domingo, 18 de noviembre de 2012

A buenas horas mangas verdes.

Juan Zubillaga. Bilbao
Leo en etimologias.dechile.net un comentario sobre el origen etimológico de la palabra desahucio:
“La palabra desahuciar es una formación romance con el prefijo des- (que procede del latíno dis-) y que indica inversión de una acción, y del arcaico verbo afuciar, formado con a- (del latín ad-) y el verbo latino, con su f ya aspirada, fiduciare (dar una confianza, avalar, garantizar). Desahuciar es pues quitar toda confianza, igual si lo aplicamos a un enfermo terminal (quitar toda confianza en la recuperación o salvación) que si despedimos a un arrendatario (se retira la confianza que en él se tenía y se produce el desahucio). La raíz es la del verbo latino fidere (tener confianza) y comparten raíz palabras como confiar, fiar, fidelidad, fianza, federal, etc.”
Si nos atenemos a la etimología no hay duda de que hay una pérdida de confianza en los partidos por parte de la ciudadanía según concluyen todas las encuestas. Podemos decir por tanto que, en puridad de sentido, los partidos políticos están desahuciados. Aunque nadie cree que les vayan a quitar las sedes.

La política presenta momentos muy hermosos. Es la política la que ha consolidado, al menos por un tiempo, derechos fundamentales que están en la raíz de la sociedad democrática. Muchas veces los políticos han impulsado grandes avances sociales y lo han hecho liderando a la sociedad para resolver un problema. Hace pocos días el Tribunal Constitucional declaró plenamente constitucional el matrimonio homosexual, recordándonos uno de los hechos positivos que ocurrieron durante los gobiernos Zapatero. La petición de legalización del matrimonio homosexual era una tendencia creciente dentro de la sociedad, pero no era ni mucho menos mayoritaria. Sin embargo el presidente Zapatero tuvo la suficiente visión como para arrostrar las críticas feroces de toda la carcundia. Hoy la votación del Constitucional ha dinamitado la tradicional división progres-conservadores con un contundente ocho a tres y la sentencia ha recibido el apoyo de sectores muy significativos del Partido Popular. Es el arte del buen político que identificando un deseo creciente de la gente lo impulsa y lo convierte en algo generalmente aceptado. Cuando esto ocurre no aumenta la desconfianza hacia los políticos, todo lo contrario.

El asunto de los desahucios es otra cara de la actividad política. El avance de la crisis se plasma gráficamente en el contraste entre las ayudas que recibían y reciben los bancos desahuciados, con la ejecución cruel de desahucios sobre personas sin medios económicas y ninguna perspectiva de poder tenerlos. Pues bien, aunque algunos miembros de los partidos con mayor respaldo electoral han hecho declaraciones sobre la necesidad de arreglar este problema, la verdad es que los partidos políticos como tales han permanecido en este tiempo impasibles como don Tancredo.

La indignación contra los desahucios que ya es hoy un terremoto social viene fraguándose desde hace un tiempo y ha crecido fundamentalmente a espaldas de la actividad política de las principales instituciones representativas. Empezaron los grupos de activistas vecinales, los de extrema-izquierda y los menos extremos, la iglesia de base, los programas de televisión de denuncia, los partidos pequeños, los alcaldes... Luego, la cosa fue a más, el drama de los suicidios, las encuestas que indicaban que el 90% de la población estaba muy preocupada por esto… Y, finalmente, hasta los jueces, la iglesia institucional e incluso algunos bancos (olvidémonos lo que tiene esto último de paripé) se fueron pronunciando antes de que los partidos mayoritarios abandonasen su mutismo.

¿Porqué los partidos han tenido este papel tan decepcionante? Una primera explicación reside en la particular relación que tienen con los bancos, es decir, el temor reverencial que muestran ante ellos y por supuesto las deudas que mantienen, algunas condonadas. Pero esto no me parece suficiente. Creo que hay al menos otra razón que reside en el propio funcionamiento de los partidos: me refiero a su pérdida de capacidad para enterarse de lo que pasa en la sociedad, a que están más centrados en otras facetas de la administración del poder como el reparto de puestos y la vigilancia mutua interna y externa. ¿Qué ha hecho que los dirigentes socialistas hayan esperado hasta hace muy poco tiempo para expresarse con contundencia sobre el tema? ¿Era prudencia? ¿Era interés? o ¿Era ceguera y desconexión? En cualquier caso, son bienvenidas sus rectificaciones, aunque sean tardías. El gobierno acaba de dictar un decreto sobre el tema y el partido socialista ha tenido el buen gusto de declararlo insuficiente.




viernes, 16 de noviembre de 2012

A favor de Cataluña en España

(Para adherirse al "llamamiento" enviar un correo a: jfabrau@terra.es)


Varios centenares de intelectuales y profesionales han firmado en Cataluña un llamamiento a favor de la izquierda y del federalismo para responder al creciente secesionismo estimulado por Convergència i Unió, desde el Gobierno de la Generalitat, así como por otras fuerzas políticas de afinidad nacionalista.
Queremos atender esa llamada porque los promotores de una independencia inmediata de Cataluña aducen beneficios obviando penosas consecuencias para todos. Además se eximen de responder a los ingentes problemas que, como europeos, como españoles, como ciudadanos de una comunidad autónoma y como vecinos de un municipio, nos plantea la crisis económica y la incapacidad que aquí y en Europa se advierte para adoptar decisiones válidas. Añadir una propuesta de secesión augura el desbordamiento a corto plazo del malestar social al que nos viene arrastrando el súbito empobrecimiento y el vértigo de la desesperanza de un número creciente de ciudadanos.
Los independentistas convierten su particular idea de España en el chivo expiatorio sobre el que cargar todos los malestares. Abonan así el terreno a la exigua minoría que, desde el resto de España, se propone hacer otro tanto con su particular idea de Cataluña. La afirmación de que España perpetró agresiones contra Cataluña es una desgraciada manipulación del pasado, que olvida deliberadamente cómo en los conflictos y guerras civiles en los que todo el país se vio envuelto, los catalanes, al igual que el resto de los españoles, se dividieron entre los diferentes bandos.
Ni Cataluña está sometida a un expolio por parte de España, ni el común de los españoles alberga sentimiento alguno de menosprecio hacia ella. Bien al contrario: Cataluña suscita afecto, admiración y reconocimiento, entre otras razones porque sin ella, sin su lengua, sin su cultura y sin su aportación solidaria, no puede entenderse la España democrática. Las fuerzas políticas que han abrazado el independentismo calculan que, dada la drástica reducción de los recursos del Estado y los padecimientos de la crisis, sería llegada la hora de pugnar por sus aspiraciones maximalistas, sin atender al orden constitucional pactado por todos.
En Cataluña existe un profundo sentimiento nacional, del que el resto de los españoles es plenamente consciente. De ahí que sostengan con firmeza que haya de ser reconocido e integrado de nuevo en el seno de instituciones compartidas. No obstante, si ese sentimiento de forma mayoritaria se manifestara contrario de modo irreductible y permanente al mantenimiento de las instituciones que entre todos nos dimos, la convicción democrática nos obligaría al resto de los españoles a tomarlo en consideración para encontrar
una solución apropiada y respetuosa: los ciudadanos de Cataluña tienen que saber que éste es nuestro compromiso irrenunciable. Pero tienen que saber también que en el resto de España y en la misma Cataluña hay muchas voces que apuestan por seguir avanzando juntos.

El programa de construcción nacional incentiva a los independentistas a sentirse víctimas de una opresión por parte de España, a rechazar la toma en consideración de las propuestas de entendimiento y a silenciar o relegar a todos aquellos ciudadanos catalanes que no suscriban ese programa de secesión. La transición de la dictadura a la democracia se hizo de la ley a la ley pasando por la ley. Ahora, paradójicamente, los independentistas para llevar adelante su denominada transición nacional se proponen violentar la ley democrática, hecha por todos y para todos, con el propósito de alumbrar una ley nueva, hecha sólo por los que se sienten llamados a una misión sin contar con los demás. En la aritmética política sucede que el orden de los factores altera el producto.

Ni España, ni la Constitución de 1978 ni el Estatut de 2006 niegan a los ciudadanos de Cataluña ejercer su derecho a decidir; son los partidos que apoyan la fulminante independencia de Cataluña quienes confunden las opciones al concurrir, una tras otra, a las citas electorales con programas edulcorados, indoloros y sin coste político, social o económico alguno, pensando ampliar así sus apoyos en las urnas.

Es preciso que CiU y otras fuerzas de afinidad independentista asuman sus graves responsabilidades en la equivocada gestión de la presente crisis económica y en los abusos en que incurrieron y dejen de exculparse bajo el supuesto expolio perpetrado por España. Esa estrategia de exculpación les ahorra el debate económico y social que necesitan tanto Cataluña como el resto de España, exacerbando y absolutizando, en su lugar, un debate nacional y nacionalista.

Consideramos, además, que todas las fuerzas democráticas deberían sumarse en la búsqueda de un mejor encaje institucional para Cataluña, de una financiación más justa y de una federalización del deteriorado Estado de las autonomías, que inscriba en su norma suprema la solidaridad inter-territorial y los criterios de su aplicación compatibles con el esfuerzo común de todos y el principio de ordinalidad. Por ese camino podremos seguir ampliando las cotas de libertad, igualdad, progreso y respeto mutuo logradas con la Constitución de 1978.

Madrid, 24 de octubre de 2012

lunes, 12 de noviembre de 2012

El valor político de la discrepancia

Antonio Gutiérrez-Rubí. Asesor de comunicación. Artículo publicado en la IDEAS.


"Cuando un partido se da cuenta de que un afiliado se ha convertido de un adepto incondicional en un adepto con reservas, tolera esto tan poco que, mediante toda clase de provocaciones y agravios, trata de llevarlo a la defección irrevocable y de convertirlo en adversario; pues tiene la sospecha de que la intención de ver en su credo algo de valor relativo que permite un pro y un contra, un sopesar y descartar, sea más peligrosa para él que un oposición frontal”. Friedrich Nietzsche

El hecho de que, en la mayoría de los partidos políticos, el número dos sea el secretario de organización es algo más que una casualidad o una tradición. Un lugar estratégico, justo detrás -y no necesariamente debajo- del máximo responsable del partido, sea el secretario general o el presidente del partido (según sea la cultura política). Una posición que inspira más temor que respeto, más reverencia que complicidad.
Es sorprendente esta posición jerárquica. Pareciera que para una fuerza política, y más en el ámbito progresista, las  propuestas, la acción política o la comunicación deberían ser áreas ejecutivas con mayor protagonismo y relevancia, asumiendo que no es posible el liderazgo electoral y social, si antes no se gana y se compite por el cultural y el de las ideas (ver todavía a Antonio Gramsci). Pero no. Los secretarios de organización mandan más. Mucho más.

Los partidos políticos que se organizan -la mayoría- a través de la cultura del centralismo democrático necesitan poderosos instrumentos de organización que rápidamente derivan en disciplina, no en procesos culturales de eficacia y eficiencia. Tal es el pavor que genera la discrepancia -que es vista como un cuestionamiento de la autoridad- que se le niega cualquier valor político. Pero ¿lo que se gana en supuesta homogeneidad es comparable con lo que se pierde en plasticidad y porosidad social?
Existe una grave incapacidad en las fuerzas políticas para ofrecer su pluralidad interna como un atractivo político en la sociedad de la diversidad. Esta limitación, que deriva en patología autoritaria, invoca la unidad y la lealtad como valores supremos que no pueden interpretarse desde la complementariedad ni desde la libertad. Ambas virtudes -personales y profesionales- son juzgadas peligrosamente en su articulación política colectiva. Se desconfía del autónomo y del libre pensador. Se premia al homogéneo y al silente.

En un lúcido y pedagógico artículo, El futuro (probable) del PSOE, Juan José Laborda (miembro del Consejo de Estado, senador constituyente en 1978 y presidente del Senado entre 1989-1996) aborda el tema de la pluralidad interna de los partidos, en particular en el espacio socialdemócrata, con gran habilidad y precisión. Y reclama un ambicioso programa de reformas que, entre otros desafíos, garantice que la selección de candidatos y dirigentes políticos para la representación se articule desde los principios de la diversidad y la democracia interna para ofrecer un nueva representación que recupere la legitimidad. “El fin de estas reformas no es otro que devolver a los ciudadanos confianza en los partidos políticos. La causa profunda de la desconfianza actual y por la que el PSOE no se recupera electoralmente está en la percepción ciudadana de que los partidos instrumentalizan las instituciones, en lugar de servir -como señala el artículo 6 de la Constitución- como instrumentos de “participación política”.

Y por si no queda claro, Laborda lo precisa, sin ambigüedades: “Buscar la representación de millones de individuos, de personas conscientes de sus derechos, exige aceptar plenamente el pluralismo. Eso quiere decir que el PSOE será una organización de personas que, pensando de distinta manera, son capaces de ponerse de acuerdo. Un partido así consigue que su democracia interna le permita aspirar al ideal aristocrático cuando propone sus candidatos a las instituciones. Las elecciones primarias para elegirlos son congruentes con lo dicho anteriormente. Pero esas elecciones solo obtendrán las virtudes que se esperan de ellas si todo el Partido Socialista se transforma como organización política, previamente a su convocatoria. Los votantes deben ser millones de personas, pues los afiliados no son representativos de la sociedad, sino una minoría que lucha para cambiarla. Y es una (frustrante) temeridad que se elija un candidato por primarias y el partido, como “intelectual orgánico”, decida todo lo demás, desde el programa electoral, al resto de los candidatos y cargos orgánicos” (fin de la cita)[1].

¿Quién teme a la libertad? Esta sigue siendo la pregunta clave. ¿Es posible abrazar un modelo de organización que no se esclerotice en la gestión del poder clientelar (listas y cargos) y en la lealtad acrítica? Es preciso recuperar un nuevo código de conducta interna que estimule la regeneración democrática y actualice la oferta política con otra cultura de la participación. Estas podrían ser algunas de las claves.

1. La diversidad de perfiles, caracteres y estilos enriquece y hace más atractiva una oferta electoral si aspira a ser representativa y mayoritaria. La pluralidad de nuestra sociedad se representa mejor con la pluralidad política interna, no con su negación o su ocultación.

2. La discrepancia estimula el combate de las ideas. Y es absolutamente compatible con la cohesión interna si se aceptan las reglas democráticas dentro de la organización. La lealtad del silencio es peor, siempre, que la lealtad de la libertad. Los ciudadanos deben percibir que hay matices, diferencias y estilos diferentes, pero que es posible estar juntos, competir unidos y ofrecer coherencia estimulante, no claudicante. Y competir, lealmente, cuando se producen los procesos de selección de liderazgos.

3. Los liderazgos políticos deben ser corales, si quieren establecer conexiones múltiples con la sociedad a la que se quiere representar y servir. Esto es clave. Es muy difícil que una sola persona (o muy pocas) representen bien la amplia gama de registros sociales y culturales que una profunda y transversal mayoría electoral significa. Equipos plurales para mayorías diversas.

4. Los retos (propuestas y soluciones) que hay que abordar deben resolverse con altísimas dosis de creatividad. Necesitamos soluciones nuevas. Disrupción y caos creativo. Hay que reivindicar -y estimular- la pluralidad interna, incluso la discrepancia -y no castigarla-, como fuente legitimadora de democracia y de soluciones plurales y creativas en la oferta política de los partidos. En el mundo de la innovación (empresarial, social, académica) la discrepancia, la heterogeneidad, la pluralidad, la diferencia son EL ECOSISTEMA natural para crear y desarrollar productos, servicios, ideas… Es así siempre; pero en la política, no. Cuando se buscan soluciones nuevas, estas no se encuentran en el mismo aire que se respira. Hay que abrir las ventanas.

La transformación de nuestros partidos en organizaciones porosas y creadoras de atmósferas y entornos de libertad y participación pasan por una profunda reconversión organizativa. Hay que hacer un reset total.

Los partidos políticos se mueven con un ADN cada vez más alejado de la realidad de nuestra sociedad. Jerarquía organizativa, frente a autoridad meritocrática. Centralismo radial, frente a redes distribuidas. Consignas políticas, frente a creatividad política. Cultura analógica, frente a realidad digital. Modelo vertical, frente a sociedad horizontal. Liderazgo unipersonal, frente a liderazgo coral.

No hay tiempo que perder. La discrepancia no es el problema. El miedo, la envidia, el recelo… sí que lo son.

sábado, 3 de noviembre de 2012

Sexo y edad de los parlamentarios vascos

Por Juan Zubillaga. Bilbao
La designación de los candidatos que se presentan a las elecciones es algo que se escapa al control democrático de la ciudadanía. En el mejor de los casos han sido decididos por una consulta a las bases del partido, aunque más habitualmente  se hace en los órganos de dirección partidista a los que no tienen acceso los propios militantes.

Es cierto que hay casos aun más extremos, como el de la designación de la candidata de candidata de la coalición EH Bildu a Lehendakari, donde no solo nadie sabe qué personas lo decidieron, sino que la propia candidata, a preguntas de un periodista, no quiso desvelar ni qué persona le había comunicado su designación. La verdad es que no es especialmente extraño dada la escasa tradición democrática de la fuerza principal de esa tendencia política.

Teniendo tanto peso los aparatos de los partidos en la designación de candidatos, la lista de estos desvela muchas veces los criterios e intereses de las cúpulas de los partidos. A muchos puntos de los programas políticos se los suele llevar el viento, ya sea porque las circunstancias cambian o porque nunca se tuvo ninguna intención de aplicarlos. Pero los candidatos que salen, esos se mantienen. Incluso hay cierta tendencia a que repitan.

Quiero examinar en este post las características de los candidatos elegidos en el Parlamento vasco por edad y sexo. El examen de la edad y el sexo de los nuevos diputados del Parlamento vasco recientemente elegidos nos puede permitir conocer mejor a los partidos.

Veamos primero dos gráficos (en porcentaje y en valor absoluto) de la distribución de edades y partidos. En los dos gráficos está la misma información presentada de forma diferente.

Y en los dos se puede ver que hay grandes diferencias entre partidos. De joven a viejo las candidaturas están clasificadas desde Bildu (amarillo) como la plancha más joven, siguiendo por PP (azul), PNV (verde) y finalmente el PSE (rojo). Curiosamente la distribución presenta el mismo orden que los años de existencia de los partidos.

Medias de edad de los miembros del Parlamento Vasco

Total Varones Mujeres
PNV 47.1 51.0 43.4
Bildu 41.3 40.9 41.7
PSE 53.0 55.3 50,8
PP 44.8 44.7 45.0

Si vemos la representación de los parlamentarios varones, la diferencia entre partidos es aun más acusada. Destaca por insólita, la distribución de los ocho parlamentarios varones en el PSE, todos de la misma generación, entre 53 y 58 años.

Por supuesto que la mayor edad en general suele significar mayor experiencia y es muy lógico que quienes dirijan las organizaciones políticas no sean veinteañeros. Pero por otro lado una distribución de edades equilibrada en un Parlamento, que pretende ser un órgano representativo y una especie de fotografía de la sociedad, permitiría que no solamente estén representadas las diferentes ideologías, sino también las diversas generaciones y géneros, que como sabemos aportan matices no siempre coincidentes.

Además, estas diferencias en cuanto a la edad de los parlamentarios   nos pueden decir algo de las relaciones de poder dentro de los partidos. Es bastante plausible que estén correlacionadas con su implantación en determinadas franjas de edad o con la valoración que puede tener la antigüedad como mérito dentro del propio partido.

Si examinamos la distribución de los parlamentarios electos entre varones y mujeres, vemos que todos los partidos cumplen las leyes de la paridad. En el caso del PNV hay una parlamentaria de más, en el PSE hay paridad, en Bildu un parlamentario de más, en el PP dos y el único parlamentario de UPD es varón. En total hay 39 varones y 36 mujeres..

Lo que si se puede apreciar es que, considerados todos los parlamentarios, la media de edad de los varones (azul) supera a la de las mujeres (rojo).

Pero no es un efecto uniforme en todos los partidos. Ocurre en el PNV y el PSE, pero sin embargo en el PP y Bildu prácticamente no hay diferencia en la distribución de edades. En el PNV la diferencia de medias de edad entre mujeres y varones es máxima, cerca de ocho años y en el PSE hay dos parlamentarias que escapan de la regla, pues superan en edad a todos los parlamentarios varones de su partido. Si la edad está correlacionada con el poder dentro de las organizaciones, esto puede indicar que en las organizaciones “más viejas”, como el caso del PNV y PSE, las mujeres están más alejadas de los núcleos duros del poder, aunque hay que señalar alguna excepción en el PSE. Sin embargo en el PP y Bildu, organizaciones “más jóvenes”, las mujeres se encuentran más integradas.

La celebración de primarias abiertas para la elección de candidatos es algo que tiene cada vez más defensores en la sociedad. No creo que sea una solución mágica ante el creciente desprestigio de los partidos como institución, pero considero que puede ayudar a que la democracia sea más participativa.

martes, 30 de octubre de 2012

Euskadi: sin suelo

Por Aurelio Romero. Vitoria-Gasteiz

Cuando la radio anunció que los seguidores de EH-Bildu habían comenzado a entrar en el polideportivo de La Casilla, en Bilbao, a los más o menos viejos del lugar el estómago se les dio la vuelta, como si aquel taxi que los llevaba hasta el hotel hubiese frenado en seco. Comprendieron de sopetón que muchas cosas habían cambiado en un período de tiempo que parecía corto, el que va desde las manifestaciones de los 1 de mayo beligerantes y de clase con UGT y CC.OO a la cabeza, a esta tarde de cierre de mesas electorales de 2012, poniendo fin a una campaña que el Partido Socialista de Euskadi–Euskadiko Eskerra abría gobernando en Euskadi y con un escenario minimalista en blanco dentro de un hotel, en plena zona residencial de Vitoria–Gasteiz.

La “ocupación” de La Casilla por los candidatos de EB-Bildu, segunda fuerza electoral en resultados y a un paso por primera vez del mayoritario PNV, arrojaba al interior del taxi múltiples preguntas sobre la evolución de la sociedad vasca, el día de las primeras elecciones sin armas a la vista y a un año de lo que nadie llama aún rendición de ETA. Preguntas sobre por qué había calado el mensaje del cambio sobre los modos y contenidos de la política, sobre cómo evitar que ahora la calle se inunde de nuevo del grito euskaldun de “independentzia” a la vez que Mas esconde su fracaso en Catalunya tras un grito similar y el Bloque se divide en Galicia para ascender al viejo y hasta ahora denostado Beiras. Y preguntas, en fin, de por qué los socialistas han olvidado que sufrieron la peor de las persecuciones del terrorismo para luego sólo tímidamente recordar que “yo estaba allí”.

El concepto político de descalabro es como la purga de fierabrás, duele pero se olvida. El descalabro del PSOE del que se habla hoy en Euskadi, donde se quiso gobernar en minoría sobre un escenario político virtual, o en Galicia, donde todo parece condenado a que sólo Paco Vázquez ejerciese real poder en el partido y en las urnas simultáneamente, ese descalabro es probablemente el dato menos relevante, aunque tenga múltiples lecturas sobre la resistencia del PP, la validez de sus política regresivas, las alternativas imposibles….. Lo más significativo de los resultados del 21-N en Euskadi especialmente –el PSdG-PSOE aún anda rematando y esquivando cadáveres políticos desde el mutis por el foro de Emilio P. Touriño- es que se ha demostrado que, después de un tsunami como el vivido con Zapatero, no se construye una casa sobre el agua con los restos del desastre.

Los resultados para el PSE-EE hablan de un “suelo” imposible de adivinar, porque siempre se pensó que Bildu y sus componentes aún no han recibido la absolución de sus pecados como para merecer el triunfo. Hasta que llegó el 15-M, el de las elecciones autonómicas y municipales, y los herederos de Batasuna llegaron a cotas del 25,6% mientras en Moncloa las cabezas más cercanas a Zapatero suponían que obtendrían solo un 10,5% de votos. Aquel presagio y este resultado de hace pocos días les une el mismo desconocimiento.

Metidos en el diagnóstico, ya hay quien dice desde la cabeza del PSE-EE donde Patxi López refugió su candidatura, en Álava, que “se han salvo los muebles”, que “el escenario es diferente al de anteriores elecciones porque la izquierda abertzale cambia los resultados de los demás con su presencia”…. Hubo una izquierda a la izquierda del PSE presente en el Parlamento que ahora se renueva, la participación permanece prácticamente estable respecto de la anterior convocatoria para presidir el Gobierno vasco, y según los datos conocidos, la llamada al voto nulo o la abstención en aquella ocasión por parte del ahora EH-Bildu no tuvo especial eco.

No hay dudas sobre cómo consigue EH-Bildu su resultado electoral, llamativo resultado, en 21-N. Con su propia cantera de votos, los que resta al PNV, que fue el “mal menor“ de muchos y su capacidad de convocatoria, cuasi militar. La pregunta que más duele es cómo consigue el PNV su resultado, que le permite gobernar aun siendo minoría en un país de minorías políticas. Duele porque hay un desvío evidente de votos al PNV desde el PSE-EE y, está por ver, del PP. Y, en todo caso, son esos votantes de entonces los que cubren el magro de la abstención, que, siendo prácticamente igual numéricamente, es muy diferente en cuanto a la tipología de quienes la componen.

Es ahí donde comienza la respuesta a la pregunta sobre cuándo se abandonó La Casilla, sobre si el eco del balance Zapatero es la causa nuevamente o si, como algunos creen, la realidad es inevitable aunque se la retuerza para formar gobiernos de conveniencia histórica. Respuestas sobre la necesidad de hacer coexistir la presencia en las instituciones con la presencia en la calle, junto a los ciudadanos, todos en general y, especialmente, en los lugares de intención de voto más probable. Respuestas, en fin, sobre si tanto análisis sociológico sobre Euskadi no ha advertido que los pueblos olvidan con prontitud y, más aún, a los que gobiernan, solo gobiernan.

Galicia y Euskadi han sido los pioneros en cristalizar una nueva izquierda que gritaba desde el 15-M, con el 15-M, mientras la izquierda tradicional hacía guiños de pana o cuello Mao para acercarse a ella. Una nueva izquierda que ha rentabilizado el impulso identitario, de nuevo, para situarse en o cerca del poder real, y un mensaje social para lo político, lo económico y lo institucional. Un mensaje al que el PSOE no ha podido llegar, achicando agua aún o preparando nuevos salvavidas.

Aquel anochecer en que Rodolfo Ares, como coordinador de la campaña electoral del PSE-EE, advertía de que el adversario no era el Partido Popular sino el Partido Nacionalista Vasco, pocos pensaban que se estaba refiriendo a un crecimiento posible y resultado favorable a costa de la izquierda abertzale, que antes le había prestados votos y escaños en un ejemplo de buena relación familiar. Nadie entendió que hablaba de votos socialistas o que votaron PSE-EE anteriormente. Desde el escalón más alto de la coordinación electoral, ha tenido una visión fácil sobre el movimiento del suelo, el político en general de Euskadi, y especialmente el ahora más que nunca inimaginable nivel donde el voto socialista deja de perderse.

La última pregunta y su respuesta es si Euskadi ha cambiado tanto como para que La Casilla la alquilen otros ahora o si son los conceptos que definieron siempre al socialismo –es tiempo de identidad- los que han perdido fuerza, si no sentido, en tiempos de crisis; si esa lejanía practicada respecto de la sociedad provoca sordera en tornos a conceptos anclados en su historia y que la sociedad repite a gritos: honestidad, cercanía y contundencia.

El arranque de campaña en el barrio gasteitzarra de Armentia fue el toque contra la abstención, cuando aún se era gobierno. Patxi López ha anunciado su deseo de renovar en y desde la secretaría general y ha desmentido a quienes, desde el propio PSE-EE, deslumbrados por la derrota, llegaban a enaltecer la relativa bondad del resultado, el de la mera presencia. Más vale así. Con ese entusiasmo de algunos y en la oposición, el riesgo es el anonimato.

viernes, 26 de octubre de 2012

Reciente e importante discurso del Presidente Mújica, del Uruguay, en Río de Janeiro.


Autoridades presentes de todas la latitudes y organismos, muchas gracias. Muchas gracias al pueblo de Brasil y a su Sra. presidenta, Dilma Rousseff. Muchas gracias también, a la buena fe que han manifestado todos los oradores que me precedieron.

Expresamos la íntima voluntad como gobernantes de apoyar todos los acuerdos que, esta, nuestra pobre humanidad pueda suscribir.

Sin embargo, permítasenos hacer algunas preguntas en voz alta.

Toda la tarde se ha hablado del desarrollo sustentable. De sacar las inmensas masas de la pobreza.

¿Qué es lo que aletea en nuestras cabezas? ¿El modelo de desarrollo y de consumo que queremos es el actual de las sociedades ricas?

Me hago esta pregunta: ¿qué le pasaría a este planeta si los hindúes tuvieran la misma proporción de autos por familia que tienen los alemanes? Cuánto oxígeno nos quedaría para poder respirar?

Más claro: ¿tiene el mundo los elementos materiales como para hacer posible que 7 mil u 8 mil millones de personas puedan tener el mismo grado de consumo y de despilfarro que tienen las más opulentas sociedades occidentales? ¿Será eso posible? ¿O tendremos que darnos otro tipo de discusión?

Hemos creado esta civilización en la que hoy estamos: hija del mercado, hija de la competencia y que ha deparado un progreso material portentoso y explosivo.

Pero la economía de mercado ha creado sociedades de mercado. Y nos ha deparado esta globalización, cuya mirada alcanza a todo el planeta.

¿Estamos gobernando esta globalización o ella nos gobierna a nosotros?

¿Es posible hablar de solidaridad y de que “estamos todos juntos” en una economía que basada en la competencia despiadada? ¿Hasta dónde llega nuestra fraternidad?

No digo nada de esto para negar la importancia de este evento. Por el contrario: el desafío que tenemos por delante es de una magnitud de carácter colosal y la gran crisis que tenemos no es ecológica, es política.

El hombre no gobierna hoy a las fuerzas que ha desatado, sino que las fuerzas que ha desatado gobiernan al hombre. Y a la vida.

No venimos al planeta para desarrollarnos solamente, así, en general. Venimos al planeta para ser felices. Porque la vida es corta y se nos va. Y ningún bien vale como la vida. Esto es lo elemental.

Pero la vida se me va a escapar, trabajando y trabajando para consumir un “plus” y la sociedad de consumo es el motor de esto. Porque, en definitiva, si se paraliza el consumo, se detiene la economía, y si se detiene la economía, aparece el fantasma del estancamiento para cada uno de nosotros.

Pero ese hiper consumo es el que está agrediendo al planeta.

Y tienen que generar ese hiper consumo, cosa de que las cosas duren poco, porque hay que vender mucho. Y una lamparita eléctrica, entonces, no puede durar más de 1000 horas encendida. ¡Pero hay lamparitas que pueden durar 100 mil horas encendidas! Pero esas no, no se pueden hacer; porque el problema es el mercado, porque tenemos que trabajar y tenemos que sostener una civilización del “úselo y tírelo”, y así estamos en un círculo vicioso.

Estos son problemas de carácter político. Nos están indicando que es hora de empezar a luchar por otra cultura.

No se trata de plantearnos el volver a la época del hombre de las cavernas, ni de tener un “monumento al atraso”. Pero no podemos seguir, indefinidamente, gobernados por el mercado, sino que tenemos que gobernar al mercado.

Por ello digo, en mi humilde manera de pensar, que el problema que tenemos es de carácter político. Los viejos pensadores –Epicúreo, Séneca y también los Aymaras- definían: “pobre no es el que tiene poco sino el que necesita infinitamente mucho”. Y desea más y más.

Esta es una clave de carácter cultural.

Entonces, voy a saludar el esfuerzo y los acuerdos que se hagan. Y lo voy acompañar, como gobernante. Sé que algunas cosas de las que estoy diciendo "rechinan". Pero tenemos que darnos cuenta de que la crisis del agua y de la agresión al medio ambiente no es la causa. La causa es el modelo de civilización que hemos montado. Y lo que tenemos que revisar es nuestra forma de vivir.

Pertenezco a un pequeño país muy bien dotado de recursos naturales para vivir. En mi país hay poco más de 3 millones de habitantes. Pero hay unos 13 millones de vacas, de las mejores del mundo. Y unos 8 o 10 millones de estupendas ovejas. Mi país es exportador de comida, de lácteos, de carne. Es una penillanura y casi el 90% de su territorio es aprovechable.

Mis compañeros trabajadores, lucharon mucho por las 8 horas de trabajo. Y ahora están consiguiendo las 6 horas. Pero el que tiene 6 horas, se consigue dos trabajos; por lo tanto, trabaja más que antes. ¿Por qué? Porque tiene que pagar una cantidad de cosas: la moto, el auto, cuotas y cuotas y cuando se quiere acordar, es un viejo al que se le fue la vida.

Y uno se hace esta pregunta: ¿ese es el destino de la vida humana?

Estas cosas que digo son muy elementales: el desarrollo no puede ser en contra de la felicidad. Tiene que ser a favor de la felicidad humana; del amor a la tierra, del cuidado a los hijos, junto a los amigos. Y tener, sí, lo elemental.

Precisamente, porque es el tesoro más importante que tenemos. Cuando luchamos por el medio ambiente, tenemos que recordar que el primer elemento del medio ambiente se llama felicidad humana.

Gracias.

miércoles, 24 de octubre de 2012

Ezkerretik ekintza orain

Domingo Escandela. Vitoria-Gasteiz.


Se acabó el tiempo; ya no se trata de mejorar, ahora es una mera cuestión de supervivencia. Ya no se trata de cambiar cosas, ese tiempo pasó. Es momento de refundarse, así de seria es la situación. En esta batalla los socialistas hemos puesto casi todos los cadáveres, pero, inopinadamente, nuestros muertos parlotean, andan, y –como en el “Apocalipsis Z” de Loureiro-, devoran a todo ser vivo y pensante de nuestras propias filas. Ahora, desde la Secretaría Seneral, hablan de “cambiar y reflexionar” aunque descartan extender el cambio a las personas. Pero sabemos que esto no es posible; un equipo desacreditado, que ha perdido la confianza de la sociedad, no puede remontar el vuelo sino que cae en barrena con el suelo como único tope. Pero hay otro camino: el de renovar el grueso del grupo. Cambiar de nombre, de logo, de caras y de estrategia. Cambiar de rumbo, refundarse, vaya.

El Partido Socialista Obrero Español está desfasado. No ha sabido adaptarse a los tiempos: Es un mamut en un desierto. Ha soslayado todos los fenómenos recientes, como si la vieja mentalidad de la Transición fuera una panacea de bondades eternas. Pero no es así. En parte, este es el problema: la sacralización de una generación que se cree imprescindible; que piensa que los éxitos pasados –que nadie niega- la facultan para ocupar la poltrona del poder a perpetuidad.

El plan frente a la crisis fue rescatar las viejas fórmulas, y a los veteranos de pasadas guerras, que, en su tiempo, fueron gente solvente y bregada; Lo grave es que este aparatik gerontocrático no conecta con el electorado más joven e indignado, que es, además, el más afectado por el tsunami económico. Ni comprende la deriva emprendida por ciertas regiones entre las que se encuentra el País Vasco. Ni ha sabido abrirse a las nuevas culturas propias de las sociedades modernas.

No pretendo que esta breve catilinaria se convierta en un raca raca desprovisto de propuestas. Tampoco arreglar el PSOE o, menos aún, el conjunto de la socialdemocracia. Pero sí emitiré un breve juicio en torno al PSE, a tenor de los resultados de las últimas elecciones. Los resultados, en este caso, no son malos, SON DEVASTADORES. Tanto es así que se puede afirmar que el PSE podría desaparecer en un par de legislaturas en favor de otras propuestas de izquierdas. Las razones de este descalabro, según mi juicio, son las siguientes:
1. La alianza con un PP anquilosado y obsesionado por agitar el fantasma de ETA hizo sentirse traicionado a gran parte del electorado. En Euskadi son las alianzas transversales las que son premiadas por el electorado (al PNV de Ibarretxe le pasó lo mismo).
2. Incapacidad para obtener réditos del magnífico papel desplegado en la pacificación de Euskadi. Ha sido BILDU quien ha aparecido frente a la opinión pública como el gran hacedor de la paz.
Incapacidad y falta de voluntad para comprender o conectar con el movimiento indignado, mayoritariamente de izquierdas. BILDU ha sido la única formación vasca en hacer suyos algunos de los postulados de este movimiento.
3. Pérdida de identidad, por dos motivos: práctica de una política económica de derechas, aunada con un abandono de la calle por motivos del conflicto vasco. Un partido obrero poco activista a pie de calle y sin un aparto de juventudes fuerte, es un difunto que camina por mero impulso.
4. Ineficacia a la hora de liderar (o hacer valer el liderazgo) las expresiones populares de potenciación y apoyo al euskera y la cultura vasca.
5. Dependencia del Gobierno central. Este es un punto fundamental, porque en muchas ocasiones, las acciones del PSE se han contradicho con lo ordenado por el Gobierno de Madrid o por la Secretaría General del Partido; esto crea una cierta sensación de falta de independencia, de vasallaje y, por ende, de incapacidad de “defender lo de aquí” con el tesón suficiente. Esto en el País Vasco, sobre todo en tiempos de crisis, es un torpedo en la línea de flotación. Es necesaria una cierta distancia, una mayor independencia, como UPN respecto al PP en el caso navarro. Algo que se vería como una evolución natural si se optara, en vista de la nueva evolución soberanista, por un desarrollo autonómico o la instauración de un estado federal.
6. El PSOE es un partido político antiguo y. como tal, tiene un historial largo, no exento de escándalos, corrupción, GAL, etc. Va con “mochila”, cosa que no ocurre, por ejemplo con UPD o con BILDU. Se trata de partidos con personas que sí tienen trayectorias políticas (en el caso de la izquierda abertzale, muy controvertidas, con apoyo a asesinatos, etc.) pero que han sabido mostrarse como partidos noveles y por lo tanto, limpios. Como solución, volvemos al punto anterior: cambio de nombre, distancia y mayor independencia respecto al PSOE, cambio de las caras actuales por rostros más jóvenes, con más cantidad de euskaldunes, etc.
7. Falta de juventud. Basta con ver las listas actuales para constatar que la edad media de los parlamentarios socialistas es muy alta. Es cierto que la edad no es un valor definitivo, pero la imagen envejecida no es la óptima para un partido de izquierdas. Una vez más, BILDU nos gana por goleada en esta imagen de juventud en movimiento.
8. Mentalidad de búnker o de trincheras. Como partido constitucionalista en el País Vasco, el PSE se ha visto obligado, por motivos bélicos, a retroceder, a encerrarse. Al mismo tiempo ha ejercido políticas no siempre acorde con lo que, sin duda, hubiera hecho en caso de paz o normalización social. Los nuevos tiempos obligan a emprender políticas aperturistas y de acercamiento a todos los sectores poblacionales.
9. Falta de implicación y liderazgo en las políticas verdes.
10. Falta de inclusión de inmigrantes en el aparato del partido; en Francia la mayoría de inmigrantes vota a los socialistas y su presencia se nota en las filas de la organización. El PSE no ha sabido incluir a los nuevos vascos en su aparato.
11. Incapacidad para luchar contra la crisis desde la calle; esto entronca con el problema de abandono por motivos bélicos de numerosas plataformas de participación social. Una crisis es un mar propicio para la Armada socialista; los socialistas deberían estar con los desahuciados, y con los parados, y deberían dejarse ver en los comedores sociales, en las empresas y en los barrios de inmigrantes…Los socialistas deben acompañar, asesorar, dar esperanza y participar más cuanto más crítica y depauperada es la situación; sin embargo, la dirección del partido ha renunciado a todo lo que no sean medidas de Gobierno, desde los sofás. Pero estas, aunque fundamentales, no son ni deben ser los únicos cauces de participación social.
12. El PSE debe organizar, dinamizar y fortalecer un aparato juvenil fuerte y activista, que organice saraos culturales, marchas montañeras, expresiones artísticas, presentaciones, etc.
13. Estructura personalista e incluso caciquil. La estructura y el funcionamiento interno del partido impiden toda renovación y/o reflexión; se trata de una organización personalista que promueve los estómagos agradecidos y el inmovilismo e impide el ejercicio de la democracia interna. Es fundamental una apertura y una democratización de la estructura del partido, ya con listas abiertas, ya con la búsqueda de un modelo moderno, transparente y de rotación del liderazgo, sobre todo después de que, como ha ocurrido, se produzca un revés (descalabro sería una palabra más acertada) electoral. Esto es algo evidente. La gente se da cuenta de esto. Hay muchos simpatizantes y militantes hartos y que, conscientes de esta situación, han decidido optar por otras opciones o por abstenerse y no ejercer su derecho a voto.

Por todo esto, creo que es el momento de refundar el PSE; lo mejor sería, por supuesto, mediante un consenso entre todos. Las fracturas pueden redundar en un suicidio colectivo porque proyectan una imagen de desunión e inseguridad en el electorado (y porque se dividen los simpatizantes y por ende los votos). Lo sucedido entre Ezker Anitza y Ezker Batua es un ejemplo claro de lo que expongo; primero apoyaron la política democristiana del PNV lo que desorientó al electorado de izquierdas, y después, tras el inevitable descalabro, se dividieron, lo que supuso la puntilla final. El PSE debe transformarse profundamente y debe hacerlo, contra viento y marea, unido. Pero es imprescindible que los líderes actuales cambien radicalmente de actitud; que escuchen, y tomen nota de lo que todos/as tenemos que decir. Que se comporten con la valentía que requieren unos tiempos en los que nos jugamos la supervivencia del Partido. Las generaciones salientes, derrotadas en las elecciones, sin embrago merecen todo nuestro respeto. Han mantenido a flote el partido en épocas de gran dureza y sufrimiento. Pero los tiempos han cambiado y ellos no. Si el cambio no se produce, y continúa la misma política arcaizante e inmovilista de la dirección, la fractura será inevitable y todos los vascos perderemos en el proceso.

Así que animo a los vascos y vascas socialistas a cambiar de rumbo y hacerlo desde la juventud. ¡Aupa Mutilak! ¡Ezkerretik ekintza orain!

lunes, 8 de octubre de 2012

El Fary en los MTV Awards


Rosa de Luxemburgo. Zamosc


Deliciosa tropa:

El ávido y devorador capital internacional arrea reclamando la devolución de deudas al paisito, exigiendo sudores –fríos— y la Izquierda Sistémica no articula una creíble respuesta democrática que defienda a la ciudadanía de la misma. Estamos en pelotas ideológica, discursiva y estratégicamente hablando en esta tesitura. Y de esta guisa, pretendemos que la Izquierda Sistémica recupere la complicidad ciudadana y consecuentemente, poder institucional. No nos engañemos.

Hoy la Izquierda sistémica está vendiendo vacuidad a una ciudadanía con razón descreída, que cada vez tiene menos asideros con los que mantenerse a flote y que necesita agua para calmar su sed de Dignidad como el campo ansía la lluvia de mayo. No es de extrañar que salga a la calle, que aborrezca de la política representativa y de las instituciones democráticas que tanto han costado crear.




Y es que esta mal llamada crisis no es más que una reasignación de recursos regresiva cuya resultante no es otra que una distribución de riqueza más desigualitaria, olvidando que la generación de riqueza es una función social. Asistimos a un remake de David y Goliat en el que ahora vence el fuerte y se lleva la porción más grande del pastel. El capital global vence y el proletariado — tontamente nacional—pierde. Y la Política en general y la Izquierda en particular, sin brújula con la que orientarse y dirigirse por nuevos derroteros.

El capital no es bobo. Su remuneración tiende a ser decreciente a medida que peina canas. En la economía financiera de casino, unos pocos generan PIB de la nada cuyo valor nominal excede en mucho al valor de la producción “real” e incrementa su “ascendente” sobre el Poder legítimo. Y en la economía real, en pleno pico petrolífero, el capital aprecia que la energía “barata” es pasado, condición sine que non para seguir produciendo, vendiendo, creciendo y ganando a espuertas. Los recursos naturales se rarifican y encarecen y por tanto, los insumos. Al mismo tiempo, la producción global no repara en los límites físicos, hace del mundo su taller-almacén y, acrecienta el ritmo de la concurrencia, emergen nuevos actores en el escenario y el conejo salta pronto de la chistera: se reducen los márgenes del capital. ¿Y qué hace el capital para seguir acumulando? Achuchar a los trabajadores nacionales, reducir la remuneración de los más, “desclasar” las relaciones laborales y apelar a la vanidad y fatuidad de aquellos que le son más útiles y productivos para legitimar el equilibrio precario del statu quo económico… Y es que el Trabajo no está globalizado y no dispone de alternativa política ni económica para enfrentarse a la globalidad capitalista.

Pero, el discurso general, la metanarrativa que subyace, la interpretación predominante generalmente asumida no es ésta y la Izquierda Sistémica, hoy, está atrapada en las trampas discursivas de los hábiles prestidigitadores e ilusionistas del Poder Capitalista.

La Lucha Final está en el Lenguaje. Hemos de hacer prevalecer una interpretación que hable de la exclusión, de la acumulación abusiva, de los límites del planeta, de la emancipación de las personas, de la legítima decisión pública de los fines de la producción, de arquitecturas institucionales europeas y mundiales deficitarias, de la dilución progresiva de los derechos sociales… Discursos que señalen sin complejos las locuras de la “racionalidad” económica, que no confunda a los medios con los fines, que no normalice la exclusión sistémica de millones de personas …

Los discursos y narrativas varias con las que nos bombardean los medios —que algunos llaman de propaganda masiva — apuntan hacia lo contrario y es ahí donde se presenta la batalla: que si lo público es ineficiente e insostenible, que si lo prioritario es flexibilizarnos para crecer, que si han de flexibilizarse e individualizarse las relaciones laborales, que si hemos de asumir la socialización de pérdidas privadas por gestiones irresponsables, nos marean con que estamos pagando los excesos de los años locos del boom…

Entre tanto ruido mediático, ha de alzarse la voz y el discurso que haga prevalecer una interpretación emancipadora que cree realidad social. No olvidemos que la realidad social es un discurso que modula los hechos (aprendamos de la estrategia de guerrilla chic de la FAES). Necesitamos interpretaciones de los hechos que ganan para crear más espacios de libertad, emancicpación, igualdad y fraternidad. Toca luchar trabajando el discurso, el lenguaje, el relato para que la interpretación que estimamos justa VENZA. Sin complejos.

Me temo que ahora tenemos el mismo punch que el Fary de más casta en los MTV Awards. Pero todo se andará.

Salud a raudales a todas.

domingo, 7 de octubre de 2012

Ellos, nosotros

Denis Itxaso. Donostia. (denisitxaso@gmail.com)

A la hora de hacer el balance de lo bueno y malo que ha acontecido en esta Legislatura vasca que ya va tocando a su fin, parece haber absoluto consenso en distinguir dos aspectos fundamentales de la vida pública: por una parte está la gestión de la crisis, con todas las ramificaciones que se quieran incluir, pero básicamente resumidas todas ellas en el análisis de cómo se han gestionado los gastos y cómo los ingresos. Por otra parte, -la que en este post quiero desarrollar-, parece ineludible reparar en todo lo que tiene que ver con la convivencia, en un país enormemente plural en lo identitario y cultural, y que ha arrastrado hasta anteayer un lacerante problema de violencia ideológica.
El trasfondo sobre el que se han dibujado estas singularidades políticas, nos habla de una comunidad próspera y moderna, con altos índices de desarrollo humano y tecnológico, y capaz de generar excedentes económicos para reequilibrar desde valores de equidad y solidaridad, las persistentes diferencias sociales con las que convivimos.

Creo sinceramente que, si uno echa la vista atrás, tanto la otrora militarización de las conciencias como el nivel de crispación política, han disminuido notablemente durante los últimos tres años. A ello ha contribuido definitivamente el fin de ETA, aunque pueden remarcarse algunos otros ingredientes que también han jugado un papel importante.

El Gobierno socialista de Patxi López ha ejercido de fronterizo en todo lo que tiene que ver con las identidades. Ha rebajado la carga emocional, que a veces tanto pesaba, de muchas de las políticas culturales, lingüísticas, educativas o simbólicas que antes estaban presididas por una eterna polémica. Disquisiciones metafísicas sobre lo que somos, lo que deseamos, lo que fuimos o lo que soñamos, han quedado reservadas al ámbito legítimo de lo privado. Los sentimientos de pertenencia, en toda su amplia y variada graduación, sólo habían provocado en el pasado enfrentamientos que nos impedían avanzar en el mutuo reconocimiento de lo que somos unos y otros. De la intrínseca pluralidad de la sociedad vasca, al fin y a la postre.

Por eso me da pena y rabia leer eslóganes de campaña que dicen 'somos más del 51% los que nos sentimos vascos y españoles' u otros que dicen 'si tú no vas, ellos ganan', en referencia al ejercicio del voto. Ese ellos, ese nosotros, ese más del 51%, contiene unas implicaciones nefastas en Euskadi. ¿De qué estamos hablando? ¿De Hutus y Tutsis? ¿De católicos y protestantes? ¿De judíos y musulmanes? ¿Es ese el modelo de convivencia que deseamos para Euskadi? Sinceramente creo que tras la denominación de 'Constitucionalistas' no se pueden ni se deben mezclar opciones políticas que amparen ese tipo de visiones, que sólo aportan material inflamable a los frágiles equilibrios que de forma cotidiana la gente acostumbra a hacer en este País.

Por eso creo que el papel de lo fronterizo, de lo empático con el diferente, del respeto a la diferencia, de la convivencia en definitiva, debe seguir cultivándose, por mucho que aún haya partidos que interpreten las campañas como una barra libre para cualquier recurso que permita arañar votos o pescar en caladeros cautivos. Yo pensaba que el PP vasco había comenzado hace tiempo a representar posiciones más templadas y responsables que las enarboladas en el pasado por Mayor Oreja o Iturgaiz. Por favor, recuérdense los resultados políticos de aquella estrategia.


miércoles, 3 de octubre de 2012

El rescate o la vida


Antonis Samarás, primer ministro griego, decía a un periodista: “¿Crees que alguien puede ser feliz siendo primer ministro de Grecia? (...) Este es el trabajo más duro del mundo. Es solo dolor”. ¿Si a usted le parece duro, desde su posición y salario, imagínese que les parece a los cientos de miles de trabajadores griegos que están en la calle o no pueden alimentar a sus hijos. 

Cuando todos pensamos que lo lógico y normal es que Europa corra al auxilio de los países con problemas, vemos como la realidad nos golpea duramente.

Grecia lleva dos semanas revisando su nuevo plan de recortes, el cuarto en tres años. La Troika no parece satisfecha con las medidas adoptadas y solicita un poco más de sangre. Cualquiera diría que estuviésemos hablando de patricios enfervorecidos en las gradas de un gran circo romano. A la vista de los acontecimientos, queda claro que la Troika son los nuevos patricios y el resto sus fieles esclavos. Da igual que el anuncio el nuevo ajuste anunciado de 11.500 millones incendiase las calles helenas la semana pasada.


Es justo recordar que llevamos tres años de recortes y protestas. Desde que, a principios de 2010, comenzaran a aprobarse planes de ajuste y de austeridad, las protestas sociales no han dejado de extenderse por los países más afectados por la crisis.

Todo comenzó, precisamente, en Grecia en mayo de 2010 el programa de 100.000 millones de euros del FMI y la UE provocó violentas manifestaciones. Tres personas murieron en un incendio. En Noviembre de ese mismo año, a Irlanda le fueron entregados 85.000 millones de euros para reflotar los bancos condicionándolo a una estricta disciplina presupuestaria.

A continuación llegó el turno de nuestros vecinos portugueses. José Sócrates, dimitió en Marzo de 2011 y dos meses después la UE y el FMI aprobó un plan de ayuda de 78.000 millones de euros a cambio de recortes y programas de austeridad.

A finales de 2011, llegó el putsch europeo. Ese instante en el que Europa entró de lleno en la era post democrática. Yorgos Papandreu y Silvio Berlusconi, primeros ministros elegidos en las urnas, fueron destituidos por las presiones de la Troika y el poder financiero. Los nuevos planes de austeridad y recortes impuestos provocaron numerosas protestas.

Llegó 2012 y con él un nuevo programa de austeridad para Grecia en Febrero. Chipre también solicitó la ayuda económica a la UE. Ahora que entramos en el mes de Octubre sabemos que Grecia volverá a aplicar nuevos recortes.

El gusto por la agonía parece gustar a los popes del sistema y España ve retrasar su rescate. Lo que podríamos denominar como "trampa para turistas" comienza a hacer su trabajo. La cuestión es que Alemania y otros socios menos relevantes como Finlandia, no ven nada claro el rescate en este momento y podrían pedir condiciones durísimas si España tomara la decisión.

Y en esta fiesta macabra también contamos, como no, con los servicios de una agencia de rating. La agencia Moody´s "ha indicado que continúa con la revisión de la calificación de la deuda española cuyo resultado estaba previsto anunciar para finales de septiembre". (El País, 2-10-2012)

A la vista de la situación actual, las aseveraciones de gobernantes como Rajoy de que saben perfectamente lo que hacen, y lo hacen por nuestro propio bien, sólo nos pueden despertar desconfianza… y alarma.