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lunes, 12 de noviembre de 2012

El valor político de la discrepancia

Antonio Gutiérrez-Rubí. Asesor de comunicación. Artículo publicado en la IDEAS.


"Cuando un partido se da cuenta de que un afiliado se ha convertido de un adepto incondicional en un adepto con reservas, tolera esto tan poco que, mediante toda clase de provocaciones y agravios, trata de llevarlo a la defección irrevocable y de convertirlo en adversario; pues tiene la sospecha de que la intención de ver en su credo algo de valor relativo que permite un pro y un contra, un sopesar y descartar, sea más peligrosa para él que un oposición frontal”. Friedrich Nietzsche

El hecho de que, en la mayoría de los partidos políticos, el número dos sea el secretario de organización es algo más que una casualidad o una tradición. Un lugar estratégico, justo detrás -y no necesariamente debajo- del máximo responsable del partido, sea el secretario general o el presidente del partido (según sea la cultura política). Una posición que inspira más temor que respeto, más reverencia que complicidad.
Es sorprendente esta posición jerárquica. Pareciera que para una fuerza política, y más en el ámbito progresista, las  propuestas, la acción política o la comunicación deberían ser áreas ejecutivas con mayor protagonismo y relevancia, asumiendo que no es posible el liderazgo electoral y social, si antes no se gana y se compite por el cultural y el de las ideas (ver todavía a Antonio Gramsci). Pero no. Los secretarios de organización mandan más. Mucho más.

Los partidos políticos que se organizan -la mayoría- a través de la cultura del centralismo democrático necesitan poderosos instrumentos de organización que rápidamente derivan en disciplina, no en procesos culturales de eficacia y eficiencia. Tal es el pavor que genera la discrepancia -que es vista como un cuestionamiento de la autoridad- que se le niega cualquier valor político. Pero ¿lo que se gana en supuesta homogeneidad es comparable con lo que se pierde en plasticidad y porosidad social?
Existe una grave incapacidad en las fuerzas políticas para ofrecer su pluralidad interna como un atractivo político en la sociedad de la diversidad. Esta limitación, que deriva en patología autoritaria, invoca la unidad y la lealtad como valores supremos que no pueden interpretarse desde la complementariedad ni desde la libertad. Ambas virtudes -personales y profesionales- son juzgadas peligrosamente en su articulación política colectiva. Se desconfía del autónomo y del libre pensador. Se premia al homogéneo y al silente.

En un lúcido y pedagógico artículo, El futuro (probable) del PSOE, Juan José Laborda (miembro del Consejo de Estado, senador constituyente en 1978 y presidente del Senado entre 1989-1996) aborda el tema de la pluralidad interna de los partidos, en particular en el espacio socialdemócrata, con gran habilidad y precisión. Y reclama un ambicioso programa de reformas que, entre otros desafíos, garantice que la selección de candidatos y dirigentes políticos para la representación se articule desde los principios de la diversidad y la democracia interna para ofrecer un nueva representación que recupere la legitimidad. “El fin de estas reformas no es otro que devolver a los ciudadanos confianza en los partidos políticos. La causa profunda de la desconfianza actual y por la que el PSOE no se recupera electoralmente está en la percepción ciudadana de que los partidos instrumentalizan las instituciones, en lugar de servir -como señala el artículo 6 de la Constitución- como instrumentos de “participación política”.

Y por si no queda claro, Laborda lo precisa, sin ambigüedades: “Buscar la representación de millones de individuos, de personas conscientes de sus derechos, exige aceptar plenamente el pluralismo. Eso quiere decir que el PSOE será una organización de personas que, pensando de distinta manera, son capaces de ponerse de acuerdo. Un partido así consigue que su democracia interna le permita aspirar al ideal aristocrático cuando propone sus candidatos a las instituciones. Las elecciones primarias para elegirlos son congruentes con lo dicho anteriormente. Pero esas elecciones solo obtendrán las virtudes que se esperan de ellas si todo el Partido Socialista se transforma como organización política, previamente a su convocatoria. Los votantes deben ser millones de personas, pues los afiliados no son representativos de la sociedad, sino una minoría que lucha para cambiarla. Y es una (frustrante) temeridad que se elija un candidato por primarias y el partido, como “intelectual orgánico”, decida todo lo demás, desde el programa electoral, al resto de los candidatos y cargos orgánicos” (fin de la cita)[1].

¿Quién teme a la libertad? Esta sigue siendo la pregunta clave. ¿Es posible abrazar un modelo de organización que no se esclerotice en la gestión del poder clientelar (listas y cargos) y en la lealtad acrítica? Es preciso recuperar un nuevo código de conducta interna que estimule la regeneración democrática y actualice la oferta política con otra cultura de la participación. Estas podrían ser algunas de las claves.

1. La diversidad de perfiles, caracteres y estilos enriquece y hace más atractiva una oferta electoral si aspira a ser representativa y mayoritaria. La pluralidad de nuestra sociedad se representa mejor con la pluralidad política interna, no con su negación o su ocultación.

2. La discrepancia estimula el combate de las ideas. Y es absolutamente compatible con la cohesión interna si se aceptan las reglas democráticas dentro de la organización. La lealtad del silencio es peor, siempre, que la lealtad de la libertad. Los ciudadanos deben percibir que hay matices, diferencias y estilos diferentes, pero que es posible estar juntos, competir unidos y ofrecer coherencia estimulante, no claudicante. Y competir, lealmente, cuando se producen los procesos de selección de liderazgos.

3. Los liderazgos políticos deben ser corales, si quieren establecer conexiones múltiples con la sociedad a la que se quiere representar y servir. Esto es clave. Es muy difícil que una sola persona (o muy pocas) representen bien la amplia gama de registros sociales y culturales que una profunda y transversal mayoría electoral significa. Equipos plurales para mayorías diversas.

4. Los retos (propuestas y soluciones) que hay que abordar deben resolverse con altísimas dosis de creatividad. Necesitamos soluciones nuevas. Disrupción y caos creativo. Hay que reivindicar -y estimular- la pluralidad interna, incluso la discrepancia -y no castigarla-, como fuente legitimadora de democracia y de soluciones plurales y creativas en la oferta política de los partidos. En el mundo de la innovación (empresarial, social, académica) la discrepancia, la heterogeneidad, la pluralidad, la diferencia son EL ECOSISTEMA natural para crear y desarrollar productos, servicios, ideas… Es así siempre; pero en la política, no. Cuando se buscan soluciones nuevas, estas no se encuentran en el mismo aire que se respira. Hay que abrir las ventanas.

La transformación de nuestros partidos en organizaciones porosas y creadoras de atmósferas y entornos de libertad y participación pasan por una profunda reconversión organizativa. Hay que hacer un reset total.

Los partidos políticos se mueven con un ADN cada vez más alejado de la realidad de nuestra sociedad. Jerarquía organizativa, frente a autoridad meritocrática. Centralismo radial, frente a redes distribuidas. Consignas políticas, frente a creatividad política. Cultura analógica, frente a realidad digital. Modelo vertical, frente a sociedad horizontal. Liderazgo unipersonal, frente a liderazgo coral.

No hay tiempo que perder. La discrepancia no es el problema. El miedo, la envidia, el recelo… sí que lo son.

martes, 18 de septiembre de 2012

Por un PSOE útil

Hoy hacemos aquí un hueco para un documento impulsado por un grupo de militantes del PSOE (en Twitter @ReiniciandoSOE):

Por un PSOE útil (al servicio de una nueva mayoría de progreso). Contribución abierta al debate del modelo de oposición del PSOE
El problema del liderazgo.
El pasado mes de febrero, renovamos la dirección de nuestro partido, eligiendo así un nuevo liderazgo que fuese la voz de toda la militancia y la sociedad progresista en estos duros momentos que nos ha tocado vivir. Entendemos el liderazgo como una participación abierta y directa entre el Secretario General y la militancia, entre el socialismo y la ciudadanía. Pensamos que nuestro Secretario General debe ser la figura que defienda los intereses de la izquierda social, de los obreros. En una sociedad tan segmentada como esta, convendría tratar de representar la defensa de una mayoría de progreso.

Entendemos el liderazgo como una figura horizontal y participativa. Creemos firmemente que un líder debe ser respaldado por una gran parte de la militancia de base, por ello propondremos en la próxima Conferencia de Organización que el próximo/a Secretario/a General salga elegido/a mediante el mecanismo de un militante, un voto. Así aseguraremos un liderazgo fuerte, cohesionado y respaldado por los propios afiliados y afiliadas. No olvidemos que el liderazgo ha de ser social y a un político el liderazgo se lo reconoce y otorga la ciudadanía, la sociedad, por su carisma, coherencia personal, su capacidad de reconocer errores y por el proyecto político que encarna.

El PSOE está sumido en una profunda depresión política, de la que debemos y podemos salir. Consideramos que hay que abrir el partido a la participación activa de la sociedad, construir una comunicación directa con la ciudadanía, en la calle y en las redes sociales; hacer del PSOE un instrumento útil para España.

El 20N y sus consecuencias.
En las pasadas elecciones generales del 20 de noviembre, los ciudadanos nos dieron definitivamente la espalda, como ya nos anunciaran en mayo de ese mismo año. Más de cuatro millones de personas no renovaron su confianza en el PSOE y nos dijeron alto y claro, Así no, con vosotros, no. La mayor parte de estos electores emigraron a fuerzas políticas de izquierdas o lo que es peor, a la abstención. Desde la Segunda Guerra Mundial, en Europa, los partidos políticos que han logrado ganar unas elecciones generales, son los que cuentan con el apoyo de un electorado de centro, como le pasó, a modo de ejemplo, a Felipe González con el voto de UCD. No obstante, la captación del voto de centro tiene mucho más que ver con la percepción por parte de los votantes de un proyecto solvente e ilusionante en la izquierda que con el abandono de nuestras posiciones ideológicas, que provoca una fuerte pérdida de votantes por la izquierda sin llegar a atraer tampoco a los votantes moderados, como bien hemos podido constatar estos meses.

Se ha producido a lo largo de los años, una acomodación de los Partidos Socialistas europeos al sistema, con pérdida de su identidad y de su capacidad de transformación de la sociedad.

Como consecuencia de la crisis económica provocada por un sistema financiero especulativo y desregulado por los Estados, la ciudadanía se encuentra sumida en el desconcierto, atenazada por el miedo. Cada mañana al levantarnos no sabemos qué nos habrá recortado o quitado este gobierno conservador de Mariano Rajoy. Pensamos que el PSOE tiene que ser el referente para esa gente, que es la nuestra, los trabajadores y las trabajadoras, los más desfavorecidos, los que más nos necesitan. Tenemos que ser la voz firme que diga no al Partido Popular en su empeño de seguir humillando al conjunto de la ciudadanía española.

El 20N conocimos la mayor derrota del PSOE en su historia reciente, en gran medida por culpa de la crisis que ha arrasado con todos los gobiernos europeos que estaban plantándole cara. Pero no sólo por la crisis. El PSOE cometió errores, perdió su esencia y con ella su credibilidad, se alejó de la ciudadanía e hizo una política económica lejana a sus principios. Debemos dar respuesta a la crisis desde la oposición con ideas propias, debemos responder con una alternativa propia, concreta y creíble, que contemple un reparto equitativo de los sacrificios, construida con la participación de la ciudadanía, los agentes y movientes sociales y con recetas socialdemócratas a esta crisis voraz, no sólo ofreciendo colaboración al gobierno que nos arrodilla, debemos volver a ser alternativa.

Los recortes del Partido Popular
En febrero, el PP perpetró el mayor atentado de nuestra historia democrática, contra la sociedad española en general y los trabajadores y trabajadoras en particular, aprobando una Reforma Laboral que no solo abarataba el despido, sino que lo hacía gratuito durante el primer año y solo era el principio de un año negro para los derechos sociales en España

El pasado julio España sufrió nuevos recortes en aras a controlar el gasto público. Unos recortes que dejan al proyecto de nación que nos dimos todos en su mínima expresión; si entendemos nación como bienestar social, sanidad y educación pública y gratuita e igualdad de oportunidades. El Partido Popular ha dirigido a la nación española a la debacle. Suben el IVA, reducen el número de empleados públicos, eliminan la paga extra de Navidad, aplican el copago farmaceútico…

La derecha ha acabado con el principio de universalidad de la Sanidad Pública española que era la envidia de Europa generando en nuestro país ciudadanos de primera y ciudadanos de segunda a los que se les niega el pan y la sal.

Pensamos que el PSOE debe dar voz a toda la gente que sufre, y debe dar voz siendo contundente con el Partido Popular, intransigente con la humillación y solidario con los trabajadores y trabajadoras. Debemos tener una voz fuerte en el Congreso de los Diputados, con un modelo de combate a la crisis diferente a la derecha, una voz que diga al Partido Popular basta.

El modelo de oposición.
La última encuesta de intención de voto del pasado julio, arroja que el PSOE apenas ha mejorado respecto al resultado electoral del 20N quedándose en un 29.9%, lo que supone que recibe solo 1,3 puntos de los 8 perdidos por el PP. En cambio otras fuerzas políticas minoritarias sufren subidas espectaculares: Izquierda Unida casi ha triplicado su intención de voto en un año y supera el 8,6%. Se puede colegir que la ciudadanía no al PSOE como una alternativa a la crisis, y que contemplan otras fuerzas de izquierda como refugio.

Debemos abrir un profundo debate en el seno del partido del que salga un nuevo proyecto político que cuente la verdad y busque la complicidad de la ciudadanía y a partir de él desarrollar un modelo participativo de hacer oposición y vinculado a la defensa de un proyecto concreto. Creemos que el PSOE no podrá aguantar mucho más con la actual estrategia y por ello reclamamos un cambio de rumbo.

Proponemos una oposición frontal a la política de recortes del Partido Popular, leal a España y a los españoles. Una oposición dialogante pero firme y de izquierdas, una oposición activa que proponga fórmulas para salir de la crisis pero dura ante los recortes de la derecha.

No creemos en los pactos con una derecha que humilla a los españoles sin contar con el Parlamento, símbolo de la soberanía nacional. Consideramos que pactar con el actual Partido Popular en materia de recortes, sólo beneficia a la derecha y perjudica a España.

Creemos que lo útil es hacer oposición, útil para España y no para los intereses del Partido Popular. El PP no va a parar en su intento de reducir los derechos sociales, de los trabajadores y trabajadoras, y las conquistas democráticas; y ante eso consideramos que la oposición útil es la oposición firme, decidida, enérgica y exigente para con España

Un nuevo modelo de partido, un nuevo modelo de oposición.
Confiamos en que la Conferencia de Organización prevista para este otoño se lleve a cabo, y esperamos también que en ella la militancia, parte fundamental de la misma, decida abrir los procedimientos del partido a su conjunto y hacernos funcionar de un modo más democrático y transparente, con primarias abiertas, sistema de incompatibilidades, limitación de mandatos y lucha contra la corrupción, para así hacer surgir un liderazgo compartido con la propia militancia.

El horizonte político para el PSOE no se presenta muy halagüeño, con una ciudadanía que nos da cada vez más la espalda y una estrategia de oposición, a nuestro juicio, equivocada, consideramos que el PSOE debe acometer profundos cambios.

Proponemos una Conferencia Política para marcar la estrategia de oposición entre todos los y las militantes, para disponer de un proyecto alternativo a la derecha que conecte con los intereses de la mayoría social de progreso, una hoja de ruta más nítida, segura y sobretodo consensuada.

La militancia es la base de nuestro partido. Los y las militantes debemos ser los que marquemos las líneas rojas por las que nuestro partido no se debe extralimitar en su forma de hacer oposición.

Confiamos en que la actual dirección del PSOE varíe su estrategia en la oposición. Y esperamos ese cambio para devolver la esperanza a una sociedad que siente miedo por su futuro. Porque se lo merecen los españoles en general y muy especialmente los trabajadores y trabajadoras de este país. Y, sobre todo, nos los merecemos los y las militantes. La situación actual y venidera es inaguantable para la izquierda, y particularmente para el PSOE.

Un debate abierto, una nueva forma de liderazgo.
Esta carta abierta es sólo el punto de partida para un debate también abierto. Un debate rico y diverso entre la militancia del PSOE. Un debate del que esperamos que surja un nuevo modelo de hacer oposición y un nuevo modelo de organizarse que actualice los procesos internos del partido, profundizando en participación, transparencia y apertura hacia la ciudadanía. La izquierda no debe tener miedo a la discrepancia, ni a ser exigente y dura con una derecha que nos humilla.

Este debate abierto en lo interno debe tener el objetivo de abrirnos a lo externo, buscar un liderazgo compartido. Un liderazgo que no solo sea orgánico, sino social.

martes, 15 de mayo de 2012

La socialdemocracia vasca del siglo XXI

Sostengo que en Euskadi se dan las condiciones idóneas para proceder a la regeneración y modernización de la izquierda vasca, reclamando para ello el liderazgo de los socialistas vascos. Para trabajar devolviéndole el protagonismo a la política y a la palabra, lastradas por el peso dialéctico que sin duda ha tenido el plomo. Para debatir sobre unas bases diferentes, en las que los progresistas planteamos alternativas, frente a la regresión y a las políticas conservadoras de los nacionalismos vasco y español. Porque el fin de ETA ha cambiado radicalmente el escenario. Y o cambiamos o, a buen seguro, nos cambian.

Nos la pasamos respondiendo a Basagoiti. Interpretando el oráculo del nacionalismo, versión Urkullu hoy, o Egibar mañana. Y este presente imperfecto nos lleva a conducirnos en el corto plazo, enzarzados en discursos domésticos cuando debemos reclamar altura de miras y ser capaces de ver más allá.

Sostengo que el futuro vasco está lleno de oportunidades para la política y, más aún, para la formulación de una socialdemocracia vasca, genuina, que replantee y sume los diferentes colores políticos en clave de izquierda, de vasquismo y de ciudadanía.

El manto de la violencia nos llevó a parapetarnos en trincheras. Y ese atrincheramiento se refleja paralelamente en el debate político. Hemos vivido demasiado tiempo como resistentes y acabamos pensando como resistentes. Por eso creo firmemente que la socialdemocracia nos ofrece la oportunidad del mestizaje, del compromiso ideológico con los valores de ciudadanía, y la permeabilización del socialismo obrero clásico con la ilustración del pensamiento liberal e ilustrado que reclamaba don Indalecio Prieto. Así, seremos realmente el proyecto que más se parece a una sociedad plural, mestiza y alejada de ortodoxias y paisajes políticos monocromáticos.

La socialdemocracia es un concepto plenamente contemporáneo. En primer lugar porque responde mejor a una ideología o a una ética incluyente que cualquier –ismo. Pese a todo, quienes se reclaman la esencia de la izquierda lo utilizan con desdén y con cierto énfasis despectivo. Como si el socialismo fuera una suerte de jamón ‘pata negra’ y la socialdemocracia no fuera sino ‘jamón yor’.

Nada más lejos de la realidad. La socialdemocracia constituye una fe laica que encierra valores de socialismo y de ciudadanía. Que plantea de modo previo una ética de la austeridad, como formulan algunos teóricos, que desprecia el arribismo y las tentaciones de desclasarse, y que viene a profesar el ‘vive como piensas, si no quieres acabar pensando como vives’.

La socialdemocracia, por tanto, no es una formulación tanto como un way of living, o un way of thinking si se prefiere. Supone compartir los valores de la austeridad, de la solidaridad, de una vida espartana en clave machadiana-ligeros de equipaje-, de la conexión permanente de acción y pensamiento.

La socialdemocracia requiere debate y huye del silencio. Es contraste de ideas, es tensión ideológica, es equilibrio inestable y compromiso con el pensamiento. Es reformulación. Y supone, de una parte, vivir en la duda de quien respeta el conocimiento y huir, de otra, de las certidumbres de quien anida en la ortodoxia.

La socialdemocracia vasca exige agitar los sectores más emergentes de la Universidad; pasa por reclamar el compromiso con el Tercer Sector; nos llama a recuperar de la demolición Popular las cenizas de la Cooperación al Desarrollo; requiere enunciar el euskera para la creación y la comunicación y no para la confrontación; y reivindica la revisión en profundidad de un modelo de fiscalidad desfasado e inadecuado.

Pero hoy, sobre todo, socialdemocracia es abrir el partido socialista de Euskadi a la sociedad. Es hacerlo transversal y abierto a la sociedad. Es invitar a los viejos roqueros de Aralar que huyen del uniforme intelectual. Es sumar a los escaldados del oportunismo madracista refugiados en Anitza. Y es recuperar las prendas de los Euskadikos, en lo que de debate de izquierda vasca ilustrada representaron.

Tenemos ante nosotros un modelo de gestión alternativo al que nos ofrecen las derechas, lo que ha venido en definirse el ‘modelo Euskadi’, frente a la voladura del estado del bienestar. Debemos de abrir con celeridad esa casa y esa causa comunes que, en mi modesta opinión, sólo será si se define desde un reformulación de la izquierda vasca en torno a la socialdemocracia.


Escrito por Juan Carlos Alonso: jcalonso@vitoria-gasteiz.org

sábado, 5 de mayo de 2012

¿Y vuelta la burra al trigo?

¿Estamos seguros que lo que Europa necesita es lograr crecimiento urgente para salir de esta no-crisis-sino-transformación-subrepticia-del-estado-social-de-derecho? Lo dudo.

El clamor contra las políticas de austeridad impuestas por diktats puritano-protestantes es ensordecedor. Sabemos que esas políticas de austeridad que ahogan nuestro querido paisito buscan, ante todo,  la devolución de la gigantesca deuda que los bancos y cajas españoles contrajeron en el mercado mayorista europeo (en buena parte alemanes y del que se obtienen pingües beneficios) para la financiación del boom inmobiliario que nos ha traído hasta la situación actual. 

Y la respuesta de la socialdemocracia del sur de Europa al clamor contra estas políticas que nos ahogan es, básicamente, crecimiento. Decimos creer que estamos ante una nueva crisis cíclica del capitalismo  al que una alegría keynesiana que dinamice la demanda agregada vendrá de perlas. De ahí que aboguemos por las políticas de estímulo a la economía para volver a crecer, puesto que con crecimiento, -decimos- se generan empleos y con más empleo se genera –creemos- más actividad, más ingresos públicos y quizá, en el futuro, repartamos –¿creemos aún en los cuentos de hadas?- parte de los ingresos por eso de la equidad social… Y así, pretendemos aliviar la carga de la austeridad. No es muy convincente.

Compañeras y compañeros, a lo que  hoy  nos enfrentamos es harina de otro costal. Despertemos. No estamos ante una crisis cíclica, sino ante un cambio de modelo, un abandono de las políticas del bienestar, un putsch versión soft de un insensato ultraliberalismo económico no humanista, una transformación del  estado social de derecho de facto,… Todo aderezado con mucho gabinete de prensa, desinformación a raudales, y sazonado con premeditación,  nocturnidad, alevosía y mucha mala leche.

Porque tiene mucha mala leche que sea la ciudadanía monda y lironda la que haya de pagar el pato. Hagamos memoria si no. Antes del estallido de la dichosa burbuja, la situación macroeconómica española era brillante, con una deuda y un déficit controladísimos. Si bien, una deuda privada de Órdago a la grande, esa misma con la que  espoleamos un crecimiento especulativo y devorador de recursos preciosos; por desgracia, durante varias legislaturas.

Y en eso, llega el estallido de la burbuja, tanto por la insostenibilidad de la situación como por la puntilla a la confianza de los prestamistas con el bochornoso Lehman Brothers. Y el Estado, con un gobierno socialista, decide obligarse a rescatar preventivamente el sistema financiero para dar confianza a los mercados o prestamistas que nos inundaron de liquidez y a los que debíamos devolver el parné. Es decir, tornan bastos y socializamos pérdidas generadas por la iniciativa privada, por miedo a las consecuencias sociales de la inacción al respecto. Diantre, ¿por qué no se aplicará el mercado su matraca liberalizadora en épocas de estrecheces, esa que habla de la  mano invisible, el homo economicus, racionalizador y maximizador del beneficio de la unidad marginal etc?  La alternativa a no intervenir era el caos, nos decían.  (Eh,  ¿Islandia? No seamos demagogos, no es lo mismo, no compares España e Islandia… ¿y por qué no?)

Y claro, nuestro otrora envidiable equilibrio macro financiero público  se rompió. La locura especulativa pinchó, vimos el litoral arrasado y decidimos insuflar dinero público a espuertas en los balances de los bancos privados.

Pronto, la cosa tornóse negruzca; del milagro de nuevo rico español, del modelo a emular, a la peste de la que huir. El sistema bancario español (recuerdan que nos decían lo teníamos de bandera) cojea ostensiblemente. Los santos mercados de prestamistas temen que no vayan a recuperar las ingentes cantidades prestadas al sistema bancario patrio y presumen que la mora y la quiebra  son  mera cuestión de tiempo.

Consecuencia: pánico generalizado, toque de arrebato, movilización general… Zapatero, bajo presiones que él decidió hacer inconfesables (¡cómo me hubiera gustado que, en el parlamento, hubiera salido a la palestra diciendo quién y en qué términos le  llamó al orden!…), saca la tijera y aprieta a quién nada tenía que ver con la fiesta. O ¿sí? (Lo bueno de esta no-crisis-sino-cambio-de-modelo es que a los españolit@s de a pié nos inmuniza, por un rato al menos,  contra el becerro de oro, el duro a cuatro pesetas y mensajes como “Cofidis es tu amigo” de un soberbio mandoble. Pero ese es otro debate.)

Vamos, que nos urgían, a través de nuestro defenestrado presidente socialista,  a la acción colectiva pública en forma de austeridad para el pueblo y barra libre al sistema financiero. Era menester —nos decíamos— recuperar la confianza de los mercados que habían de seguir financiando las deudas a corto del tesoro público —objetivamente el endeudamiento público no era ni es el problema en términos comparativos— y sobre todo, sanear un sistema financiero privado débil por unos balances implícitamente trampeados por la devaluación muy significativa de activos inmobiliarios, y que nadie se atreve a reflejar convenientemente en su contabilidad.

Y para salir de la espiral infernal, de la tormenta perfecta, del ruido de sables de los prestamistas internacionales, la socialdemocracia apela al crecimiento, como la derecha política, social y económica. Dinamicémonos, saneémonos, liberalicémonos, seamos más competitivos… para crecer. Porque una vez que crezcamos,… las aguas volverán a su cauce. A mí me suena a discurso manido, sin punch, gastado, ruido mediático del bla, bla, bla que poca esperanza ofrece en casa del humilde... Y sabemos que no es real.

Con la que está cayendo, ante el escenario de clara  regresión en política social, económica, o de simple y llana involución en las relaciones laborales, vamos dados si solo ofrecemos crecer de nuevo para repartir después, pagar deudas… Con todos los respetos, eso lo hace la Derecha mucho mejor que nosotros. Y seguimos enquistados en los discursos y el campo de juego que ésta ha marcado a fuego en la agenda política y mediática. Y erre que erre — vuelta la burra al trigo— con el crecimiento.

No dudo que el crecimiento económico haya ayudado al logro de los objetivos sociales del discurso progresista en otras etapas históricas. Sin embargo,  en esta época del turbocapitalismo global sin complejos, nuestro análisis y praxis han de variar, por que nos están cambiando las normas unilateralmente.

Por un lado, lo que antes era un  medio (la economía, la producción, las finanzas…) se convierte en fin en si mismo y el fin (La Ciudadanía) en un medio prescindible del engranaje capitalista.

Por otro lado, asistimos impertérritos a que se desnaturalice el fin legítimo de la acción pública democrática y socialista, a saber, el crear día a día un país libre, igualitario y fraterno, donde se priorice la satisfacción de las necesidades ciudadanas que liberen al ciudadano de ataduras y miedos.  Y procurar así  las condiciones objetivas que permitan su emancipación, desarrollo personal, intelectual, afectivo y emocional.

Y ante esta tesitura, ¿es el crecimiento la respuesta que vamos a dar a la sociedad? ¿Y si el crecimiento fuera la zanahoria que se nos pone a los burros para seguir empujando el engranaje oxidado? ¿Y si nos  bajamos de la burra de la derecha económica?  ¿Nos vamos a atrever a cuestionar el para qué  y el para quién del Crecimiento algún día? ¿Y sus consecuencias? ¿Y su sostenibilidad ecosistémica y social? Recordemos, somos Izquierda.

Porque, compañeros, hay evidencias que chirrían en nuestro discurso pro crecimiento:

  • Por un lado, el mundo es finito y no podemos crecer y consumir ad infinitum, menos a sabiendas de que somos ya 7000 millones de habitantes y subiendo,…  Pretender que podemos seguir creciendo como hasta ahora es utópico e irreal  (lo sabemos todos y todos miramos hacia otro lado, como cuando nuestra burbuja inmobiliaria) y algún día, pronto, la Izquierda habrá de meterse en esta harina.

  • Por otro lado, de cara al progreso social por el que decimos justificar el crecimiento, el planteamiento chirría. A saber, los condicionantes que se nos imponen – y esto acaba de empezar- para poder seguir creciendo. Éstos, no ayudan a emancipar al ciudadano y por tanto las entiendo difícilmente compatibles con el discurso socialista progresista.

·         Hablo de reformas laborales que disminuyen derechos conquistados y amparados en las Cartas Magnas que el sistema turbocapitalista global se ha de pasar por el Arco del Triunfo.

·         Hablo de recortes sociales que privatizan las herramientas para escapar de la exclusión social. Bravo, permitamos socializar pérdidas de la iniciativa privada y privaticemos la responsabilidad pública en la distribución equitativa de bienes básicos para la emancipación como salud, educación o pensiones.

·         Hablo de un  endeudamiento sistémico que el crecimiento hoy requiere. Por que, en un escenario de contrición macroeconómica global, con una sobrecapacidad productiva global, con incrementos de productividad progresivos alucinantes a escala global y salarios a la baja,… ¡Que nos expliquen cómo dar salida a la abundancia los productos y servicios, —para volver a crecer y vuelta a crecer— si no nos endeudamos tanto países como ciudadanos! Y es que, si no nos endeudamos,  la burra del crecimiento, se gripa… Hasta en Alemania o China, que requieren del endeudamiento ajeno para crecer y dar salida a la sobreproducción. Tienen bemoles los diktats de la Merkel hoy.

Luego, si aceptamos este análisis,  resistámonos a que la socialdemocracia europea y su representante histórico en España se limiten a dar como respuesta  políticas de dinamización del crecimiento para recuperar el empleo. No fastidies. Estamos ante un cambio de modelo, un coup d’etat cool á la Sazkozy, mediáticamente impecable que requiere contundencia.

Por desgracia, asumo que es más fácil trazar un diagnóstico que establecer un buen remedio. ¿Decrecimiento gradual?¿Nueva división internacional y local del trabajo más igualitaria? ¿Derivar los incrementos de productividad para trabajar menos y  generar más ocio no lucrativo? Ni idea. Hemos de crear, por que el escenario que se nos avecina es nuevo. Las reglas de juego nos las han cambiado. Aquí está el reto socialista para los años venideros, dar forma a una alternativa económica a la locura suicida capitalista en clave de emancipación. Y si no, seremos redundantes.

Sí, redundantes. Salvo que reaccionamos  recuperando la acción pública socialista transformadora, emancipadora, ahora ecológicamente sensible, internacionalista y globalista. Si no nos movemos,  no nos asustemos cuando nuestras bases busquen respuestas en la derecha (ya se sabe aquello tan manido de que entre la copia y el original…) o en espectros más pardos: buena parte de los votantes lepenistas son ciudadanos bien humildes con miedo a la incertidumbre, mucho miedo… y eso no se arregla “flexibilizándonos y privatizándonos hasta la extenuación final para competir en la neurótica jungla del sálvese quien pueda”… 

Éste no es nuestro modelo. Nos toca construir un modelo humanista de emancipación ciudadana, universalizable, socialmente justo, ecológicamente autolimitante y sobre todo, optimista, proveedor de esperanza e ilusión, creador, expansivo, seductor… No olvidemos que somos hijos de la deliciosa y trina Liberté, Égalité, Fraternité, hijos de las Luces, aborrecemos las Caenas y buscamos con pasión el Progreso de tod@s para tod@s. Salud a raudales.



Escrito por Rosa de Luxemburgo: rosaluxemburgo.1871.1976@gmail.com