Javier Rodríguez. Vitoria-Gasteiz. @jrr_gasteiz
Ayer domingo 2 de junio leí una entrevista en El País a Carmen REINHART, Catedrática de Harvard Kennedy School, y
autora junto con Kenneth Rogoff, del informe económico que asegura que a
mayor endeudamiento público, menor crecimiento del PIB.
Cualquier instrumento puede convertirse en un arma dependiendo de las
manos en las que caiga, y este informe, sobre cuya rigurosidad surgen dudas no es una excepción. En efecto, paladines de la austeridad (o asfixia según se mire) económica como Wolfgang Schäuble están utilizando este informe para justificar los
recortes que se están llevando por delante décadas de avances sociales.
Y si nos fijamos en España, podemos ver de forma muy clara la puesta
en práctica de una serie de políticas que utilizan el informe de Carmen
Reinhart como justificación para todos los recortes. El único objetivo
es reducir el déficit. Un déficit producido por la deuda que tiene el
país; deuda que, tal y como asegura el informe, cuanto mayor sea menor
será el crecimiento del PIB. Bien, parece que nos acercamos a la
cuadratura del círculo de la austeridad.
A mayor deuda menor crecimiento, y si crecemos menos, no podemos generar
empleo… ¿por qué? Porque si no se crece al menos a un 2%, no se genera
empleo neto. Sí, muy bien, pero¿por qué un 2% y no otra cifra? ¿por qué
un déficit del 3% o del 2,5% y no otro? Pues porque así lo marcan los
indicadores y punto. De modo que interiorizando estas cifras como si
fuesen nuestro credo, comenzamos a vislumbrar que la única solución pasa
por reducir la deuda, para lo que es necesario dejar de “gastar” en lo
que la economía tradicional entiende como “gasto”, que son los derechos
sociales como la educación, la sanidad, las infraestructuras públicas,
etc…
Ahora sí, ya hemos cuadrado el círculo de la austeridad. Dejamos de
“gastar” en lo público de manera que reducimos nuestra deuda, y al
reducir nuestra deuda, voilà! El PIB aumenta, por lo que aumenta el
empleo (eso sí, si se llega a un crecimiento del 2% si no, no). Al haber
más personas empleadas, hay más personas con dinero… Para consumir, lo
que a su vez genera más empleo, que genera más consumo, que genera más
empleo…
Y así, con políticas de austeridad, todo vuelve a su equilibrio.
Oye, y ¿qué pasa con la deuda privada asumida por el gobierno y que
está realmente lastrando la economía? Bueno, la austeridad es un
círculo, pero con algunas aristas sin importancia. No olvidemos que la
economía tradicional utiliza términos como “gastar” en lo público e
“invertir” en lo privado.
¿No lo veis claro? Yo tampoco. Es más, me atrevo a decir que lo que
sí comienzo a tener clara es la relación entre políticas de austeridad y
personas de carácter conservador, porque hace falta ser muy creyente y
estar acostumbrado a hacer actos de fé para confiar en que estas medidas
nos van a llevar a buen puerto.
No solamente no veo claro la eficacia de los recortes, sino que me
preocupa enormemente que una inmensa mayoría de la ciudadanía hayamos
metabolizado unos objetivos puramente monetarios y de carácter
cuantitativo como factores válidos e incuestionables a la hora de medir
el éxito de una economía.
Como comentaba, asumimos que necesitamos cumplir un determinado nivel de
déficit, y que necesitamos crecer a un determinado ritmo, y que
necesitamos mantener otra determinada relación entre exportaciones e
importaciones, pero no estamos acostumbrados a escuchar cuál es el
destino que debe tener el dinero. ¿De qué sirve obsesionarse por el crecimiento si el dinero de que se dispone no se destina a los ciudadanos y ciudadanas?
¿Podemos considerar como éxito el crecimiento de un país como China porque sea del 8%?
En mi opinión no, puesto que una cifra no puede representar el único
factor de evaluación del éxito, sino que debemos comenzar a introducir,
todos nosotros y nosotras, en nuestro día a día, otros criterios de
carácter cualitativo como son el uso que se haga de ese crecimiento.
El crecimiento del PIB no tiene ningún valor por sí solo y no es un
objetivo justificable sobre todo si se consigue a base de aumentar las
desigualdades sociales, de dañar el medio ambiente… Debemos ir introduciendo en nuestros criterios de evaluación factores
que no sean sólo cuantificables monetariamente. En su lugar, hemos de
utilizar factores que midan el éxito de una región o empresa por su
calidad. A saber, que la diferencia de salarios entre empleado con cargo
y operario no sea excesiva, lo que permitiría contratar a más personas.
Que la producción se haga con respeto al medio ambiente, o que cuente
con un buen ambiente laboral… Por poner algunos ejemplos.
En definitiva, es buen momento para comenzar a pensar que la
acumulación de capital no debe ser el objetivo porque no aporta ningún
valor a la ciudadanía y que en lo que debe convertirse, el capital, es
un instrumento para beneficiarnos a todos y a todas.
Podemos cambiar las cosas, no esperemos a que lo hagan los demás por nosotros.
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jueves, 6 de junio de 2013
martes, 24 de julio de 2012
Tres ideas para reforzar el relato del PSOE ante la crisis
Odón Elorza. Donostia.
La escalada de recortes y reformas aprobadas por el Gobierno de Rajoy, entre aplausos del PP y "que se jodan", me parece particularmente inadmisible porque vuelve a castigar a la ciudadanía más indefensa. Ante ello, la posición de los Socialistas, que sabemos que el necesario combate contra la crisis no lo justifica todo y que los procesos de toma de decisiones han de seguir pautas democráticas, no puede quedar desdibujada ante la sociedad española.
Precisamente, el mismo sentido de responsabilidad con el que debiera abordarse la recuperación económica del País y las reformas estructurales precisas para evitar caer en el precipicio de la intervención total, me lleva a defender tres ideas básicas que debería forman parte de un Programa Mínimo para combatir la crisis desde posiciones de izquierda :
1. Partimos de la premisa de que la mayoría social no es causante de la crisis. Esto exige presentar de inmediato un PLAN de SOLIDARIDAD que, cuando menos, garantice el blindaje de las capas de población más desfavorecidas y de los que viven en riesgo de exclusión social para que no se encuentren desamparados por el Estado y tengan sus mínimos vitales cubiertos. Sería el caso de personas desempleadas sin subsidio o con ayudas insuficientes, personas con Dependencia, pensionistas que no puedan afrontar el copago sanitario, etc
2. Es injusto que la mayor parte de la factura de la austeridad, la corrección del déficit público y las pérdidas de las entidades bancarias nacionalizadas la pague la ciudadanía de a pie mientras el mundo inmobiliario, Bancos y Cajas se van de rositas.
Por tanto, es exigible la aplicación de MEDIDAS FISCALES para lograr un reparto justo de los sacrificios de la crisis, de modo que no recaigan en las personas más humildes y en las clases medias. Así, razones de solidaridad hacen necesario un impuesto sobre las grandes fortunas, la adecuación de la progresividad del IRPF, un impuesto sobre el patrimonio, y especialmente la lucha contra el fraude y la evasión fiscal de aquellos "patriotas" que además reciben el regalo de una anmistía fiscal.
3. Pero la crisis también se combate desde la transparencia y nunca debemos aceptar ajustes y reformas estructurales fruto de la imposición y la prepotencia, con ausencia de explicaciones y diálogo en el Parlamento y con engaños a la ciudadanía.
El PS ha de liderar la defensa, sin concesiones, de un Programa de actuaciones democráticas para favorecer la TRANSPARENCIA en la lucha contra toda clase de corrupciones, el DIÁLOGO en la gestión de la crisis por los Gobiernos, así como la INVESTIGACIÓN rigurosa por el Parlamento en la depuración de responsabilidades por los casos de fraude o mala administración que se vienen conociendo (Bankia y otras Cajas).
Y si Rajoy no cambia su forma de proceder, los Socialistas no podríamos apoyar la reforma del sistema bancario. Nunca sin transparencia; que quede claro.
La escalada de recortes y reformas aprobadas por el Gobierno de Rajoy, entre aplausos del PP y "que se jodan", me parece particularmente inadmisible porque vuelve a castigar a la ciudadanía más indefensa. Ante ello, la posición de los Socialistas, que sabemos que el necesario combate contra la crisis no lo justifica todo y que los procesos de toma de decisiones han de seguir pautas democráticas, no puede quedar desdibujada ante la sociedad española.
Precisamente, el mismo sentido de responsabilidad con el que debiera abordarse la recuperación económica del País y las reformas estructurales precisas para evitar caer en el precipicio de la intervención total, me lleva a defender tres ideas básicas que debería forman parte de un Programa Mínimo para combatir la crisis desde posiciones de izquierda :
1. Partimos de la premisa de que la mayoría social no es causante de la crisis. Esto exige presentar de inmediato un PLAN de SOLIDARIDAD que, cuando menos, garantice el blindaje de las capas de población más desfavorecidas y de los que viven en riesgo de exclusión social para que no se encuentren desamparados por el Estado y tengan sus mínimos vitales cubiertos. Sería el caso de personas desempleadas sin subsidio o con ayudas insuficientes, personas con Dependencia, pensionistas que no puedan afrontar el copago sanitario, etc
2. Es injusto que la mayor parte de la factura de la austeridad, la corrección del déficit público y las pérdidas de las entidades bancarias nacionalizadas la pague la ciudadanía de a pie mientras el mundo inmobiliario, Bancos y Cajas se van de rositas.
Por tanto, es exigible la aplicación de MEDIDAS FISCALES para lograr un reparto justo de los sacrificios de la crisis, de modo que no recaigan en las personas más humildes y en las clases medias. Así, razones de solidaridad hacen necesario un impuesto sobre las grandes fortunas, la adecuación de la progresividad del IRPF, un impuesto sobre el patrimonio, y especialmente la lucha contra el fraude y la evasión fiscal de aquellos "patriotas" que además reciben el regalo de una anmistía fiscal.
3. Pero la crisis también se combate desde la transparencia y nunca debemos aceptar ajustes y reformas estructurales fruto de la imposición y la prepotencia, con ausencia de explicaciones y diálogo en el Parlamento y con engaños a la ciudadanía.
El PS ha de liderar la defensa, sin concesiones, de un Programa de actuaciones democráticas para favorecer la TRANSPARENCIA en la lucha contra toda clase de corrupciones, el DIÁLOGO en la gestión de la crisis por los Gobiernos, así como la INVESTIGACIÓN rigurosa por el Parlamento en la depuración de responsabilidades por los casos de fraude o mala administración que se vienen conociendo (Bankia y otras Cajas).
Y si Rajoy no cambia su forma de proceder, los Socialistas no podríamos apoyar la reforma del sistema bancario. Nunca sin transparencia; que quede claro.
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