miércoles, 9 de mayo de 2012

Todo vuelve...y los socialistas también


El jueves pasado los laboristas británicos de Ed Milliban lograron una victoria sobre los tories de David Cameron. Los laboristas obtuvieron el 38% de los votos frente al 31% de los conservadores, llegando a vencer en el doble de municipios que estos últimos. Logrando casi el doble de consejeros locales que los tories.

 

De esta manera, la izquierda británica comienza a generar la posibilidad de gobernar en uno de los países más importantes de la Unión Europea (UE) La política de recortes y austeridad impuesta por Cameron está siendo rechazada por los ciudadanos en las urnas.

 

Dos días después supimos que el líder del Partido Democrático (DS), Boris Tadic, miembro de la Internacional Socialista y que gobierna en Serbia, ganó la primera vuelta de las elecciones presidenciales. La victoria en este país de los Balcanes es fundamental.

 

Nuestros compañeros reformistas han hecho posible que Serbia fuese nombrado país candidato para su entrada en la UE. Aunque parezca nimio, esta medida es importantísima para que no vuelva a suceder lo mismo en lo que se ha denominado “polvorín de Europa”. No en vano buena parte de los conflictos europeos de finales del s. XIX, primeras y última década del s. XX, se iniciaron allí.

 

La victoria del conservador y ultranacionalista Tomislav Nicolic, ex viceministro durante el Gobierno de Slobodan Milosevic, no sería muy positivo. Los analistas consultados consideraron que su eventual llegada al poder, si bien no detendría el proceso de integración europea de Serbia seguro que lo ralentizaría”. (EFE, 20-5-2012)



Apenas un día después, en Francia comenzó a renacer la esperanza de conseguir cambiar el rumbo de nuestra Unión.

 

“Con el triunfo de Hollande, el Partido Socialista regresa al Elíseo tras 17 años de presidencias conservadoras, y su líder se convierte en el segundo presidente socialista de la Quinta República, tras François Mitterrand (…) su victoria supondrá el final del directorio conocido como Merkozy, la simbiosis entre la canciller Angela Merkel y Sarkozy que ha guiado el timón europeo durante el último lustro poniendo todo el acento en la austeridad”. (El País, 6-5-2012)

 

Miles de personas se concentraron en la sede parisina del Parti Socialiste y en la plaza de la Bastilla para celebrar la victoria de François Hollande en las elecciones presidenciales. No es para menos. Los ciudadanos están ahogados en la austeridad y el recorte.

 

Es precisamente Merkel la más preocupada por estos acontecimientos. Y cuando pensaba que podría salvar los muebles con una victoria en su länder, llegó el tsunami que termina por arrasar todo. Los socialdemócratas vencieron en su feudo de Schleswig-Holstein. De derrota en derrota hasta el desastre final.

 

El candidato del SPD, Torsten Albig, ya ha anunciado que iniciará las negociaciones para formar gobierno con los Verdes y SSW. Sin duda, lo ocurrido en este länder es un viento favorable para el SPD y los Verdes respecto a “las elecciones estatales de Renania del Norte-Westfalia”. (Sigmar Gabriel, 5-5-2012, enlace)

 

Es evidente que Merkel ha sido la gran derrotada de este fin de semana electoral. No le falta razón a Alexis Tsipras, líder de Syriza, cuando afirma: “Angela Merkel tiene que saber que la política de austeridad ha sufrido una derrota humillante”. (The Guardian, 7-5-2012, noticia)

 

La derrota del PASOK en Grecia no es solo estrepitosa, es un aviso claro y rotundo a los partidos socialistas y socialdemócratas europeos. Lo fue en Portugal, España y lo ha sido ahora en el país heleno. Pero, ¿alguien esperaba otra cosa?



La dirección del PASOK ha sido participe de seis meses de dictadura financiera. A pesar de que nuestro compañero Yorgos Papandreu ganó una moción de confianza en el parlamento y anunciase un referéndum para que los griegos decidieran democráticamente si querían aceptar los recortes, el poder económico consiguió su objetivo. Papademos fue colocado a dedo por el sector financiero vulnerando el derecho democrático del pueblo griego a elegir a su mandatario en las urnas.

 

La dirección del PASOK no dudó en no hacer ningún caso a las reivindicaciones de sus Juventudes Socialistas cuando estas firmaron una carta rechazando los recortes de los planes de rescate de la UE, ni su posición contraria a la colocación de un testaferro de Goldman Sachs como primer ministro.

 

La dirección del PASOK no dudó en expulsar del partido a los 20 diputados socialistas que se negaron a votar a favor del último paquete de recortes impuesto por Merkel y Sarkozy.

 

Estimados compañeros y compañeras, lo que Venizelos ha hecho con nuestro partido hermano ha sido un suicidio político anunciado.

 

Los resultados de las urnas griegas pueden tener una doble lectura: por un lado, como un castigo a la política de austeridad y recortes de los planes de rescate; por otro lado, un mensaje al conjunto de Europa de que las medidas que se aplican en Grecia y en otros países de la UE como España, no dan respuesta a la crisis sino que ahondan más en ella.

 

¿Qué van a hacer nuestro compañero Evánguelos Venizelos? ¿Pactar un gobierno con Nueva Democracia? ¿Un gobierno de “salvación nacional”? ¿Sería tan grave hacer una gran coalición de izquierdas con Syriza, KKE y Nueva Izquierda? Una coalición de gobierno de izquierdas que imprimiese un nuevo rumbo distinto del saqueo impuesto por el sector financiero.

 

La realidad es que la salvación nacional, como la de España, Francia, Holanda y todos los países miembros de la UE pasa por dejar a un lado las políticas de recorte. A estas alturas todos podemos ver que no han solucionado nada, todo lo contrario.

 


lunes, 7 de mayo de 2012

Presidente Hollande y la reconstrucción europea

La victoria este domingo del socialista François Hollande, en la jornada definitiva de las Elecciones Presidenciales francesas, genera ya, a escasas horas de su confirmación, todo tipo de expectativas políticas sobre el futuro de Europa. Más allá de convertirse en el primer Presidente socialista en Francia tras 17 años consecutivos de liderazgo conservador, y de haber relegado por primera vez en la Historia de la quinta república francesa a un Presidente tras su primer y único mandato, la victoria de Hollande despierta consigo la ilusión de la socialdemocracia europea.

Reconozcamos que la izquierda lleva aletargada, deprimida y anestesiada desde que estalló la crisis financiera y comenzó la depresión económica. El descaro de las recetas unívocas de una derecha rampante que no sólo reparte lecciones de moralidad y economía regresivas, si no que demoniza a todo aquel que ose plantear políticas alternativas, ha acomplejado a los socialistas europeos hasta hacerlos incapaces de contagiar el más mínimo optimismo.

Pero este segundo Presidente Socialista desde la instauración de la Quinta República en 1958, simboliza también la llamada a la articulación de una nueva alternativa desde el progresismo, para la reconstrucción política y económica europea. Esta crisis ha mostrado en toda su crudeza los pies de barro de una Unión Europea que no era tal. Ni siquiera era una unión económica, pues no iba más allá de una mera alianza monetaria, que sólo ha dado resultado mientras la economía arrojaba saldos positivos, pero que ha mostrado su auténtica debilidad a la primera ocasión en que las adversidades comprometían los vagos objetivos de cohesión europea.

Todo se ha hecho mal: desde la manera en que se han impuesto los ajustes y el abuso de exigir que se modifiquen Constituciones para consagrar la austeridad, despreciando la madurez democrática de la ciudadanía; hasta el timo del Acuerdo de Schengen sobre libertad de movimiento de personas y capitales que algunos Estados han suspendido de forma oportunista retomando fronteras por miedo a movimientos migratorios; pasando por la renuncia de Francia a su tradicional y estratégico papel de contrapeso a la hegemonía alemana; todo ha conducido a un desmoronamiento de los principios europeos.

El Presidente Hollande, líder del progresismo europeo, debería ahora propiciar la refundación de la socialdemocracia en el viejo continente sobre la base de la búsqueda de una mayor integración europea. Porque somos los socialistas los que debemos elevar el crecimiento económico sostenible a rango de prioridad política. Tenemos que guiar a Europa hacia la creación de un auténtico gobierno común como respuesta a la extensión de los nacionalismos y populismos. Y también estamos llamados a rediseñar el modelo de Estado de Bienestar para fortalecerlo y hacerlo más eficiente ante las tentaciones de desmantelamiento que padece hoy día. Y para todo eso quizás resulte aconsejable ignorar por un rato lo que digan los mercados esta semana.

Por lo demás, el final del Sarkozysmo, un movimiento sobre todo basado en el culto a la personalidad de un líder histriónico, hiperactivo y omnipresente, dejará a corto plazo un shock emocional importante en amplias capas sociales, y una previsible crisis política en la derecha francesa, abrumada por el ascenso del extremista Frente Nacional de Marie Le Pen, que tratará arrebatarle la hegemonía en el seno de la derecha. Habrá que estar atentos al modo en que la UMP, el principal partido político conservador galo, afronta la complicada tarea de reorganizar la derecha sobre la base del NeoGaullismo, recuperando al centro y sin caer en la deriva peligrosa que plantean los ultras lepenistas.



Escrito por Denis Itxaso: denisitxaso@gmail.com

Le Changement c'est maintenant

Me conecto a TV5 para ver que cuentan de las elecciones francesas y veo a Hollande atravesando a duras penas una multitud en la plaza de la Bastilla.

Una muchedumbre con todas las banderas de la izquierda, comunistas, ecologistas, de diversas causas internacionales representando una Francia plural de izquierdas.

En este momento los liderazgos pueden surgir en un lugar y servir de referencia para otros. Las reglas están cambiando. Hollande no solo habla de Francia en sus discursos. Resulta inevitable.


No puedo evitar reproducir algunos trozos del editorial del periódico Liberation.
¿Qué es votar a la izquierda? Es decirse que, a pesar del individualismo de las sociedades contemporáneas, existe un "nosotros". Que ideas como las de justicia, igualdad, reparto y solidaridad pueden y deben vertebrar la vida pública. Que por tanto es posible ir en contra de los valores de la época, para hacer vivir lo que une, en vez de seguir el camino fácil de escuchar la vocecilla que habla en nuestro interior impulsándonos a no vivir mas que para defender nuestros intereses individuales.

domingo, 6 de mayo de 2012

Acabar con esta depresión innecesaria: llamamiento a una decidida acción política

La idea central del último libro de Paul Krugman resulta tan esperanzadora como desasosegante: “La depresión que estamos atravesando es, fundamentalmente, gratuita” [Paul Krugman, ¡Acabad ya con esta crisis!, Crítica, Barcelona 2012].
Discípulo declarado de Keynes y crítico razonadamente furibundo del monetarismo neoliberal, Krugman considera que vivimos claramente en la clase de mundo descrito por Keynes: Estamos sufriendo penalidades que –pese a todas las diferencias de detalle que se deben a los 75 años de cambio social, tecnológico y económico- son claramente similares a las de los años treinta. Y sabemos qué deberían haber hecho entonces los gestores políticos: tanto por los análisis contemporáneos de Keynes y otros economistas, como por el gran número de estudios posteriores”. Precisamente por eso, porque la crisis actual puede explicarse a la luz de las intuiciones e hipótesis keynesianas, “disponemos tanto del saber como de los instrumentos precisos para poner fin a este sufrimiento”.
Frente a la obsesión por el ajuste y la austeridad, deberíamos recordar una máxima de Keynes: “El auge, y no la depresión, es la hora de la austeridad”. Lo que hace falta en estos momentos d depresión es adoptar políticas expansivas y de creación de empleo.
Aunque no utilice este lenguaje, Krugman formula su crítica a la norma del ajuste general como un típico problema de acción colectiva. Si bien para un individuo, una familia o una empresa es plenamente lógico  gastar menos de lo que ingresa (ajustarse), para una sociedad en su conjunto esto es una catástrofe. “Si demasiados actores económicos se encuentran al mismo tiempo con un problema de endeudamiento, su empeño colectivo por salir de ese problema contribuye a su propia derrota”. “Mi gasto es tu ingreso y tu gasto es mi ingreso”, afirma Krugman. Si nadie gasta (porque no puede, o porque no se fía), nadie ingresa. “Un mundo en el que un gran porcentaje de personas o empresas está intentando cancelar sus deudas, todas al mismo tiempo, es un mundo en el que se reducen los ingresos y el valor de los activos, donde los problemas de endeudamiento se agravan, en lugar de mejorar”.
Y lo mismo ocurre con los recortes en los salarios y las condiciones de trabajo: “Mientras un trabajador individual puede mejorar sus oportunidades de obtener trabajo a cambio de aceptar un salario inferior, que lo haga más atractivo en comparación con otros trabajadores, un recorte general de los salarios deja a todo el mundo en el mismo lugar, salvo en un aspecto: reduce los ingresos de todos, pero el nivel de deuda se mantiene igual. Así pues, más flexibilidad en los salarios (y los precios) sólo empeoraría las cosas”.
Alguien debe animarse a gastar para volver a poner en marcha el motor gripado de las economías. “En un momento en el que muchos deudores intentan aumentar el ahorro y cancelar las deudas, es importante que alguien haga lo contrario”. Ese alguien sólo puede ser el gobierno.
Pero en lugar de proceder desde ese conocimiento y esa experiencia, quienes ocupan los puestos de responsabilidad en los gobiernos, las instituciones internaciones y muchos departamentos universitarios puristas del laissez-faire, “han optado por prejuicios ideológica y políticamente convenientes”. ¿Convenientes para quién?
“Para meternos en esta depresión –explica Krugman- han hecho falta décadas de malas directrices políticas y malas ideas que prosperaron porque durante mucho tiempo estuvieron funcionando muy bien, no para la nación en su conjunto, sino para un puñado de gente rica y con mucha influencia. Y esas malas políticas e ideas han llegado a dominar nuestra cultura política y hacen que sea muy difícil variar el rumbo aun cuando nos enfrentamos a una catástrofe económica”. No es un problema esencialmente técnico-económico, sino político.
Krungman expone en el capítulo 4 el proceso desregulatorio que hizo posible el auge del capitalismo de casino, fundamento de la crisis que se inicia en 2008. Se trata e una cuestión esencial, pues indica bien a las clara que la política tiene mucha importancia también hoy en día para organizar la economía, aunque desgraciadamente todo el poder político se está utilizando para favorecer al capitalismo más especulativo. Matt Taibbi profundiza en esta conspiración política por la desregulación con más radicalidad que Krugman en el libro Cleptopía (Lengua de Trapo, 2011).
“Solo para una pequeña –aunque influyente- minoría, la época de la desregulación financiera y el ascenso del endeudamiento supuso en verdad un extraordinario aumento de los ingresos”. En 2006, los 25 administradores de hedge funds (fondos de cobertura, especulativos con dinero prestado) ubicados en Manhattan mejor pagados ganaron 14.000 millones de dólares, tres veces la suma de los sueldos de los ochenta mil maestros de escuela de la ciudad de Nueva York. Estos administradores tienen un doble honorario: cobran por administrar el dinero de otras personas, pero también  se llevan un porcentaje de los beneficios que consiguen. “Esto les supone un incentivo de peso para realizar inversiones arriesgadas: si las cosas van bien, reciben una cuantiosa recompensa; mientras que si las cosas van mal –y ese momento siempre llega- nada les obliga a devolver los beneficios anteriores”. Esto no es economía, es política. Política a favor de unas minorías. Política de clases.
Y aquí es cuando Krugman introduce, con cautela pero con claridad, una clave explicativa que se convierte en una carga de profundidad contra la política democrática actual: es la referencia a esa “puerta giratoria por la que políticos y funcionarios terminan yendo a trabajar para la industria a la que, supuestamente, debían supervisar”. Esta puerta giratoria provoca incluso una perversa transferencia de la lealtad de los altos dirigentes políticos, desde la sociedad que los ha llevado al poder hacia las organizaciones económicas y empresariales que pueden acogerlos cuando abandonen el gobierno: “Quien abandona el puesto siendo tenido en gran estima por el equipo de Davos, podrá ser elegido para una gran variedad de cargos en la Comisión Europea o del FMI aunque sus compatriotas le profesen el más absoluto desprecio. La máxima demostración de solidaridad hacia la «comunidad internacional» sería hacer lo que quiere esa comunidad, enfrentándose incluso a una enorme resistencia por parte del electorado político nacional”.
Krugman presenta su libro como un llamamiento a ejercer presión política contra esta conjura del ajuste mediante la construcción de una opinión púbica informada y movilizada. Yo me apunto. Creo que Hollande también…


Escrito por Imanol Zubero: imanol.zubero@ehu.es 

sábado, 5 de mayo de 2012

¿Y vuelta la burra al trigo?

¿Estamos seguros que lo que Europa necesita es lograr crecimiento urgente para salir de esta no-crisis-sino-transformación-subrepticia-del-estado-social-de-derecho? Lo dudo.

El clamor contra las políticas de austeridad impuestas por diktats puritano-protestantes es ensordecedor. Sabemos que esas políticas de austeridad que ahogan nuestro querido paisito buscan, ante todo,  la devolución de la gigantesca deuda que los bancos y cajas españoles contrajeron en el mercado mayorista europeo (en buena parte alemanes y del que se obtienen pingües beneficios) para la financiación del boom inmobiliario que nos ha traído hasta la situación actual. 

Y la respuesta de la socialdemocracia del sur de Europa al clamor contra estas políticas que nos ahogan es, básicamente, crecimiento. Decimos creer que estamos ante una nueva crisis cíclica del capitalismo  al que una alegría keynesiana que dinamice la demanda agregada vendrá de perlas. De ahí que aboguemos por las políticas de estímulo a la economía para volver a crecer, puesto que con crecimiento, -decimos- se generan empleos y con más empleo se genera –creemos- más actividad, más ingresos públicos y quizá, en el futuro, repartamos –¿creemos aún en los cuentos de hadas?- parte de los ingresos por eso de la equidad social… Y así, pretendemos aliviar la carga de la austeridad. No es muy convincente.

Compañeras y compañeros, a lo que  hoy  nos enfrentamos es harina de otro costal. Despertemos. No estamos ante una crisis cíclica, sino ante un cambio de modelo, un abandono de las políticas del bienestar, un putsch versión soft de un insensato ultraliberalismo económico no humanista, una transformación del  estado social de derecho de facto,… Todo aderezado con mucho gabinete de prensa, desinformación a raudales, y sazonado con premeditación,  nocturnidad, alevosía y mucha mala leche.

Porque tiene mucha mala leche que sea la ciudadanía monda y lironda la que haya de pagar el pato. Hagamos memoria si no. Antes del estallido de la dichosa burbuja, la situación macroeconómica española era brillante, con una deuda y un déficit controladísimos. Si bien, una deuda privada de Órdago a la grande, esa misma con la que  espoleamos un crecimiento especulativo y devorador de recursos preciosos; por desgracia, durante varias legislaturas.

Y en eso, llega el estallido de la burbuja, tanto por la insostenibilidad de la situación como por la puntilla a la confianza de los prestamistas con el bochornoso Lehman Brothers. Y el Estado, con un gobierno socialista, decide obligarse a rescatar preventivamente el sistema financiero para dar confianza a los mercados o prestamistas que nos inundaron de liquidez y a los que debíamos devolver el parné. Es decir, tornan bastos y socializamos pérdidas generadas por la iniciativa privada, por miedo a las consecuencias sociales de la inacción al respecto. Diantre, ¿por qué no se aplicará el mercado su matraca liberalizadora en épocas de estrecheces, esa que habla de la  mano invisible, el homo economicus, racionalizador y maximizador del beneficio de la unidad marginal etc?  La alternativa a no intervenir era el caos, nos decían.  (Eh,  ¿Islandia? No seamos demagogos, no es lo mismo, no compares España e Islandia… ¿y por qué no?)

Y claro, nuestro otrora envidiable equilibrio macro financiero público  se rompió. La locura especulativa pinchó, vimos el litoral arrasado y decidimos insuflar dinero público a espuertas en los balances de los bancos privados.

Pronto, la cosa tornóse negruzca; del milagro de nuevo rico español, del modelo a emular, a la peste de la que huir. El sistema bancario español (recuerdan que nos decían lo teníamos de bandera) cojea ostensiblemente. Los santos mercados de prestamistas temen que no vayan a recuperar las ingentes cantidades prestadas al sistema bancario patrio y presumen que la mora y la quiebra  son  mera cuestión de tiempo.

Consecuencia: pánico generalizado, toque de arrebato, movilización general… Zapatero, bajo presiones que él decidió hacer inconfesables (¡cómo me hubiera gustado que, en el parlamento, hubiera salido a la palestra diciendo quién y en qué términos le  llamó al orden!…), saca la tijera y aprieta a quién nada tenía que ver con la fiesta. O ¿sí? (Lo bueno de esta no-crisis-sino-cambio-de-modelo es que a los españolit@s de a pié nos inmuniza, por un rato al menos,  contra el becerro de oro, el duro a cuatro pesetas y mensajes como “Cofidis es tu amigo” de un soberbio mandoble. Pero ese es otro debate.)

Vamos, que nos urgían, a través de nuestro defenestrado presidente socialista,  a la acción colectiva pública en forma de austeridad para el pueblo y barra libre al sistema financiero. Era menester —nos decíamos— recuperar la confianza de los mercados que habían de seguir financiando las deudas a corto del tesoro público —objetivamente el endeudamiento público no era ni es el problema en términos comparativos— y sobre todo, sanear un sistema financiero privado débil por unos balances implícitamente trampeados por la devaluación muy significativa de activos inmobiliarios, y que nadie se atreve a reflejar convenientemente en su contabilidad.

Y para salir de la espiral infernal, de la tormenta perfecta, del ruido de sables de los prestamistas internacionales, la socialdemocracia apela al crecimiento, como la derecha política, social y económica. Dinamicémonos, saneémonos, liberalicémonos, seamos más competitivos… para crecer. Porque una vez que crezcamos,… las aguas volverán a su cauce. A mí me suena a discurso manido, sin punch, gastado, ruido mediático del bla, bla, bla que poca esperanza ofrece en casa del humilde... Y sabemos que no es real.

Con la que está cayendo, ante el escenario de clara  regresión en política social, económica, o de simple y llana involución en las relaciones laborales, vamos dados si solo ofrecemos crecer de nuevo para repartir después, pagar deudas… Con todos los respetos, eso lo hace la Derecha mucho mejor que nosotros. Y seguimos enquistados en los discursos y el campo de juego que ésta ha marcado a fuego en la agenda política y mediática. Y erre que erre — vuelta la burra al trigo— con el crecimiento.

No dudo que el crecimiento económico haya ayudado al logro de los objetivos sociales del discurso progresista en otras etapas históricas. Sin embargo,  en esta época del turbocapitalismo global sin complejos, nuestro análisis y praxis han de variar, por que nos están cambiando las normas unilateralmente.

Por un lado, lo que antes era un  medio (la economía, la producción, las finanzas…) se convierte en fin en si mismo y el fin (La Ciudadanía) en un medio prescindible del engranaje capitalista.

Por otro lado, asistimos impertérritos a que se desnaturalice el fin legítimo de la acción pública democrática y socialista, a saber, el crear día a día un país libre, igualitario y fraterno, donde se priorice la satisfacción de las necesidades ciudadanas que liberen al ciudadano de ataduras y miedos.  Y procurar así  las condiciones objetivas que permitan su emancipación, desarrollo personal, intelectual, afectivo y emocional.

Y ante esta tesitura, ¿es el crecimiento la respuesta que vamos a dar a la sociedad? ¿Y si el crecimiento fuera la zanahoria que se nos pone a los burros para seguir empujando el engranaje oxidado? ¿Y si nos  bajamos de la burra de la derecha económica?  ¿Nos vamos a atrever a cuestionar el para qué  y el para quién del Crecimiento algún día? ¿Y sus consecuencias? ¿Y su sostenibilidad ecosistémica y social? Recordemos, somos Izquierda.

Porque, compañeros, hay evidencias que chirrían en nuestro discurso pro crecimiento:

  • Por un lado, el mundo es finito y no podemos crecer y consumir ad infinitum, menos a sabiendas de que somos ya 7000 millones de habitantes y subiendo,…  Pretender que podemos seguir creciendo como hasta ahora es utópico e irreal  (lo sabemos todos y todos miramos hacia otro lado, como cuando nuestra burbuja inmobiliaria) y algún día, pronto, la Izquierda habrá de meterse en esta harina.

  • Por otro lado, de cara al progreso social por el que decimos justificar el crecimiento, el planteamiento chirría. A saber, los condicionantes que se nos imponen – y esto acaba de empezar- para poder seguir creciendo. Éstos, no ayudan a emancipar al ciudadano y por tanto las entiendo difícilmente compatibles con el discurso socialista progresista.

·         Hablo de reformas laborales que disminuyen derechos conquistados y amparados en las Cartas Magnas que el sistema turbocapitalista global se ha de pasar por el Arco del Triunfo.

·         Hablo de recortes sociales que privatizan las herramientas para escapar de la exclusión social. Bravo, permitamos socializar pérdidas de la iniciativa privada y privaticemos la responsabilidad pública en la distribución equitativa de bienes básicos para la emancipación como salud, educación o pensiones.

·         Hablo de un  endeudamiento sistémico que el crecimiento hoy requiere. Por que, en un escenario de contrición macroeconómica global, con una sobrecapacidad productiva global, con incrementos de productividad progresivos alucinantes a escala global y salarios a la baja,… ¡Que nos expliquen cómo dar salida a la abundancia los productos y servicios, —para volver a crecer y vuelta a crecer— si no nos endeudamos tanto países como ciudadanos! Y es que, si no nos endeudamos,  la burra del crecimiento, se gripa… Hasta en Alemania o China, que requieren del endeudamiento ajeno para crecer y dar salida a la sobreproducción. Tienen bemoles los diktats de la Merkel hoy.

Luego, si aceptamos este análisis,  resistámonos a que la socialdemocracia europea y su representante histórico en España se limiten a dar como respuesta  políticas de dinamización del crecimiento para recuperar el empleo. No fastidies. Estamos ante un cambio de modelo, un coup d’etat cool á la Sazkozy, mediáticamente impecable que requiere contundencia.

Por desgracia, asumo que es más fácil trazar un diagnóstico que establecer un buen remedio. ¿Decrecimiento gradual?¿Nueva división internacional y local del trabajo más igualitaria? ¿Derivar los incrementos de productividad para trabajar menos y  generar más ocio no lucrativo? Ni idea. Hemos de crear, por que el escenario que se nos avecina es nuevo. Las reglas de juego nos las han cambiado. Aquí está el reto socialista para los años venideros, dar forma a una alternativa económica a la locura suicida capitalista en clave de emancipación. Y si no, seremos redundantes.

Sí, redundantes. Salvo que reaccionamos  recuperando la acción pública socialista transformadora, emancipadora, ahora ecológicamente sensible, internacionalista y globalista. Si no nos movemos,  no nos asustemos cuando nuestras bases busquen respuestas en la derecha (ya se sabe aquello tan manido de que entre la copia y el original…) o en espectros más pardos: buena parte de los votantes lepenistas son ciudadanos bien humildes con miedo a la incertidumbre, mucho miedo… y eso no se arregla “flexibilizándonos y privatizándonos hasta la extenuación final para competir en la neurótica jungla del sálvese quien pueda”… 

Éste no es nuestro modelo. Nos toca construir un modelo humanista de emancipación ciudadana, universalizable, socialmente justo, ecológicamente autolimitante y sobre todo, optimista, proveedor de esperanza e ilusión, creador, expansivo, seductor… No olvidemos que somos hijos de la deliciosa y trina Liberté, Égalité, Fraternité, hijos de las Luces, aborrecemos las Caenas y buscamos con pasión el Progreso de tod@s para tod@s. Salud a raudales.



Escrito por Rosa de Luxemburgo: rosaluxemburgo.1871.1976@gmail.com


jueves, 3 de mayo de 2012

La ola de esperanza frente a los recortes

El ser humano tiende a querer ser el primero en descubrir algo. Tratar de poner el prefijo neo se ha vuelto en norma si quieres pasar a los anales de la Historia. La realidad nos da indicaciones suficientes como para darnos cuenta de que el neo-liberalismo no resulta tan novedoso.

Probablemente sus formas hayan cambiado gracias a que es el capitalismo financiero quien domina el sistema. Aunque desligado de la producción de bienes y servicios además de supranacional, el capitalismo financiero sigue manteniendo la necesidad de obtener beneficio. Y en los últimos años se han valido del abandono de los ciudadanos y de la dejadez de muchos partidos políticos.

Pero la apatía que ha recorrido Europa en los últimos años parece haber terminado. Ahora ha comenzado a crecer una marea de esperanza que quiere cambiar el rumbo de la austeridad y el recorte. En los dos mismos países donde el proceso Constitucional europeo se detuvo, podría detenerse ahora la política de austeridad impuesta.

Suceda lo que suceda el 6 de mayo, en Francia, los ciudadanos han demostrado que quieren apostar por un cambio. La amenaza que tan bien saben explotar los partidos conservadores y liberales ya no sirve. En Holanda el gobierno ha estado a punto de dimitir porque no pudo aprobar los recortes en el nuevo presupuesto en un primer momento. Al igual que en Francia los socialistas holandeses han dicho NO a la política que nos lleva al abismo.

Es imposible seguir sosteniendo la idea de que nada podemos hacer contra los males que azotan cada uno de nuestros países de Europa. Son ellos los que han generalizado la pasividad. Sin embargo, somos los ciudadanos los que decimos claramente: queremos cambiar el mundo.

Existe la posibilidad de luchar contra la injusticia social y los recortes económicos. Nuestros abuelos y abuelas, padres y madres pudieron hacerlo. Su combate fue el que posibilitó que nosotros naciéramos y creciésemos bajo el Estado de Bienestar. Bajo la educación pública y gratuita, de la sanidad pública y universal, las prestaciones públicas por desempleo, las jubilaciones públicas, etc.

Ellos fueron quienes conquistaron nuestras oportunidades y nuestra prosperidad. Ahora nos toca a nosotros mantenerlas y fortalecerlas. Los partidos de izquierda, los progresistas, tenemos la oportunidad de poder cambiar las cosas. Y las cosas deberán cambiar porque de lo contrario esta anorexia económica nos llevará un punto sin retorno.

Lo que tenemos encima de la mesa es un reto difícil. Muchos serán los que nos dirán constantemente que es imposible cambiar algo. Nos dirán que es imposible que una persona cambie el rumbo de la Historia. Deberemos recordarles que nada puede frente a millones de voces exigiendo un cambio.

Una generación que no se resigna a creer que la Unión Europea pueda reformarse para servir a los ciudadanos. Para poder hacer una Unión de los ciudadanos. Una generación que apuesta por

No queremos seguir siendo meros espectadores de las decisiones de una Troika que no ha sido elegida por los ciudadanos. Queremos más democracia. Si queremos seguir avanzando en los nuevos tiempos que se abren a nuestro paso debemos tener más democracia. Podemos asumir la responsabilidad de tener más democracia.

No se trata de decirles a los trabajadores que podrán participar en el debate, que podrán decidir, que podrán cambiar el destino de sus países, que todos podremos recuperar el espíritu que nos guió a conseguir lo que parecía un imposible, que podremos realizar el cambio. Sino que debemos realizarlo.

"Queremos que los ciudadanos participen en las decisiones. Hay que dar a los trabajadores mayor participación en las decisiones económicas. Es necesaria la democratización en todos los ámbitos de la sociedad y, en consecuencia, es preciso luchar contra la burocratización. Asimismo, la comunidad, a través del Estado, debe aumentar su control sobre el aprovechamiento y explotación de las riquezas naturales, tales como agua, suelo, energía y demás materias primas. También hay que aumentar la influencia de las organizaciones sindicales y de toda la sociedad en la elaboración de nuevos planes económicos". (Olof Palme)

Debemos participar en el debate. Debemos tener una oportunidad de cambiar las cosas. Debemos tener el momento para poder señalar el destino que queremos para nosotros mismos. Debemos generar el cambio. Debemos escribir un nuevo capitulo. No queremos que otros lo hagan por nosotros. 

Este es nuestro momento. Tenemos la oportunidad de dar un ejemplo claro de que no miramos a otro lado, de que no hemos dado la espalda a los y las trabajadoras.

Tenemos la oportunidad, aquí y ahora, de demostrar que nosotros somos sus representantes. Tenemos la ocasión de que cuando quieran poner sus esperanzas de un Estado que los proteja de los ataques que sufren sus derechos nosotros estaremos ahí para defenderlos.

Este es el cambio que está llegando.

Habrá cínicos que nos dirán que no podremos lograrlo y quieran quitarnos la ilusión. Nos dirán lo que podemos o no podemos hacer. Pero eso es algo que tarde o temprano deberá cambiar. Solo nosotros sabemos lo que podemos o no podemos hacer para cambiar esta situación. De esto van las elecciones en Francia y Grecia. De esto va lo que está sucediendo con esta crisis.

Habrá gente de arriba que nos dirán que seamos realistas, de lo contrario dirán que estamos creándonos falsas esperanzas. Pero si hay algo real en los partidos socialdemócratas europeos, a lo largo de su historia, es la fortaleza de las esperanzas de miles de militantes por querer cambiar las cosas.

Nos pondrán todos los obstáculos posibles para que el camino sea duro. Tal vez tan duro como para que llegue el momento en el que nos digamos “Para que seguir si nada va a cambiar”. Pero recordar que no estáis solos, que ellos sepan que no estamos solos. Somos muchos los que pedimos el cambio, que queremos el cambio.

A ellos, a todos ellos les digo: ¡Los socialistas debemos hacer posible el cambio!

“Cada vez que un hombre lucha por un ideal o actúa para ayudar a otros, o se rebela ante las injusticias, está generando una pequeña ola de esperanza. Y millones de esas pequeñas olas cruzándose entre sí y sumando intensidad, forman un tsunami capaz de derrumbar los más poderosos muros de resistencia y opresión”. (Robert Kennedy)

Podemos, queremos y debemos hacerlo. Debemos.


Escrito por Jagoba Álvarez Ereño: jagoba.alvarez@gmail.com

miércoles, 2 de mayo de 2012

¿Por qué Occidente no va a la izquierda? Doscientas páginas de lectura inexcusable.


La “suerte” de que la crisis se lleve por delante todo tipo de gobiernos nos está viniendo bien para explicar(nos) por qué la izquierda no está últimamente de moda. Es preferible seguir echando mano de nuestro recurrente e izquierdista fatalismo y seguir pensando que esta desafección es provisional y que los ciudadanos y los pueblos volverán inevitablemente a ver en la izquierda y en “los de izquierdas” la solución a sus problemas y los mejores conductores de la salida a la crisis. Vamos, que el desajuste es provisional y que todo volverá a su ser.
Mejor, entonces, no pensar demasiado. Igual que decíamos ah! ça ira! podríamos decir ahora ya volverá.

Por fortuna, Raffaele Simone, prestigioso lingüista italiano, prefiere advertirnos de semejante estupidez y nos propone un texto que parte de otro hecho fatal: la izquierda, como todo ser vivo, puede acabar desapareciendo, arrumbada por los aires del tiempo presente e incapaz de dar respuesta al mismo. Ningún fatum asegura nuestra continuidad (salvo que por tal identifiquemos un transformismo que vacía por completo de significado a nuestra acción y que solo respeta/ sostiene el histórico término de “la izquierda”).

En "El monstruo amable. ¿El mundo se vuelve de derechas?" (Taurus, Madrid 2011) Simone plantea que la irrupción de una cultura de masas, fuertemente tecnológica, que cambia la lógica de la sociedad de producción (trabajo) por otra de consumo, ha desplazado tanto a los partidos de izquierda como al pueblo (electorado) de esa izquierda. Lo que dice es que no se trata de una debilidad puntual, coyuntural, marcada por esta crisis, sino de un cambio estructural y profundo, que impone un modelo social, una cultura y/o un espíritu del tiempo (Zeitgeist) que lleva inevitablemente a comportamientos y elecciones de derechas y a rechazar o a apartarse de las de izquierdas. La derecha, dice, no es ya un partido político clásico. Bien al contrario, la Neoderecha es la forma planetaria de vivir la modernidad.

Es precisamente eso lo que no ha entendido la izquierda. Empeñada desde Marx (o peor, desdeñando a Marx) en ver sobre todo en la economía y en la política la razón de los cambios sociales, no ha considerado que es en el terreno de la cultura, en la irrupción imparable de nuestra actual “cultura de masas”, donde la derecha le está ganando la partida a la izquierda.

Así, es más fácil, nuevamente “natural”, vivir este tiempo desde la derecha que desde la izquierda. La oferta consumista de satisfacciones presentes es más atractiva que la liturgia futurible, laboriosa y casi religiosa que propone la izquierda. La derecha es hoy moderna y la izquierda casposa. Los valores sociales y culturales de nuestro tiempo (vg. éxito, velocidad, evanescencia, consumo, juvenilismo, disfrute, belleza exterior…) tienen que ver con la derecha y cuando la izquierda reacciona en sentido contrario se siente envejecida, trasnochada. Incluso más, prefiere no mostrar un rostro duro, no insistir en sus viejas recetas y valores (vg. esfuerzo, trabajo, laboriosidad, dedicación, sacrificio, profundidad, seriedad, tiempo…) y camuflarse en el pensamiento débil de lo políticamente correcto (o del llamado “buenismo”). Mejor no tomar posición si ésta puede resultar anacrónica. Mejor no presentar batalla. Mejor presentar como “izquierda moderna” lo que ya solo es resignada modernidad. Mejor obviar que mientras es “natural” ser de derechas, el pensamiento y la opción de izquierdas precisa de una reflexión cultural, no naturalista, y de una disposición a combatir aquello a lo que invita la naturaleza no reflexionada (vamos, que el pez grande se coma al chico). Se olvida –lo recuerda Simone- que ser de izquierdas es un esfuerzo, una resistencia contra la deriva irreflexiva de pensar que las cosas pasan porque tienen que pasar, que son como (inevitablemente) tienen que ser.


Escrito por Antonio Rivera: antonio.rivera@ehu.es

martes, 1 de mayo de 2012

El papel del PSE-EE: reinventarse o morir

La ciudadanía vasca necesita un Proyecto de País, un modelo de convivencia y de desarrollo para este tiempo de crisis que concentre los esfuerzos ciudadanos y coordine a todas las instituciones en la lucha contra el desempleo y la reactivación de su economía. Y lo que menos necesitamos en este periodo de graves incertidumbres, en el que además está pendiente la reconstrucción moral de Euskadi, son más tensiones derivadas de estrategias de confrontación hacia la secesión deseada por parte de los independentistas.

Precisamente en tiempos de grave crisis, los independentistas se equivocan con su mensaje de "vámonos de España", porque este es el peor momento para extremar los desacuerdos sobre identidad, lenguas o autogobierno. Hoy, en Euskadi, la prioridad ha de centrarse en sumar voluntades democráticas, tratar de mantener sin graves recortes los derechos sociales, curar las heridas del terrorismo y profundizar la vía de la innovación de las empresas vascas. Pero nunca levantar muros contra solidaridad y la reconciliación cívica.
Nadie puede ser ajeno a la coyuntura dominada por la crisis y la recesión económica que atraviesan Europa y esa España de la que formamos parte, así como a las necesidades del ciclo final del terrorismo. Y nadie debería utilizar  el momento para radicalizar sus políticas partidistas. Desde los independentistas hasta una derecha prepotente empeñada en desmantelar el estado del bienestar y sin propuestas para impulsar el crecimiento.

Por otra parte, es cierto que la declaración de ETA del 20-O, sin representar su imprescindible disolución, ha supuesto junto a las nuevas posiciones políticas del mundo abertzale, que dice no apoyar el terrorismo pero sin reconocer sus errores, un paso importante hacia un cambio de escenario. Ante este panorama y para hacer aún mas creíbles las propuestas del PSE-EE y la posición del Lehendakari Patxi López, resulta imprescindible recuperar una posición central y autónoma que, también, ayudará a tender puentes entre posiciones divergentes. Además de lograr normalizar relaciones con el PNV para abrir puertas de futuro.

Esta nueva realidad, así como recientes los insultos de Basagoiti al Lehendakari (lo comparó con Homer Simpson) y el conjunto de amenazas que venimos recibiendo del PP, cada vez que abre la boca algún miembro del Gobierno Vasco o algún portavoz del PSE-EE, me lleva a pedir con urgencia el final, formal y sin estridencias, de la circunstancial relación de socio preferente que ha mantenido el PSE-EE con el PP vasco. Porque carece ya de todo sentido.

En mi opinión, ya se han alcanzado los grandes objetivos que recogía el acuerdo para esta legislatura, como la derrota del terrorismo y la deslegitimación de la violencia. Y no podemos despreciar el alcance de las grandes diferencias y discrepancias existentes entre socialistas vascos y populares a la hora de aplicar un modelo de sociedad frente a la crisis.

Este divorcio con el PP no tendría por qué llevarnos, necesariamente, a la disolución anticipada del Parlamento. Ahí están instituciones como las Diputaciones de Gipuzkoa  y Álava, o el Ayuntamiento de San Sebastián entre otros, gestionados por gobiernos en minoría. De modo que la gestión del actual Gobierno Vasco podría continuar por sentido de responsabilidad hasta cumplir su mandato, intensificando sin frenos su acción en la lucha contra la crisis, activando el proceso de paz y la construcción de la convivencia, y trabajando para hacer realidad la disolución de ETA. Aunque es evidente que se requiere la acción conjunta con las Diputaciones y un diálogo productivo en la Ponencia sobre la Convivencia, recién creada en el Parlamento.

Ahora bien, por imperativos éticos y credibilidad democrática, se debería atender la petición formal y mayoritaria de la Cámara si ésta fuera partidaria de adelantar las elecciones al otoño. O promover por el Gobierno una valiente moción de confianza. Pero no diré más para no equivocarme más de la cuenta.

En lo que se refiere al papel de los Socialistas Vascos, convendría reescribir las lineas estratégicas y sus prioridades en el marco de una próxima Conferencia Política abierta a la sociedad. Porque será necesario buscar la participación ciudadana para enriquecer  y fortalecer el Proyecto de País y tratar de ganar la batalla electoral. Adelanto cual sería mi propuesta:
1.  Apuesta por un País más cohesionado, lo que requerirá un compromiso acordado entre las  Diputaciones y el Gobierno para luchar con garantía contra la crisis y el paro, manteniendo sin recortes sustanciales los derechos sociales.
2.  Defensa del Autogobierno vasco, reforzando el papel del Gobierno en detrimento de las Diputaciones y eliminando duplicidades en el entramado institucional, con revisión de la LTH.
3.  Impulso, sin dilaciones, a la cultura de paz y a la gestión del proceso de Paz, frente al inmovilismo del PP. Es una prioridad lograr el final del terrorismo y el reconocimiento al dolor de las víctimas.
4.  Rechazo de la confrontación social a la que nos quieren llevar los independentistas y denuncia del perjuicio que su propuesta secesionista supondría para la economía vasca, así como de la carga de insolidaridad que conlleva hacia el resto del Estado.
5.  Crear cauces a la construcción participativa de la convivencia ciudadana como un objetivo clave frente a la fractura social que provocan las tesis independentistas.
6.  Puesta en valor de la identidad plural de la ciudadanía vasca, para convivir desde la riqueza de su diversidad y construir, en base a nuestra singularidad, un Modelo innovador de País Vasco con proyección en Europa.

Por último, este proyecto cívico debe dar respuesta a los continuos desprecios que el nacionalismo soberanista hace del autogobierno vasco y a sus muestras de permanente insatisfacción. Porque devalúan un Estatuto de Autonomía que representa un alto grado de autogobierno para un País sin Estado en Europa, incluida una especial concepción de la "soberanía fiscal".


Escrito por Odón Elorza: odonelorzag@gmail.com