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domingo, 19 de mayo de 2013

La estrategia caníbal de la austeridad

Txarlie García. Las Arenas. @txarliegarcia


 Extremadura, Galicia, Aragón y Madrid , gobernadas por el PP y Euskadi, gobernada por el PNV, dicen que no están por la labor de "premiar" a las comunidades que no han cumplido con el objetivo de déficit. 

Aunque el concepto parezca de sentido común (premiar al que lo hace bien), en realidad lo que quieren remarcar es que las otras comunidades que no han podido o que no han sabido frenar el déficit  tienen que joderse y apechugar. Es la ley del más fuerte, la del rico que se hace más rico, el principio fundamental del capitalismo. Pero en el fondo, lo que se deduce de estas declaraciones es que cada comunidad autónoma va por su lado al grito de ¡tonto el último!

Lo peor es que además de entablar una competición destructiva entre ciudadanos (que somos los que realmente sufrimos los recortes como consecuencia del déficit), damos por admisible este austericidio merkeliano. 

Sin embargo, lo curioso que estas comunidades que intentan rapiñar unas décimas de déficit más que su vecino, lo hacen para poder gastar más, para poder endeudarse un poquito más y pagar los servicios públicos que han estado recortando. Esta relajación del déficit, que es buena para los ciudadanos, es en realidad un contrasentido para esta derechona que abomina del endeudamiento y nos dice que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, la que nos dice que nos tenemos que duchar con agua fría, comer yogures caducados y que es una demagogia que pague más impuestos quien más gana. 

La posición antiausteridad sería digna de aplaudir, si no fuera por la competición caníbal en las que nos quieren meter con muy poco acierto. 

sábado, 16 de febrero de 2013

Las 7 diferencias

Óscar Rodríguez Vaz. Vitoria-Gasteiz

Cuando me pidieron que explicara en unas líneas las diferencias entre quienes defendemos una regeneración y quienes, legítimamente, apuestan por el continuismo en el PSE-EE de Álava, reconozco que me costó decidirme. No porque no existan diferencias, que las hay, y algunas de mucho calado. No. Me costó porque en los partidos existe un miedo atávico a expresarlas públicamente.

Yo apuesto por una regeneración de la política, y de mi Partido, mirando al futuro. Y creo que el futuro pasa por cambiar los parámetros clásicos de la política, pasa por expresar la diferencia, pasa por aprender a autocriticarse, pasa por ser transparentes,… todo ello es lo que me animó a escribir este artículo.

Previamente diré que, como militante socialista – y como la mayoría de la afiliación –, comparto el 80% de la “doctrina” de mi Partido. De no ser así, estaría en otro. Y yo estoy muy a gusto donde estoy, en la que ha sido y debe seguir siendo la casa común de los progresistas.

Dicho esto, hay diferencias entre el “Stablishment” y quienes defendemos la regeneración del Partido – y de la política – en Álava, que afectan básicamente a la forma de organizarnos y a la manera de relacionarnos con la sociedad. Resumiré estas diferencias en siete.

Primera, la autocrítica. Cuando tras un varapalo electoral, los representantes de los partidos salimos ante la opinión pública - generalmente, sonrientes - a decir que “hemos obtenido unos buenos resultados” o que “hemos ganado a las encuestas”, nos equivocamos. Ante estas situaciones, creo que sería mucho mejor salir a hacer público un análisis crítico de los resultados obtenidos y, posteriormente, asumir responsabilidades. Así empezaríamos a ganar credibilidad. Se trata de una diferencia política sustancial.

Segunda. En mi Partido – en los partidos, en general – no se aprovecha el principal capital de que disponemos: las personas. Tenemos el privilegio de contar con centenares de militantes pertenecientes a muy diferentes sectores de la sociedad, voluntarios dispuestos a colaborar. Sin embargo, no hay hueco para tanta cabeza en la política clásica. ¡Y si no aprovechamos a los militantes, qué decir de los simpatizantes y los votantes, con quienes nuestra única relación se da prácticamente una vez cada cuatro años! El futuro pasa por cambiar esta realidad, y este enfoque supone también una diferencia política de peso.

Tercera, la austeridad. Esta semana lo ha expresado de forma muy gráfica, la militante de las Juventudes Socialistas Beatriz Talegón: “¿Cómo pretendemos dar lecciones desde un hotel de cinco estrellas?”. Nuestro cónclave alavés tendrá lugar en un hotel “sólo” de cuatro estrellas…, cuando tenemos centros cívicos y palacios de congresos en desuso y las arcas públicas renqueantes. Otra diferencia de peso.

Cuarta. Uno de los principales factores por los que la política arrastra falta de credibilidad – según los estudios del CIS, somos el tercer problema para la sociedad – es la falta de transparencia. La mayoría de quienes se dedican a la política son gente honrada, que trabaja por su sociedad de referencia y que no se dedica a robar. Pero el problema es que hoy no nos creen. Y o cambiamos o nos cambian. El cambio, a nuestro juicio, consiste en la firma de un nuevo contrato entre los partidos, las instituciones y la ciudadanía basado en la transparencia. Algunas medidas podrían ser que los partidos den cuenta de su patrimonio y de los ingresos procedentes de la Administración periódica y públicamente; que los cargos públicos estén obligados a publicitar sus declaraciones de actividades y bienes; o que cualquier ciudadano pueda conocer el destino de los dineros públicos que reciba cualquier empresa (pública, parapública o participada) o pueda acceder a las declaraciones de bienes y actividades de los responsables de tales empresas.

Quinta, el debate. Dice el fallecido profesor Tony Judt en su magistral epílogo literario-vital, que “la disposición al desacuerdo, al rechazo o la disconformidad constituyen la savia de una sociedad abierta”. Hoy en mi Partido – y en el resto – el debate crítico no se estila y, sin embargo, éste se me antoja imprescindible para empezar a recuperar parte de la credibilidad perdida. Es otra gran diferencia.

Sexta, la participación. Las innovaciones que han ido dando forma a la sociedad actual han hecho aún más flagrante la falta de adaptación de la política a la nueva realidad. Apenas hay diferencias entre el sistema político que yo vivo y el que pudieron conocer mis abuelos en los años previos a la dictadura. Y como los partidos tienen una gran importancia en el sistema constitucional español, deberíamos empezar el cambio por ellos. Concretamente, para nuestro Partido reclamamos mejorar los mecanismos participativos que ya existen y crear algunos nuevos, como las primarias y las listas abiertas para la elección de representantes, consultas a la militancia y a la sociedad de referencia aprovechando las nuevas tecnologías, etc.

Y séptima. Uno de los déficits de la política – y de mi Partido – es la falta de evaluación de lo que se hace, algo clave para la legitimación de la política. Para remediarlo, deberíamos poner en marcha mejores mecanismos de rendición de cuentas, para que los militantes y votantes sepan a quién pedir responsabilidades por una mala decisión o por una no-decisión; o podríamos, incorporar mecanismos ciudadanos de revocación de cargos públicos por incumplimiento de programa o por mala gestión, etc.

Espero que seamos capaces de acertar a dirimirlas todas ellas en clave de futuro en el VII. Congreso del PSE-EE de Álava.


(Artículo Publicado en Diario Noticias de Álava, 16.02.13)

martes, 24 de julio de 2012

Tres ideas para reforzar el relato del PSOE ante la crisis

Odón Elorza. Donostia.

La escalada de recortes y reformas aprobadas por el Gobierno de Rajoy, entre aplausos del PP y "que se jodan", me parece particularmente inadmisible porque vuelve a castigar a la ciudadanía más indefensa. Ante ello, la posición de los Socialistas, que sabemos que el necesario combate contra la crisis no lo justifica todo y que los procesos de toma de decisiones han de seguir pautas democráticas, no puede quedar desdibujada ante la sociedad española.

Precisamente, el mismo sentido de responsabilidad con el que debiera abordarse la recuperación económica del País y las reformas estructurales precisas para evitar caer en el precipicio de la intervención total, me lleva a defender tres ideas básicas que debería forman parte de un Programa Mínimo para combatir la crisis desde posiciones de izquierda :

1. Partimos de la premisa de que la mayoría social no es causante de la crisis. Esto exige presentar de inmediato un PLAN de SOLIDARIDAD que, cuando menos, garantice el blindaje de las capas de población más desfavorecidas y de los que viven en riesgo de exclusión social para que no se encuentren desamparados por el Estado y tengan sus mínimos vitales cubiertos. Sería el caso de personas desempleadas sin subsidio o con ayudas insuficientes, personas con Dependencia, pensionistas que no puedan afrontar el copago sanitario, etc

2. Es injusto que la mayor parte de la factura de la austeridad, la corrección del déficit público y las pérdidas de las entidades bancarias nacionalizadas la pague la ciudadanía de a pie mientras el mundo inmobiliario, Bancos y Cajas se van de rositas.

Por tanto, es exigible la aplicación de MEDIDAS FISCALES para lograr un reparto justo de los sacrificios de la crisis, de modo que no recaigan en las personas más humildes y en las clases medias. Así, razones de solidaridad hacen necesario un impuesto sobre las grandes fortunas, la adecuación de la progresividad del IRPF, un impuesto sobre el patrimonio, y especialmente la lucha contra el fraude y la evasión fiscal de aquellos "patriotas" que además reciben el regalo de una anmistía fiscal.

3. Pero la crisis también se combate desde la transparencia y nunca debemos aceptar ajustes y reformas estructurales fruto de la imposición y la prepotencia, con ausencia de explicaciones y diálogo en el Parlamento y con engaños a la ciudadanía.

El PS ha de liderar la defensa, sin concesiones, de un Programa de actuaciones democráticas para favorecer la TRANSPARENCIA en la lucha contra toda clase de corrupciones, el DIÁLOGO en la gestión de la crisis por los Gobiernos, así como la INVESTIGACIÓN rigurosa por el Parlamento en la depuración de responsabilidades por los casos de fraude o mala administración que se vienen conociendo (Bankia y otras Cajas).

Y si Rajoy no cambia su forma de proceder, los Socialistas no podríamos apoyar la reforma del sistema bancario. Nunca sin transparencia; que quede claro.

sábado, 5 de mayo de 2012

¿Y vuelta la burra al trigo?

¿Estamos seguros que lo que Europa necesita es lograr crecimiento urgente para salir de esta no-crisis-sino-transformación-subrepticia-del-estado-social-de-derecho? Lo dudo.

El clamor contra las políticas de austeridad impuestas por diktats puritano-protestantes es ensordecedor. Sabemos que esas políticas de austeridad que ahogan nuestro querido paisito buscan, ante todo,  la devolución de la gigantesca deuda que los bancos y cajas españoles contrajeron en el mercado mayorista europeo (en buena parte alemanes y del que se obtienen pingües beneficios) para la financiación del boom inmobiliario que nos ha traído hasta la situación actual. 

Y la respuesta de la socialdemocracia del sur de Europa al clamor contra estas políticas que nos ahogan es, básicamente, crecimiento. Decimos creer que estamos ante una nueva crisis cíclica del capitalismo  al que una alegría keynesiana que dinamice la demanda agregada vendrá de perlas. De ahí que aboguemos por las políticas de estímulo a la economía para volver a crecer, puesto que con crecimiento, -decimos- se generan empleos y con más empleo se genera –creemos- más actividad, más ingresos públicos y quizá, en el futuro, repartamos –¿creemos aún en los cuentos de hadas?- parte de los ingresos por eso de la equidad social… Y así, pretendemos aliviar la carga de la austeridad. No es muy convincente.

Compañeras y compañeros, a lo que  hoy  nos enfrentamos es harina de otro costal. Despertemos. No estamos ante una crisis cíclica, sino ante un cambio de modelo, un abandono de las políticas del bienestar, un putsch versión soft de un insensato ultraliberalismo económico no humanista, una transformación del  estado social de derecho de facto,… Todo aderezado con mucho gabinete de prensa, desinformación a raudales, y sazonado con premeditación,  nocturnidad, alevosía y mucha mala leche.

Porque tiene mucha mala leche que sea la ciudadanía monda y lironda la que haya de pagar el pato. Hagamos memoria si no. Antes del estallido de la dichosa burbuja, la situación macroeconómica española era brillante, con una deuda y un déficit controladísimos. Si bien, una deuda privada de Órdago a la grande, esa misma con la que  espoleamos un crecimiento especulativo y devorador de recursos preciosos; por desgracia, durante varias legislaturas.

Y en eso, llega el estallido de la burbuja, tanto por la insostenibilidad de la situación como por la puntilla a la confianza de los prestamistas con el bochornoso Lehman Brothers. Y el Estado, con un gobierno socialista, decide obligarse a rescatar preventivamente el sistema financiero para dar confianza a los mercados o prestamistas que nos inundaron de liquidez y a los que debíamos devolver el parné. Es decir, tornan bastos y socializamos pérdidas generadas por la iniciativa privada, por miedo a las consecuencias sociales de la inacción al respecto. Diantre, ¿por qué no se aplicará el mercado su matraca liberalizadora en épocas de estrecheces, esa que habla de la  mano invisible, el homo economicus, racionalizador y maximizador del beneficio de la unidad marginal etc?  La alternativa a no intervenir era el caos, nos decían.  (Eh,  ¿Islandia? No seamos demagogos, no es lo mismo, no compares España e Islandia… ¿y por qué no?)

Y claro, nuestro otrora envidiable equilibrio macro financiero público  se rompió. La locura especulativa pinchó, vimos el litoral arrasado y decidimos insuflar dinero público a espuertas en los balances de los bancos privados.

Pronto, la cosa tornóse negruzca; del milagro de nuevo rico español, del modelo a emular, a la peste de la que huir. El sistema bancario español (recuerdan que nos decían lo teníamos de bandera) cojea ostensiblemente. Los santos mercados de prestamistas temen que no vayan a recuperar las ingentes cantidades prestadas al sistema bancario patrio y presumen que la mora y la quiebra  son  mera cuestión de tiempo.

Consecuencia: pánico generalizado, toque de arrebato, movilización general… Zapatero, bajo presiones que él decidió hacer inconfesables (¡cómo me hubiera gustado que, en el parlamento, hubiera salido a la palestra diciendo quién y en qué términos le  llamó al orden!…), saca la tijera y aprieta a quién nada tenía que ver con la fiesta. O ¿sí? (Lo bueno de esta no-crisis-sino-cambio-de-modelo es que a los españolit@s de a pié nos inmuniza, por un rato al menos,  contra el becerro de oro, el duro a cuatro pesetas y mensajes como “Cofidis es tu amigo” de un soberbio mandoble. Pero ese es otro debate.)

Vamos, que nos urgían, a través de nuestro defenestrado presidente socialista,  a la acción colectiva pública en forma de austeridad para el pueblo y barra libre al sistema financiero. Era menester —nos decíamos— recuperar la confianza de los mercados que habían de seguir financiando las deudas a corto del tesoro público —objetivamente el endeudamiento público no era ni es el problema en términos comparativos— y sobre todo, sanear un sistema financiero privado débil por unos balances implícitamente trampeados por la devaluación muy significativa de activos inmobiliarios, y que nadie se atreve a reflejar convenientemente en su contabilidad.

Y para salir de la espiral infernal, de la tormenta perfecta, del ruido de sables de los prestamistas internacionales, la socialdemocracia apela al crecimiento, como la derecha política, social y económica. Dinamicémonos, saneémonos, liberalicémonos, seamos más competitivos… para crecer. Porque una vez que crezcamos,… las aguas volverán a su cauce. A mí me suena a discurso manido, sin punch, gastado, ruido mediático del bla, bla, bla que poca esperanza ofrece en casa del humilde... Y sabemos que no es real.

Con la que está cayendo, ante el escenario de clara  regresión en política social, económica, o de simple y llana involución en las relaciones laborales, vamos dados si solo ofrecemos crecer de nuevo para repartir después, pagar deudas… Con todos los respetos, eso lo hace la Derecha mucho mejor que nosotros. Y seguimos enquistados en los discursos y el campo de juego que ésta ha marcado a fuego en la agenda política y mediática. Y erre que erre — vuelta la burra al trigo— con el crecimiento.

No dudo que el crecimiento económico haya ayudado al logro de los objetivos sociales del discurso progresista en otras etapas históricas. Sin embargo,  en esta época del turbocapitalismo global sin complejos, nuestro análisis y praxis han de variar, por que nos están cambiando las normas unilateralmente.

Por un lado, lo que antes era un  medio (la economía, la producción, las finanzas…) se convierte en fin en si mismo y el fin (La Ciudadanía) en un medio prescindible del engranaje capitalista.

Por otro lado, asistimos impertérritos a que se desnaturalice el fin legítimo de la acción pública democrática y socialista, a saber, el crear día a día un país libre, igualitario y fraterno, donde se priorice la satisfacción de las necesidades ciudadanas que liberen al ciudadano de ataduras y miedos.  Y procurar así  las condiciones objetivas que permitan su emancipación, desarrollo personal, intelectual, afectivo y emocional.

Y ante esta tesitura, ¿es el crecimiento la respuesta que vamos a dar a la sociedad? ¿Y si el crecimiento fuera la zanahoria que se nos pone a los burros para seguir empujando el engranaje oxidado? ¿Y si nos  bajamos de la burra de la derecha económica?  ¿Nos vamos a atrever a cuestionar el para qué  y el para quién del Crecimiento algún día? ¿Y sus consecuencias? ¿Y su sostenibilidad ecosistémica y social? Recordemos, somos Izquierda.

Porque, compañeros, hay evidencias que chirrían en nuestro discurso pro crecimiento:

  • Por un lado, el mundo es finito y no podemos crecer y consumir ad infinitum, menos a sabiendas de que somos ya 7000 millones de habitantes y subiendo,…  Pretender que podemos seguir creciendo como hasta ahora es utópico e irreal  (lo sabemos todos y todos miramos hacia otro lado, como cuando nuestra burbuja inmobiliaria) y algún día, pronto, la Izquierda habrá de meterse en esta harina.

  • Por otro lado, de cara al progreso social por el que decimos justificar el crecimiento, el planteamiento chirría. A saber, los condicionantes que se nos imponen – y esto acaba de empezar- para poder seguir creciendo. Éstos, no ayudan a emancipar al ciudadano y por tanto las entiendo difícilmente compatibles con el discurso socialista progresista.

·         Hablo de reformas laborales que disminuyen derechos conquistados y amparados en las Cartas Magnas que el sistema turbocapitalista global se ha de pasar por el Arco del Triunfo.

·         Hablo de recortes sociales que privatizan las herramientas para escapar de la exclusión social. Bravo, permitamos socializar pérdidas de la iniciativa privada y privaticemos la responsabilidad pública en la distribución equitativa de bienes básicos para la emancipación como salud, educación o pensiones.

·         Hablo de un  endeudamiento sistémico que el crecimiento hoy requiere. Por que, en un escenario de contrición macroeconómica global, con una sobrecapacidad productiva global, con incrementos de productividad progresivos alucinantes a escala global y salarios a la baja,… ¡Que nos expliquen cómo dar salida a la abundancia los productos y servicios, —para volver a crecer y vuelta a crecer— si no nos endeudamos tanto países como ciudadanos! Y es que, si no nos endeudamos,  la burra del crecimiento, se gripa… Hasta en Alemania o China, que requieren del endeudamiento ajeno para crecer y dar salida a la sobreproducción. Tienen bemoles los diktats de la Merkel hoy.

Luego, si aceptamos este análisis,  resistámonos a que la socialdemocracia europea y su representante histórico en España se limiten a dar como respuesta  políticas de dinamización del crecimiento para recuperar el empleo. No fastidies. Estamos ante un cambio de modelo, un coup d’etat cool á la Sazkozy, mediáticamente impecable que requiere contundencia.

Por desgracia, asumo que es más fácil trazar un diagnóstico que establecer un buen remedio. ¿Decrecimiento gradual?¿Nueva división internacional y local del trabajo más igualitaria? ¿Derivar los incrementos de productividad para trabajar menos y  generar más ocio no lucrativo? Ni idea. Hemos de crear, por que el escenario que se nos avecina es nuevo. Las reglas de juego nos las han cambiado. Aquí está el reto socialista para los años venideros, dar forma a una alternativa económica a la locura suicida capitalista en clave de emancipación. Y si no, seremos redundantes.

Sí, redundantes. Salvo que reaccionamos  recuperando la acción pública socialista transformadora, emancipadora, ahora ecológicamente sensible, internacionalista y globalista. Si no nos movemos,  no nos asustemos cuando nuestras bases busquen respuestas en la derecha (ya se sabe aquello tan manido de que entre la copia y el original…) o en espectros más pardos: buena parte de los votantes lepenistas son ciudadanos bien humildes con miedo a la incertidumbre, mucho miedo… y eso no se arregla “flexibilizándonos y privatizándonos hasta la extenuación final para competir en la neurótica jungla del sálvese quien pueda”… 

Éste no es nuestro modelo. Nos toca construir un modelo humanista de emancipación ciudadana, universalizable, socialmente justo, ecológicamente autolimitante y sobre todo, optimista, proveedor de esperanza e ilusión, creador, expansivo, seductor… No olvidemos que somos hijos de la deliciosa y trina Liberté, Égalité, Fraternité, hijos de las Luces, aborrecemos las Caenas y buscamos con pasión el Progreso de tod@s para tod@s. Salud a raudales.



Escrito por Rosa de Luxemburgo: rosaluxemburgo.1871.1976@gmail.com