Denis Itxaso. Donostia. @DenisItxaso
El aniversario de la proclamación de la II República Española ha venido a coincidir con uno de los momentos, desde la transición a la democracia, de mayor efervescencia en el debate sobre la forma de Estado que más conviene a España.
En este contexto, mi compañero Ramón Jáuregui reclamaba en el Diario Vasco del pasado 10 de abril "prudencia real" (ver más abajo), ponía en valor las virtudes integradoras de la Corona y alertaba del riesgo de pretender cambiarlo todo ingenuamente en un momento de tanto descreimiento social y sin los consensos necesarios. Participo de las tres premisas y, sin embargo, creo que vale la pena replantearnos la virtualidad de la Monarquía.
Como militante socialista siempre he aceptado que la lealtad del PSOE a la Corona formaba parte de una renuncia política -que no ideológica- de compromiso y reconciliación, a la muerte de Franco y ante un futuro entonces incierto. Pero pertenezco a una generación que jamás ha considerado que fuera un tabú hablar sobre la forma de Estado, y que ha visto en el velo informativo que ha protegido a la Familia Real, un ejercicio innecesario de paternalismo institucional.
Por eso no entiendo que, 35 años después, ahora que el debate puede retomarse en un país cuya conciencia democrática ha madurado -aunque sea a golpe de decepción-, aún haya un <em>stablishment</em> pegado a ese sentido extraño de la responsabilidad que invoca no se qué estabilidad, precisamente cuando la Corona comienza a percibirse más como un problema que como una solución, lo que implica que su utilidad histórica comienza a desvanecerse. Es demasiado evidente que la clase política que protagonizó aquellos convulsos años, guarda una mal entendida lealtad a esa institución que se torna incompatible con el sentido crítico que exigen los tiempos hacia muchas de las cosas que se han deteriorado en España. Y creo que es compatible y perfectamente natural, reconocer el papel desempeñado en el pasado por el Rey, incluidas sus presuntas virtudes integradoras, con aceptar la decadencia sistémica que simboliza en la actualidad ese modelo de Jefatura de Estado.
Afirmar, como lo hacía mi admirado Ramón, que el Monarca es garantía de neutralidad en la Jefatura del Estado en un país tan polarizado, es tanto como socavar las bases mismas del pensamiento republicano. La búsqueda de perfiles sin excesivas aristas, que conciten amplios consensos, no es algo que este vedado a la fórmula republicana, como lo demuestran diferentes ejemplos dentro de la misma UE. Y, en todo caso, se trata de un cargo remozable cada 4 o 5 años, dependiendo de la adhesión ciudadana que reúna. Y en último término, ¿Qué hay de nuestros ideales? ¿Acaso hemos renunciado a ellos para siempre? En ese caso, recordemos dos cosas: que si así fuera, la honestidad debería llevarnos a una refundación de nuestras bases ideológicas y desideratum políticos; y en segundo lugar, que nuestra actual crisis de apoyos ciudadanos tiene mucho que ver con la renuncia práctica a algunos de nuestros ideales más genuinos.
Es verdad que el descrédito de los partidos políticos no ayuda precisamente para la defensa de un sistema de elección popular del Presidente de la República, frente a la inercia de un cargo de carácter hereditario que juegue un papel moderador en el mejor de los casos, o de títere en el peor de ellos. Pero eso, en última instancia, a quien interpela es a las propias formaciones para que se transformen y abran cauces de participación, y adopten una cultura de pacto y compromiso, tratando de desterrar el cainismo y la confrontación permanente como instrumentos de hacer política.
Por eso, ante la recurrente pregunta que muchos socialistas nos hacemos sobre cómo salir de este atolladero en el que nos encontramos, cada día estoy más convencido de que es la cultura republicana la que puede ayudarnos a encontrar la respuesta. No es que otra forma de Estado tenga virtudes curativas <em>per se</em>, ni mucho menos, si no que el inmenso calibre y profundidad de las reformas a abordar requieren de un impuso que identifique la Educación, la conciencia cívica, la sostenibilidad ambiental, la reorganización del trabajo, la participación ciudadana, la reinvención de la función pública y tantas tareas pendientes, en el epicentro de su agenda pública.
Incluso la reforma federalizante que parece estar incubando el PSOE, como respuesta a las tensiones territoriales agudizadas por la crisis y la extendida sensación de agravios comparativos, tendría mejor encaje bajo un modelo republicano. No en vano, un reino es sinónimo intrínseco de unidad y no tanto de diversidad, que es el camino que debe recorrer España y por el que no avanza con la audacia e inteligencia que debiera, aunque nuestro actual marco constitucional ofrezca más de una previsión normativa que poder emplear al efecto. ¿Se puede seguir pensando que un Rey, éste u otro, obrará de pegamento territorial y social entre las generaciones que no han vivido ninguna de las miserias ni amenazas que se invocan para seguir reivindicando la virtualidad del pacto constitucional?
En fin, rara vez el continuismo ha alumbrado cambio alguno en ningún orden, y confiar en un príncipe azul no es revulsivo suficiente para recuperar la moral colectiva, hoy derrumbada también por la falta de liderazgos estimulantes. Por el contrario, los estilos de liderazgo que se imponen aquí y ahora son compartidos, audaces y, a ser posible, capaces de representar a una sociedad que asume el riesgo y se ha acostumbrado -qué remedio- a vivir en la incertidumbre. La Monarquía obedece a la necesidad de dar respuesta a cuestiones decimonónicas, superadas, o simple y llanamente imposibles de satisfacer plenamente hoy día, como la seguridad, la indivisibilidad, la certidumbre o la invulnerabilidad. Y la fortaleza que debemos exhibir es la del músculo democrático que permite hacer profundas autocríticas, corregir y combatir las nuevas amenazas, que tienen mucho menos que ver con el orden constitucional que con el 27% de desempleo.
(Artículo publicado en Diario Vasco 21.04.13)
martes, 23 de abril de 2013
domingo, 21 de abril de 2013
Globalización (en un párrafo)
Julio Herrero Romero. Vitoria-Gasteiz. @HerreroJulio
Perdón por anticipado. Entiendo que estas líneas pueden herir la sensibilidad de algún lector, pero la conmoción general que ha suscitado el atentado, o lo que sea, en el maratón de Boston no pueden dejar indiferente a nadie. ¿O sí? ¿Por qué tres víctimas inocentes en el cogollo del primer mundo nos conmueven tanto y cientos de víctimas, igualmente inocentes, en Irak, o Afganistán ocupan ya espacios mínimos en las páginas interiores de los periódicos? ¿Cuál es la razón para tamaña diferencia en nuestra percepción de sucesos terribles que todos los días asolan el mundo? Posiblemente alguien pensará que es la cercanía lo que más nos impacta, y sin embargo hay miles de kilómetros en ambos casos y no tanta diferencia. Puede ser la perplejidad al encontrar algo fuera de su sitio, lo que nos conmueve. – “estas cosas aquí, en nuestra sociedad, no pasan” – pero cada día el mundo globalizado nos iguala más, tanto en lo bueno como en lo malo. Buscar comida en la basura lo imaginábamos en los estercoleros de Sudamérica o como una excentricidad en las películas de Nueva York. Ahora no tenemos más que asomarnos a la ventana para ver colas de personas esperando la salida del “género” en los grandes almacenes. Que alguien entre en un supermercado para robar comida con la que atender a su familia era una excepción noticiable, e incluso aprovechable políticamente para captar adeptos, pero que un ex juez, inválido por un tratamiento médico inadecuado, se lleve de una farmacia los medicamentos que necesita, por no poder pagarlos después de los recortes, era algo impensable hasta…ayer, en Zaragoza. “Nada se pierde, todo se transforma” canta Drexler, y añade: “Cada uno da lo que recibe y luego recibe lo que da”. Y posiblemente estamos recibiendo lo que hemos dado, lo poco que hemos dado, de solidaridad y entendimiento con los problemas del mundo. Las “armas de destrucción masiva” que sirvieron de excusa para destruir la sociedad iraquí y proteger los intereses de los poderosos se han transformado en “rescates financieros” con similares efectos en nuestro entorno. Y los que alentaron aquellas guerras, y las justificaron, quieren ahora defendernos de los ataques de un capitalismo desbocado y sin control, que ellos mismos dirigieron. Margaret Thatcher ha muerto, pero su sombra nos sigue cubriendo.
viernes, 19 de abril de 2013
¿Por qué hablar de partidos socialistas si queremos decir socialismo?
Aurelio Romero romero-nomada@blogspot.com
Los
mecanismos de los partidos políticos son totalmente desconocidos para el común
de la sociedad; también lo son para una gran parte de la afiliación de un
partido, salvo quienes dedican su tiempo a la política partidaria directamente
a través de personas interpuestas.
Esa
afirmación permanente de que los trapos
sucios se discuten en casa ha rebajado así el debate político propio al
nivel de lo vergonzoso e, internamente, lo ha limitado a la voluntad acrítica y
soberbia de quienes ocupan dichos cargos internos o tienen actividad pública
como representantes de ese partido político.
No
es una valoración referida exclusivamente al socialismo español, ni muchísimo
menos al del PSE-EE de Vitoria en sus dos agrupaciones locales, que
recientemente han renovado sus cargos como cierre de un ciclo congresual
iniciado con la reelección de Patxi López como secretario general del
socialismo vasco el pasado mes de febrero, en un congreso que ya dio la pauta
de todo lo demás.
Ese
encierro voluntario de los partidos en una especie de Numancia aislada y sin
futuro vive su cruda realidad cuando la sociedad padece crisis económicas, en
sus derechos o en sus libertades y reclama de los partidos voz y orientación.
Nos ocurre ahora y nos ocurrió antes. El socialismo encontró en anteriores
etapas el modo de estar cerca de esa sociedad maltratada por el terror o por
las finanzas y la ciudadanía encontró voz y respuestas con las que
identificarse. Hoy, el socialismo deambula buscándose en todos los niveles y
sin una fiel coordinación entre lo que se aprueba en cada nivel de la
organización.
Cuando
la afinidad entre sociedad y partidos se diluye, sus dirigentes tienden a
buscar las razones de la desafección o las derrotas electorales en la sociedad
que “no nos entiende” o en las voces que alertan de ese distanciamiento o la necesidad
de estudiar los por qué y el cómo buscar respuestas, partiendo del supuesto de
que esa es la misión de un partido y especialmente para aquellos históricamente
sensibles a las inquietudes y necesidades sociales. Para la derecha es fácil.
Sus partidos son la estructura sobre la que se soporta el poder. Para la
izquierda, las organizaciones llamadas partidos han sido la fuente de
conocimiento de la sociedad desde la cercanía, el debate para renovar ideas y
formas de relacionarse y, por último, la estructura que impulsa y da cauce a
esas otras actividades fundamentales.
Las
últimas votaciones en Vitoria para renovar los equipos dirigentes, de quienes dependen
la continuidad o no de los propios trabajadores de las sedes, son solo una
mínima anécdota por tamaño, tipo de debate posible y nivel ético del
comportamiento de la estructura organizativa y política de las dos
agrupaciones, más allá de la significancia de los nombres propios que
consideraban en riesgo su estabilidad, frente a una invisible debilidad, la del
propio partido.
Cuando
el concepto mismo de socialismo se convierte en un elemento de voluntaria
diferenciación, el debate se traslada a la cronología y procedencia militante
de los candidatos, porque esas históricas reticencias entre socialdemocracia y
comunismo es un tergiversación real del debate ideológico que se propone, el lógico
de ese partido, a sabiendas de que el debate dual y real sólo será posible si
lo decide quien controla la organización hasta ese momento, y no existirá
por tanto.
La
incidencia grave de las actitudes numantinas no es sólo que impidan la razón
principal de un partido, la discusión y confrontación leal de las ideas, donde
se debe respeto a las personas pero no lealtad de pensamiento, esa unanimidad
impuesta y ficticia. Su mayor gravedad es que dan la razón a quienes tienen
contrastado (Ignacio Urquizu, "La
crisis de la socialdemocracia, ¿qué crisis?") que a los "aparatos"
de los partidos tiende a importarles poco la disminución de la afiliación,
prefieren afiliados/votantes antes que debate proactivo, pues así el equipo
dirigente se siente más poderoso e indiscutido. La supuesta fortaleza de las
direcciones es causa de titulares y la debilidad de las organizaciones se
profundiza en silencio. Hasta que la sociedad deja de escuchar a esos partidos
y, más que desafección, es alejamiento sin vuelta; fidelidad de voto en todo
caso sin implicación partidaria ninguna, que no se busca y más bien se rechaza
o, como máximo, se traslada a las redes sociales para compartir opiniones de un
colectivo seleccionado previamente,
Entender
que las organizaciones locales de un partido deben ser meras oficinas de
representación política, en las que las decisiones se trasladan como hechos
consumados y las iniciativas de debate se consideran ajenas al partido o como adoctrinamiento
partidario, es más que una visión pacata de la función de un partido. Es
también la anulación de uno de los pilares de la democracia social que nos
dimos: los partidos como base de organización política y social. Una democracia
formal sin estructuras participativas e inquietas es cómoda para las
direcciones instaladas en la continuidad indiscutida o "reforzada"
desde la acción de los aparatos. También es la vía más rápida para llevar a la
sociedad a otro tipo de organizaciones llamadas democráticas y más activas,
capaces de ver al menos con generosidad militante que la sociedad cambia a
impulsos que los partidos apenas atienden en la doble dirección: su génesis y
sus objetivos.
El
socialismo no puede plantear, como hace, una revisión del papel del socialismo en
la última década desde la distancia como cualquier otra fuerza política ni
desde una posición acrítica. El término medio es ese punto en el que la
discusión significa participación antes de las medidas que se adoptan o las
propuestas que se hacen, una participación más molesta para los dirigentes que
para la militancia que lo desea, a pesar de lo que se suele decir.
Es
en estas pequeñas asambleas sin especialmente significación numérica cuando
aparece la realidad que trae el hecho de que solo sea de forma ocasional y
cuatrienal cuando se provoca una confrontación de ideas, aunque el estigma del
sectarismo vele esa positiva realidad temporal, cuando no se convierte en una
cuestión personal que aleja en vez de aproximar, o la organización lleva a un encuentro/desencuentro donde 40 de
200 personas discuten o solo escuchan mientras el resto cruza las sedes hasta
las urnas para marchar a punto seguido. Y resalta la intención de que el juicio
de la sociedad afiliada no aborde cuestiones políticas o de la acción política,
como si el control por ese pequeño grupo sobre la labor de sus dirigentes deba
fijarse exclusivamente en las razones del contable.
La sociedad se aleja, pero lo hará más, incluso por parte de quienes
ya militan en los partidos, mientras estos activen su afán de registro de
nuevas incorporaciones en las vísperas congresuales, encomiable si se
extendiese a la totalidad de los mandatos. La labor del socialismo entre la
sociedad daría así mucho más frutos que el incremento de fichas, daría el bien
de la presencia e incardinación social de los partidos y se alejaría de ese
concepto políticamente bastardo llamado clientelismo, dentro y fuera de las
estructuras del socialismo, que antes de crecer en estructura se significó por
sus ideas y liderazgos.
lunes, 15 de abril de 2013
El espacio común de PSE-EE y PSN
Óscar Rodríguez Vaz. Vitoria-Gasteiz. @rvoscar
La “corrupción” y “la política y los políticos” están entre los principales problemas de la ciudadanía española, por detrás del “paro” y la “situación económica”, según el último estudio del Centro de Investigaciones Sociológicas. A la luz de los últimos acontecimientos, y con unos datos de desempleo no tan desastrosos en la Comunidad Foral, estoy convencido de que “la corrupción” y “la política y los políticos” son ya los dos problemas principales para la población navarra.
Somos muchos los que creemos en la política y en la democracia. Y quizás por ello suframos tanto al observar cómo el sistema se derrumba ante nuestros ojos, al tiempo que sus actores fundamentales mantienen una aparente mirada impasible. ¿Cómo entender que todo el mundo siga “en sus puestos” con la que está cayendo, por ejemplo, en Navarra? Será la Justicia quien determine si el ex Presidente o el actual alcalde de Pamplona cometieron delito, pero ambos dos, junto a Yolanda Barcina, son culpables de haber cometido una inmoralidad indigna de cualquier cargo público.
Mi reflexión no tenía por objeto abordar este cáncer para la democracia que se extiende de forma acelerada a lo largo y ancho de la piel de toro. No terminaría el artículo, porque si bien la crisis está contribuyendo a desigualar a las regiones de España en materia de renta, en cambio parece estar igualándolas en cuanto a escándalos vinculados a presuntos delitos de corrupción.
Más bien, empiezo hablando de esta materia para defender la necesidad de una regeneración política aquí. Una regeneración, que a mi juicio, debería ser liderada por la izquierda no nacionalista desde la oposición pura y dura, si no quiere quedarse sin espacio de juego para algunos años. Y esta máxima sería aplicable tanto en Navarra como en Euskadi, aunque empezaré por la primera.
El PSN fue la segunda fuerza política en las elecciones de 2011, ganado por la mínima a NaBai. Pero en la práctica, es la tercera, tras la incorporación de Aralar a la coalición EHBildu. También es la tercera formación en el Ayuntamiento de Pamplona, con sólo 3 concejales. Con estos mimbres, ¿tiene el PSN la responsabilidad de echar sobre sus espaldas la responsabilidad de sostener las instituciones que lidera una formación política protagonista en los escándalos de la CAN? Más aún, con los recortes económico-ideológicos que se perpetran con la excusa de la crisis económica, y que UPN comparte con el Gobierno Central, ¿tiene algún sentido que un partido de izquierdas dé estabilidad a gobiernos de derechas, sean estas nacionales, nacionalistas o regionalistas?
Creo que la situación requiere que el PSN baje a la calle con nuevos referentes sociales y construya con la sociedad progresista una alternativa en clave de regeneración democrática y, por supuesto, una alternativa en materia socio-económica. Y pienso que si no lo hace de forma urgente, dejará el camino expedito para que EHBildu sea la principal fuerza política en las próximas elecciones forales.
Salvando todas las distancias que existen entre Euskadi y Navarra, y entre el PSE-EE y el PSN, a mi juicio, el camino que debe transitar el socialismo vasco se asemeja bastante al que debería recorrer el navarro. Me explico.
A un extremo tenemos al PP, con una posición clara en Euskadi y un nicho electoral no muy alto, pero relativamente estable en los últimos 25 años. Hoy día, además, gobierna las principales instituciones alavesas. En el otro extremo estaría EHBildu, formación nueva en apariencia (injusta apariencia), también con una posición muy definida y gobernando decenas de ayuntamientos importantes y la Diputación en Gipuzkoa. Entre ambas esquinas, el PNV, gobernando Euskadi, Bizkaia y ayuntamientos en los tres territorios. Una formación que, bajo el envoltorio de la gestión rigurosa y culpabilizando a la herencia recibida, lo primero que ha hecho es presentar unos Presupuestos recortados un 10% sobre la fatalista base del “no hay alternativa”.
¿Y el PSE-EE? Habiendo sido tercera fuerza política en las últimas elecciones autonómicas – y tras haber sufrido sendos varapalos en las locales y en las generales un año antes –, no gobernando ni diputaciones, ni más de 6 ayuntamientos vascos, ¿debe empezar a acordar con el PNV por “el bien del país” o por la “delicada” situación? ¿Acaso “el bien del país” no importaba de 2010 a 2012, cuando el gobierno del PSE-EE era torpedeado por las diputaciones? ¿No era también entonces “delicada” la situación? Además, el PSE-EE entregaría de forma gratuita (e injusta, otra vez) la bandera de la alternativa de izquierdas y de la crítica social a EHBildu, siempre que ETA no vuelva.
Esto en cuanto al modelo de oposición en lo socio-económico, pero también hay un importante hueco que rellenar en materia de regeneración política en Euskadi. Aunque los escándalos navarros no tengan sus equivalentes vascos (no al menos en este momento), la desafección hacia la política y las instituciones no tiene a la corrupción como única causa; son muchas, muy variadas, y también se dan en Euskadi. Y este es un importante flanco que si el PSE-EE no cubre de inmediato, serán otros quienes lo hagan.
Pienso, en definitiva, que el espacio del PSE-EE pasa por abrirse a la calle con nuevos referentes sociales y presentar sendas alternativas progresistas en materia socio-económica y en el campo de la regeneración política. Este sí, un espacio común con el PSN.
(Artículo publicado en Diario Vasco, 13.04.13)
La “corrupción” y “la política y los políticos” están entre los principales problemas de la ciudadanía española, por detrás del “paro” y la “situación económica”, según el último estudio del Centro de Investigaciones Sociológicas. A la luz de los últimos acontecimientos, y con unos datos de desempleo no tan desastrosos en la Comunidad Foral, estoy convencido de que “la corrupción” y “la política y los políticos” son ya los dos problemas principales para la población navarra.
Somos muchos los que creemos en la política y en la democracia. Y quizás por ello suframos tanto al observar cómo el sistema se derrumba ante nuestros ojos, al tiempo que sus actores fundamentales mantienen una aparente mirada impasible. ¿Cómo entender que todo el mundo siga “en sus puestos” con la que está cayendo, por ejemplo, en Navarra? Será la Justicia quien determine si el ex Presidente o el actual alcalde de Pamplona cometieron delito, pero ambos dos, junto a Yolanda Barcina, son culpables de haber cometido una inmoralidad indigna de cualquier cargo público.
Mi reflexión no tenía por objeto abordar este cáncer para la democracia que se extiende de forma acelerada a lo largo y ancho de la piel de toro. No terminaría el artículo, porque si bien la crisis está contribuyendo a desigualar a las regiones de España en materia de renta, en cambio parece estar igualándolas en cuanto a escándalos vinculados a presuntos delitos de corrupción.
Más bien, empiezo hablando de esta materia para defender la necesidad de una regeneración política aquí. Una regeneración, que a mi juicio, debería ser liderada por la izquierda no nacionalista desde la oposición pura y dura, si no quiere quedarse sin espacio de juego para algunos años. Y esta máxima sería aplicable tanto en Navarra como en Euskadi, aunque empezaré por la primera.
El PSN fue la segunda fuerza política en las elecciones de 2011, ganado por la mínima a NaBai. Pero en la práctica, es la tercera, tras la incorporación de Aralar a la coalición EHBildu. También es la tercera formación en el Ayuntamiento de Pamplona, con sólo 3 concejales. Con estos mimbres, ¿tiene el PSN la responsabilidad de echar sobre sus espaldas la responsabilidad de sostener las instituciones que lidera una formación política protagonista en los escándalos de la CAN? Más aún, con los recortes económico-ideológicos que se perpetran con la excusa de la crisis económica, y que UPN comparte con el Gobierno Central, ¿tiene algún sentido que un partido de izquierdas dé estabilidad a gobiernos de derechas, sean estas nacionales, nacionalistas o regionalistas?
Creo que la situación requiere que el PSN baje a la calle con nuevos referentes sociales y construya con la sociedad progresista una alternativa en clave de regeneración democrática y, por supuesto, una alternativa en materia socio-económica. Y pienso que si no lo hace de forma urgente, dejará el camino expedito para que EHBildu sea la principal fuerza política en las próximas elecciones forales.
Salvando todas las distancias que existen entre Euskadi y Navarra, y entre el PSE-EE y el PSN, a mi juicio, el camino que debe transitar el socialismo vasco se asemeja bastante al que debería recorrer el navarro. Me explico.
A un extremo tenemos al PP, con una posición clara en Euskadi y un nicho electoral no muy alto, pero relativamente estable en los últimos 25 años. Hoy día, además, gobierna las principales instituciones alavesas. En el otro extremo estaría EHBildu, formación nueva en apariencia (injusta apariencia), también con una posición muy definida y gobernando decenas de ayuntamientos importantes y la Diputación en Gipuzkoa. Entre ambas esquinas, el PNV, gobernando Euskadi, Bizkaia y ayuntamientos en los tres territorios. Una formación que, bajo el envoltorio de la gestión rigurosa y culpabilizando a la herencia recibida, lo primero que ha hecho es presentar unos Presupuestos recortados un 10% sobre la fatalista base del “no hay alternativa”.
¿Y el PSE-EE? Habiendo sido tercera fuerza política en las últimas elecciones autonómicas – y tras haber sufrido sendos varapalos en las locales y en las generales un año antes –, no gobernando ni diputaciones, ni más de 6 ayuntamientos vascos, ¿debe empezar a acordar con el PNV por “el bien del país” o por la “delicada” situación? ¿Acaso “el bien del país” no importaba de 2010 a 2012, cuando el gobierno del PSE-EE era torpedeado por las diputaciones? ¿No era también entonces “delicada” la situación? Además, el PSE-EE entregaría de forma gratuita (e injusta, otra vez) la bandera de la alternativa de izquierdas y de la crítica social a EHBildu, siempre que ETA no vuelva.
Esto en cuanto al modelo de oposición en lo socio-económico, pero también hay un importante hueco que rellenar en materia de regeneración política en Euskadi. Aunque los escándalos navarros no tengan sus equivalentes vascos (no al menos en este momento), la desafección hacia la política y las instituciones no tiene a la corrupción como única causa; son muchas, muy variadas, y también se dan en Euskadi. Y este es un importante flanco que si el PSE-EE no cubre de inmediato, serán otros quienes lo hagan.
Pienso, en definitiva, que el espacio del PSE-EE pasa por abrirse a la calle con nuevos referentes sociales y presentar sendas alternativas progresistas en materia socio-económica y en el campo de la regeneración política. Este sí, un espacio común con el PSN.
(Artículo publicado en Diario Vasco, 13.04.13)
domingo, 14 de abril de 2013
Miopía
Julio Herrero Romero. @HerreroJulio jherrero2007@gmail.com
Está claro que Euskadi es un país de disensos. Es difícil encontrar asuntos en los que haya un acuerdo general, aunque sea de mínimos. Bien sea la enseñanza de idiomas en la educación pública, bien la propia ponencia de paz y convivencia en el seno del Parlamento Vasco, no hay manera de que todos se pongan a trabajar sobre bases comunes.
Lo de la educación tiene miga: ni siquiera consensuan si debe llamarse “trilingüe” o “plurilingüe” que posiblemente debe de ser una diferencia de mucha enjundia pero que los no entendidos creemos integrada. Intuyo que la cosa debe de ir si hay que ser vascoparlante antes de emprender otras inmersiones o simplemente aprender las tres lenguas simultáneamente. La política es lo que tiene: magnifica lo accesorio y olvida lo sustancial, que en este caso es que lo jóvenes puedan expresarse adecuadamente en las lenguas que necesiten. Me temo que tal como están las cosas habrá que añadir alguna otra: alemán, chino, brasileño o catarí.
Lo de la ponencia es todavía peor ya que se había llegado a un acuerdo previo al aprobar las conclusiones de la etapa anterior. El “suelo ético”. Y ahora es el PP el que no asiste por…ni ellos mismos se aclaran. Miedo a que el “relato” modifique aquellos puntos básicos alcanzados: no puede haber olvido de las víctimas, ni justificación de una violencia pasada. Y es impensable que esto ocurra por mucho que algunos quieran justificar en la falta de “diálogo político” las atrocidades cometidas, u otros, los crímenes de estado en la “situación vivida”.
No hay tampoco acuerdo en la política fiscal, ni en los presupuestos del gobierno y de otras instituciones, ni en qué hacer con las “preferentes” ni con los “desahucios”. No hay acuerdo en si somos una nación, o un pueblo, o un Estado, o nada. Lo único que parece suscitar unanimidad es que la situación es crítica, que a este paso el tejido social se descompone y que los recortes, ¡por fin!, son un desastre que nos lleva a la ruina. Miles de personas se lanzan a la calle pidiendo soluciones, cientos de empresas cierran por falta de crédito, y los sindicatos evitan estar juntos por el color de sus banderas y no unidos en la defensa de los trabajadores. ¿Cuánto tiempo tardaran en darse cuenta de que si las instituciones no resuelven los problemas, la sociedad prescindirá de ellas?
(Publicado en Diario Noticias de Álava, domingo 14 de abril)
Está claro que Euskadi es un país de disensos. Es difícil encontrar asuntos en los que haya un acuerdo general, aunque sea de mínimos. Bien sea la enseñanza de idiomas en la educación pública, bien la propia ponencia de paz y convivencia en el seno del Parlamento Vasco, no hay manera de que todos se pongan a trabajar sobre bases comunes.
Lo de la educación tiene miga: ni siquiera consensuan si debe llamarse “trilingüe” o “plurilingüe” que posiblemente debe de ser una diferencia de mucha enjundia pero que los no entendidos creemos integrada. Intuyo que la cosa debe de ir si hay que ser vascoparlante antes de emprender otras inmersiones o simplemente aprender las tres lenguas simultáneamente. La política es lo que tiene: magnifica lo accesorio y olvida lo sustancial, que en este caso es que lo jóvenes puedan expresarse adecuadamente en las lenguas que necesiten. Me temo que tal como están las cosas habrá que añadir alguna otra: alemán, chino, brasileño o catarí.
Lo de la ponencia es todavía peor ya que se había llegado a un acuerdo previo al aprobar las conclusiones de la etapa anterior. El “suelo ético”. Y ahora es el PP el que no asiste por…ni ellos mismos se aclaran. Miedo a que el “relato” modifique aquellos puntos básicos alcanzados: no puede haber olvido de las víctimas, ni justificación de una violencia pasada. Y es impensable que esto ocurra por mucho que algunos quieran justificar en la falta de “diálogo político” las atrocidades cometidas, u otros, los crímenes de estado en la “situación vivida”.
No hay tampoco acuerdo en la política fiscal, ni en los presupuestos del gobierno y de otras instituciones, ni en qué hacer con las “preferentes” ni con los “desahucios”. No hay acuerdo en si somos una nación, o un pueblo, o un Estado, o nada. Lo único que parece suscitar unanimidad es que la situación es crítica, que a este paso el tejido social se descompone y que los recortes, ¡por fin!, son un desastre que nos lleva a la ruina. Miles de personas se lanzan a la calle pidiendo soluciones, cientos de empresas cierran por falta de crédito, y los sindicatos evitan estar juntos por el color de sus banderas y no unidos en la defensa de los trabajadores. ¿Cuánto tiempo tardaran en darse cuenta de que si las instituciones no resuelven los problemas, la sociedad prescindirá de ellas?
(Publicado en Diario Noticias de Álava, domingo 14 de abril)
miércoles, 10 de abril de 2013
El "escrache" de ETA
Aurelio Romero. Vitoria-Gasteiz. @romeronomada
Andábamos estos días intentando valorar dónde empiezan y dónde acaban los límites de la expresión crítica de la sociedad a través de sus manifestaciones publicas y hasta qué punto la presión sobre los políticos conocida como escrache entra en el terreno de lo que consideramos violencia. Y esa valoración se empieza a abrir camino a partir de que el Partido Popular primero directamente y después a través de voceros cómplices acusa a la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) de engordar los manifestantes del entorno de EH Bildu a favor, al menos, del retorno de los presos etarras al País Vasco.
Antes, sin acudir a extranjerismos, al escrache lo llamábamos acoso. Recupere por tanto su nombre castellano porque conocemos bien ese significado, en nuestra historia pasada y en la más reciente, desde las manifestaciones de los obispos contra las leyes sociales a las charangas contra las sedes del PSOE entonces gobernante.
Toda la sociedad se resiente con la violencia, aunque afecte directamente una sola persona, como bien hemos aprendido tras cincuenta años de actividad de ETA en toda España, más de treinta conviviendo con la opresión franquista. La violencia transforma la vida, que no transcurre igual y convierte el futuro en un hilo incierto. También hemos aprendido con toda su gravedad que esto que llamamos crisis financiera de los últimos tres años persigue el beneficio sectario de los más poderosos, en un nuevo/viejo modo de acoso social a los ciudadanos que busca nuestra entrega, hundir la razón de ser ciudadanos que hace tan poco que conseguimos.
LOS DEMONIOS EN LA PUERTA
El Partido Popular y sus comparsas juegan al juego de las intrigas y confunden intencionadamente los objetivos de la movilización social de la PAH contra esa inmoralidad mayor en letra pequeña de la burbuja inmobiliaria y equipara presos e hipotecas situándolos en el mismo rasero y en una supuesta cohabitación de intereses. La protesta social contra las secuelas humanas de la burbuja inmobiliaria las mezcla con esa otra reivindicación de la izquierda abertzale más radical: la deuda de ETA con las víctimas se debe considerar época pasada, sin memoria presente y el futuro individual de los presos forma parte de esa condonación conjunta de la pena. Amnistía y borrón.
Los “hipotecados” por aquellas ansias de mejora social para beneficio de las finanzas ha dejado en el camino muchas víctimas desclasadas, regresadas o extraterradas, como decía Benedetti, y un sentimiento solidario ha llevado a la movilización a su favor, a la espera de que el Parlamento y los partidos mayoritarios encuentren una respuesta clara a una crisis real. Esta rancia derecha gobernante intenta trazar un lazo entre unos y otros y acosa y demoniza ambas reivindicaciones de un solo golpe, cualquiera que sea su ámbito, fortaleza o la opinión que cada cual podamos tener sobre dichas situaciones.
Hasta ese debate nos ha conducido el PP, como forma de escapar de su responsabilidad virginal en la crisis o frente a la crisis y de quitar del foco de atención su falta de respuesta como Gobierno a la crisis de las hipotecas y la resolución final a la violencia etarra que aún llevamos prendida del cuello y la memoria.
EL AVISO DE ETA QUE EL PP ESPERABA
Oportunamente, con puntualidad casi anunciada, como si el PP hubiera extendido previamente la intencionada consigna contra la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), ETA hizo público su nuevo comunicado que daba respuesta a los silencios que EH Bildu ha mantenido ante quienes le han exigido el repudio de la violencia, reconstruir la memoria para dar salida final a la serpiente del odio y recuperar el encuentro y la convivencia social. ETA unió el significado clandestino de su capucha en protagonista junto a un Gobierno que acosa al conjunto y en especial a los más indefensos. Y han protagonizado ese viejo hábito de amedrentar a todos cuando sólo la voluntad del Gobierno y ETA deciden el final. Desde su refugio, los portavoces enmascarados reclamaban en tono mayor una negociación que se ha roto y coincidía con la preocupación prioritaria del PNV por salvar el barco de su primer presupuesto como Gobierno de Euskadi. Cuando declararon unilateralmente el alto el fuego para dar paso a EH Bildu y Sortu, el lehendakari Patxi López andaba por Estados Unidos y ahora el comunicado pilla al lehendakari Urkullu con los pies hundidos en una minoría que le deja a la puerta de un minoritario PP y sus recortes. A veces parece que quien dirige los destinos colectivos está en un lugar menos preciso cuando más se precisa su presencia.
La organización terrorista, viva aunque le duela la herida, ha querido repetir su vieja estrategia de expandir el miedo a toda la sociedad días después de que la portavoz parlamentaria de Bildu, Laura Mintegui, recordara que el origen de la violencia es político, y el asesinato también. Todo ello a las puertas de un repetido debate sobre la Ponencia de Paz en el Parlamento, donde las voces ya rebotan contra los escaños.
Esa amenaza de la violencia mayor, la del asesinato, en unos tiempos que ya creíamos nuevos, es un repentino acoso sobre una sociedad a la que mayoritariamente le preocupa su futuro, si consigue sortear el presente, y en gran parte mira hacia otro lado sobre la historia porque le duele tanto el pasado que prefiere adivinar un futuro cogido con alfileres.
Acabada socialmente o derrotada políticamente, ETA anunció hace 19 meses y sabe que su final es posible, tanto como que la apuesta política de la izquierda radical aún dividida –EH Bildu y Sortu- es su única salida y a la vez su mayor debilidad, porque las coaliciones nacionalistas radicales son el frontón donde la sociedad centra su apoyo o su desprecio a la violencia, incluso la verbal. Aunque con su anuncio el fuego inició un camino cuyo final no controla, es la sociedad la que reclama de los gobernantes la capacidad suficiente para superar ese pasado, y a los inequívocos entornos de ETA y a ETA misma le exige el empuje final. Todo ello, desde la desconfianza que la derecha genera con su acoso social por el Gobierno y desde la desconfianza hacia el terrorismo por el futuro inmediato, como los dos últimos comunicados ponen de relieve.
Un final que no se podrá escribir desde el paso del tiempo sino con la mirada puesta donde más duele, sobre quienes directamente piden nuestro voto, estén donde estén, en medio de este escrache que encubre tanto equívoco intencionado.
Andábamos estos días intentando valorar dónde empiezan y dónde acaban los límites de la expresión crítica de la sociedad a través de sus manifestaciones publicas y hasta qué punto la presión sobre los políticos conocida como escrache entra en el terreno de lo que consideramos violencia. Y esa valoración se empieza a abrir camino a partir de que el Partido Popular primero directamente y después a través de voceros cómplices acusa a la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) de engordar los manifestantes del entorno de EH Bildu a favor, al menos, del retorno de los presos etarras al País Vasco.
Antes, sin acudir a extranjerismos, al escrache lo llamábamos acoso. Recupere por tanto su nombre castellano porque conocemos bien ese significado, en nuestra historia pasada y en la más reciente, desde las manifestaciones de los obispos contra las leyes sociales a las charangas contra las sedes del PSOE entonces gobernante.
Toda la sociedad se resiente con la violencia, aunque afecte directamente una sola persona, como bien hemos aprendido tras cincuenta años de actividad de ETA en toda España, más de treinta conviviendo con la opresión franquista. La violencia transforma la vida, que no transcurre igual y convierte el futuro en un hilo incierto. También hemos aprendido con toda su gravedad que esto que llamamos crisis financiera de los últimos tres años persigue el beneficio sectario de los más poderosos, en un nuevo/viejo modo de acoso social a los ciudadanos que busca nuestra entrega, hundir la razón de ser ciudadanos que hace tan poco que conseguimos.
LOS DEMONIOS EN LA PUERTA
El Partido Popular y sus comparsas juegan al juego de las intrigas y confunden intencionadamente los objetivos de la movilización social de la PAH contra esa inmoralidad mayor en letra pequeña de la burbuja inmobiliaria y equipara presos e hipotecas situándolos en el mismo rasero y en una supuesta cohabitación de intereses. La protesta social contra las secuelas humanas de la burbuja inmobiliaria las mezcla con esa otra reivindicación de la izquierda abertzale más radical: la deuda de ETA con las víctimas se debe considerar época pasada, sin memoria presente y el futuro individual de los presos forma parte de esa condonación conjunta de la pena. Amnistía y borrón.
Los “hipotecados” por aquellas ansias de mejora social para beneficio de las finanzas ha dejado en el camino muchas víctimas desclasadas, regresadas o extraterradas, como decía Benedetti, y un sentimiento solidario ha llevado a la movilización a su favor, a la espera de que el Parlamento y los partidos mayoritarios encuentren una respuesta clara a una crisis real. Esta rancia derecha gobernante intenta trazar un lazo entre unos y otros y acosa y demoniza ambas reivindicaciones de un solo golpe, cualquiera que sea su ámbito, fortaleza o la opinión que cada cual podamos tener sobre dichas situaciones.
Hasta ese debate nos ha conducido el PP, como forma de escapar de su responsabilidad virginal en la crisis o frente a la crisis y de quitar del foco de atención su falta de respuesta como Gobierno a la crisis de las hipotecas y la resolución final a la violencia etarra que aún llevamos prendida del cuello y la memoria.
EL AVISO DE ETA QUE EL PP ESPERABA
Oportunamente, con puntualidad casi anunciada, como si el PP hubiera extendido previamente la intencionada consigna contra la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), ETA hizo público su nuevo comunicado que daba respuesta a los silencios que EH Bildu ha mantenido ante quienes le han exigido el repudio de la violencia, reconstruir la memoria para dar salida final a la serpiente del odio y recuperar el encuentro y la convivencia social. ETA unió el significado clandestino de su capucha en protagonista junto a un Gobierno que acosa al conjunto y en especial a los más indefensos. Y han protagonizado ese viejo hábito de amedrentar a todos cuando sólo la voluntad del Gobierno y ETA deciden el final. Desde su refugio, los portavoces enmascarados reclamaban en tono mayor una negociación que se ha roto y coincidía con la preocupación prioritaria del PNV por salvar el barco de su primer presupuesto como Gobierno de Euskadi. Cuando declararon unilateralmente el alto el fuego para dar paso a EH Bildu y Sortu, el lehendakari Patxi López andaba por Estados Unidos y ahora el comunicado pilla al lehendakari Urkullu con los pies hundidos en una minoría que le deja a la puerta de un minoritario PP y sus recortes. A veces parece que quien dirige los destinos colectivos está en un lugar menos preciso cuando más se precisa su presencia.
La organización terrorista, viva aunque le duela la herida, ha querido repetir su vieja estrategia de expandir el miedo a toda la sociedad días después de que la portavoz parlamentaria de Bildu, Laura Mintegui, recordara que el origen de la violencia es político, y el asesinato también. Todo ello a las puertas de un repetido debate sobre la Ponencia de Paz en el Parlamento, donde las voces ya rebotan contra los escaños.
Esa amenaza de la violencia mayor, la del asesinato, en unos tiempos que ya creíamos nuevos, es un repentino acoso sobre una sociedad a la que mayoritariamente le preocupa su futuro, si consigue sortear el presente, y en gran parte mira hacia otro lado sobre la historia porque le duele tanto el pasado que prefiere adivinar un futuro cogido con alfileres.
Acabada socialmente o derrotada políticamente, ETA anunció hace 19 meses y sabe que su final es posible, tanto como que la apuesta política de la izquierda radical aún dividida –EH Bildu y Sortu- es su única salida y a la vez su mayor debilidad, porque las coaliciones nacionalistas radicales son el frontón donde la sociedad centra su apoyo o su desprecio a la violencia, incluso la verbal. Aunque con su anuncio el fuego inició un camino cuyo final no controla, es la sociedad la que reclama de los gobernantes la capacidad suficiente para superar ese pasado, y a los inequívocos entornos de ETA y a ETA misma le exige el empuje final. Todo ello, desde la desconfianza que la derecha genera con su acoso social por el Gobierno y desde la desconfianza hacia el terrorismo por el futuro inmediato, como los dos últimos comunicados ponen de relieve.
Un final que no se podrá escribir desde el paso del tiempo sino con la mirada puesta donde más duele, sobre quienes directamente piden nuestro voto, estén donde estén, en medio de este escrache que encubre tanto equívoco intencionado.
jueves, 4 de abril de 2013
Lluvia de lágrimas
Julio Herrero Romero. @HerreroJulio jherrero2007@gmail.com
Esto ya es demasiado, aquí muchos se lo han llevado y a los demás nos toman por tontos, y si usted protesta, manifestándose ante la casa, el partido o el banco, de los responsables, por acción u omisión, de su tragedia, ya vendrán los guardias con órdenes de ese ministro del Interior tan católico y practicante, a pedirle la documentación; y si hace al caso, pasarle por el cuartelillo a tomarle la filiación: “por lo que pueda ocurrir”, que hay que tener mano dura con los que insultan a nuestros próceres, no vayan a pasar al acoso y les provoquen una crisis de ansiedad.
Todo el mundo tiene derecho a manifestarse, pero con orden – que diría la delegada del gobierno en Madrid – no le vayan a tomar por filoetarra o cosas peores, si es que las hay. Santa indignación, sin duda, han de tener los políticos del PP – al menos los que hemos visto por la tele – que ven turbada su paz y tranquilidad por los gritos y caceroladas de aquellos que han perdido su vivienda, o sus ahorros de toda la vida. ¡Qué culpa tendrán ellos, y los otros!, se limitaron a asistir a los consejos de administración de las cajas que fueron a la quiebra, a votar en el Congreso las leyes que de injustas pasaron a ilegales tras la sentencia de los tribunales de Europa, a no mover un dedo por atajar una situación que iba al desastre. Siguieron las indicaciones de sus partidos, de sus aparatos de poder, náufragos de la razón obsesionados por salvar sus naves sin ver el acantilado hacia el que se dirigían.
No sacar a los santos cuando llueve parece ser la consigna. Tranquilo Sr. Rajoy tras la pasión viene la resurrección y siempre que ha llovido a escampado, sobre todo para algunos.
(Artículo publicado en Diario Noticias de Álava el 1 de abril de 2013)
miércoles, 27 de marzo de 2013
Urkullu: Presupuesto cargado de recorte e ideología
Aurelio Romero. Vitoria-Gasteiz. @romeronomada
El lehendakari Urkullu ha pasado la frontera de los primeros 100 días de Gobierno casi sin pisar tierra, y ha conseguido mantener a todos en la sala de espera de sus decisiones, las pocas que ha tomado. La suela de sus zapatos han tenido alas ideológicas desde el primer día, aparentando que eran circunstancias locales o territoriales las que, por ejemplo, le llevaban a respaldar los presupuestos del PP en Álava o ceder sin que lo parezca a la prometida financiación de la capitalidad de Vitoria. Consciente de que necesitaba aparentar convivencia con todos, porque su minoría parlamentaria no le permite grandes alardes, ha sobrevolado de reunión en reunión, dejando acá un principio de acuerdo sobre partidas concretas y allá el rumor de un posible pacto, a corto plazo, con el PSE-EE.
En la certeza de que sólo EH Bildu pretendería pasarle con el afán nacionalista, atenazó pactos que dejan intocable la política que esta coalición desarrolla en la Diputación de Gipuzkoa y el Ayuntamiento de Donostia, porque, con igual certeza, continuarán siendo coprotagonistas del debate nacionalista, cuando ese debate vuelva a estar entre las preferencias del PNV gobernante. Ahora el objetivo es conseguir el apoyo militante del PP y al menos la abstención o enmiendas parciales por parte de los socialistas vascos.
Le queda poco tiempo, apenas tres semanas, para demostrar si tanto silencio durante 100 días han servido para algo más que anunciar un proyecto de Presupuestos para 2013, que dice más en sus folios que cuanto el lehendakari ha manifestado desde antes de tomar posesión.
El PSE-EE ya había aventurado que, en caso de mantener su gobierno, tendría que haber adoptado medidas económicas para reducir el gasto y la inversión en Euskadi, porque la caja tenía un agujero por el que el disponible salía rápido, pero la oposición de todos impidió buscar una mejora del sistema fiscal que permitiese más ingresos. El PSE-EE se limité a convocar elecciones anticipadas y pasar el bastón de mando sobre la crisis presupuestaria al PNV. Y sirvió de poco la auditoría encargada por el PNV sobre las cuentas vascas en el último ejercicio del Gobierno de Patxi López. Una auditoría que el portavoz parlamentario del PSE-EE Josean Pastor calificase “de corta pega”.
Sin nada de interés bajo la alfombra, Urkullu ha perdido la oportunidad de “la herencia recibida” ran propia del PP y su gobierno ha tenido que encarar la elaboración de un presupuesto propio, -que el jueves de la pasada semana entró en el Parlamento- con ideología propia y con una realidad enfrente que es heredada porque la crisis pasa de un año a otro y de uno a otro gobierno irremisiblemente. Estos meses de aparente inactividad del ejecutivo vasco, tantas veces denunciada por los diferentes grupos políticos, no son tanto producto de la sorpresa por la situación real de la economía de Euskadi como del final de esa indeterminación de los jeltzales sobre los remedios a su minoría parlamentaria.
Urkullo pretende huir de un “gobierno a lo Barcina”, sin mayoría suficiente y ruptura con cuanto le rodea. La llama de la movilización que el PNV y EH Bildu principalmente han encendido en sus gobiernos locales o provinciales se extiende ya a otros colectivos sociales y trabajadores de empresas en crisis y, sobre todo, las Administraciones Públicas. Pese a su tejer silencioso, Urkullu y el PNV en todo Euskadi se iba a oner enfrente de su primer espejo, el más importante: el de los Presupuestos para este año, su primer ejercicio de planificación y administración, donde los gobiernos se confiesan la primera vez y todos los años consecutivos, incluso cuando los prorrogan. Era inevitable que esa primera mirada en el espejo real de Urkullu le devolviera a su esencia ideológica más allá de los escarceos con el PSE-EE o quienes mandan en EH Bildu.
Ni el Parlamento le ha servido para distraer la atención, como los debates interruptus sobre la ponencia de paz, y el PSE-EE ha vuelto a demostrar que la maquinaria de gobernar sigue en su mente, gripada como los coches abandonados a su suerte, incapaces de generar iniciativas públicas que nos hagan ver que del gobierno se pasa a la oposición con otro traje y otros niveles de responsabilidad, incluso pública, pero sobre todo social. El tiempo de los congresos para intentar rehacer las costuras de ese “partido viejo que se hace viejo” ha servido de tiempo de espera a Urkullu, sabiendo que los socialistas atendían urgencias que no le afectarían a él. Ni antes ni después de los congresos.
Su dificultad, la de Urkullu, es encontrar los puntos de coincidencia con el PSE-EE, que tuvo un primer amago con el acuerdo sobre algunos cargos institucionales y que, impropio de la habilidad del PNV y la falta de olfato socialista, hizo aguas en el primer paso, el nombramiento del nuevo director de EiTB. Se buscan otros puntos de encuentro, más allá de ese rumor que, como Guadiana, surge y cae cada día, sobre una alianza “de responsabilidad” para fortalecer el gobierno peneuvista y resolver situaciones personales de anteriores cargos socialistas. Pero esos puntos de acuerdo chocan ya en el plano teórico entre los nuevos posicionamientos del PSE-EE en la oposición y los nuevos compromisos del PNV que, como Gobierno, estrena.
Los presupuestos de 2013 se han convertido así en el verdadero campo de escaramuzas entre todos, sobre todo ahora que el PNV ha afianzado su alianza con el PP que, con seguridad, le permitirá sacar adelante las cuentas de la Comunidad. Pero el lehendakari no se resigna a no ser “Urkullu el apaciguador”, con la disolución de ETA si llega, el acercamiento de los presos, el que por primera vez encuentra vías fiscales sin sangrar la historia y competencia de las Diputaciones, quien lleva adelante la Ponencia de Paz del Parlamento vasco, quien presenta el presupuesto más “social”, como lo ha calificado, y quien consiga situarse por encima de su minoría parlamentaria en base al apoyo de todos …… menos EHBildu, que será el adversario común de todos, todos los que Urkullu va a utilizar para recuperar espacio electoral frente a la crisis y frente a la radicalidad, pese a la debilidad mayor de quienes puedan respaldarle.
¿Alianzas? Durante estos meses, el lehendakari Urkullu ha intentado evitar aparecer como el aliado vasco del Gobierno de Madrid, pese al recorrido histórico de estos últimos años en la oposición, buscando la aproximación lírica equidistante con el segundo grupo en votos, EHBildu, los socialistas del PSE-EE y el PP. Ha sido la política de alianzas en los territorios diferentes del País Vasco, esa otra realidad de poderes tan diversos, la que ha ido encadenando los escalones hasta subir al punto final: El pacto con el PP, inevitable desde el comienzo, pero, sobre todo, buscado como remedio a unas cuentas vascas que dan de sí lo que dan aunque la política reclame más.
CON EL PP, ANTES Y DESPUES
No se quiso entrar a tiempo en el debate fiscal, que llevaría según el PSE-EE a una mayor corresponsabilidad de las Diputaciones forales con las cuentas de la Comunidad Autónoma, y la razón más profunda era la de mantener los contrapoderes en un momento en el que quien gobernaba no tenía ya poder en ninguna Diputación. Y Euskadi se ve abocado en los presupuestos de 2013 a atender una crisis mayor de la sabida, retrasada respecto de la general del Estado, pero inaudita para lo acostumbrado. Así, la política impide un mayor frente común contra la crisis y ahora una crisis mayor se reparte por igual.
El lehendakari Urkullu tiene tres semanas para comprobar si, más allá del respaldo inicial del PP, sus presupuestos pueden encontrar un mayor consenso. El calificativo de “presupuestos sociales” para llamar a la conciencia de la izquierda nacionalista o no, y la petición de que el capítulo de inversiones fundamental, el de las infraestructuras, se aborde desde el propio Cupo Económico que mantiene el País Vasco con el Estado.
Un presupuesto con truco evidente que esconde recortes sociales bajo su calificativo y que traslada al Gobierno central y al conjunto de los ciudadanos lo que el PNV no fue capaz de arrancar a los órganos políticos y económicos provinciales, las Diputaciones que este partido gobierna (Vizcaya) o en las que ha hecho posible que otros (HBBildu en Guipuzcoa y PP en Álava) gobiernen.
El gobierno de Urkullu plantea por vía indirecta el mismo mensaje que Artur Mas lanzase en Catalunya antes de su proclama soberanista y posteriores elecciones y, más recientemente, en cuanto a la nueva deuda de las Administraciones catalanas: El Estado nos ahoga. La reivindicación de la autonomía económica como desagravio o, a la inversa, menor aportación a la financiación estatal para contar con mayor capacidad económica para afrontar la crisis. Pero si en Catalunya Mas ha encontrado la oposición de los populares, en Euskadi el pacto PNV-PP viene rodado desde Vitoria.
¿Presupuestos sociales?. Nominalmente solo. Los presupuestos para 2013 del Gobierno vasco introducen una reducción histórica de 1.132 millones de euros, un 10,8 por ciento menos que los del año 2012 y un total disponible de 9.316 millones de euros. Es fácil adivinar, que bajo el título y las cifras iniciales, habrá una realidad que todos adivinan: el ajuste hasta “lo esencial” de los servicios públicos, como el propio lehendakari adelantaba: "Queremos garantizar los servicios esenciales, garantizar el modelo público y universal de Sanidad y el de Educación, y el acceso a los servicios sociales básicos". La senda de la política desarrollada por el Gobierno de Rajoy encuentra su mejor eco en los presupuestos vascos, a los que el PP, antes de tocar papel, ya había dicho “si”.
Se comprobó con claridad que Euskadi entra en la “etapa de sacrificio” como señalaba Urkullu cuando su consejero de Hacienda y Finanzas, Gatzagaetxebarria, entró a detallar las cuentas de 2013: Como ejemplo, el Departamento de Educación, Política Lingüística y Cultura tendrá un descenso del 10,1 por ciento; Empleo y Políticas Sociales un 25,9 por ciento menos que en 2012.
La segunda fuerza política, EHBildu y su lider Laura Mintiegui ya han denunciado “el reparto de la miseria” que supondrán estos presupuestos y ha reclamado mayor valentía en la recaudación fiscal, los impuestos, para construir unos presupuestos “dignos”.
El primer presupuesto del nuevo gobierno vasco es para el PSE-EE una “sangría” de los ciudadanos, acusa al PNV de maquillar los presupuestos, de caer “en el dogma de la austeridad a ultranza" y amenaza con una enmiendas a la totalidad cuando se presenten en el Parlamento de Euskadi.
Si los presupuestos del PNV no dan la talla en opinión de todos, menos del PP, los nacionalistas tendrán en el próximo debate parlamentario la ocasión de demostrar si los acuerdos parciales en las Diputaciones y Vitoria son un preámbulo de su habilidad política o si la talla negociadora del lehendakari es, como la de Rajoy, una sombra que se alarga
El lehendakari Urkullu ha pasado la frontera de los primeros 100 días de Gobierno casi sin pisar tierra, y ha conseguido mantener a todos en la sala de espera de sus decisiones, las pocas que ha tomado. La suela de sus zapatos han tenido alas ideológicas desde el primer día, aparentando que eran circunstancias locales o territoriales las que, por ejemplo, le llevaban a respaldar los presupuestos del PP en Álava o ceder sin que lo parezca a la prometida financiación de la capitalidad de Vitoria. Consciente de que necesitaba aparentar convivencia con todos, porque su minoría parlamentaria no le permite grandes alardes, ha sobrevolado de reunión en reunión, dejando acá un principio de acuerdo sobre partidas concretas y allá el rumor de un posible pacto, a corto plazo, con el PSE-EE.
En la certeza de que sólo EH Bildu pretendería pasarle con el afán nacionalista, atenazó pactos que dejan intocable la política que esta coalición desarrolla en la Diputación de Gipuzkoa y el Ayuntamiento de Donostia, porque, con igual certeza, continuarán siendo coprotagonistas del debate nacionalista, cuando ese debate vuelva a estar entre las preferencias del PNV gobernante. Ahora el objetivo es conseguir el apoyo militante del PP y al menos la abstención o enmiendas parciales por parte de los socialistas vascos.
Le queda poco tiempo, apenas tres semanas, para demostrar si tanto silencio durante 100 días han servido para algo más que anunciar un proyecto de Presupuestos para 2013, que dice más en sus folios que cuanto el lehendakari ha manifestado desde antes de tomar posesión.
El PSE-EE ya había aventurado que, en caso de mantener su gobierno, tendría que haber adoptado medidas económicas para reducir el gasto y la inversión en Euskadi, porque la caja tenía un agujero por el que el disponible salía rápido, pero la oposición de todos impidió buscar una mejora del sistema fiscal que permitiese más ingresos. El PSE-EE se limité a convocar elecciones anticipadas y pasar el bastón de mando sobre la crisis presupuestaria al PNV. Y sirvió de poco la auditoría encargada por el PNV sobre las cuentas vascas en el último ejercicio del Gobierno de Patxi López. Una auditoría que el portavoz parlamentario del PSE-EE Josean Pastor calificase “de corta pega”.
Sin nada de interés bajo la alfombra, Urkullu ha perdido la oportunidad de “la herencia recibida” ran propia del PP y su gobierno ha tenido que encarar la elaboración de un presupuesto propio, -que el jueves de la pasada semana entró en el Parlamento- con ideología propia y con una realidad enfrente que es heredada porque la crisis pasa de un año a otro y de uno a otro gobierno irremisiblemente. Estos meses de aparente inactividad del ejecutivo vasco, tantas veces denunciada por los diferentes grupos políticos, no son tanto producto de la sorpresa por la situación real de la economía de Euskadi como del final de esa indeterminación de los jeltzales sobre los remedios a su minoría parlamentaria.
Urkullo pretende huir de un “gobierno a lo Barcina”, sin mayoría suficiente y ruptura con cuanto le rodea. La llama de la movilización que el PNV y EH Bildu principalmente han encendido en sus gobiernos locales o provinciales se extiende ya a otros colectivos sociales y trabajadores de empresas en crisis y, sobre todo, las Administraciones Públicas. Pese a su tejer silencioso, Urkullu y el PNV en todo Euskadi se iba a oner enfrente de su primer espejo, el más importante: el de los Presupuestos para este año, su primer ejercicio de planificación y administración, donde los gobiernos se confiesan la primera vez y todos los años consecutivos, incluso cuando los prorrogan. Era inevitable que esa primera mirada en el espejo real de Urkullu le devolviera a su esencia ideológica más allá de los escarceos con el PSE-EE o quienes mandan en EH Bildu.
Ni el Parlamento le ha servido para distraer la atención, como los debates interruptus sobre la ponencia de paz, y el PSE-EE ha vuelto a demostrar que la maquinaria de gobernar sigue en su mente, gripada como los coches abandonados a su suerte, incapaces de generar iniciativas públicas que nos hagan ver que del gobierno se pasa a la oposición con otro traje y otros niveles de responsabilidad, incluso pública, pero sobre todo social. El tiempo de los congresos para intentar rehacer las costuras de ese “partido viejo que se hace viejo” ha servido de tiempo de espera a Urkullu, sabiendo que los socialistas atendían urgencias que no le afectarían a él. Ni antes ni después de los congresos.
Su dificultad, la de Urkullu, es encontrar los puntos de coincidencia con el PSE-EE, que tuvo un primer amago con el acuerdo sobre algunos cargos institucionales y que, impropio de la habilidad del PNV y la falta de olfato socialista, hizo aguas en el primer paso, el nombramiento del nuevo director de EiTB. Se buscan otros puntos de encuentro, más allá de ese rumor que, como Guadiana, surge y cae cada día, sobre una alianza “de responsabilidad” para fortalecer el gobierno peneuvista y resolver situaciones personales de anteriores cargos socialistas. Pero esos puntos de acuerdo chocan ya en el plano teórico entre los nuevos posicionamientos del PSE-EE en la oposición y los nuevos compromisos del PNV que, como Gobierno, estrena.
Los presupuestos de 2013 se han convertido así en el verdadero campo de escaramuzas entre todos, sobre todo ahora que el PNV ha afianzado su alianza con el PP que, con seguridad, le permitirá sacar adelante las cuentas de la Comunidad. Pero el lehendakari no se resigna a no ser “Urkullu el apaciguador”, con la disolución de ETA si llega, el acercamiento de los presos, el que por primera vez encuentra vías fiscales sin sangrar la historia y competencia de las Diputaciones, quien lleva adelante la Ponencia de Paz del Parlamento vasco, quien presenta el presupuesto más “social”, como lo ha calificado, y quien consiga situarse por encima de su minoría parlamentaria en base al apoyo de todos …… menos EHBildu, que será el adversario común de todos, todos los que Urkullu va a utilizar para recuperar espacio electoral frente a la crisis y frente a la radicalidad, pese a la debilidad mayor de quienes puedan respaldarle.
¿Alianzas? Durante estos meses, el lehendakari Urkullu ha intentado evitar aparecer como el aliado vasco del Gobierno de Madrid, pese al recorrido histórico de estos últimos años en la oposición, buscando la aproximación lírica equidistante con el segundo grupo en votos, EHBildu, los socialistas del PSE-EE y el PP. Ha sido la política de alianzas en los territorios diferentes del País Vasco, esa otra realidad de poderes tan diversos, la que ha ido encadenando los escalones hasta subir al punto final: El pacto con el PP, inevitable desde el comienzo, pero, sobre todo, buscado como remedio a unas cuentas vascas que dan de sí lo que dan aunque la política reclame más.
CON EL PP, ANTES Y DESPUES
No se quiso entrar a tiempo en el debate fiscal, que llevaría según el PSE-EE a una mayor corresponsabilidad de las Diputaciones forales con las cuentas de la Comunidad Autónoma, y la razón más profunda era la de mantener los contrapoderes en un momento en el que quien gobernaba no tenía ya poder en ninguna Diputación. Y Euskadi se ve abocado en los presupuestos de 2013 a atender una crisis mayor de la sabida, retrasada respecto de la general del Estado, pero inaudita para lo acostumbrado. Así, la política impide un mayor frente común contra la crisis y ahora una crisis mayor se reparte por igual.
El lehendakari Urkullu tiene tres semanas para comprobar si, más allá del respaldo inicial del PP, sus presupuestos pueden encontrar un mayor consenso. El calificativo de “presupuestos sociales” para llamar a la conciencia de la izquierda nacionalista o no, y la petición de que el capítulo de inversiones fundamental, el de las infraestructuras, se aborde desde el propio Cupo Económico que mantiene el País Vasco con el Estado.
Un presupuesto con truco evidente que esconde recortes sociales bajo su calificativo y que traslada al Gobierno central y al conjunto de los ciudadanos lo que el PNV no fue capaz de arrancar a los órganos políticos y económicos provinciales, las Diputaciones que este partido gobierna (Vizcaya) o en las que ha hecho posible que otros (HBBildu en Guipuzcoa y PP en Álava) gobiernen.
El gobierno de Urkullu plantea por vía indirecta el mismo mensaje que Artur Mas lanzase en Catalunya antes de su proclama soberanista y posteriores elecciones y, más recientemente, en cuanto a la nueva deuda de las Administraciones catalanas: El Estado nos ahoga. La reivindicación de la autonomía económica como desagravio o, a la inversa, menor aportación a la financiación estatal para contar con mayor capacidad económica para afrontar la crisis. Pero si en Catalunya Mas ha encontrado la oposición de los populares, en Euskadi el pacto PNV-PP viene rodado desde Vitoria.
¿Presupuestos sociales?. Nominalmente solo. Los presupuestos para 2013 del Gobierno vasco introducen una reducción histórica de 1.132 millones de euros, un 10,8 por ciento menos que los del año 2012 y un total disponible de 9.316 millones de euros. Es fácil adivinar, que bajo el título y las cifras iniciales, habrá una realidad que todos adivinan: el ajuste hasta “lo esencial” de los servicios públicos, como el propio lehendakari adelantaba: "Queremos garantizar los servicios esenciales, garantizar el modelo público y universal de Sanidad y el de Educación, y el acceso a los servicios sociales básicos". La senda de la política desarrollada por el Gobierno de Rajoy encuentra su mejor eco en los presupuestos vascos, a los que el PP, antes de tocar papel, ya había dicho “si”.
Se comprobó con claridad que Euskadi entra en la “etapa de sacrificio” como señalaba Urkullu cuando su consejero de Hacienda y Finanzas, Gatzagaetxebarria, entró a detallar las cuentas de 2013: Como ejemplo, el Departamento de Educación, Política Lingüística y Cultura tendrá un descenso del 10,1 por ciento; Empleo y Políticas Sociales un 25,9 por ciento menos que en 2012.
La segunda fuerza política, EHBildu y su lider Laura Mintiegui ya han denunciado “el reparto de la miseria” que supondrán estos presupuestos y ha reclamado mayor valentía en la recaudación fiscal, los impuestos, para construir unos presupuestos “dignos”.
El primer presupuesto del nuevo gobierno vasco es para el PSE-EE una “sangría” de los ciudadanos, acusa al PNV de maquillar los presupuestos, de caer “en el dogma de la austeridad a ultranza" y amenaza con una enmiendas a la totalidad cuando se presenten en el Parlamento de Euskadi.
Si los presupuestos del PNV no dan la talla en opinión de todos, menos del PP, los nacionalistas tendrán en el próximo debate parlamentario la ocasión de demostrar si los acuerdos parciales en las Diputaciones y Vitoria son un preámbulo de su habilidad política o si la talla negociadora del lehendakari es, como la de Rajoy, una sombra que se alarga
domingo, 24 de marzo de 2013
Diálogos imposibles
Julio Herrero Romero. @HerreroJulio jherrero2007@gmail.com
Cuando Laura Mintegi intervino en el Parlamento Vasco, haciendo referencia al “origen político de las víctimas”, poco imaginaba que sus palabras iban a ser analizadas, desmenuzadas e interpretadas con tanta intensidad por parte de analistas, propios y extraños. Hay quien ve en ellas una justificación de los crímenes de ETA, o simplemente la exculpación de toda una terrible historia de asesinatos de “raíz política”, que se producen por “la falta de diálogo” entre los que empuñaban las pistolas y los que morían por sus balas. ¡Difícil relación ésta! Algunos se han apresurado a contestar que “el que mata a un hombre no defiende una doctrina, sólo mata a un hombre”, lo que debería ser fácilmente entendido, pero a veces el empecinamiento hace derivar hacia intentos de justificación imposibles que, no por dichos con fingida ingenuidad, resultan aceptables.
En el fondo subyace la idea de si la violencia política, que llega hasta el aniquilamiento del adversario, puede en algún caso ser aceptable cuando los fines lo “justifican”. Terrible cuestión que ha configurado la historia pero que ha sido analizada y rebatida en los múltiples tratados sobre la formación de los estados democráticos, haciendo mención a la violencia “legítima” patrimonio de ellos.
Se puede coincidir con Mintegi en que la falta de diálogo es una causa de los conflictos políticos, pero no que la consecuencia “inevitable” sea la muerte del adversario, y mucho menos que se quiera encontrar en ella la justificación para quienes practicaron tan execrable doctrina. Dudo que, tras las palabras de la representante de EH Bildu, haya tanta “esencia política” como se ha querido ver, máxime cuando vemos el contexto en que se hicieron, replica parlamentaria, pero a veces las verdades del corazón aparecen cuando el cerebro pierde la calma.
En cualquier caso la fiscalía ya se ha ocupado de entrar en el “jardín” y poner en duda la inviolabilidad del Parlamento, al abrir una investigación sobre si se ha podido cometer un delito de “enaltecimiento del terrorismo”. Al fiscal superior del País Vasco se le llena la boca con “el cuidado que hay que tener en que no se humille a las víctimas” reconociendo que puede “constreñir la libertad en el ejercicio de las opiniones”, incluso en sede Parlamentaria. ¡Cortos argumentos para tan grave decisión!
jueves, 21 de marzo de 2013
¿Por dónde puede empezar a cambiar la política?
Denis Itxaso. Donostia. @DenisItxaso
A hilo de un certero artículo de opinión que publicaba Moisés Naím el pasado domingo sobre las mutaciones que experimenta el poder, salí pensando el martes del Ayuntamiento acerca de cómo acertar con la actitud política, desde la oposición a un Gobierno local con quienes tenemos abismales diferencias. Somos oposición, pero en ningún caso ajenos a las dificultades por las que atraviesan las personas y las organizaciones, empezando por el propio Consistorio.
Los grupos municipales, que solemos ser a veces criticados por el alto volumen de nuestros reproches al Alcalde Izagirre, el pasado martes optamos en bloque por dar vía libre a los presupuestos municipales para el año 2013. Puede resultar sorprendente, pero así fue. Ni el PP, ni el PNV ni el PSE-EE llevaron al Pleno ninguna enmienda a la totalidad que persiguiese la devolución de los presupuestos, que es una manera de permitir su aprobación. Es obvio que unos se sentirán más identificados que otros con ese documento, ya que es el que mejor refleja el rumbo político que el gobierno que lo ha presentado pretende imprimirle a la ciudad. Pero nadie quiso ser responsable de que San Sebastián se quedara sin presupuesto. Ciertamente los socialistas optamos en esas circunstancias por negociar duro con el Gobierno para que ese plácet a los presupuestos no resultase gratuito, si no que reflejase una buena cantidad de iniciativas que nosotros consideramos prioritarias para Donostia.
Sin embargo, el debate no estuvo exento de dobles y triples juegos y de acusaciones calculadas , hasta parecer que quien se erige como alternativa de gobierno, está abocado a desarrollar una política de duro desgaste, cueste lo que cueste, y caiga quien caiga. ¿Olvidamos acaso que en medio están los ciudadanos y sus barrios y muchos intereses en juego como para que todo se reduzca al viejo desafío del "conmigo o contra mí"?
Y pensando en estas cosas, me acordé de algo que explicó muy gráficamente Rubalcaba hace dos semanas en una entrevista televisiva. "Resulta que cuando trato de acordar y proponer cosas de forma constructiva al Gobierno, el camarero de la cafetería que está al lado del Congreso, me reprocha que no doy caña al PP y que hay que ser mucho más exigentes. Pero cuando la semana siguiente he tratado de denunciar con toda la vehemencia de la que soy capaz los desmanes del Gobierno, cuando he optado por ser incisivo y duro en los reproches políticos, entonces el camarero me dice, disgustado, que a ver cuándo demonios nos vamos a poner de acuerdo los políticos para sacar este País adelante".
Esta sencilla pero clarificadora anécdota, que resume las contradicciones en la que se encuentra sumergida la política democrática, viene a cuento porque hay actitudes básicas que la gente practicamos a diario en nuestras vidas y trabajos, y que no debieran resultar ajenas ni incompatibles entre sí cuando ejercemos de políticos. Negociar, acordar, discutir, reprochar, discrepar, colaborar, ayudar, denunciar, comunicar, escuchar... Todo forma parte del mismo juego, que ni es blanco nuclear, ni negro azabache. Y cuanto más naturalmente nos desenvolvamos, evitando imposturas y exageraciones, más fácil nos resultará recuperar la conexión con esta sociedad aburrida de tanto teatro.
En parte somos presos de nosotros mismos. Hemos empleado demasiado tiempo confinando la política en compartimentos estancos, y, cuando la realidad imperante y la madurez ciudadana nos obliga a actuar con flexibilidad y transparencia, nos encontramos esclerosados para dar respuestas ágiles en defensa del interés general. Esa atrofia de los reflejos, sumada a la renuncia de los políticos por explicar, por hacer pedagogía y confiar en la capacidad de comprensión y espíritu crítico de la ciudadanía, ha estrechado el campo de juego político hasta convertirlo en mero tacticismo diario. Una colección más o menos imaginativa de frases hechas y titulares reduccionistas.
Quizás un cambio de actitud en este sentido podría devolvernos parte de la credibilidad perdida. Se ha hablado mucho de la honestidad e integridad como consecuencia de los escándalos de corrupción que sacuden la política y otros ámbitos de la vida pública. Y sigue siendo necesario mantener ese nivel de exigencia básico para evitar la degradación del sistema democrático. Pero no estaría de más que también trabajásemos la esfera de las actitudes, y contribuir así a humanizar más el ejercicio de la política. No podemos seguir dando esta imagen de seres extraterrestres e imperturbables; de lo contrario, no deberá extrañarnos que asistamos al epílogo de la democracia representativa.
A hilo de un certero artículo de opinión que publicaba Moisés Naím el pasado domingo sobre las mutaciones que experimenta el poder, salí pensando el martes del Ayuntamiento acerca de cómo acertar con la actitud política, desde la oposición a un Gobierno local con quienes tenemos abismales diferencias. Somos oposición, pero en ningún caso ajenos a las dificultades por las que atraviesan las personas y las organizaciones, empezando por el propio Consistorio.
Los grupos municipales, que solemos ser a veces criticados por el alto volumen de nuestros reproches al Alcalde Izagirre, el pasado martes optamos en bloque por dar vía libre a los presupuestos municipales para el año 2013. Puede resultar sorprendente, pero así fue. Ni el PP, ni el PNV ni el PSE-EE llevaron al Pleno ninguna enmienda a la totalidad que persiguiese la devolución de los presupuestos, que es una manera de permitir su aprobación. Es obvio que unos se sentirán más identificados que otros con ese documento, ya que es el que mejor refleja el rumbo político que el gobierno que lo ha presentado pretende imprimirle a la ciudad. Pero nadie quiso ser responsable de que San Sebastián se quedara sin presupuesto. Ciertamente los socialistas optamos en esas circunstancias por negociar duro con el Gobierno para que ese plácet a los presupuestos no resultase gratuito, si no que reflejase una buena cantidad de iniciativas que nosotros consideramos prioritarias para Donostia.
Sin embargo, el debate no estuvo exento de dobles y triples juegos y de acusaciones calculadas , hasta parecer que quien se erige como alternativa de gobierno, está abocado a desarrollar una política de duro desgaste, cueste lo que cueste, y caiga quien caiga. ¿Olvidamos acaso que en medio están los ciudadanos y sus barrios y muchos intereses en juego como para que todo se reduzca al viejo desafío del "conmigo o contra mí"?
Y pensando en estas cosas, me acordé de algo que explicó muy gráficamente Rubalcaba hace dos semanas en una entrevista televisiva. "Resulta que cuando trato de acordar y proponer cosas de forma constructiva al Gobierno, el camarero de la cafetería que está al lado del Congreso, me reprocha que no doy caña al PP y que hay que ser mucho más exigentes. Pero cuando la semana siguiente he tratado de denunciar con toda la vehemencia de la que soy capaz los desmanes del Gobierno, cuando he optado por ser incisivo y duro en los reproches políticos, entonces el camarero me dice, disgustado, que a ver cuándo demonios nos vamos a poner de acuerdo los políticos para sacar este País adelante".
Esta sencilla pero clarificadora anécdota, que resume las contradicciones en la que se encuentra sumergida la política democrática, viene a cuento porque hay actitudes básicas que la gente practicamos a diario en nuestras vidas y trabajos, y que no debieran resultar ajenas ni incompatibles entre sí cuando ejercemos de políticos. Negociar, acordar, discutir, reprochar, discrepar, colaborar, ayudar, denunciar, comunicar, escuchar... Todo forma parte del mismo juego, que ni es blanco nuclear, ni negro azabache. Y cuanto más naturalmente nos desenvolvamos, evitando imposturas y exageraciones, más fácil nos resultará recuperar la conexión con esta sociedad aburrida de tanto teatro.
En parte somos presos de nosotros mismos. Hemos empleado demasiado tiempo confinando la política en compartimentos estancos, y, cuando la realidad imperante y la madurez ciudadana nos obliga a actuar con flexibilidad y transparencia, nos encontramos esclerosados para dar respuestas ágiles en defensa del interés general. Esa atrofia de los reflejos, sumada a la renuncia de los políticos por explicar, por hacer pedagogía y confiar en la capacidad de comprensión y espíritu crítico de la ciudadanía, ha estrechado el campo de juego político hasta convertirlo en mero tacticismo diario. Una colección más o menos imaginativa de frases hechas y titulares reduccionistas.
Quizás un cambio de actitud en este sentido podría devolvernos parte de la credibilidad perdida. Se ha hablado mucho de la honestidad e integridad como consecuencia de los escándalos de corrupción que sacuden la política y otros ámbitos de la vida pública. Y sigue siendo necesario mantener ese nivel de exigencia básico para evitar la degradación del sistema democrático. Pero no estaría de más que también trabajásemos la esfera de las actitudes, y contribuir así a humanizar más el ejercicio de la política. No podemos seguir dando esta imagen de seres extraterrestres e imperturbables; de lo contrario, no deberá extrañarnos que asistamos al epílogo de la democracia representativa.
Etiquetas:
ciudadanía,
corrupción,
credibilidad,
democracia,
derecha,
desafección,
donostia,
futuro,
humanizar,
izquierda,
política,
sistema
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



