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domingo, 24 de junio de 2012

La violencia es el recurso de los incompetentes

Mineros en lucha
Mineros en lucha (Fuente: Finanzas.com)
  

El gobierno quiere eliminar las subvenciones a la minería. Oooootro recorte más... Esto supondría el cierre de las minas, y por lo tanto, la pérdida de empleos y el abandono de regiones enteras, donde sus habitantes dejarían de trabajar (tanto de manera directa como indirecta). Por eso, los mineros están en pie de guerra (literalmente).

Lo cual parece lógico, si tenemos en cuenta el nulo futuro al que lleva el gobierno de Rajoy a familias y pueblos enteros.

Y sí, estoy a favor de esta subvención a la minería; igual que apoyo la subvención a otras tantas actividades de interés para el país y (sobre todo) para sus paisanos como ganadería, la agricultura, la pesca, los automóviles, la I+D, ¡hasta la energía nuclear! (esa última no la apoyo, pero sí se subvenciona).

Sin embargo, no puedo estar de acuerdo en los métodos de protesta de los mineros.


La violencia no es éticamente aceptable

La violencia no es eficaz, porque "la violencia da la espalda a la esperanza". La violencia no es en absoluto ninguna solución contra la violencia de unos tiranos y contra la violencia de los mercados. Ninguna sociedad avanza con violencia, al contrario, involuciona. Por eso no es eficaz la violencia. 

La indignación, el enfado, el cabreo, todos esos sentimientos, se deben canalizar hacia otras vías que permitan a todos los seres humanos hacer efectivos sus derechos humanos (que son inalienables por muy alta que sea la causa) y hacer que la sociedad avance en paz y en libertad para todos y cada unos de sus integrantes.

Porque ¿Quien puede poner precio a los derechos de otra persona (del antidisturbios, del gobernante, del minero)? ¿Quien valora y como valora los "daños colaterales" que esta violencia genera? ¿En que punto se puede considerar que el trabajo de uno mismo está por encima del trabajo de otros?

La violencia no es útil para la causa

El interés mediático en la violencia
El interés mediático en la violencia
En pleno siglo XXI las formas de protestan decimonónicas no afectan al patrón, ni al gobierno, ni a las élites. Les resbala. Una predada más, una cohete menos, un antidisturbios arriba o uno abajo, no influyen más a la opinión pública que otras acciones bien dirigidas mediáticamente.

Claro, los medios de comunicación prefieren un charquito de sangre para ilustrar la noticia.  Y eso lo da una buena algarada. Una buena barricada ardiendo con humo negro también es válido. Violencia en general, vamos. Pero el problema es que la noticia pasa a ser el charquito de sangre, no la reinvindicación original.

Un antidisturbios herido no afecta al gobierno, que puede mandar mil más. Una carretera cortada no afecta a nadie más que al currela que tiene que ir a su puesto de trabajo.

Por eso, la violencia no es efectiva.

La violencia ni es ética ni es efectiva

Y no, no digo que los mineros se queden callados y aguanten. Ni tampoco se lo digo a los ciudadanos que sufrimos recortes en sanidad, en educación, en libertades, en infraestructuras, en servicios... Hay otras maneras de protestar, que incluso son más dañinas para el gobierno de turno; hablo de boikots, hablo de insumisión fiscal, hablo de manifestaciones, de ruido social, de generar opinión pública contraria al gobierno, de visibilización permanente del cabreo, de huelgas, de paralización de servicios gubernamentales...


Pero la violencia, no.

miércoles, 25 de abril de 2012

Correr delante de los azules

Va ya para cinco años que leer las noticias del periódico se está convirtiendo un ejercicio de alto riesgo.

El Mundo va rápido; cada vez más. Todos los días varios titulares hacen competición para ver quién dice la barbaridad más bárbara (como diría Miliki): la penúltima, que envejecer es un riesgo financiero. Pero no se vayan todavía, que aún hay más: el Ministro de Interior, Jorge Fernández, quiere vernos correr delante de los azules y equiparar la "resistencia pasiva" al crimen organizado saltándose la Declaración de los Derechos Humanos a la torera, Esperanza Aguirre apela a la descomposición del Estado autonómico, ignorando nuestra Constitución.

Podríamos seguir así un buen rato... hoy niego la mayor y mañana meto copago sanitario, ayer dije que no subía el IVA y la semana que viene lo subo cuatro puntos... globos sonda por aquí y por allá, despiste que se dice vulgarmente... ¡Ah, y sin chistar, que los españoles me dieron una mayoría absoluta para hacer y deshacer a mi antojo lo que me de la gana durante cuatro años!

¿Sirven nuestras leyes? Yo creo que sí, aunque haya quien prefiera un Mundo sin ellas: a la vista está. Si Milton Friedman levantara la cabeza resucitaba seguro del regocijo.
No soy muy amiga de los dogmatismos ni la demagogia pero, visto lo visto, es evidente que lo de "desmontar el Estado del bienestar" se queda corto, amigas y amigos. Con un Estado adelgazado o a dieta estricta, casi casi con un by-pass gástrico, con la ciudadanía atenazada por el desempleo, hipotecas y el temor a un futuro incierto, no hay nada ni nadie que se resista a lo que el enemigo invisible dicta.
Vuelvo a la pregunta ¿Sirven nuestras leyes? Si los garantes de cumplirlas las ignoran...
Quizá cabría tocar alguna, ampliar otras o desarrollar algunas más: así es el Derecho. Las leyes no son algo inamovible y deberían estar lo menos sujetas posible a interpretaciones partidistas. ¿Qué es eso de que la Justicia depende de si un juez es de derechas o de izquierdas?

¿Qué será lo siguiente? Lo macro se está comiendo lo micro. Pero una cosa sabemos los trabajadores. La dignidad es nuestra y esa no se puede quitar. Hubo prisioneros de los campos de concentración nazis que sobrevivieron (y no se volvieron locos) y no puedo imaginar un desastre peor que aquel.
El refrán de abuela reza "que dios no te dé todo lo que puedes soportar" porque somos capaces de soportar muchas cosas. Quizá llegue el día en que no nos quede nada que conservar, el día que hayamos perdido muchas cosas buenas que otros pelearon en otro tiempo para conseguir, pero ese día, el que ya no nos quede nada para perder, entonces que esos poderes fácticos nos teman, porque ese día resurgiremos de nuestras propias cenizas para correr delante de los azules, como nuestros padres o abuelos hicieron delante de los grises.

La fotografía es cortesía de photo credit: dprieto via photopin cc.