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domingo, 6 de mayo de 2012

Acabar con esta depresión innecesaria: llamamiento a una decidida acción política

La idea central del último libro de Paul Krugman resulta tan esperanzadora como desasosegante: “La depresión que estamos atravesando es, fundamentalmente, gratuita” [Paul Krugman, ¡Acabad ya con esta crisis!, Crítica, Barcelona 2012].
Discípulo declarado de Keynes y crítico razonadamente furibundo del monetarismo neoliberal, Krugman considera que vivimos claramente en la clase de mundo descrito por Keynes: Estamos sufriendo penalidades que –pese a todas las diferencias de detalle que se deben a los 75 años de cambio social, tecnológico y económico- son claramente similares a las de los años treinta. Y sabemos qué deberían haber hecho entonces los gestores políticos: tanto por los análisis contemporáneos de Keynes y otros economistas, como por el gran número de estudios posteriores”. Precisamente por eso, porque la crisis actual puede explicarse a la luz de las intuiciones e hipótesis keynesianas, “disponemos tanto del saber como de los instrumentos precisos para poner fin a este sufrimiento”.
Frente a la obsesión por el ajuste y la austeridad, deberíamos recordar una máxima de Keynes: “El auge, y no la depresión, es la hora de la austeridad”. Lo que hace falta en estos momentos d depresión es adoptar políticas expansivas y de creación de empleo.
Aunque no utilice este lenguaje, Krugman formula su crítica a la norma del ajuste general como un típico problema de acción colectiva. Si bien para un individuo, una familia o una empresa es plenamente lógico  gastar menos de lo que ingresa (ajustarse), para una sociedad en su conjunto esto es una catástrofe. “Si demasiados actores económicos se encuentran al mismo tiempo con un problema de endeudamiento, su empeño colectivo por salir de ese problema contribuye a su propia derrota”. “Mi gasto es tu ingreso y tu gasto es mi ingreso”, afirma Krugman. Si nadie gasta (porque no puede, o porque no se fía), nadie ingresa. “Un mundo en el que un gran porcentaje de personas o empresas está intentando cancelar sus deudas, todas al mismo tiempo, es un mundo en el que se reducen los ingresos y el valor de los activos, donde los problemas de endeudamiento se agravan, en lugar de mejorar”.
Y lo mismo ocurre con los recortes en los salarios y las condiciones de trabajo: “Mientras un trabajador individual puede mejorar sus oportunidades de obtener trabajo a cambio de aceptar un salario inferior, que lo haga más atractivo en comparación con otros trabajadores, un recorte general de los salarios deja a todo el mundo en el mismo lugar, salvo en un aspecto: reduce los ingresos de todos, pero el nivel de deuda se mantiene igual. Así pues, más flexibilidad en los salarios (y los precios) sólo empeoraría las cosas”.
Alguien debe animarse a gastar para volver a poner en marcha el motor gripado de las economías. “En un momento en el que muchos deudores intentan aumentar el ahorro y cancelar las deudas, es importante que alguien haga lo contrario”. Ese alguien sólo puede ser el gobierno.
Pero en lugar de proceder desde ese conocimiento y esa experiencia, quienes ocupan los puestos de responsabilidad en los gobiernos, las instituciones internaciones y muchos departamentos universitarios puristas del laissez-faire, “han optado por prejuicios ideológica y políticamente convenientes”. ¿Convenientes para quién?
“Para meternos en esta depresión –explica Krugman- han hecho falta décadas de malas directrices políticas y malas ideas que prosperaron porque durante mucho tiempo estuvieron funcionando muy bien, no para la nación en su conjunto, sino para un puñado de gente rica y con mucha influencia. Y esas malas políticas e ideas han llegado a dominar nuestra cultura política y hacen que sea muy difícil variar el rumbo aun cuando nos enfrentamos a una catástrofe económica”. No es un problema esencialmente técnico-económico, sino político.
Krungman expone en el capítulo 4 el proceso desregulatorio que hizo posible el auge del capitalismo de casino, fundamento de la crisis que se inicia en 2008. Se trata e una cuestión esencial, pues indica bien a las clara que la política tiene mucha importancia también hoy en día para organizar la economía, aunque desgraciadamente todo el poder político se está utilizando para favorecer al capitalismo más especulativo. Matt Taibbi profundiza en esta conspiración política por la desregulación con más radicalidad que Krugman en el libro Cleptopía (Lengua de Trapo, 2011).
“Solo para una pequeña –aunque influyente- minoría, la época de la desregulación financiera y el ascenso del endeudamiento supuso en verdad un extraordinario aumento de los ingresos”. En 2006, los 25 administradores de hedge funds (fondos de cobertura, especulativos con dinero prestado) ubicados en Manhattan mejor pagados ganaron 14.000 millones de dólares, tres veces la suma de los sueldos de los ochenta mil maestros de escuela de la ciudad de Nueva York. Estos administradores tienen un doble honorario: cobran por administrar el dinero de otras personas, pero también  se llevan un porcentaje de los beneficios que consiguen. “Esto les supone un incentivo de peso para realizar inversiones arriesgadas: si las cosas van bien, reciben una cuantiosa recompensa; mientras que si las cosas van mal –y ese momento siempre llega- nada les obliga a devolver los beneficios anteriores”. Esto no es economía, es política. Política a favor de unas minorías. Política de clases.
Y aquí es cuando Krugman introduce, con cautela pero con claridad, una clave explicativa que se convierte en una carga de profundidad contra la política democrática actual: es la referencia a esa “puerta giratoria por la que políticos y funcionarios terminan yendo a trabajar para la industria a la que, supuestamente, debían supervisar”. Esta puerta giratoria provoca incluso una perversa transferencia de la lealtad de los altos dirigentes políticos, desde la sociedad que los ha llevado al poder hacia las organizaciones económicas y empresariales que pueden acogerlos cuando abandonen el gobierno: “Quien abandona el puesto siendo tenido en gran estima por el equipo de Davos, podrá ser elegido para una gran variedad de cargos en la Comisión Europea o del FMI aunque sus compatriotas le profesen el más absoluto desprecio. La máxima demostración de solidaridad hacia la «comunidad internacional» sería hacer lo que quiere esa comunidad, enfrentándose incluso a una enorme resistencia por parte del electorado político nacional”.
Krugman presenta su libro como un llamamiento a ejercer presión política contra esta conjura del ajuste mediante la construcción de una opinión púbica informada y movilizada. Yo me apunto. Creo que Hollande también…


Escrito por Imanol Zubero: imanol.zubero@ehu.es 

jueves, 3 de mayo de 2012

La ola de esperanza frente a los recortes

El ser humano tiende a querer ser el primero en descubrir algo. Tratar de poner el prefijo neo se ha vuelto en norma si quieres pasar a los anales de la Historia. La realidad nos da indicaciones suficientes como para darnos cuenta de que el neo-liberalismo no resulta tan novedoso.

Probablemente sus formas hayan cambiado gracias a que es el capitalismo financiero quien domina el sistema. Aunque desligado de la producción de bienes y servicios además de supranacional, el capitalismo financiero sigue manteniendo la necesidad de obtener beneficio. Y en los últimos años se han valido del abandono de los ciudadanos y de la dejadez de muchos partidos políticos.

Pero la apatía que ha recorrido Europa en los últimos años parece haber terminado. Ahora ha comenzado a crecer una marea de esperanza que quiere cambiar el rumbo de la austeridad y el recorte. En los dos mismos países donde el proceso Constitucional europeo se detuvo, podría detenerse ahora la política de austeridad impuesta.

Suceda lo que suceda el 6 de mayo, en Francia, los ciudadanos han demostrado que quieren apostar por un cambio. La amenaza que tan bien saben explotar los partidos conservadores y liberales ya no sirve. En Holanda el gobierno ha estado a punto de dimitir porque no pudo aprobar los recortes en el nuevo presupuesto en un primer momento. Al igual que en Francia los socialistas holandeses han dicho NO a la política que nos lleva al abismo.

Es imposible seguir sosteniendo la idea de que nada podemos hacer contra los males que azotan cada uno de nuestros países de Europa. Son ellos los que han generalizado la pasividad. Sin embargo, somos los ciudadanos los que decimos claramente: queremos cambiar el mundo.

Existe la posibilidad de luchar contra la injusticia social y los recortes económicos. Nuestros abuelos y abuelas, padres y madres pudieron hacerlo. Su combate fue el que posibilitó que nosotros naciéramos y creciésemos bajo el Estado de Bienestar. Bajo la educación pública y gratuita, de la sanidad pública y universal, las prestaciones públicas por desempleo, las jubilaciones públicas, etc.

Ellos fueron quienes conquistaron nuestras oportunidades y nuestra prosperidad. Ahora nos toca a nosotros mantenerlas y fortalecerlas. Los partidos de izquierda, los progresistas, tenemos la oportunidad de poder cambiar las cosas. Y las cosas deberán cambiar porque de lo contrario esta anorexia económica nos llevará un punto sin retorno.

Lo que tenemos encima de la mesa es un reto difícil. Muchos serán los que nos dirán constantemente que es imposible cambiar algo. Nos dirán que es imposible que una persona cambie el rumbo de la Historia. Deberemos recordarles que nada puede frente a millones de voces exigiendo un cambio.

Una generación que no se resigna a creer que la Unión Europea pueda reformarse para servir a los ciudadanos. Para poder hacer una Unión de los ciudadanos. Una generación que apuesta por

No queremos seguir siendo meros espectadores de las decisiones de una Troika que no ha sido elegida por los ciudadanos. Queremos más democracia. Si queremos seguir avanzando en los nuevos tiempos que se abren a nuestro paso debemos tener más democracia. Podemos asumir la responsabilidad de tener más democracia.

No se trata de decirles a los trabajadores que podrán participar en el debate, que podrán decidir, que podrán cambiar el destino de sus países, que todos podremos recuperar el espíritu que nos guió a conseguir lo que parecía un imposible, que podremos realizar el cambio. Sino que debemos realizarlo.

"Queremos que los ciudadanos participen en las decisiones. Hay que dar a los trabajadores mayor participación en las decisiones económicas. Es necesaria la democratización en todos los ámbitos de la sociedad y, en consecuencia, es preciso luchar contra la burocratización. Asimismo, la comunidad, a través del Estado, debe aumentar su control sobre el aprovechamiento y explotación de las riquezas naturales, tales como agua, suelo, energía y demás materias primas. También hay que aumentar la influencia de las organizaciones sindicales y de toda la sociedad en la elaboración de nuevos planes económicos". (Olof Palme)

Debemos participar en el debate. Debemos tener una oportunidad de cambiar las cosas. Debemos tener el momento para poder señalar el destino que queremos para nosotros mismos. Debemos generar el cambio. Debemos escribir un nuevo capitulo. No queremos que otros lo hagan por nosotros. 

Este es nuestro momento. Tenemos la oportunidad de dar un ejemplo claro de que no miramos a otro lado, de que no hemos dado la espalda a los y las trabajadoras.

Tenemos la oportunidad, aquí y ahora, de demostrar que nosotros somos sus representantes. Tenemos la ocasión de que cuando quieran poner sus esperanzas de un Estado que los proteja de los ataques que sufren sus derechos nosotros estaremos ahí para defenderlos.

Este es el cambio que está llegando.

Habrá cínicos que nos dirán que no podremos lograrlo y quieran quitarnos la ilusión. Nos dirán lo que podemos o no podemos hacer. Pero eso es algo que tarde o temprano deberá cambiar. Solo nosotros sabemos lo que podemos o no podemos hacer para cambiar esta situación. De esto van las elecciones en Francia y Grecia. De esto va lo que está sucediendo con esta crisis.

Habrá gente de arriba que nos dirán que seamos realistas, de lo contrario dirán que estamos creándonos falsas esperanzas. Pero si hay algo real en los partidos socialdemócratas europeos, a lo largo de su historia, es la fortaleza de las esperanzas de miles de militantes por querer cambiar las cosas.

Nos pondrán todos los obstáculos posibles para que el camino sea duro. Tal vez tan duro como para que llegue el momento en el que nos digamos “Para que seguir si nada va a cambiar”. Pero recordar que no estáis solos, que ellos sepan que no estamos solos. Somos muchos los que pedimos el cambio, que queremos el cambio.

A ellos, a todos ellos les digo: ¡Los socialistas debemos hacer posible el cambio!

“Cada vez que un hombre lucha por un ideal o actúa para ayudar a otros, o se rebela ante las injusticias, está generando una pequeña ola de esperanza. Y millones de esas pequeñas olas cruzándose entre sí y sumando intensidad, forman un tsunami capaz de derrumbar los más poderosos muros de resistencia y opresión”. (Robert Kennedy)

Podemos, queremos y debemos hacerlo. Debemos.


Escrito por Jagoba Álvarez Ereño: jagoba.alvarez@gmail.com