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domingo, 2 de junio de 2013

Huelga General

Julio Herrero. Vitoria-Gasteiz. @HerreroJulio

¿Es razonable hacer una huelga general? A estas alturas de la crisis esta pregunta se ha formulado por muchas de las personas que el pasado día treinta tuvieron noticia de la convocatoria realizada por algunas centrales sindicales y otros grupos sociales. ¿Pero, sirve para algo? Porque, no cabe duda, que el esfuerzo, no solo económico, que participar en una huelga supone, es grande y costoso. Si además la acción tiene un fin básicamente reivindicativo pero sin llevar aparejado una propuesta concreta, las dudas son aún mayores como lo han expresado diversos comentaristas.

Algunos muy críticos con el sentido “político”, que de una forma despectiva quieren ver en esta llamada sindical, acentuado con las palabras del líder de ELA cuando se refería a que “el Parlamento estaba en la calle” y no dentro del edificio que en esas horas celebraba una de sus reuniones. ¿Son los sindicatos organizaciones políticas o simplemente laborales, gremiales, de defensa de los trabajadores, a la antigua usanza?

Se hace precisa una revisión de los conceptos, empezando por reivindicar el sentido de la “política”, no como algo ajeno a la sociedad, manejado por algunos elegidos o designados, sino como la legítima forma de participación del ciudadano cuando interviene en los asuntos públicos con su opinión, con su voto, o de cualquier otro modo. Desde este punto de vista, es evidente que los sindicatos y otras organizaciones sociales, intervienen en la política legítimamente y sin que tengan que excusarse por ello.

En los momentos actuales, con una crisis evidente de los partidos como instrumentos de participación política, debido a sus propios errores organizativos y falta de transparencia, las organizaciones sociales toman el relevo en muchas de las demandas, e incluso en la resolución de problemas, que aparecen por la dejación a la que asistimos, del papel de los Estados. No quiere decir ello que sean los sindicatos el mejor ejemplo de organización democrática, ni mucho menos. Lastrados en ocasiones por los favores “debidos” a los gobiernos que los subvencionan, dada su carencia de afiliación y por tanto de financiación, se mueven en ese difícil equilibrio de “denunciar pero sin faltar”. En estas circunstancias es cuando la huelga general adquiere su verdadero valor como repulsa ciudadana, última e desesperada.


(Artículo publicado en DNA 02.06.13)

lunes, 15 de abril de 2013

El espacio común de PSE-EE y PSN

Óscar Rodríguez Vaz. Vitoria-Gasteiz. @rvoscar


La “corrupción” y “la política y los políticos” están entre los principales problemas de la ciudadanía española, por detrás del “paro” y la “situación económica”, según el último estudio del Centro de Investigaciones Sociológicas. A la luz de los últimos acontecimientos, y con unos datos de desempleo no tan desastrosos en la Comunidad Foral, estoy convencido de que “la corrupción” y “la política y los políticos” son ya los dos problemas principales para la población navarra.

Somos muchos los que creemos en la política y en la democracia. Y quizás por ello suframos tanto al observar cómo el sistema se derrumba ante nuestros ojos, al tiempo que sus actores fundamentales mantienen una aparente mirada impasible. ¿Cómo entender que todo el mundo siga “en sus puestos” con la que está cayendo, por ejemplo, en Navarra? Será la Justicia quien determine si el ex Presidente o el actual alcalde de Pamplona cometieron delito, pero ambos dos, junto a Yolanda Barcina, son culpables de haber cometido una inmoralidad indigna de cualquier cargo público.

Mi reflexión no tenía por objeto abordar este cáncer para la democracia que se extiende de forma acelerada a lo largo y ancho de la piel de toro. No terminaría el artículo, porque si bien la crisis está contribuyendo a desigualar a las regiones de España en materia de renta, en cambio parece estar igualándolas en cuanto a escándalos vinculados a presuntos delitos de corrupción.

Más bien, empiezo hablando de esta materia para defender la necesidad de una regeneración política aquí. Una regeneración, que a mi juicio, debería ser liderada por la izquierda no nacionalista desde la oposición pura y dura, si no quiere quedarse sin espacio de juego para algunos años. Y esta máxima sería aplicable tanto en Navarra como en Euskadi, aunque empezaré por la primera.

El PSN fue la segunda fuerza política en las elecciones de 2011, ganado por la mínima a NaBai. Pero en la práctica, es la tercera, tras la incorporación de Aralar a la coalición EHBildu. También es la tercera formación en el Ayuntamiento de Pamplona, con sólo 3 concejales. Con estos mimbres, ¿tiene el PSN la responsabilidad de echar sobre sus espaldas la responsabilidad de sostener las instituciones que lidera una formación política protagonista en los escándalos de la CAN? Más aún, con los recortes económico-ideológicos que se perpetran con la excusa de la crisis económica, y que UPN comparte con el Gobierno Central, ¿tiene algún sentido que un partido de izquierdas dé estabilidad a gobiernos de derechas, sean estas nacionales, nacionalistas o regionalistas?

Creo que la situación requiere que el PSN baje a la calle con nuevos referentes sociales y construya con la sociedad progresista una alternativa en clave de regeneración democrática y, por supuesto, una alternativa en materia socio-económica. Y pienso que si no lo hace de forma urgente, dejará el camino expedito para que EHBildu sea la principal fuerza política en las próximas elecciones forales.

Salvando todas las distancias que existen entre Euskadi y Navarra, y entre el PSE-EE y el PSN, a mi juicio, el camino que debe transitar el socialismo vasco se asemeja bastante al que debería recorrer el navarro. Me explico.

A un extremo tenemos al PP, con una posición clara en Euskadi y un nicho electoral no muy alto, pero relativamente estable en los últimos 25 años. Hoy día, además, gobierna las principales instituciones alavesas. En el otro extremo estaría EHBildu, formación nueva en apariencia (injusta apariencia), también con una posición muy definida y gobernando decenas de ayuntamientos importantes y la Diputación en Gipuzkoa. Entre ambas esquinas, el PNV, gobernando Euskadi, Bizkaia y ayuntamientos en los tres territorios. Una formación que, bajo el envoltorio de la gestión rigurosa y culpabilizando a la herencia recibida, lo primero que ha hecho es presentar unos Presupuestos recortados un 10% sobre la fatalista base del “no hay alternativa”.

¿Y el PSE-EE? Habiendo sido tercera fuerza política en las últimas elecciones autonómicas – y tras haber sufrido sendos varapalos en las locales y en las generales un año antes –, no gobernando ni diputaciones, ni más de 6 ayuntamientos vascos, ¿debe empezar a acordar con el PNV por “el bien del país” o por la “delicada” situación? ¿Acaso “el bien del país” no importaba de 2010 a 2012, cuando el gobierno del PSE-EE era torpedeado por las diputaciones? ¿No era también entonces “delicada” la situación? Además, el PSE-EE entregaría de forma gratuita (e injusta, otra vez) la bandera de la alternativa de izquierdas y de la crítica social a EHBildu, siempre que ETA no vuelva.

Esto en cuanto al modelo de oposición en lo socio-económico, pero también hay un importante hueco que rellenar en materia de regeneración política en Euskadi. Aunque los escándalos navarros no tengan sus equivalentes vascos (no al menos en este momento), la desafección hacia la política y las instituciones no tiene a la corrupción como única causa; son muchas, muy variadas, y también se dan en Euskadi. Y este es un importante flanco que si el PSE-EE no cubre de inmediato, serán otros quienes lo hagan.

Pienso, en definitiva, que el espacio del PSE-EE pasa por abrirse a la calle con nuevos referentes sociales y presentar sendas alternativas progresistas en materia socio-económica y en el campo de la regeneración política. Este sí, un espacio común con el PSN.


(Artículo publicado en Diario Vasco, 13.04.13)

domingo, 14 de abril de 2013

Miopía

Julio Herrero Romero. @HerreroJulio jherrero2007@gmail.com

Está claro que Euskadi es un país de disensos. Es difícil encontrar asuntos en los que haya un acuerdo general, aunque sea de mínimos. Bien sea la enseñanza de idiomas en la educación pública, bien la propia ponencia de paz y convivencia en el seno del Parlamento Vasco, no hay manera de que todos se pongan a trabajar sobre bases comunes.

Lo de la educación tiene miga: ni siquiera consensuan si debe llamarse “trilingüe” o “plurilingüe” que posiblemente debe de ser una diferencia de mucha enjundia pero que los no entendidos creemos integrada. Intuyo que la cosa debe de ir si hay que ser vascoparlante antes de emprender otras inmersiones o simplemente aprender las tres lenguas simultáneamente. La política es lo que tiene: magnifica lo accesorio y olvida lo sustancial, que en este caso es que lo jóvenes puedan expresarse adecuadamente en las lenguas que necesiten. Me temo que tal como están las cosas habrá que añadir alguna otra: alemán, chino, brasileño o catarí.

Lo de la ponencia es todavía peor ya que se había llegado a un acuerdo previo al aprobar las conclusiones de la etapa anterior. El “suelo ético”. Y ahora es el PP el que no asiste por…ni ellos mismos se aclaran. Miedo a que el “relato” modifique aquellos puntos básicos alcanzados: no puede haber olvido de las víctimas, ni justificación de una violencia pasada. Y es impensable que esto ocurra por mucho que algunos quieran justificar en la falta de “diálogo político” las atrocidades cometidas, u otros, los crímenes de estado en la “situación vivida”.

No hay tampoco acuerdo en la política fiscal, ni en los presupuestos del gobierno y de otras instituciones, ni en qué hacer con las “preferentes” ni con los “desahucios”. No hay acuerdo en si somos una nación, o un pueblo, o un Estado, o nada. Lo único que parece suscitar unanimidad es que la situación es crítica, que a este paso el tejido social se descompone y que los recortes, ¡por fin!, son un desastre que nos lleva a la ruina. Miles de personas se lanzan a la calle pidiendo soluciones, cientos de empresas cierran por falta de crédito, y los sindicatos evitan estar juntos por el color de sus banderas y no unidos en la defensa de los trabajadores. ¿Cuánto tiempo tardaran en darse cuenta de que si las instituciones no resuelven los problemas, la sociedad prescindirá de ellas?


(Publicado en Diario Noticias de Álava, domingo 14 de abril)

domingo, 6 de enero de 2013

Responsabilidad generacional

Juan Jacinto Muñoz Rengel

Nacidos casi a la par que la democracia, los miembros de mi generación llegamos al mundo con la idea de progreso cincelada en el subconsciente. Crecimos al mismo tiempo que se desarrollaba el Estado de bienestar, viendo cómo nuestras casas siempre se hacían más grandes, cómo los coches eran cada vez mejores, cómo casas y coches se multiplicaban. Esa parecía ser la norma que regía la vida de los hombres. Cursamos la educación obligatoria, y luego el bachillerato y el COU y la universidad, porque era lo que había que hacer. Fue más o menos entonces cuando empezamos a notar que algo no iba bien. Vivimos nuestra primera crisis, la que en 1993 dobló la tasa del paro. No supimos reaccionar, nunca pensamos que podía haber un abismo al final del camino, y, como había a quienes no interesaba que siguiera subiendo la cifra del desempleo, seguimos estudiando y realizamos doctorados o pagamos los primeros másteres millonarios. En esa época, la realidad se estaba reconfigurando para nosotros. Aparecieron las primeras ETT, los contratos basuras, los contratos en prácticas, despertamos de repente en una espeluznante existencia de becarios, de trabajos temporales y de un paro disuasorio y recurrente.

No recuerdo que nadie, ningún representante, ninguna institución, ningún adulto, hubiese dedicado nunca unas palabras a dirigirse a mi generación, hasta que al fin logramos cierto poder adquisitivo. Entonces fue cuando la publicidad empezó a hablar como nosotros y a utilizar cualquier recurso nostálgico para hacernos desembolsar nuestras parcas ganancias. Después, nos lanzamos a la aventura de comprar casas. Era lo que había que hacer, comprometerse con una hipoteca. Nos lo decía la sociedad, nos lo decían los políticos, nos lo decían y repetían nuestros padres. Nuestros padres pertenecen a la generación que fue hippie en los años sesenta, eran parte de ese movimiento que promulgaba estilos de vida alternativos y se oponía al consumismo y al sistema capitalista. Nuestros padres, la gente de su edad, son los hippies que desde hace décadas nos gobiernan y ostentan los cargos de poder, la misma generación que nunca impuso límites al capital, que desde la izquierda y desde la derecha ha permitido la expansión del capitalismo más salvaje de toda la historia de la humanidad, que ha liderado el desmantelamiento del Estado de bienestar, que ha consentido la subversión de la democracia, ha desactivado la capacidad de participación ciudadana y ha confundido Europa con una moneda.

Pero que nadie me entienda mal. De todos, los peores somos nosotros, peores con creces que nuestros predecesores. Mi generación se ha limitado a hacer siempre lo que se suponía que debía hacer. Cuando nos dijeron que estudiáramos, estudiamos. Cuando nos dijeron que compráramos, compramos. Los más borregos entre los borregos, educados para cosechar las mieles de una felicidad anodina, ni siquiera hemos protagonizado un breve episodio luminoso. Por miedo, por una incapacidad para afrontar el sentimiento de culpa, o la responsabilidad, o sencillamente por pereza, nunca hemos hecho nada. Tan solo obedecer.

En cambio, ha sido la generación inmediatamente posterior —esa que algunos llaman generación ni-ni y otros, generación perdida— la que, cuando la nueva crisis mostró sus fauces y nosotros volvimos a perder una vez más nuestros trabajos, se echó a la calle y dio forma al único gesto con algo de sentido en todos estos años: el 15-M.


Quiero pensar que mi generación, esa que accedió a pagar un sueldo íntegro por una vivienda, en propiedad o de alquiler, esa que no salió a la calle cuando su precio se multiplicó por diez, esa que sigue votando a los mismos políticos que lo promovieron y que ahora nos dicen que sobreestimamos nuestro poder adquisitivo, los está apoyando. Quiero pensar que estamos con ellos, que vamos a seguirlos. Que mientras las clases políticas afianzadas en el poder procuraran su descrédito, mientras llaman antisistemas a universitarios sin trabajo, a investigadores que emigran al extranjero, a funcionarios que pierden pagas y derechos, a trabajadores cualificados víctimas de un ERE, a hombres y mujeres normales que se arrojan por la ventana ante un desahucio, mientras nuestros gobernantes sólo se preocupan por no perder sus sueldos obscenos, sus futuros cargos como consejeros en bancos y empresas energéticas, mientras toman las medidas que nos abocan a la catástrofe, mientras se indulta a los corruptos condenados por los tribunales, mientras se ceden a la banca decenas de millones de euros de los ciudadanos, a la misma banca inclemente que fuerza los desahucios, a la misma banca magnánima que condona la deuda a los partidos políticos, mientras todos los sacrificios se exigen a los más débiles, mientras los defensores del sistema van a reventarlo todo desde dentro, por implosión, llevando al extremo sus mecanismos más perniciosos, mientras el sistema se suicida y a nosotros nos suicidan, mientras ocurre todo eso, mi generación está más y más concienciada de que esta vez hay que hacer algo.

Eso quiero pensar, que mi generación está ahí, con los más jóvenes, dispuesta por fin a protagonizar el cambio. Y que muy pronto estará también ahí con nosotros la generación de nuestros padres. Hombro con hombro, todos juntos, antes de que sea demasiado tarde. Antes de que sean nuestros abuelos los que tengan que campar al raso para reclamar su derecho a la jubilación o a una vivienda. Cuando todavía queda algo por lo que luchar.
(Este es un artículo publicado hoy, 6 de enero de 2013, en El País. Juan Jacinto Muñoz Rengel acaba de publicar El asesino hipocondríaco.)

lunes, 8 de octubre de 2012

El Fary en los MTV Awards


Rosa de Luxemburgo. Zamosc


Deliciosa tropa:

El ávido y devorador capital internacional arrea reclamando la devolución de deudas al paisito, exigiendo sudores –fríos— y la Izquierda Sistémica no articula una creíble respuesta democrática que defienda a la ciudadanía de la misma. Estamos en pelotas ideológica, discursiva y estratégicamente hablando en esta tesitura. Y de esta guisa, pretendemos que la Izquierda Sistémica recupere la complicidad ciudadana y consecuentemente, poder institucional. No nos engañemos.

Hoy la Izquierda sistémica está vendiendo vacuidad a una ciudadanía con razón descreída, que cada vez tiene menos asideros con los que mantenerse a flote y que necesita agua para calmar su sed de Dignidad como el campo ansía la lluvia de mayo. No es de extrañar que salga a la calle, que aborrezca de la política representativa y de las instituciones democráticas que tanto han costado crear.




Y es que esta mal llamada crisis no es más que una reasignación de recursos regresiva cuya resultante no es otra que una distribución de riqueza más desigualitaria, olvidando que la generación de riqueza es una función social. Asistimos a un remake de David y Goliat en el que ahora vence el fuerte y se lleva la porción más grande del pastel. El capital global vence y el proletariado — tontamente nacional—pierde. Y la Política en general y la Izquierda en particular, sin brújula con la que orientarse y dirigirse por nuevos derroteros.

El capital no es bobo. Su remuneración tiende a ser decreciente a medida que peina canas. En la economía financiera de casino, unos pocos generan PIB de la nada cuyo valor nominal excede en mucho al valor de la producción “real” e incrementa su “ascendente” sobre el Poder legítimo. Y en la economía real, en pleno pico petrolífero, el capital aprecia que la energía “barata” es pasado, condición sine que non para seguir produciendo, vendiendo, creciendo y ganando a espuertas. Los recursos naturales se rarifican y encarecen y por tanto, los insumos. Al mismo tiempo, la producción global no repara en los límites físicos, hace del mundo su taller-almacén y, acrecienta el ritmo de la concurrencia, emergen nuevos actores en el escenario y el conejo salta pronto de la chistera: se reducen los márgenes del capital. ¿Y qué hace el capital para seguir acumulando? Achuchar a los trabajadores nacionales, reducir la remuneración de los más, “desclasar” las relaciones laborales y apelar a la vanidad y fatuidad de aquellos que le son más útiles y productivos para legitimar el equilibrio precario del statu quo económico… Y es que el Trabajo no está globalizado y no dispone de alternativa política ni económica para enfrentarse a la globalidad capitalista.

Pero, el discurso general, la metanarrativa que subyace, la interpretación predominante generalmente asumida no es ésta y la Izquierda Sistémica, hoy, está atrapada en las trampas discursivas de los hábiles prestidigitadores e ilusionistas del Poder Capitalista.

La Lucha Final está en el Lenguaje. Hemos de hacer prevalecer una interpretación que hable de la exclusión, de la acumulación abusiva, de los límites del planeta, de la emancipación de las personas, de la legítima decisión pública de los fines de la producción, de arquitecturas institucionales europeas y mundiales deficitarias, de la dilución progresiva de los derechos sociales… Discursos que señalen sin complejos las locuras de la “racionalidad” económica, que no confunda a los medios con los fines, que no normalice la exclusión sistémica de millones de personas …

Los discursos y narrativas varias con las que nos bombardean los medios —que algunos llaman de propaganda masiva — apuntan hacia lo contrario y es ahí donde se presenta la batalla: que si lo público es ineficiente e insostenible, que si lo prioritario es flexibilizarnos para crecer, que si han de flexibilizarse e individualizarse las relaciones laborales, que si hemos de asumir la socialización de pérdidas privadas por gestiones irresponsables, nos marean con que estamos pagando los excesos de los años locos del boom…

Entre tanto ruido mediático, ha de alzarse la voz y el discurso que haga prevalecer una interpretación emancipadora que cree realidad social. No olvidemos que la realidad social es un discurso que modula los hechos (aprendamos de la estrategia de guerrilla chic de la FAES). Necesitamos interpretaciones de los hechos que ganan para crear más espacios de libertad, emancicpación, igualdad y fraternidad. Toca luchar trabajando el discurso, el lenguaje, el relato para que la interpretación que estimamos justa VENZA. Sin complejos.

Me temo que ahora tenemos el mismo punch que el Fary de más casta en los MTV Awards. Pero todo se andará.

Salud a raudales a todas.

domingo, 7 de octubre de 2012

Ellos, nosotros

Denis Itxaso. Donostia. (denisitxaso@gmail.com)

A la hora de hacer el balance de lo bueno y malo que ha acontecido en esta Legislatura vasca que ya va tocando a su fin, parece haber absoluto consenso en distinguir dos aspectos fundamentales de la vida pública: por una parte está la gestión de la crisis, con todas las ramificaciones que se quieran incluir, pero básicamente resumidas todas ellas en el análisis de cómo se han gestionado los gastos y cómo los ingresos. Por otra parte, -la que en este post quiero desarrollar-, parece ineludible reparar en todo lo que tiene que ver con la convivencia, en un país enormemente plural en lo identitario y cultural, y que ha arrastrado hasta anteayer un lacerante problema de violencia ideológica.
El trasfondo sobre el que se han dibujado estas singularidades políticas, nos habla de una comunidad próspera y moderna, con altos índices de desarrollo humano y tecnológico, y capaz de generar excedentes económicos para reequilibrar desde valores de equidad y solidaridad, las persistentes diferencias sociales con las que convivimos.

Creo sinceramente que, si uno echa la vista atrás, tanto la otrora militarización de las conciencias como el nivel de crispación política, han disminuido notablemente durante los últimos tres años. A ello ha contribuido definitivamente el fin de ETA, aunque pueden remarcarse algunos otros ingredientes que también han jugado un papel importante.

El Gobierno socialista de Patxi López ha ejercido de fronterizo en todo lo que tiene que ver con las identidades. Ha rebajado la carga emocional, que a veces tanto pesaba, de muchas de las políticas culturales, lingüísticas, educativas o simbólicas que antes estaban presididas por una eterna polémica. Disquisiciones metafísicas sobre lo que somos, lo que deseamos, lo que fuimos o lo que soñamos, han quedado reservadas al ámbito legítimo de lo privado. Los sentimientos de pertenencia, en toda su amplia y variada graduación, sólo habían provocado en el pasado enfrentamientos que nos impedían avanzar en el mutuo reconocimiento de lo que somos unos y otros. De la intrínseca pluralidad de la sociedad vasca, al fin y a la postre.

Por eso me da pena y rabia leer eslóganes de campaña que dicen 'somos más del 51% los que nos sentimos vascos y españoles' u otros que dicen 'si tú no vas, ellos ganan', en referencia al ejercicio del voto. Ese ellos, ese nosotros, ese más del 51%, contiene unas implicaciones nefastas en Euskadi. ¿De qué estamos hablando? ¿De Hutus y Tutsis? ¿De católicos y protestantes? ¿De judíos y musulmanes? ¿Es ese el modelo de convivencia que deseamos para Euskadi? Sinceramente creo que tras la denominación de 'Constitucionalistas' no se pueden ni se deben mezclar opciones políticas que amparen ese tipo de visiones, que sólo aportan material inflamable a los frágiles equilibrios que de forma cotidiana la gente acostumbra a hacer en este País.

Por eso creo que el papel de lo fronterizo, de lo empático con el diferente, del respeto a la diferencia, de la convivencia en definitiva, debe seguir cultivándose, por mucho que aún haya partidos que interpreten las campañas como una barra libre para cualquier recurso que permita arañar votos o pescar en caladeros cautivos. Yo pensaba que el PP vasco había comenzado hace tiempo a representar posiciones más templadas y responsables que las enarboladas en el pasado por Mayor Oreja o Iturgaiz. Por favor, recuérdense los resultados políticos de aquella estrategia.


lunes, 30 de julio de 2012

¿Quiénes trajeron la gallina de los huevos de oro?


Odón Elorza. Donostia.

Un insólito artículo del 11 de septiembre de 2003 en EL PAÍS, titulado EL LEGADO DE RATO y escrito -nada mas y nada menos- por Fdez Ordóñez, sirve para dejar constancia del origen y autores de la Burbuja Inmobiliaria en España así como de la politica económica corto placista de Rodrigo Rato como Vicepresidente y Ministro de Economía junto al Presidente Aznar (1996-2004). Ellos iniciaron "la jugada".

Aznar-Rato nos dejaron una HERENCIA maldita. La del ladrillo y el sobre-endeudamiento privado de familias que accedieron a créditos por encima de sus posibilidades.

Luego, de nuevo Rato, nos dejaría otra HERENCIA tras haber estado y salido de puntillas por el todo poderoso FMI como gerente (2004-2007). Me refiero al reciente caso del agujero de BANKIA (2010-2012).

MAFO, como autor del artículo y de la predicción, no fue luego coherente con su denuncia cuando ocupó los puestos de Secretario de Estado de Economía y Gobernador del Banco de España (2004-2012) Y tampoco intervino el Gobierno de Zapatero hasta el estallido de la burbuja con la llegada de la crisis de USA. El mal ya estaba hecho.

Lo cierto es que siendo la explosión de la Burbuja una consecuencia de la crisis global y reconociendo la responsabilidad de políticos y del mundo económico-financiero, la sociedad española vivió "anestesiada" el periodo de la Burbuja Inmobiliaria.

Sí, "anestesiada" ante el tirón del ladrillo en la economía, en la creación de empleo y por el "fácil" acceso a créditos que contaban con inyecciones de capital alemán.

Hay que reconocer que nadie se atrevió a acabar con la disparatada gallina de los huevos de oro. Las Cajas y Bancos hicieron su agosto hasta que se pillaron los dedos, los promotores y constructores se hicieron de oro y se dejaron notar con sus patrocinios de eventos de todo tipo en las ciudades, los anuncios llenaban espacios en los medios, los Ayuntamientos obtenían jugosos ingresos, los sinvergüenzas y corruptos de toda clase sacaron tajada con favores y operaciones ilegales, los créditos permitieron construir los sueños de tener vivienda a millones de familias, etc, etc.

Hasta que el castillo de naipes se vino estrepitosamente abajo. Resumen pero verdad.

martes, 24 de julio de 2012

Tres ideas para reforzar el relato del PSOE ante la crisis

Odón Elorza. Donostia.

La escalada de recortes y reformas aprobadas por el Gobierno de Rajoy, entre aplausos del PP y "que se jodan", me parece particularmente inadmisible porque vuelve a castigar a la ciudadanía más indefensa. Ante ello, la posición de los Socialistas, que sabemos que el necesario combate contra la crisis no lo justifica todo y que los procesos de toma de decisiones han de seguir pautas democráticas, no puede quedar desdibujada ante la sociedad española.

Precisamente, el mismo sentido de responsabilidad con el que debiera abordarse la recuperación económica del País y las reformas estructurales precisas para evitar caer en el precipicio de la intervención total, me lleva a defender tres ideas básicas que debería forman parte de un Programa Mínimo para combatir la crisis desde posiciones de izquierda :

1. Partimos de la premisa de que la mayoría social no es causante de la crisis. Esto exige presentar de inmediato un PLAN de SOLIDARIDAD que, cuando menos, garantice el blindaje de las capas de población más desfavorecidas y de los que viven en riesgo de exclusión social para que no se encuentren desamparados por el Estado y tengan sus mínimos vitales cubiertos. Sería el caso de personas desempleadas sin subsidio o con ayudas insuficientes, personas con Dependencia, pensionistas que no puedan afrontar el copago sanitario, etc

2. Es injusto que la mayor parte de la factura de la austeridad, la corrección del déficit público y las pérdidas de las entidades bancarias nacionalizadas la pague la ciudadanía de a pie mientras el mundo inmobiliario, Bancos y Cajas se van de rositas.

Por tanto, es exigible la aplicación de MEDIDAS FISCALES para lograr un reparto justo de los sacrificios de la crisis, de modo que no recaigan en las personas más humildes y en las clases medias. Así, razones de solidaridad hacen necesario un impuesto sobre las grandes fortunas, la adecuación de la progresividad del IRPF, un impuesto sobre el patrimonio, y especialmente la lucha contra el fraude y la evasión fiscal de aquellos "patriotas" que además reciben el regalo de una anmistía fiscal.

3. Pero la crisis también se combate desde la transparencia y nunca debemos aceptar ajustes y reformas estructurales fruto de la imposición y la prepotencia, con ausencia de explicaciones y diálogo en el Parlamento y con engaños a la ciudadanía.

El PS ha de liderar la defensa, sin concesiones, de un Programa de actuaciones democráticas para favorecer la TRANSPARENCIA en la lucha contra toda clase de corrupciones, el DIÁLOGO en la gestión de la crisis por los Gobiernos, así como la INVESTIGACIÓN rigurosa por el Parlamento en la depuración de responsabilidades por los casos de fraude o mala administración que se vienen conociendo (Bankia y otras Cajas).

Y si Rajoy no cambia su forma de proceder, los Socialistas no podríamos apoyar la reforma del sistema bancario. Nunca sin transparencia; que quede claro.

jueves, 19 de julio de 2012

Aires de Novecento

Dicky del Hoyo. Bilbao.


En días como estos, en los que el recurso a la rebeldía tendría que ser más necesario que nunca, me acuerdo de Novecento. Hace mucho que ví película de Bertolucci. Cuando la recuerdo, me da la impresión de que era un film excesivamente maniqueo. Casi una acción de propaganda. Con los malos, los patronos, malísimos y con unos obreros explotados de manera salvaje. No se si visto desde nuestros tiempos, la situación que refleja Bernardo era lo real, o la historia era un cromo panfletario. Posiblemente si hoy en lugar de mirar nuestras fábricas, nos vamos a Vietnam, a Marruecos o las empresas chinas donde fabrican nuestros flamantes ipads habrá más de un patrón como el sádico fascista Attila Mellanchini.

Somos de una generación, de un tiempo y circunstancias que, en líneas generales lo ha tenido muy fácil: cuando estás cómodo es normal que te adormezcas. Si miro hacia atrás veo a mi abuela, viuda, sirviendo cuarenta años casas de la burguesía de Negurí. Cuidando a los hijos de los demás y sin un sólo minuto para ocuparse de los suyos. O a mis padres afrontando una incierta emigración, en el otro extremo del mundo, para dar de comer a sus hijos. Por otra parte, siempre me acordaré la frase de un conocido, que de tendencias de izquierda, en el momento que triunfó en los negocios y empezó a vivir bien me dijo que en ese mismo instante cambiaba de voto, viraba a la derecha. Nunca entendí eso.

Son tiempos confusos pero por eso, nuestra capacidad de responder a los retos debe ser más elaborada. Lo que tengo claro es que nadie va a llegar de manera mágica a solucionar mis (nuestros) problemas. Hay muchas vías para enfrentarse a un cambio de ciclo pero no todas suponen que al hacerlo perdamos todo lo que antes conquistaron los que nos precedieron.

lunes, 16 de julio de 2012

El futuro vasco y el exceso de principios del PP

Juan Carlos Alonso. Vitoria-Gasteiz.


En realidad no me molesta que el Partido Popular mienta. Lo hace tan habitualmente que ya se ha convertido en parte del paisaje. Lo que realmente me irrita es que nos tomen por gilipollas. Es una tentación en la que incurren de forma reiterativa y contumaz.

Lo hicieron cuando convencieron por unas horas a todos los medios de comunicación españoles de que era ETA la responsable del atentado de Atocha. “-¿A quién creeremos?, preguntaba Aznar indignado ante las cámaras de televisión, ¿a Otegui o al Ministerio del Interior del Gobierno de España?” -Pues a Otegui, cantamañanas, le respondía la gente después de haber acudido a Le Monde y al The Guardian buscando respuestas ante la mentira orquestada desde el Ejecutivo español.

Aquellos días me sentí como cuando en las casas se escuchaba Radio Pirenáica ante la cerrazón informativa del régimen franquista. Y volví a sentir idéntica sensación cuando escuché a Mariano Rajoy, una vez más mintiendo a sabiendas, celebrar el rescate bancario como si nos hubiera tocado el bingo universal, antes de largarse a ver a la Roja a Polonia.

En esta ocasión el pitorreo fue de dimensión mundial. El “You say tomato, I say boil-out” del Financial Times fue como para pedir la baja. Como para borrarnos y nacionalizarnos en las Islas Salomon. Bueno, tampoco. Mejor en la Isla de Nunca Jamás, donde nadie crece y todos permanecen con la edad de la inconsciencia forever and ever.

Tendríamos que exigir daños y perjuicios a nuestros representantes públicos cuando dicen estas falacias en público, para sonrojo del respetable, pensando que la audiencia es subnormal. Y cuando apuestan a que sus votantes ni leen prensa internacional, ni la salmón, ni el listín telefónico. Y que como son tontos de baba –piensan sus avezados asesores de comunicación- no se van a coscar de la farfolla dialéctica que les soltamos.

¿A quién le importa hacer el ridículo mundial si la prensa adicta te salva la cara y te convierte en referente mundial contra la crisis? ¿A quién diantres le importa la imagen de España ante Europa o ante Estados Unidos, si total sólo les entienden cuatro listos? Se dirá Rajoy.

Desde luego hemos de concluir que al Gobierno de la piel de toro no le importa nuestro patético ridículo mundial. Porque todo lo arreglan entre la Roja, Nadal y Fernando Alonso. No es de extrañar que nos degrade Fitch, Moodys, y hasta el presidente del Foro de Brasil del Medio Ambiente, convirtiendo a nuestro Presidente Rajoy en Prime Minister of The Solomon Islands.

Del mismo modo, Basagoiti en Euskadi se apunta a las poses y patalea ahora insistiendo en que Sortu es ETA; y se cisca en el criterio del Tribunal Constitucional. Y Alonso vaticina que es el primer día de la cuenta atrás para su ilegalización. Mientras tanto, su verso suelto Maroto se monta orgías de pactos para desayunar un día si y otro también con Bildu navegando en la coyuntura con una naturalidad pasmosa más propia del siglo XXII.

Y es que lo realmente asombroso del PP vasco es que andan sobrados de principios. Tan sobrados que utilizan unos para reunirse con COVITE, otros para pactar con BILDU en la Vitoria promiscua de Maroto –políticamente hablando, entiéndase-, y otros para negociarse la cartera con el PNV en la Ley de Cajas. Que una cosa es defender el solar patrio y otra ser tonto.

Y es que esto de modular el mensaje –falsear la realidad, sin eufemismos- se ha convertido en el modus operandi de la derecha. Donde dijeron digo, dicen diego. Pero lo hacen con tal desenvoltura que pareciera que no son ellos, sino el mundo y las hemerotecas los equivocados. Como si los principios no existieran sino en función del contexto. Y como si todo lo que fuera imprescindible hoy, pudiera resultar prescindible mañana.

En España, la mayoría absoluta y la prensa adocenada y cortés -salvo honrosas y escasas excepciones- hace posible maquillar los efectos colaterales de las decisiones semanales del Consejo de Ministros. Pero en Euskadi asistimos a un momento trascendental para nuestro futuro y no estamos para francotiradores.

El PP, y especialmente el vasco, debiera preguntarse qué quiere ser de mayor. Si el agitador del fantasma de España, con acento en la primera ‘a’; o si se apunta y arrima el hombro en la reconstrucción de la democracia vasca tras la derrota de ETA. Pasó el tiempo de la política de brochazo. Es el tiempo del pincel, y de trenzar la paz con hilo fino, como si de una alfombra afgana se tratase.

Es cierto que las trincheras imprimen carácter. Pero ha estallado la paz, señoras y señores, y toca recomponer, construir convivencia, preservar y redactar con lealtad y veracidad el relato del sufrimiento. Y para eso sobran las mentiras de manejo de coyunturas; están de más los opositores a don Pelayo; y faltan hombres con sentido de estado. ¿Quién se apunta?

viernes, 15 de junio de 2012

Un análisis urgente, crítico y riguroso de los primeros meses del Gobierno del PP

La llegada a la presidencia del Gobierno de Mariano Rajoy ha supuesto la puesta en marcha de una cascada de medidas de política económica completamente distintas a las que habían prometido en los últimos años. Medidas, además, sujetas a los mismos dictados europeos de los que prometió liberar a España si gobernaba.


Una vez más, los españoles fueron a votar atraídos por el ideario de un partido y luego descubrieron que, cuando gobierna, el Partido Popular hace justo lo contrario de lo que promete.


PDF aquí

El programa oculto de Mariano Rajoy no era igual al anterior de José Luis Rodríguez Zapatero, sino mucho peor y mucho más duro para las clases trabajadoras: congelaba pensiones básicas, concedía más ventajas a los bancos, a las grandes empresas y a los grandes defarudadores fiscales, ponía en marcha la reforma laboral más agresiva de nuestra historia y aprobaba unos Presupuestos Generales con los mayores recortes de los últimos treinta años.


"Lo que España necesita" (V.Navarro, J.Torres y A.Garzón) descubre los incumplimientos del PP, pone de relieve la falta de fundamento de las políticas de recortes -mostrando por qué sólo benefician a las clases altas- y propone, además, las medidas que España necesita para salir de la crisis, crear empleo y mejorar nuestro maltrecho orden democrático.

Rogamos su lectura y difusión. No es posible salir de la situación en la que estamos sin hacer que la población tome conciencia de lo que verdaderamente sucede y de que hay alternativas a las medidas que se están adoptando solo para satisfacer a los de arriba.


(Sinopsis de Ediciones Deusto sobre lo nuevo de Navarro, Torres y Garzón)

martes, 5 de junio de 2012

De borrachos que buscan llaves bajo la farola

Chicas, chicas: agarraros que vienen curvas. En el hipotético caso de que pagáramos todos, el agujerito del esperpento Bankia nos va a salir, cuanto menos, a más de 500 euritos por barba. Y ya hemos asumido — bravo por la manipulación a la que se nos somete— que así ha de ser. En fin, Gora Islandia! Ojala sólo sean éstos 500, porque visto el carrusel de trolas con las que el chiringuito patrio nos inunda a diario, a saber qué novedad chusca ocupará los titulares de mañana.

Corren ríos de tinta más o menos bien documentados que dan muchas perspectivas de lo que está pasando en Bankia en particular y en el sufriente paisito en general. Los análisis que diagnostican la situación tratan de explicarnos lo que ha pasado y nos está pasando. La verdad, es que ningún achuchón o taran-tantán sistémico anterior del capitalismo habrá tenido tanta cobertura mediática y ciudadana como el síncope por el que transitamos. Luego felicitémonos al menos porque la ciudadanía — aunque se la estén calzando—, por lo menos está informada. (Es harina de otro costal el que lleguemos a entender realmente el tejemaneje que se ha urdido a lo largo de la acción de muchos años; pero bueno).

A la luz de lo que leemos y escuchamos, asusta que, por un lado, las recetas, tratamiento y estrategias que se barajan para nuestro paisito prometen más que el sangre, sudor y lágrimas churchilianos: un cambio de reglas de juego en toda regla, una involución democrática al cubo y una ruptura de facto del contrato social; y acojona, que por otro lado, desde la democracia liberal no seamos capaces de estructurar una alternativa al paradigma económico, ecológico, social y político capitalista actualmente imperante en la piel de toro y que nos ha traído hasta esta zozobra colectiva.

El deseo.

Me pregunto si será posible aspirar a nuevas políticas económicas, nuevos valores económicos, salirnos del capitalismo desde las instituciones democráticas liberales. Desde luego, es necesario. Porque ya se nos ha caído la venda de los ojos y vemos que otros caminos son necesarios. ¿Acaso podemos esperar honestamente que el turbocapitalismo tecnocrático hiperacelerado global en el que estamos nos sirva como herramienta para hacer personas ciudadanas libres con plenos derechos? Sabemos que no sirve y que su deriva nos lleva hacia un estadio bien diferente. Lo que no sabemos es cómo superarlo y trascenderlo.

Las democracias liberales están siendo fagocitadas y metamorfoseadas por una loca máquina omnicomprensiva hiperproductivista que es el capitalismo, que reduce la persona a útil de producción prescindible, manipulable, descartable, que convierte la persona en temerosa y neurótica competidora constante desde la cuna a la tumba, que arrasa con los recursos públicos (afecciones al medioambiente, socialización de pérdidas, garantías públicas para la inversión privada, endeudamiento públicos crecientes para garantizar deudas privadas fallidas, conglomerados tecnocráticos poderosos que vampirizan la acción pública para promover intereses económicos privados espurios… que cada uno se busque su ejemplo, que abundan)…

La Izquierda liberal tiene la responsabilidad histórica de ver y dar a conocer esta realidad y vencer las resistencias a estos discursos que ponen la atención en la superación del sistema capitalista que asociábamos a utopistas cultos de salón afrancesado. Porque chicas, chicos… Con esta no-crisis-sino-cambio-de-modelo, nos han pintado en patio del recreo de negro tizón — como los cojones de un grillo — y creo que seguimos creyendo que se trata de un nubarrón pasajero.

El borracho en busca de sus llaves.
Seguimos apegados a las herramientas, a las formas de funcionar, a un campo de juego conocido que ya ha cambiado, como el borracho que busca las llaves bajo el haz de luz de la farola, aunque sepa que se le han caído en la penumbra, en esa en la que no puede ver ni orientarse: que si austeridad, que si crecimiento, que si un poquito más de déficit, que si vencimientos laxos para las obligaciones de la deuda… Esto es urgente, pero no puede ser todo aquello que ofrezcamos porque hay cosas muy importantes a las que hemos de dar respuesta.

Apegados a las herramientas del pasado, echamos de menos un crecimiento económico y mientras, delante de nuestras narices, asistimos a una regresión en la distribución de la renta — a la chita callando — que me río yo de la involución del Fernando VII, salvando las distancias del momento histórico. Regresión en la distribución de la renta que se acrecienta con la mayoría de medidas que se están proponiendo para salir de la no-crisis-sino-cambio-de-modelo y volver a darle pedales a la máquina. En el pasado, hemos fallado al desear que el crecimiento llegara a las clases populares a partir de la abundancia, libertad y opulencia de los ricos. Esto sólo lo hemos conseguido en períodos históricamente cortos, a costa de especular, generar producciones y consumos insostenibles, endeudarnos y arrasar el territorio. Por no hablar de que era y es un modelo no universalizable: ahora, hemos de generar unos modelos válidos para todo el planeta y sostenibles en el tiempo; nuestro modelo de paisito, no lo era.

Necesitamos una linterna para recuperar las llaves de nuestra casa.Y en este ínterin, hemos hecho –hablo de las democracias liberales en general y de la Izquierda en particular-- dejación de nuestro deber moral de emancipar. Y emancipar es generar bienes públicos de calidad que lo permitan, no fomentar una inundación de bienes de consumo accesibles vía endeudamiento con la que crear la ilusión de que todos somos iguales.

Sólo somos iguales y libres de verdad si la cosa pública actúa y lo procura. Si no es el caso, accedemos a discursos publicitarios con los que nos identificamos y a los que emulamos. Así, nos creeremos iguales, pero no lo seremos porque la distribución de poder real es estructuralmente no igualitaria. Y con la mayoría de medidas que se están proponiendo para salir de la no-crisis-sino-cambio-de-modelo y volver darle pedales a la máquina, la emancipación y la distribución de poder, empeora y mucho.

Para vivir sanos, libres, iguales, conscientes, fraternos, necesitamos satisfacer necesidades reales y postergar cosas que deseamos porque así se nos induce para mantener la maquinaria en marcha… Necesitamos meterle mano sin complejos al reparto del pastel de la riqueza porque la regresión distributiva de la renta hace perder libertad real a mucha gente. Necesitamos volver al ritmo sereno, lento, nutritivo, pensante, sintiente, compartiendo vivencias, ayudándonos… Suena un tanto lili-moñas, pero es una resistencia que se puede superar. Lo que está claro es que seguir el camino trillado hasta ahora, será “de sentido común” a lo Mariano –qué miedo—pero demuestra un apego a lo viejo conocido muy perjudicial, que no ayuda a emancipar a la ciudadanía e insiste en convertirla en útil de producción para satisfacer las necesidades de un sistema capitalista.

Creo que ha llegado la hora de volver a los orígenes en el sentido de replantearnos el sistema a fondo: crecimiento para qué y para quién; la generación de riqueza ha de ir de la mano de su distribución equitativa; hemos de poder debatir qué necesitamos producir como sociedad; hemos de aspirar a derivar los incrementos de productividad a la libertad de las personas y no a la a la acumulación de capital; hemos de reclamar que la libertad económica no puede anteponerse a la emancipación de la ciudadanía; hemos de crear un sistema que requiera menos financiación exterior o menos recursos físicos que hayamos de detraer en detrimento del bienestar de otros pueblos; hemos de saber discernir lo necesario de lo superfluo; hemos de aportar análisis y herramientas que ayuden a la ciudadanía a ser más conscientes y libres…

Vale; el diagnóstico lo sabemos todos. Pero, ¿qué hacemos?
Lo jodido de la situación es que como el borracho bajo la farola, no sabemos qué pasos dar para encontrar nuestras llaves en la penumbra. Es una limitación frustrante de la Izquierda. Ya uno de sus padres, Carlos Marx, demostró que era brillante diagnosticando la perversión del sistema capitalista que aún hoy aprieta —si bien, de forma mucho más elegante que entonces— pero que sus alternativas no eran especialmente recomendables. Hoy, a falta de herramientas nuevas a aplicar desde las democracias liberales, ponemos parches, pomaditas, tiritas. Pero no abordamos la no-crisis-sino-cambio-de-modelo. Aspiramos a volver a darle pedales a la máquina cuanto antes, pero no nos atrevemos a bajarnos, porque el riesgo a lo desconocido y a sus posibles consecuencias nos atenaza. Da igual que lo viejo conocido nos ahogue y nos cambie el mundo y el paisito. El miedo a decidir y construir el cambio nos atenaza. Es lo que hay.

Pero la tozuda realidad nos está instando a responder a retos de enjundia: ¿Seremos capaces de articular una propuesta que cuestione el crecimiento sin distribución de la riqueza progresivamente equitativa? Sí, tenemos que decidir.
La salida a esta no-crisis-sino-cambio-de-modelo pasa olímpicamente de la distribución igualitaria de la renta tanto en el paisito como a nivel internacional, requiere de una división internacional del trabajo con vencedores y vencidos y nos hemos rendido a la evidencia de que ha de ser así. No, estamos decidiendo políticamente que así sea. Decidamos a la contra.
¿Seremos capaces de articular una economía de la sobriedad, en la que prime la persona como fin en sí mismo (7000 millones de fines en sí mismos) y en la que se integre sin excusas el respeto a los límites físicos para el sostenimiento de 7000 millones de personas? Sí, tenemos que decidir.

No hay planeta para el modelo de crecimiento que hemos llevado y que se está extendiendo a más población en el mundo. No necesitamos tanto el crecimiento como una organización social que priorice la satisfacción de las necesidades reales de la gente común; por cierto, cada vez más desatendidas por el modelo capitalista y el crecimiento económico. Hemos de decidir un cambio de modelo.

¿Seremos capaces de generar metanarrativas, valores, relatos nuevos a los actualmente imperantes en la ciudadanía y que nos ayuden a promover una acción pública emancipadora? Sí, tenemos que decidir.

Especulemos. Mientras hayamos de seguir anclados en la metanarrativa del Homo Economicus que actúa en el mercado desde el cálculo racional inmaculado —bien informa, libre y coerciones—, promovamos la información de la trazabilidad de todos los productos y servicios que nos hallamos prestos a consumir. Trazabilidad sobre qué insumos ha requerido, cuántos kilómetros ha recorrido, qué huella ecológica ha tenido, qué trato tienen los trabajadores que lo han hecho posible…

Se da la paradoja que en el turbocapitalismo que canta loas constantes a la libertad de movimiento de los factores productivos, no permite un flujo real de información que aclare la trazabilidad de lo que consumimos. Nos inundan con publicidad —también en nombre de la libertad de expresión— pero no informamos suficientemente de los productos para un consumo consciente de la ciudadanía.

¿Seremos capaces que explicar que la colaboración puede generar tanto como la competición? Sí, tenemos que decidir

Hay una metanarrativa muy cachonda que nos hemos tragado. Damos por supuesto que ante todo hemos de competir, porque —creemos— somos seres en liza constante y que, de ahí, la apabullante legitimidad capitalista, mero reflejo de nuestra naturaleza intrínseca. Venga hombre! Somos hijos de las Luces, y podemos crear nuevas formas de entendernos y gestionarnos. Y la cooperación, colaboración es una vía.

Salud a raudales para todas.

lunes, 4 de junio de 2012

Social democracia de la pobreza

La socialdemocracia siempre ha tenido como una de sus premisas implícitas la idea que existía un sobrante que estaba mal repartido. Sobre esta base, cierta en las economías en expansión, ha conseguido en muchos países una distribución del bienestar que no tiene precedente en la historia de la humanidad. Sin embargo la crisis actual plantea un escenario, bastante desarrollado en Grecia, en el que no se ve sobrante y en el que va apareciendo cada vez más desigualdad.

 ¿Pero que hacer en tiempos de crisis? Los del PP han optado exclusivamente por políticas de austeridad, mientras aprovechan que "el Pisuerga pasa por Valladolid" para imponer sus dogmas económicos privatizadores. Al tiempo aplican la estrategia del ventilador, exculpando de desastres cuando se trata de los suyos y asignando responsabilidades exclusivas a lo que hicieron los demás. Parece claro que no van por buen camino.

¿Y qué respuesta existe? Pues respuesta clara no hay. La socialdemocracia pretende actuar con comportamientos democráticos y renuncia por tanto a acciones impositivas como las que se producen en los regímenes de matriz comunista. No propugna políticas autoritarias  que históricamente se han revelado incapaces de crear riqueza que repartir y que no se basan en la voluntad democrática de la población.

Pero me gustaría hacer una distinción metodológica. Una cuestión es salir de la crisis y otra cosa es restablecer la justicia. Creo que en la izquierda se están confundiendo estas dos cosas. Por ejemplo, una medida que promueve igualdad y que es de justicia, tal como ampliar los límites de las condiciones para tener ayudas sociales no tiene porqué ser buena para salir de la crisis. Sin embargo es totalmente deseable en las circunstancias actuales. O por otra parte, son necesarias medidas de austeridad que tomadas con los medios que proporciona la ley pueden producir y producen efectos claramente injustos.

Sin embargo muchos de los análisis de izquierda sobre la crisis confunden estos planos, proponen medidas que dicen son apropiadas para salir de la crisis porque son justas. Frases como ¡Qué paguen la crisis los que la han provocado! expresan un buen deseo, pero no un camino para la solución. Desgraciadamente las leyes económicas, si la palabra ley se puede aplicar a la economía, son bastante crueles y muchas veces entienden poco de justicia.

Si algo no hay duda es que ahora somos globalmente más pobres de lo que éramos hace tres años. Y tiene que ser asumido. Pero la socialdemocracia tiene también un papel en esta época de vacas flacas: mitigar los daños en la matriz social. Evitar que so pretexto de salir más rápido de la crisis se machaque a la población profundizando en la desigualdad.

 Imagen de http://www.ecoportal.net

jueves, 10 de mayo de 2012

Mi réplica a Basagoiti

La ruptura del acuerdo existente en Euskadi entre el PSE-EE y el PP me parece una buena noticia, especialmente para el Lehendakari, que en el desempeño de su función gana en centralidad y autonomía. No obstante, las justificaciones aportadas por el presidente del PP vasco, Basagoiti, me llevan a plantear algunas consideraciones aclaratorias de la realidad vasca :

1a. En un momento particularmente delicado de la crisis, que provoca en Euskadi un 12 % de paro, resulta  imprescindible la gestión continuada por el Lehendakari y su Gobierno del Presupuesto aprobado para 2012. Aplicar las medidas previstas en materia de empleo, conceder ayudas a las empresas para dar un impulso a la economía vasca y preservar los derechos sociales de la ciudadanía ante los recortes pretendidos por el PP, son tareas prioritarias. La convocatoria repentina de elecciones para julio (?) como exigen el PNV y Amaiur, supondría un evidente perjuicio en las dinámicas de aplicación de las medidas presupuestarias durante meses. Algo muy lesivo para este país.

2a. El Lehendakari Patxi Lopez argumenta, con razón, que esta legislatura está legitimada  para aprobar con acuerdos muy amplios y transversales la Ley de Cajas y la Ley Municipal, los criterios para la reforma fiscal, avanzar en los trabajos y objetivos de la Ponencia Parlamentaria sobre la Convivencia y lograr que el Gobierno de Rajoy dė continuidad al proceso de paz. Me parece una aspiración que no tiene por qué verse trastocada por el final de la entente con el PP; aunque, eso si, con el complemento de la  iniciativa ética que apunto al final.

3a. El análisis del PP de entender agotado el acuerdo de legislatura, valorando los logros alcanzados en materia de deslegitimación del terrorismo, normalización social y final del terrorismo, así como el freno a las dinámicas soberanistas de Ibarretxe que tanto tensionaban a la sociedad vasca, obedece a una realidad que ya formulé tras los acontecimientos del 20-O. Pero es que, además, las consecuencias derivadas de las elecciones generales del 20-N han venido provocando desavenencias insoportables. Por tanto, me reafirmo en que era absurdo pretender mantener artificialmente un acuerdo convertido en papel mojado a la vista del nivel de discrepancias que se elevaba cada día en respuesta a las políticas de Rajoy. Ahora bien, discrepo rotundamente de las razones esgrimidas por Basagoiti y que acoto a continuación.

4a. El PP alega "falta de firmeza del Lehendakari frente al mundo abertzale" para justificar la ruptura del acuerdo. Acusación falsa y gratuita. Otra cosa es que desde el 20-O, y tras el comunicado de ETA, no haya habido sintonía entre las posiciones de Patxi López y las de Rajoy-Basagoiti al apostar el PP por la paralización del proceso de paz para tomarse un tiempo y distanciarse de su anterior discurso. Es evidente que esta justificación obedece a necesidades internas del PP, regalando una descalificación sobre el  Lehendakari a los sectores más inmovilistas del PP -y entornos- en materia de pacificación, contrarios a la búsqueda de vías para hacer efectiva, con garantías, la disolución de ETA.

5a. Es cierto que, desde el principio, el acuerdo nos ha resultado a muchos socialistas vascos difícil de sobrellevar. Y lo que para mi suponía una cuestión de coherencia política, me refiero a la necesidad de poner punto final a un "acuerdo excepcional" y para una situación que ha cambiado, en el caso de Basagoiti lo interpreto como un gesto de simple  subordinación a la estrategia de recortes del PP y de Rajoy. Hay políticos que entienden que lo prioritario es la defensa del discurso único y las conveniencias del Partido de turno por encima de los intereses generales de la ciudadanía a la que representamos. Basagoiti ha caído, además, en el desprecio y la deslealtad al comparar al Lehendakari con Homer Simpson o al acusarle de "tomar una deriva nacionalista y hacer oposición a Rajoy en lugar de gobernar Euskadi". Acusaciones falsas y mal intencionadas.

6a. Por último, pero no menos importante, en este debate las cuestiones de ética política y de legitimidad democrática han de ser tenidas muy en cuenta. Por ello, considero que el Lehendakari Patxi López acertaría si en el marco del debate anual de septiembre sobre política general en Euskadi, siempre a la vista de los resultados del mismo y de las opiniones mayoritarias expuestas, presentara al Parlamento una cuestión de confianza para continuar hasta agotar la legislatura. Y en caso de perder la votación para proceder a la convocatoria anticipada de elecciones en noviembre.


Escrito por Odón Elorza: odonelorzag@gmail.com

lunes, 7 de mayo de 2012

Presidente Hollande y la reconstrucción europea

La victoria este domingo del socialista François Hollande, en la jornada definitiva de las Elecciones Presidenciales francesas, genera ya, a escasas horas de su confirmación, todo tipo de expectativas políticas sobre el futuro de Europa. Más allá de convertirse en el primer Presidente socialista en Francia tras 17 años consecutivos de liderazgo conservador, y de haber relegado por primera vez en la Historia de la quinta república francesa a un Presidente tras su primer y único mandato, la victoria de Hollande despierta consigo la ilusión de la socialdemocracia europea.

Reconozcamos que la izquierda lleva aletargada, deprimida y anestesiada desde que estalló la crisis financiera y comenzó la depresión económica. El descaro de las recetas unívocas de una derecha rampante que no sólo reparte lecciones de moralidad y economía regresivas, si no que demoniza a todo aquel que ose plantear políticas alternativas, ha acomplejado a los socialistas europeos hasta hacerlos incapaces de contagiar el más mínimo optimismo.

Pero este segundo Presidente Socialista desde la instauración de la Quinta República en 1958, simboliza también la llamada a la articulación de una nueva alternativa desde el progresismo, para la reconstrucción política y económica europea. Esta crisis ha mostrado en toda su crudeza los pies de barro de una Unión Europea que no era tal. Ni siquiera era una unión económica, pues no iba más allá de una mera alianza monetaria, que sólo ha dado resultado mientras la economía arrojaba saldos positivos, pero que ha mostrado su auténtica debilidad a la primera ocasión en que las adversidades comprometían los vagos objetivos de cohesión europea.

Todo se ha hecho mal: desde la manera en que se han impuesto los ajustes y el abuso de exigir que se modifiquen Constituciones para consagrar la austeridad, despreciando la madurez democrática de la ciudadanía; hasta el timo del Acuerdo de Schengen sobre libertad de movimiento de personas y capitales que algunos Estados han suspendido de forma oportunista retomando fronteras por miedo a movimientos migratorios; pasando por la renuncia de Francia a su tradicional y estratégico papel de contrapeso a la hegemonía alemana; todo ha conducido a un desmoronamiento de los principios europeos.

El Presidente Hollande, líder del progresismo europeo, debería ahora propiciar la refundación de la socialdemocracia en el viejo continente sobre la base de la búsqueda de una mayor integración europea. Porque somos los socialistas los que debemos elevar el crecimiento económico sostenible a rango de prioridad política. Tenemos que guiar a Europa hacia la creación de un auténtico gobierno común como respuesta a la extensión de los nacionalismos y populismos. Y también estamos llamados a rediseñar el modelo de Estado de Bienestar para fortalecerlo y hacerlo más eficiente ante las tentaciones de desmantelamiento que padece hoy día. Y para todo eso quizás resulte aconsejable ignorar por un rato lo que digan los mercados esta semana.

Por lo demás, el final del Sarkozysmo, un movimiento sobre todo basado en el culto a la personalidad de un líder histriónico, hiperactivo y omnipresente, dejará a corto plazo un shock emocional importante en amplias capas sociales, y una previsible crisis política en la derecha francesa, abrumada por el ascenso del extremista Frente Nacional de Marie Le Pen, que tratará arrebatarle la hegemonía en el seno de la derecha. Habrá que estar atentos al modo en que la UMP, el principal partido político conservador galo, afronta la complicada tarea de reorganizar la derecha sobre la base del NeoGaullismo, recuperando al centro y sin caer en la deriva peligrosa que plantean los ultras lepenistas.



Escrito por Denis Itxaso: denisitxaso@gmail.com

domingo, 6 de mayo de 2012

Acabar con esta depresión innecesaria: llamamiento a una decidida acción política

La idea central del último libro de Paul Krugman resulta tan esperanzadora como desasosegante: “La depresión que estamos atravesando es, fundamentalmente, gratuita” [Paul Krugman, ¡Acabad ya con esta crisis!, Crítica, Barcelona 2012].
Discípulo declarado de Keynes y crítico razonadamente furibundo del monetarismo neoliberal, Krugman considera que vivimos claramente en la clase de mundo descrito por Keynes: Estamos sufriendo penalidades que –pese a todas las diferencias de detalle que se deben a los 75 años de cambio social, tecnológico y económico- son claramente similares a las de los años treinta. Y sabemos qué deberían haber hecho entonces los gestores políticos: tanto por los análisis contemporáneos de Keynes y otros economistas, como por el gran número de estudios posteriores”. Precisamente por eso, porque la crisis actual puede explicarse a la luz de las intuiciones e hipótesis keynesianas, “disponemos tanto del saber como de los instrumentos precisos para poner fin a este sufrimiento”.
Frente a la obsesión por el ajuste y la austeridad, deberíamos recordar una máxima de Keynes: “El auge, y no la depresión, es la hora de la austeridad”. Lo que hace falta en estos momentos d depresión es adoptar políticas expansivas y de creación de empleo.
Aunque no utilice este lenguaje, Krugman formula su crítica a la norma del ajuste general como un típico problema de acción colectiva. Si bien para un individuo, una familia o una empresa es plenamente lógico  gastar menos de lo que ingresa (ajustarse), para una sociedad en su conjunto esto es una catástrofe. “Si demasiados actores económicos se encuentran al mismo tiempo con un problema de endeudamiento, su empeño colectivo por salir de ese problema contribuye a su propia derrota”. “Mi gasto es tu ingreso y tu gasto es mi ingreso”, afirma Krugman. Si nadie gasta (porque no puede, o porque no se fía), nadie ingresa. “Un mundo en el que un gran porcentaje de personas o empresas está intentando cancelar sus deudas, todas al mismo tiempo, es un mundo en el que se reducen los ingresos y el valor de los activos, donde los problemas de endeudamiento se agravan, en lugar de mejorar”.
Y lo mismo ocurre con los recortes en los salarios y las condiciones de trabajo: “Mientras un trabajador individual puede mejorar sus oportunidades de obtener trabajo a cambio de aceptar un salario inferior, que lo haga más atractivo en comparación con otros trabajadores, un recorte general de los salarios deja a todo el mundo en el mismo lugar, salvo en un aspecto: reduce los ingresos de todos, pero el nivel de deuda se mantiene igual. Así pues, más flexibilidad en los salarios (y los precios) sólo empeoraría las cosas”.
Alguien debe animarse a gastar para volver a poner en marcha el motor gripado de las economías. “En un momento en el que muchos deudores intentan aumentar el ahorro y cancelar las deudas, es importante que alguien haga lo contrario”. Ese alguien sólo puede ser el gobierno.
Pero en lugar de proceder desde ese conocimiento y esa experiencia, quienes ocupan los puestos de responsabilidad en los gobiernos, las instituciones internaciones y muchos departamentos universitarios puristas del laissez-faire, “han optado por prejuicios ideológica y políticamente convenientes”. ¿Convenientes para quién?
“Para meternos en esta depresión –explica Krugman- han hecho falta décadas de malas directrices políticas y malas ideas que prosperaron porque durante mucho tiempo estuvieron funcionando muy bien, no para la nación en su conjunto, sino para un puñado de gente rica y con mucha influencia. Y esas malas políticas e ideas han llegado a dominar nuestra cultura política y hacen que sea muy difícil variar el rumbo aun cuando nos enfrentamos a una catástrofe económica”. No es un problema esencialmente técnico-económico, sino político.
Krungman expone en el capítulo 4 el proceso desregulatorio que hizo posible el auge del capitalismo de casino, fundamento de la crisis que se inicia en 2008. Se trata e una cuestión esencial, pues indica bien a las clara que la política tiene mucha importancia también hoy en día para organizar la economía, aunque desgraciadamente todo el poder político se está utilizando para favorecer al capitalismo más especulativo. Matt Taibbi profundiza en esta conspiración política por la desregulación con más radicalidad que Krugman en el libro Cleptopía (Lengua de Trapo, 2011).
“Solo para una pequeña –aunque influyente- minoría, la época de la desregulación financiera y el ascenso del endeudamiento supuso en verdad un extraordinario aumento de los ingresos”. En 2006, los 25 administradores de hedge funds (fondos de cobertura, especulativos con dinero prestado) ubicados en Manhattan mejor pagados ganaron 14.000 millones de dólares, tres veces la suma de los sueldos de los ochenta mil maestros de escuela de la ciudad de Nueva York. Estos administradores tienen un doble honorario: cobran por administrar el dinero de otras personas, pero también  se llevan un porcentaje de los beneficios que consiguen. “Esto les supone un incentivo de peso para realizar inversiones arriesgadas: si las cosas van bien, reciben una cuantiosa recompensa; mientras que si las cosas van mal –y ese momento siempre llega- nada les obliga a devolver los beneficios anteriores”. Esto no es economía, es política. Política a favor de unas minorías. Política de clases.
Y aquí es cuando Krugman introduce, con cautela pero con claridad, una clave explicativa que se convierte en una carga de profundidad contra la política democrática actual: es la referencia a esa “puerta giratoria por la que políticos y funcionarios terminan yendo a trabajar para la industria a la que, supuestamente, debían supervisar”. Esta puerta giratoria provoca incluso una perversa transferencia de la lealtad de los altos dirigentes políticos, desde la sociedad que los ha llevado al poder hacia las organizaciones económicas y empresariales que pueden acogerlos cuando abandonen el gobierno: “Quien abandona el puesto siendo tenido en gran estima por el equipo de Davos, podrá ser elegido para una gran variedad de cargos en la Comisión Europea o del FMI aunque sus compatriotas le profesen el más absoluto desprecio. La máxima demostración de solidaridad hacia la «comunidad internacional» sería hacer lo que quiere esa comunidad, enfrentándose incluso a una enorme resistencia por parte del electorado político nacional”.
Krugman presenta su libro como un llamamiento a ejercer presión política contra esta conjura del ajuste mediante la construcción de una opinión púbica informada y movilizada. Yo me apunto. Creo que Hollande también…


Escrito por Imanol Zubero: imanol.zubero@ehu.es