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jueves, 21 de marzo de 2013

¿Por dónde puede empezar a cambiar la política?

Denis Itxaso. Donostia. @DenisItxaso

A hilo de un certero artículo de opinión que publicaba Moisés Naím el pasado domingo sobre las mutaciones que experimenta el poder, salí pensando el martes del Ayuntamiento acerca de cómo acertar con la actitud política, desde la oposición a un Gobierno local con quienes tenemos abismales diferencias. Somos oposición, pero en ningún caso ajenos a las dificultades por las que atraviesan las personas y las organizaciones, empezando por el propio Consistorio.

Los grupos municipales, que solemos ser a veces criticados por el alto volumen de nuestros reproches al Alcalde Izagirre, el pasado martes optamos en bloque por dar vía libre a los presupuestos municipales para el año 2013. Puede resultar sorprendente, pero así fue. Ni el PP, ni el PNV ni el PSE-EE llevaron al Pleno ninguna enmienda a la totalidad que persiguiese la devolución de los presupuestos, que es una manera de permitir su aprobación. Es obvio que unos se sentirán más identificados que otros con ese documento, ya que es el que mejor refleja el rumbo político que el gobierno que lo ha presentado pretende imprimirle a la ciudad. Pero nadie quiso ser responsable de que San Sebastián se quedara sin presupuesto. Ciertamente los socialistas optamos en esas circunstancias por negociar duro con el Gobierno para que ese plácet a los presupuestos no resultase gratuito, si no que reflejase una buena cantidad de iniciativas que nosotros consideramos prioritarias para Donostia.

Sin embargo, el debate no estuvo exento de dobles y triples juegos y de acusaciones calculadas , hasta parecer que quien se erige como alternativa de gobierno, está abocado a desarrollar una política de duro desgaste, cueste lo que cueste, y caiga quien caiga. ¿Olvidamos acaso que en medio están los ciudadanos y sus barrios y muchos intereses en juego como para que todo se reduzca al viejo desafío del "conmigo o contra mí"?

Y pensando en estas cosas, me acordé de algo que explicó muy gráficamente Rubalcaba hace dos semanas en una entrevista televisiva. "Resulta que cuando trato de acordar y proponer cosas de forma constructiva al Gobierno, el camarero de la cafetería que está al lado del Congreso, me reprocha que no doy caña al PP y que hay que ser mucho más exigentes. Pero cuando la semana siguiente he tratado de denunciar con toda la vehemencia de la que soy capaz los desmanes del Gobierno, cuando he optado por ser incisivo y duro en los reproches políticos, entonces el camarero me dice, disgustado, que a ver cuándo demonios nos vamos a poner de acuerdo los políticos para sacar este País adelante".

Esta sencilla pero clarificadora anécdota, que resume las contradicciones en la que se encuentra sumergida la política democrática, viene a cuento porque hay actitudes básicas que la gente practicamos a diario en nuestras vidas y trabajos, y que no debieran resultar ajenas ni incompatibles entre sí cuando ejercemos de políticos. Negociar, acordar, discutir, reprochar, discrepar, colaborar, ayudar, denunciar, comunicar, escuchar... Todo forma parte del mismo juego, que ni es blanco nuclear, ni negro azabache. Y cuanto más naturalmente nos desenvolvamos, evitando imposturas y exageraciones, más fácil nos resultará recuperar la conexión con esta sociedad aburrida de tanto teatro.

En parte somos presos de nosotros mismos. Hemos empleado demasiado tiempo confinando la política en compartimentos estancos, y, cuando la realidad imperante y la madurez ciudadana nos obliga a actuar con flexibilidad y transparencia, nos encontramos esclerosados para dar respuestas ágiles en defensa del interés general. Esa atrofia de los reflejos, sumada a la renuncia de los políticos por explicar, por hacer pedagogía y confiar en la capacidad de comprensión y espíritu crítico de la ciudadanía, ha estrechado el campo de juego político hasta convertirlo en mero tacticismo diario. Una colección más o menos imaginativa de frases hechas y titulares reduccionistas.

Quizás un cambio de actitud en este sentido podría devolvernos parte de la credibilidad perdida. Se ha hablado mucho de la honestidad e integridad como consecuencia de los escándalos de corrupción que sacuden la política y otros ámbitos de la vida pública. Y sigue siendo necesario mantener ese nivel de exigencia básico para evitar la degradación del sistema democrático. Pero no estaría de más que también trabajásemos la esfera de las actitudes, y contribuir así a humanizar más el ejercicio de la política. No podemos seguir dando esta imagen de seres extraterrestres e imperturbables; de lo contrario, no deberá extrañarnos que asistamos al epílogo de la democracia representativa.

domingo, 9 de diciembre de 2012

PSOE, tú antes molabas


Otan de entrada no
5 de julio de 1985, la España recién salida de la transición, la que se recuerda en imágenes televisadas de baja calidad, aprueba la ley que despenaliza el aborto en función de una serie de supuestos a propuesta del PSOE.

25 años después, el 5 de julio otra vez, entra el vigor la ley de interrupción voluntaria del embarazo. La propone el PSOE.

OTAN SíAño 1986, 12 de marzo. Ese día se votaba un referéndum en España para ver si permanecíamos en la OTAN o no. Lo propone el gobierno del PSOE. La pregunta en concreto era: "¿Considera conveniente para España permanecer en la Alianza Atlántica en los términos acordados por el Gobierno de la Nación?". Ganó el Sí con un 52,5%.


3 de julio de 2005: Entra en vigor la ley que regula el matrimonio entre personas del mismo sexo. La ley fue propuesta por el gobierno del PSOE.

30 de noviembre de 2006: Se aprueba en el Congreso de los Diputados la ley de Dependencia, o como se debería llamar, la ley de autonomía personal, que pretende beneficiar a los 2 millones de ciudadanos españoles que tiene algún grado de dependencia.

Y no hay que olvidarse de la implementación de la sanidad pública (no fue Franco, no), de la posición ante el divorcio, de la educación para todos hasta la universidad, de las pensiones, de la europeización de España... ¿Qué queda de esa actitud del PSOE que le hacía ser vanguardia en lo político y en lo social?

¿Qué pasó en el PSOE desde que estalló la crisis?

A lo largo de los años se han ido asumiendo dos premisas:
  1. que el PSOE es un partido con vocación de gobierno y
  2. que las elecciones se ganan en el centro político.
Pero ambas dos premisas ya no son válidas: por una lado, el PSOE tiene la menor representación institucional de la historia; y por otro lado la derecha arrasa con un discurso populista (véase Galicia, Valencia, Madrid, Euskadi, Cataluña, etcétera, etcétera).

Con esas premisas invalidadas es donde entra la "reflexión profunda" que se ha proclamado desde todas las ejecutivas socialistas que se han dado un batacazo.

¿Y ahora qué?

Sin lugar a dudas, es hora de debatir a calzón quitado, empezando desde cero, sin vergüenzas ni complejos, y sacar adelante cuanto antes las decisiones que salgan de ese debate. No es una refundación, ni una pelea de gallos, ni un funeral con camisas rasgadas y lágrimas de cocodrilo. Pero sí es necesario determinar cómo convertimos al PSOE en un partido útil para toda la sociedad. No me refiero sólo a los mecanismos que permitan a la sociedad participar en el Partido (modelo de Partido), sino también qué políticas propone el Partido.

Lo digo porque la socialdemocracia ha sido cómplice de la situación actual, de esta estafa que estamos viviendo. Me refiero a la socialdemocracia europea en general y al PSOE en particular. Me temo que hay que decirlo así como suena; y me importa poco si esa complicidad se debe en mayor medida a la acción o a la omisión. Es triste reconocer que hasta hace pocos años reíamos las gracias negábamos la crisis y minimizábamos los recortes de Zapatero. Llegamos a argumentar que todo eso era necesario: al fin y al cabo "el sistema es así", decíamos (como dice la derecha ahora); y todos acabamos mirando para otro lado.

Por ejemplo, nos decían que había que privatizar compañías eléctricas, y tragamos. Que había que reformar la universidad, y lo hicimos. Incluso nos creímos desde el principio que para mejorar la educación pública, teníamos que inventarnos la educación concertada. Que había que abrir el comercio en festivos para fomentar el turismo y lo apoyamos; hasta queríamos entrar en el consejo de los cajasbancos aunque estos perdieran la obra social... Por no hablar de apoyar los presupuestos de las instituciones que gobernaba la derecha, por responsabilidad... ¡Joder, se me atraganta tanta responsabilidad! En fin, mejor no sigo porque hay mil ejemplos.

Los socialistas nos acabamos creyendo que el "laissez faire", ese que parecía que no iba con nosotros, el de la globalización, el que iba poco a poco, al que sólo se le oponían los perroflautas antisistema, era bueno y sobre todo necesario. Todo iba bien: el españolito medio miraba hacia arriba y se creía que podía llegar a ser alguien porque se iba de vacaciones (al menos una vez al año), tenía un coche, dos televisores, un ordenador y salía a cenar todos los sábados que le daba la gana. En definitiva había asimilado el ocio con el consumo. Y el problema era precisamente ese: que dejamos de ver obreros, para pasar a ver consumidores. Pasamos de preocuparnos de los currelas a preocuparnos por los que "generan empleo", es decir, los grandes empresarios y otras élites que se escapan del control democrático.

Y cuando lo malo del sistema se nos ha venido encima, estamos en fuera de juego. Porque el sistema con el que hemos querido jugar, es así. No hay ni trampa ni cartón. No hay más... Pero la pregunta es: ¿Nos atrevemos a cambiarlo? Si no nos atrevemos, nunca dejarán de vernos así:
Trazas de socialismo en el PSOE
(Fuente: Público.es)
¡Normal que cada vez seamos más los que nos declaramos en rebeldía respecto de este sistema!

En fin... esto no es un mea culpa (aunque estoy convencido que hay que enmendar), ni una llamada al marxismo que abandonamos los socialistas el año 74 en Suresnes, ni  a la reformulación de terceras vías de distinto pelaje... Pero hay mucho que debatir para volver a ser vanguardia.

domingo, 16 de septiembre de 2012

Esto con Franco no pasaba

Txarlie García. Las Arenas (txarliegarcia@amalababa.es)


Termina el periodo estival. Es hora de reflexionar sobre lo ocurrido.

"Verano. Incendios. España en llamas". Así empezaban los informativos. Y los malos son los pirómanos... y los agricultores que queman rastrojos. Y los que pusieron el tendido eléctrico sobre un secarral. Y los que sufrieron una avería en el coche y saltó un chispazo. Y los fumadores (a los que les van a buscar hasta por el ADN). 

Y como hay incendios la derecha pide más mano dura contra los que causen incendios. ¡Como si esa fuera la solución para que no se quemara el país! 

Es tan bizarro pensar que por encarcelar a alguien desaparecerán los incendios como pensar que por la misma razón se van a apagar una vez empezados. 

Pero para estos supergestores de la derecha que nos gobiernan la culpa jamás será de ellos. La culpa es siempre de otros. ¿Que hay incendios? Pues la solución es la cárcel. Da igual que esos mismos supergestores hayan despedido previamente a cientos de técnicos anti incendios

Y esto no sólo pasa con los incendios:
En definitiva que cualquier problema siempre es problema de otro. Y es ahí donde yerran: intentan atajar el efecto, no la causa. 

Para evitar que haya fuegos hay que limpiar los montes. Para evitar evasión de impuestos hay que impedir mecanismos de evasión. Para evitar mendigos hay que poner mecanismos de oportunidades sociales. Para que no se rebusque en la basura hay que dar de comer. Para que no haya prostitutas en las calles hay que limpiar de mafias el sector y para que no haya parados hay que generar trabajo. 

Pero no lo entienden. Es la mentalidad de padre estricto: palos, palos y más palos.

jueves, 19 de julio de 2012

Aires de Novecento

Dicky del Hoyo. Bilbao.


En días como estos, en los que el recurso a la rebeldía tendría que ser más necesario que nunca, me acuerdo de Novecento. Hace mucho que ví película de Bertolucci. Cuando la recuerdo, me da la impresión de que era un film excesivamente maniqueo. Casi una acción de propaganda. Con los malos, los patronos, malísimos y con unos obreros explotados de manera salvaje. No se si visto desde nuestros tiempos, la situación que refleja Bernardo era lo real, o la historia era un cromo panfletario. Posiblemente si hoy en lugar de mirar nuestras fábricas, nos vamos a Vietnam, a Marruecos o las empresas chinas donde fabrican nuestros flamantes ipads habrá más de un patrón como el sádico fascista Attila Mellanchini.

Somos de una generación, de un tiempo y circunstancias que, en líneas generales lo ha tenido muy fácil: cuando estás cómodo es normal que te adormezcas. Si miro hacia atrás veo a mi abuela, viuda, sirviendo cuarenta años casas de la burguesía de Negurí. Cuidando a los hijos de los demás y sin un sólo minuto para ocuparse de los suyos. O a mis padres afrontando una incierta emigración, en el otro extremo del mundo, para dar de comer a sus hijos. Por otra parte, siempre me acordaré la frase de un conocido, que de tendencias de izquierda, en el momento que triunfó en los negocios y empezó a vivir bien me dijo que en ese mismo instante cambiaba de voto, viraba a la derecha. Nunca entendí eso.

Son tiempos confusos pero por eso, nuestra capacidad de responder a los retos debe ser más elaborada. Lo que tengo claro es que nadie va a llegar de manera mágica a solucionar mis (nuestros) problemas. Hay muchas vías para enfrentarse a un cambio de ciclo pero no todas suponen que al hacerlo perdamos todo lo que antes conquistaron los que nos precedieron.

domingo, 20 de mayo de 2012

Ajuste ideológico

Se viene hablando mucho de los ajustes en la prensa escrita, en cualquier programa que uno ponga en la radio o en la televisión y, especialmente, en este blog. Comparto la idea de que la política de ajuste sobre ajuste que está impulsando el Gobierno de Rajoy, de la mano de algunos dirigentes de Europa (me da vergüenza decir Unión), no sólo sirve ya para retrasar una recuperación que cada vez vemos más lejana, sino que todo apunta a que no nos va a sacar del atolladero.

Pero, más allá de lo económico, pienso que el ajuste busca un cambio de modelo en nuestro país. Pienso que el ajuste es sobre todo ideológico. En tres sentidos, en el social, en el institucional y en lo discursivo.

Es incuestionable, en primer lugar, que asistimos a un ajuste ideológico en lo social. El Gobierno Rajoy, entusiásticamente apoyado por su recién conseguido poder autónómico, se estrenó cargándose sin pestañear la dependencia, el aún no consolidado cuarto pilar del Estado del Bienestar. Posteriormente, celebró sus primeros 4 meses de mandato, dando un paso atrás de 40 años en cuanto a los derechos de los trabajadores y la función del sindicalismo en España, con la aprobación de la Reforma Laboral. Y en las últimas semanas, ha dado a conocer los recortes en Educación y Sanidad, unos recortes que además de suponer una pérdida en la calidad de la prestación de los servicios básicos, son un paso decidido hacia el fin de su universalidad.

Mi generación, no ha conocido un país sin sindicatos que velasen por el mantenimiento de unas condiciones laborales más o menos dignas, ni sin derecho a recibir educación básica o ser atendido en un centro de salud, al margen de la familia en la que hubiéramos nacido. Pero esto no significa que no lo vayamos a conocer. Y esto supone un cambio sustancial de modelo.

En segundo lugar, estamos ante un ajuste ideológico en lo institucional. Hace ya más de dos años, asistí a un curso que organizaba la Universidad de Alcalá. El curso se llamaba "El reto de la competitividad de la economía española", lo dirigió Rodrigo Rato y lo coordinó Juan Costa, y contó con la presencia de empresarios de primer nivel como el entonces Consejero Delegado de Zara, Pablo Isla, o el Presidente de AC Hoteles, Antonio Catalán, además de con relevantes miembros del Gobierno socialista. Una mayoría de la cincuentena de políticos (diputadados, senadores, parlamentarios autonómicos) que asistieron a aquel curso, pertenecían al PP y había una nutrida representación de CíU y el PNV. La representación del PSOE fue raquítica, apenas 3 ó 4 parlamentarios autonómicos.

En aquel curso, la clave para mejorar la competitividad, por lo visto, era la "inexcusable" necesidad de cambio del modelo de Estado. Se hablase de lo que se hablara, siempre salía a relucir esta necesidad. Era una auténtica obsesión. El Estado de las Autonomías - se decía - rompía la unidad de mercado, la condición necesaria para sacar al país de una crísis que aún no conocíamos al completo, ya que ni siquiera nos había presentado a su prima. 

En nuestros días, la forma en la que, por ejemplo, el Gobierno ha planteado los recortes en Sanidad y Educación, viene a coincidir con la visión que se expresaba en aquel maldito curso. Es igual que las Autonomías (unas más que otras) hayan hecho una gestión eficiente de sus competencias en esta materia. Es igual que existan mecanismos de coordinación interterritorial y órganos para el acuerdo entre el Estado y las Comunidades Autónomas. Más allá de los recortes económicos, es igual que hayamos vivido 30 años ininterrumpidos de progreso e igualación en las condiciones de vida de los ciudadanos del país gracias, entre otras cosas, al Estado Autonómico. Es igual. Y esto también significa un cambio de modelo.

Y en tercer lugar, considero que también empieza a tomar cuerpo un ajuste ideológico en lo discursivo. Un ajuste tan peligroso, al menos, como los dos anteriores. Ya en la campaña electoral, el candidato Rajoy deslizó más de alguna propuesta con tintes xenófobos, cuando se refería al excesivo volumen de personas inmigrantes que habíamos recibido en los últimos años o que hacían uso de los servicios públicos "de los españoles". Pero nunca como en los últimos tiempos hemos asistido a medidas concretas, que parecen encaminadas a propiciar la segregación y una mayor excitación de las bajas pasiones que todos llevamos dentro. ¿Es que acaso piensa el Gobierno que van a dejar los médicos de atender a una persona inmigrante que llegue a una consulta con síntomas evidentes de alguna enfermedad contagiosa? ¿O acaso soluciona algún problema en la sanidad pública dejar como única opción para estas personas la asistencia en urgencias? No, radicalmente, no. Lo que sí hacen estas medidas, es poner una alfombra roja a laprivatización a plazos (cada vez más cortos) de la sanidad en nuestro país.

Y estas medidas, vamos al ajuste discursivo, están siendo bien acompañadas por campañas públicas del partido que, a mi juicio, rozan lo inconstitucional, afuer de resultar indecentes. Sirva como ejemplo la campaña lanzada por el PP en Bilbao, en la que se denuncia que el Reglamento de Viviendas "favorece al colectivo de inmigrantes". "Primero los de Bilbao", se llama la campaña. "Primero los griegos" ha sido el eslogan que ha llevado al Parlamento griego al partido neofascista Amanecer Dorado. Y esto, también busca un cambio de modelo.


Dos ejes de acción: combatir el triple ajuste y estar en la calle

Dicho esto, cabría preguntarse si está (estamos) preparada la socialdemocracia de nuestro país para combatir este triple ajuste? ¿Cómo debe (debemos) hacerlo? Supongo que si lo supiera, estaría también escribiéndolo en este blog, pero, a buen seguro, desde un lugar diferente del que estoy en estos momentos.

De cualquier modo (y sirva esto para el debate en el foro abierto que pretende ser "Ezkerretik Ekintza - Con Mano Izquierda"), pienso que nuestra acción debe basarse en un doble eje.

Por un lado, debemos ofrecer alternativas creíbles ante el ajuste ideológico-económico. No podemos resignarnos ante la máxima del "no hay otra alternativa", porque la hay, las hay:
- Podemos y debemos construir una alternativa fiscal en nuestro país, que nos permita sostener los servicios públicos del Estado del Bienestar garantizando su universalidad. Y para ello, debemos hacer que sea más justa. La gente que está en nómina en España - un trabajador de la manufactura - paga menos impuestos que lo que se paga en Suecia (26 puntos menos) o que lo que se paga como media en la UE-15 (14 puntos menos). Pero observamos lo que pagan personas más adineradas - el 1% de personas con rentas superiores - la diferencia es mucho mayor (80 puntos menos que en Suecia y 50 menos que la media UE-15). ¿Alguien se atreve a decir que nuestra fiscalidad no diferencia entre clases sociales? Pues pongámonos a ello, porque utilizando proyecciones del profesor Vicenç Navarro, si España tuviera la fiscalidad de Suecia, el Estado ingresaría 200.000 millones más, con los que se podrían crear 5 millones de puestos de trabajo, haciendo que se multiplicara por 4 el número de empleados destinados a la garantización de los servicios del Estado del Bienestar.
- Podemos y debemos defender el Estado de las Autonomías (en nuestro caso particular, el Autogobierno vasco), proponiendo una reforma del mismo, haciendo una revisión crítica de las luces y sombras que ha arrojado en los últimos 30 años, que avance hacia una mayor federalización, valorando y replanteando el actual reparto competencial, creando una Cámara territorial, etc. Sólo quienes creen en el sistema, plantean su reforma. Por eso es necesario poner una alternativa encima de la mesa ya.
- Y podemos y debemos combatir el ajuste discursivo hacia el extremismo al que se nos quiere someter. Para garantizar la sanidad a las personas sin tarjeta, bastaría con recortar (levemente) el gasto en equipamiento militar. Pero para combatir el discurso xenófobo hace falta algo más, hace falta recuperar algo básico. Yo no reniego de ser quién soy, de ser hijo de quienes soy y de venir de donde vengo. Y como partido tampoco deberíamos hacerlo nunca. En demasiadas ocasiones en los últimos tiempos, he sentido que lo hacíamos, que renegábamos de ser quienes éramos. Porque sólo desde ese prisma, podría entenderse que a veces hayamos renunciado a defender lo que siempre hemos defendido: la dignidad de las personas, la igualdad de oportunidades para los más humildes. Y de aquellos polvos, estos lodos, porque (otra convicción profunda) creo que la gente, comparta o no tus propuestas, castiga a quien reniega de sí mismo.


Por otro lado, y para finalizar, debemos prestar atención a la calle... Qué digo! Debemos estar en la calle! Mientras se siguen escuchando en boca de responsables de la izquierda frases del tipo "esa no es nuestra gente", "es un movimiento que se creó para desalojarnos del gobierno", o "no tienen ni idea", 8 de cada 10 votantes socialistas, coinciden con los objetivos que plantea el movimiento 15-M. Pienso que debemos ser capaces de liderar a la sociedad, se encuentre ésta donde se encuentre, en las fábricas, en las instituciones o en la calle. Porque o la lidera la socialdemocracia, o corremos el riesgo de que sea liderada por el populismo. Y el populismo, puede tener su origen en la izquierda, pero acabar en la derecha más extrema. Ejemplos nos ofrece la historia reciente.

Iremos viendo.



PD. Un homenaje. El acojono que sentí al volver del curso de Galicia, quedó en nada tras ver vídeos como el que me envió el otro día un amigo que está en cama y a quien, desde aquí, deseo una pronta recuperación:




Escrito por Óscar Rodríguez Vaz: oscarrodriguezvaz@gmail.com

miércoles, 2 de mayo de 2012

¿Por qué Occidente no va a la izquierda? Doscientas páginas de lectura inexcusable.


La “suerte” de que la crisis se lleve por delante todo tipo de gobiernos nos está viniendo bien para explicar(nos) por qué la izquierda no está últimamente de moda. Es preferible seguir echando mano de nuestro recurrente e izquierdista fatalismo y seguir pensando que esta desafección es provisional y que los ciudadanos y los pueblos volverán inevitablemente a ver en la izquierda y en “los de izquierdas” la solución a sus problemas y los mejores conductores de la salida a la crisis. Vamos, que el desajuste es provisional y que todo volverá a su ser.
Mejor, entonces, no pensar demasiado. Igual que decíamos ah! ça ira! podríamos decir ahora ya volverá.

Por fortuna, Raffaele Simone, prestigioso lingüista italiano, prefiere advertirnos de semejante estupidez y nos propone un texto que parte de otro hecho fatal: la izquierda, como todo ser vivo, puede acabar desapareciendo, arrumbada por los aires del tiempo presente e incapaz de dar respuesta al mismo. Ningún fatum asegura nuestra continuidad (salvo que por tal identifiquemos un transformismo que vacía por completo de significado a nuestra acción y que solo respeta/ sostiene el histórico término de “la izquierda”).

En "El monstruo amable. ¿El mundo se vuelve de derechas?" (Taurus, Madrid 2011) Simone plantea que la irrupción de una cultura de masas, fuertemente tecnológica, que cambia la lógica de la sociedad de producción (trabajo) por otra de consumo, ha desplazado tanto a los partidos de izquierda como al pueblo (electorado) de esa izquierda. Lo que dice es que no se trata de una debilidad puntual, coyuntural, marcada por esta crisis, sino de un cambio estructural y profundo, que impone un modelo social, una cultura y/o un espíritu del tiempo (Zeitgeist) que lleva inevitablemente a comportamientos y elecciones de derechas y a rechazar o a apartarse de las de izquierdas. La derecha, dice, no es ya un partido político clásico. Bien al contrario, la Neoderecha es la forma planetaria de vivir la modernidad.

Es precisamente eso lo que no ha entendido la izquierda. Empeñada desde Marx (o peor, desdeñando a Marx) en ver sobre todo en la economía y en la política la razón de los cambios sociales, no ha considerado que es en el terreno de la cultura, en la irrupción imparable de nuestra actual “cultura de masas”, donde la derecha le está ganando la partida a la izquierda.

Así, es más fácil, nuevamente “natural”, vivir este tiempo desde la derecha que desde la izquierda. La oferta consumista de satisfacciones presentes es más atractiva que la liturgia futurible, laboriosa y casi religiosa que propone la izquierda. La derecha es hoy moderna y la izquierda casposa. Los valores sociales y culturales de nuestro tiempo (vg. éxito, velocidad, evanescencia, consumo, juvenilismo, disfrute, belleza exterior…) tienen que ver con la derecha y cuando la izquierda reacciona en sentido contrario se siente envejecida, trasnochada. Incluso más, prefiere no mostrar un rostro duro, no insistir en sus viejas recetas y valores (vg. esfuerzo, trabajo, laboriosidad, dedicación, sacrificio, profundidad, seriedad, tiempo…) y camuflarse en el pensamiento débil de lo políticamente correcto (o del llamado “buenismo”). Mejor no tomar posición si ésta puede resultar anacrónica. Mejor no presentar batalla. Mejor presentar como “izquierda moderna” lo que ya solo es resignada modernidad. Mejor obviar que mientras es “natural” ser de derechas, el pensamiento y la opción de izquierdas precisa de una reflexión cultural, no naturalista, y de una disposición a combatir aquello a lo que invita la naturaleza no reflexionada (vamos, que el pez grande se coma al chico). Se olvida –lo recuerda Simone- que ser de izquierdas es un esfuerzo, una resistencia contra la deriva irreflexiva de pensar que las cosas pasan porque tienen que pasar, que son como (inevitablemente) tienen que ser.


Escrito por Antonio Rivera: antonio.rivera@ehu.es