuman sus graves responsabilidades en la equivocada gestión de la presente crisis económica y en los abusos en que incurrieron y dejen de exculparse bajo el supuesto expolio perpetrado por España. Esa estrategia de exculpación les ahorra el debate económico y social que necesitan tanto Cataluña como el resto de España, exacerbando y absolutizando, en su lugar, un debate nacional y nacionalista.

Consideramos, además, que todas las fuerzas democráticas deberían sumarse en la búsqueda de un mejor encaje institucional para Cataluña, de una financiación más justa y de una federalización del deteriorado Estado de las autonomías, que inscriba en su norma suprema la solidaridad inter-territorial y los criterios de su aplicación compatibles con el esfuerzo común de todos y el principio de ordinalidad. Por ese camino podremos seguir ampliando las cotas de libertad, igualdad, progreso y respeto mutuo logradas con la Constitución de 1978.

Madrid, 24 de octubre de 2012

miércoles, 24 de octubre de 2012

Ezkerretik ekintza orain

Domingo Escandela. Vitoria-Gasteiz.


Se acabó el tiempo; ya no se trata de mejorar, ahora es una mera cuestión de supervivencia. Ya no se trata de cambiar cosas, ese tiempo pasó. Es momento de refundarse, así de seria es la situación. En esta batalla los socialistas hemos puesto casi todos los cadáveres, pero, inopinadamente, nuestros muertos parlotean, andan, y –como en el “Apocalipsis Z” de Loureiro-, devoran a todo ser vivo y pensante de nuestras propias filas. Ahora, desde la Secretaría Seneral, hablan de “cambiar y reflexionar” aunque descartan extender el cambio a las personas. Pero sabemos que esto no es posible; un equipo desacreditado, que ha perdido la confianza de la sociedad, no puede remontar el vuelo sino que cae en barrena con el suelo como único tope. Pero hay otro camino: el de renovar el grueso del grupo. Cambiar de nombre, de logo, de caras y de estrategia. Cambiar de rumbo, refundarse, vaya.

El Partido Socialista Obrero Español está desfasado. No ha sabido adaptarse a los tiempos: Es un mamut en un desierto. Ha soslayado todos los fenómenos recientes, como si la vieja mentalidad de la Transición fuera una panacea de bondades eternas. Pero no es así. En parte, este es el problema: la sacralización de una generación que se cree imprescindible; que piensa que los éxitos pasados –que nadie niega- la facultan para ocupar la poltrona del poder a perpetuidad.

El plan frente a la crisis fue rescatar las viejas fórmulas, y a los veteranos de pasadas guerras, que, en su tiempo, fueron gente solvente y bregada; Lo grave es que este aparatik gerontocrático no conecta con el electorado más joven e indignado, que es, además, el más afectado por el tsunami económico. Ni comprende la deriva emprendida por ciertas regiones entre las que se encuentra el País Vasco. Ni ha sabido abrirse a las nuevas culturas propias de las sociedades modernas.

No pretendo que esta breve catilinaria se convierta en un raca raca desprovisto de propuestas. Tampoco arreglar el PSOE o, menos aún, el conjunto de la socialdemocracia. Pero sí emitiré un breve juicio en torno al PSE, a tenor de los resultados de las últimas elecciones. Los resultados, en este caso, no son malos, SON DEVASTADORES. Tanto es así que se puede afirmar que el PSE podría desaparecer en un par de legislaturas en favor de otras propuestas de izquierdas. Las razones de este descalabro, según mi juicio, son las siguientes:
1. La alianza con un PP anquilosado y obsesionado por agitar el fantasma de ETA hizo sentirse traicionado a gran parte del electorado. En Euskadi son las alianzas transversales las que son premiadas por el electorado (al PNV de Ibarretxe le pasó lo mismo).
2. Incapacidad para obtener réditos del magnífico papel desplegado en la pacificación de Euskadi. Ha sido BILDU quien ha aparecido frente a la opinión pública como el gran hacedor de la paz.
Incapacidad y falta de voluntad para comprender o conectar con el movimiento indignado, mayoritariamente de izquierdas. BILDU ha sido la única formación vasca en hacer suyos algunos de los postulados de este movimiento.
3. Pérdida de identidad, por dos motivos: práctica de una política económica de derechas, aunada con un abandono de la calle por motivos del conflicto vasco. Un partido obrero poco activista a pie de calle y sin un aparto de juventudes fuerte, es un difunto que camina por mero impulso.
4. Ineficacia a la hora de liderar (o hacer valer el liderazgo) las expresiones populares de potenciación y apoyo al euskera y la cultura vasca.
5. Dependencia del Gobierno central. Este es un punto fundamental, porque en muchas ocasiones, las acciones del PSE se han contradicho con lo ordenado por el Gobierno de Madrid o por la Secretaría General del Partido; esto crea una cierta sensación de falta de independencia, de vasallaje y, por ende, de incapacidad de “defender lo de aquí” con el tesón suficiente. Esto en el País Vasco, sobre todo en tiempos de crisis, es un torpedo en la línea de flotación. Es necesaria una cierta distancia, una mayor independencia, como UPN respecto al PP en el caso navarro. Algo que se vería como una evolución natural si se optara, en vista de la nueva evolución soberanista, por un desarrollo autonómico o la instauración de un estado federal.
6. El PSOE es un partido político antiguo y. como tal, tiene un historial largo, no exento de escándalos, corrupción, GAL, etc. Va con “mochila”, cosa que no ocurre, por ejemplo con UPD o con BILDU. Se trata de partidos con personas que sí tienen trayectorias políticas (en el caso de la izquierda abertzale, muy controvertidas, con apoyo a asesinatos, etc.) pero que han sabido mostrarse como partidos noveles y por lo tanto, limpios. Como solución, volvemos al punto anterior: cambio de nombre, distancia y mayor independencia respecto al PSOE, cambio de las caras actuales por rostros más jóvenes, con más cantidad de euskaldunes, etc.
7. Falta de juventud. Basta con ver las listas actuales para constatar que la edad media de los parlamentarios socialistas es muy alta. Es cierto que la edad no es un valor definitivo, pero la imagen envejecida no es la óptima para un partido de izquierdas. Una vez más, BILDU nos gana por goleada en esta imagen de juventud en movimiento.
8. Mentalidad de búnker o de trincheras. Como partido constitucionalista en el País Vasco, el PSE se ha visto obligado, por motivos bélicos, a retroceder, a encerrarse. Al mismo tiempo ha ejercido políticas no siempre acorde con lo que, sin duda, hubiera hecho en caso de paz o normalización social. Los nuevos tiempos obligan a emprender políticas aperturistas y de acercamiento a todos los sectores poblacionales.
9. Falta de implicación y liderazgo en las políticas verdes.
10. Falta de inclusión de inmigrantes en el aparato del partido; en Francia la mayoría de inmigrantes vota a los socialistas y su presencia se nota en las filas de la organización. El PSE no ha sabido incluir a los nuevos vascos en su aparato.
11. Incapacidad para luchar contra la crisis desde la calle; esto entronca con el problema de abandono por motivos bélicos de numerosas plataformas de participación social. Una crisis es un mar propicio para la Armada socialista; los socialistas deberían estar con los desahuciados, y con los parados, y deberían dejarse ver en los comedores sociales, en las empresas y en los barrios de inmigrantes…Los socialistas deben acompañar, asesorar, dar esperanza y participar más cuanto más crítica y depauperada es la situación; sin embargo, la dirección del partido ha renunciado a todo lo que no sean medidas de Gobierno, desde los sofás. Pero estas, aunque fundamentales, no son ni deben ser los únicos cauces de participación social.
12. El PSE debe organizar, dinamizar y fortalecer un aparato juvenil fuerte y activista, que organice saraos culturales, marchas montañeras, expresiones artísticas, presentaciones, etc.
13. Estructura personalista e incluso caciquil. La estructura y el funcionamiento interno del partido impiden toda renovación y/o reflexión; se trata de una organización personalista que promueve los estómagos agradecidos y el inmovilismo e impide el ejercicio de la democracia interna. Es fundamental una apertura y una democratización de la estructura del partido, ya con listas abiertas, ya con la búsqueda de un modelo moderno, transparente y de rotación del liderazgo, sobre todo después de que, como ha ocurrido, se produzca un revés (descalabro sería una palabra más acertada) electoral. Esto es algo evidente. La gente se da cuenta de esto. Hay muchos simpatizantes y militantes hartos y que, conscientes de esta situación, han decidido optar por otras opciones o por abstenerse y no ejercer su derecho a voto.

Por todo esto, creo que es el momento de refundar el PSE; lo mejor sería, por supuesto, mediante un consenso entre todos. Las fracturas pueden redundar en un suicidio colectivo porque proyectan una imagen de desunión e inseguridad en el electorado (y porque se dividen los simpatizantes y por ende los votos). Lo sucedido entre Ezker Anitza y Ezker Batua es un ejemplo claro de lo que expongo; primero apoyaron la política democristiana del PNV lo que desorientó al electorado de izquierdas, y después, tras el inevitable descalabro, se dividieron, lo que supuso la puntilla final. El PSE debe transformarse profundamente y debe hacerlo, contra viento y marea, unido. Pero es imprescindible que los líderes actuales cambien radicalmente de actitud; que escuchen, y tomen nota de lo que todos/as tenemos que decir. Que se comporten con la valentía que requieren unos tiempos en los que nos jugamos la supervivencia del Partido. Las generaciones salientes, derrotadas en las elecciones, sin embrago merecen todo nuestro respeto. Han mantenido a flote el partido en épocas de gran dureza y sufrimiento. Pero los tiempos han cambiado y ellos no. Si el cambio no se produce, y continúa la misma política arcaizante e inmovilista de la dirección, la fractura será inevitable y todos los vascos perderemos en el proceso.

Así que animo a los vascos y vascas socialistas a cambiar de rumbo y hacerlo desde la juventud. ¡Aupa Mutilak! ¡Ezkerretik ekintza orain!

lunes, 16 de julio de 2012

El futuro vasco y el exceso de principios del PP

Juan Carlos Alonso. Vitoria-Gasteiz.


En realidad no me molesta que el Partido Popular mienta. Lo hace tan habitualmente que ya se ha convertido en parte del paisaje. Lo que realmente me irrita es que nos tomen por gilipollas. Es una tentación en la que incurren de forma reiterativa y contumaz.

Lo hicieron cuando convencieron por unas horas a todos los medios de comunicación españoles de que era ETA la responsable del atentado de Atocha. “-¿A quién creeremos?, preguntaba Aznar indignado ante las cámaras de televisión, ¿a Otegui o al Ministerio del Interior del Gobierno de España?” -Pues a Otegui, cantamañanas, le respondía la gente después de haber acudido a Le Monde y al The Guardian buscando respuestas ante la mentira orquestada desde el Ejecutivo español.

Aquellos días me sentí como cuando en las casas se escuchaba Radio Pirenáica ante la cerrazón informativa del régimen franquista. Y volví a sentir idéntica sensación cuando escuché a Mariano Rajoy, una vez más mintiendo a sabiendas, celebrar el rescate bancario como si nos hubiera tocado el bingo universal, antes de largarse a ver a la Roja a Polonia.

En esta ocasión el pitorreo fue de dimensión mundial. El “You say tomato, I say boil-out” del Financial Times fue como para pedir la baja. Como para borrarnos y nacionalizarnos en las Islas Salomon. Bueno, tampoco. Mejor en la Isla de Nunca Jamás, donde nadie crece y todos permanecen con la edad de la inconsciencia forever and ever.

Tendríamos que exigir daños y perjuicios a nuestros representantes públicos cuando dicen estas falacias en público, para sonrojo del respetable, pensando que la audiencia es subnormal. Y cuando apuestan a que sus votantes ni leen prensa internacional, ni la salmón, ni el listín telefónico. Y que como son tontos de baba –piensan sus avezados asesores de comunicación- no se van a coscar de la farfolla dialéctica que les soltamos.

¿A quién le importa hacer el ridículo mundial si la prensa adicta te salva la cara y te convierte en referente mundial contra la crisis? ¿A quién diantres le importa la imagen de España ante Europa o ante Estados Unidos, si total sólo les entienden cuatro listos? Se dirá Rajoy.

Desde luego hemos de concluir que al Gobierno de la piel de toro no le importa nuestro patético ridículo mundial. Porque todo lo arreglan entre la Roja, Nadal y Fernando Alonso. No es de extrañar que nos degrade Fitch, Moodys, y hasta el presidente del Foro de Brasil del Medio Ambiente, convirtiendo a nuestro Presidente Rajoy en Prime Minister of The Solomon Islands.

Del mismo modo, Basagoiti en Euskadi se apunta a las poses y patalea ahora insistiendo en que Sortu es ETA; y se cisca en el criterio del Tribunal Constitucional. Y Alonso vaticina que es el primer día de la cuenta atrás para su ilegalización. Mientras tanto, su verso suelto Maroto se monta orgías de pactos para desayunar un día si y otro también con Bildu navegando en la coyuntura con una naturalidad pasmosa más propia del siglo XXII.

Y es que lo realmente asombroso del PP vasco es que andan sobrados de principios. Tan sobrados que utilizan unos para reunirse con COVITE, otros para pactar con BILDU en la Vitoria promiscua de Maroto –políticamente hablando, entiéndase-, y otros para negociarse la cartera con el PNV en la Ley de Cajas. Que una cosa es defender el solar patrio y otra ser tonto.

Y es que esto de modular el mensaje –falsear la realidad, sin eufemismos- se ha convertido en el modus operandi de la derecha. Donde dijeron digo, dicen diego. Pero lo hacen con tal desenvoltura que pareciera que no son ellos, sino el mundo y las hemerotecas los equivocados. Como si los principios no existieran sino en función del contexto. Y como si todo lo que fuera imprescindible hoy, pudiera resultar prescindible mañana.

En España, la mayoría absoluta y la prensa adocenada y cortés -salvo honrosas y escasas excepciones- hace posible maquillar los efectos colaterales de las decisiones semanales del Consejo de Ministros. Pero en Euskadi asistimos a un momento trascendental para nuestro futuro y no estamos para francotiradores.

El PP, y especialmente el vasco, debiera preguntarse qué quiere ser de mayor. Si el agitador del fantasma de España, con acento en la primera ‘a’; o si se apunta y arrima el hombro en la reconstrucción de la democracia vasca tras la derrota de ETA. Pasó el tiempo de la política de brochazo. Es el tiempo del pincel, y de trenzar la paz con hilo fino, como si de una alfombra afgana se tratase.

Es cierto que las trincheras imprimen carácter. Pero ha estallado la paz, señoras y señores, y toca recomponer, construir convivencia, preservar y redactar con lealtad y veracidad el relato del sufrimiento. Y para eso sobran las mentiras de manejo de coyunturas; están de más los opositores a don Pelayo; y faltan hombres con sentido de estado. ¿Quién se apunta?

viernes, 15 de junio de 2012

Un análisis urgente, crítico y riguroso de los primeros meses del Gobierno del PP

La llegada a la presidencia del Gobierno de Mariano Rajoy ha supuesto la puesta en marcha de una cascada de medidas de política económica completamente distintas a las que habían prometido en los últimos años. Medidas, además, sujetas a los mismos dictados europeos de los que prometió liberar a España si gobernaba.


Una vez más, los españoles fueron a votar atraídos por el ideario de un partido y luego descubrieron que, cuando gobierna, el Partido Popular hace justo lo contrario de lo que promete.


PDF aquí

El programa oculto de Mariano Rajoy no era igual al anterior de José Luis Rodríguez Zapatero, sino mucho peor y mucho más duro para las clases trabajadoras: congelaba pensiones básicas, concedía más ventajas a los bancos, a las grandes empresas y a los grandes defarudadores fiscales, ponía en marcha la reforma laboral más agresiva de nuestra historia y aprobaba unos Presupuestos Generales con los mayores recortes de los últimos treinta años.


"Lo que España necesita" (V.Navarro, J.Torres y A.Garzón) descubre los incumplimientos del PP, pone de relieve la falta de fundamento de las políticas de recortes -mostrando por qué sólo benefician a las clases altas- y propone, además, las medidas que España necesita para salir de la crisis, crear empleo y mejorar nuestro maltrecho orden democrático.

Rogamos su lectura y difusión. No es posible salir de la situación en la que estamos sin hacer que la población tome conciencia de lo que verdaderamente sucede y de que hay alternativas a las medidas que se están adoptando solo para satisfacer a los de arriba.


(Sinopsis de Ediciones Deusto sobre lo nuevo de Navarro, Torres y Garzón)

viernes, 18 de mayo de 2012

La trampa del péndulo del poder

Leyendo algunos comentarios en las redes sociales, no puedo evitar hacer unas breves  consideraciones que no van, precisamente, en una dirección optimista sobre la fortaleza  del PSOE sino realista, siempre en función de las encuestas sociológicas y los datos electorales. Y la última del CIS, en el punto referido a la opinión de la ciudadanía sobre los políticos, me ratifica. Porque los recientes resultados en Asturias y Andalucía no han significado la recuperación del voto socialista y de la credibilidad ciudadana. Indican que hemos tocado suelo y que el PP empieza a acusar el desgaste porque ya no inspira confianza tras sus demostradas mentiras en campaña.

Han transcurrido mas de 100 días del Gobierno Rajoy y la calidad de la democracia no mejora. Ni siquiera se salva la metodología prepotente del PP en la toma de decisiones,  algo que tanto criticaba al ex-Presidente Zapatero. Además, el diálogo con la ciudadanía y la oposición brilla por su ausencia. De ahí mi insistencia en acertar con un modelo de oposición democrática para el PS que combine dos frentes de acción política :

-de un lado, la labor como oposición útil y constructiva, con alternativas reales y pedagogía en la comunicación con la ciudadanía, para controlar y dar respuesta a las decisiones del Gobierno de Rajoy. A la vez, se impone acercar a la calle el papel del Parlamento de Bruselas y relanzar iniciativas que abran camino a una reconstrucción cívica y solidaria de Europa de la mano de Hollande. Porque la idea y el crédito de Europa también han entrado en crisis.

-de otro, el trabajo de reflexión y debate en la organización socialista y en la sociedad española para ir construyendo, con la participación de agentes y movimientos sociales, un nuevo proyecto alternativo desde la izquierda dirigido a lograr una salida más justa y solidaria de la crisis, con el saneamiento de la administración y un nuevo orden en la economía con medidas de dimensión europea dirigidas a promover el crecimiento y la creación de empleo.

Como oposición, no podemos caer en la tentación de jugar sistemáticamente al desgaste del PP, porque los millones de parados de esta crisis no han perdido la memoria de nuestra presencia y papel en el gobierno hasta hace pocos meses y se merecen que actuemos con el mayor rigor y responsabilidad. Por cierto, lo sucedido en Grecia con el  castigo a los Partidos mayoritarios debe llevarnos a la reflexión.

Tampoco habría que caer en la trampa de creer que la teoría del péndulo de poder nos garantiza la próxima vuelta al gobierno por el simple juego de la alternancia. Incluso sin haber hecho los deberes con el conjunto de los Partidos Socialistas de Europa para intentar regular los mercados y sin poner sobre la mesa soluciones concretas para el saneamiento de la Banca, activar el sector paralizado de la vivienda, acabar con los desahucios salvajes, atacar el paro del 52% de los jóvenes o sin abordar la reforma fiscal y la reforma electoral pendientes. Rubalcaba y su equipo tienen una tarea apasionante por delante que sería reconocida.

En los dos anteriores escenarios, se entendería que en la labor de oposición del PSOE prima la ansiedad de volver al gobierno. Esas actitudes y las estrategias que les pudieran acompañar no nos permitirían ganar en credibilidad, ni superar la desconfianza, indignación y descrédito que la política y los políticos (me incluyo) despiertan en la ciudadanía. Necesitamos estar muy atentos a los acontecimientos para recuperar nuestra identidad en parte perdida.

En los próximos meses vamos a pasar por una doble prueba del algodón para dejar constancia de hasta donde puede llegar nuestra voluntad de "cambio de actitud" en la idea de profundizar el sistema democrático. Porque tendremos que debatir y tramitar la Ley de Financiación de los Partidos y la Ley de la Transparencia. Ahí es nada, dos leyes de contenido complejo y polémico con las que deberíamos superar actitudes y dinámicas erróneas y opacidades injustificables con el objetivo de mejorar, de manera sustancial, la calidad de la democracia en España. Y no podemos defraudar aprobando dos leyes que estén contaminadas.

Pero para avanzar en la buena dirección, cabría preguntarse: ¿Hemos sacado conclusiones sinceras de los resultados electorales obtenidos a lo largo de la crisis? ¿Somos conscientes de cómo se nos ve en la calle por una ciudadanía angustiada por la crisis y el paro, de lo que es reflejo las recientes encuestas de intención de voto de El País y el CIS, en las que el PP pierde apoyo por desgaste pero también refleja que se mantiene la desconfianza hacia la oposición Socialista? Yo pienso que si. En todo caso, apunto que el distanciamiento entre los políticos y la ciudadanía es anterior a la aparición de la crisis y se justifica por los casos de corrupción, los comportamientos irresponsables que interesa aflorar, la falta de diálogo y transparencia con los electores y la carencia de ideas para impulsar una democracia más participativa.

Así veo las cosas; con gran preocupación y algunas dudas. Pero constato que un claro posicionamiento del PSOE en la izquierda exige profundizar en la vía de la regeneración política y en la oferta de soluciones alternativas para devolver la confianza perdida a la sociedad española. Nuestra apuesta se llama : honestidad, transparencia y espíritu de transformación de esta sociedad, los mismos objetivos que le dan sentido al Partido Socialista de Pablo Iglesias tras 133 años de vida. Ahora bien, no podemos cometer más errores ante la avalancha de indignación y la magnitud de la tragedia que convierten a este País en una olla a presión, cada día más al limite.


Escrito por Odón Elorza: odonelorzag@gmail.com